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Cónsul (Roma Antigua)

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Cónsul, en latín consul, -is. Con este nombre se designaba a cada uno de los dos magistrados que presidían cada año la república romana.

Índice

Antecedentes históricos

La monarquía terminó con el rey Lucio Tarquinio el Soberbio, (534-510 adC), derrocado y desterrado cuando su hijo Sexto Tarquinio violó a Lucrecia. Su sobrino, Lucio Junio Bruto fue líder de la revuelta y proclamó la República en el 510 adC. A partir de este momento, el rey sería sustituido por dos magistrados llamados pretores, que más tarde, hacia el año 300 pasarían a llamarse cónsules. Nombraron pretor (o cónsul) a Colatino (viudo de Lucrecia) y a Lucio Junio Bruto. El primero renunció y en su lugar nombraron a Publio Valerio.

Los comienzos

Tras la monarquía dio comienzo la república que algunos historiadores llaman república consular. Desde los comienzos y en sustitución de un rey se empezaron a nombrar como magistrados supremos a tres pretores o jefes militares que sólo estarían en el poder por espacio de un año. Uno de los tres fue llamado rex sacrorum (rey de los sacrificios). Los otros dos ejercieron desde el principio los poderes militar y judicial y dieron paso a la figura llamada cónsul que se adoptó más tarde.

Estos pretores se diferenciaban de los anteriores reyes en la limitación de su cargo (un año) y en que al final de su mandato debían rendir cuentas al pueblo romano. Nunca llevaron la corona de oro de la monarquía, pero procuraban vestir de manera especial casi regia. Tenían potestad suprema sobre el ejército, sobre los tratados de paz y sobre las alianzas. Ellos eran los encargados de nombrar a los tesoreros públicos. Los pretores eran elegidos en las asambleas (comitia). A partir del año 300, estos pretores pasaron a llamarse cónsules.

Nombramiento de un cónsul

Hasta el año 367 los cónsules eran elegidos siempre entre la clase patricia. A partir de ese año y a raíz de de las leyes licinias el consulado fue compartido con los plebeyos, un cónsul patricio y uno plebeyo. El primer cónsul plebeyo fue Licinio Sextius.

Los cónsules eran elegidos en los comicios centuriados (comitia centuriata), es decir, la Asamblea del pueblo romano que se reunía en numero de 100 por cada clase agrupada. Para la elección de un cónsul el magistrado en funciones llevaba a cabo toda una ceremonia en que observaba las estrellas para que éstas le descubrieran qué persona podía ser grata a los dioses. La Asamblea emitía sus votos sobre los candidatos presentados por el propio Senado.

Los candidatos se presentaban vestidos con una toga blanca (candida, de ahí el nombre de candidato), sin adornos. Su mandato empezaba el 15 de marzo, fecha que se cambió más tarde al 1 de enero. De los dos cónsules elegidos, el que más votos obtenía sería el primer cónsul o senior, y el que le seguía en votos era llamado segundo cónsul o junior. Para llegar a la elección de cónsul, el candidato tenía que haber ingresado en el Senado a los 30 años y, pasados otros 12, es decir a los 42 años, podía presentarse a las elecciones.

A lo largo de la República se dio a veces el nombramiento in absentia, es decir que la persona propuesta para ser cónsul se hallaba en esos momentos fuera de Roma.

Aunque los cónsules sólo podían ejercer su mandato durante un año, hubo excepciones. El caso más llamativo fue el del general Cayo Mario que llegó a ser nombrado siete veces, casi todas in absentia, mientras llevaba a cabo grandes campañas militares que contribuyeron a su popularidad y a sus múltiples nombramientos.

El poder del cónsul

En los comienzos, el poder del cónsul fue menor que el del rey de la monarquía anterior puesto que el gobierno efectivo del Estado pasó a los comitia y al entramado del Senado. En los primeros tiempos este poder anual y compartido quedaba casi reducido a la nada. Más tarde el cónsul fue adquiriendo más importancia, fuerza y autoridad, aunque siempre dependió del Senado.

Los cónsules eran los jefes del poder ejecutivo y eran también los jefes del poder religioso (como lo habían sido los primeros reyes de la Monarquía). Presidían las reuniones del Senado y de la Asamblea y promulgaban y hacían cumplir las leyes a raíz de las decisiones votadas.

Una vez elegidos los dos cónsules, el llamado senior era el primero en ejercer durante el mes de enero y en ese tiempo podía sacar los fasces, mientras el cónsul junior permanecía como observador. El mes de febrero era este último quien hacía uso de los fasces y así se iban turnando mes a mes durante todo el año.

Un cónsul estaba dotado de imperium (grado de autoridad propia de su cargo). El imperium de un cónsul era ilimitado y tenía valor tanto en Roma como en toda Italia y resto de provincias, hasta el punto que superaba el imperium del gobernador de cualquiera de ellas. Sin embargo, en ocasiones, este imperium no era efectivo pues además de tener que estar de acuerdo los dos cónsules en las decisiones y propuestas de cada uno (ambos tenían derecho de veto sobre las decisiones del otro), debían obtener el consenso de las dos Asambleas. En la práctica esto era una paralización del poder ejecutivo y como consecuencia quien lo ejercía era el Senado.

El cónsul podía mandar cualquier ejército y durante los años de la República fue ésta su misión más importante. El cónsul, al mando del ejército que se le había confiado o que él mismo se había procurado, se ausentaba de Roma para librar las batallas de defensa o de conquista romana y la mayoría de las veces esta ausencia duraba todo el año de su mandato y más. Durante este periodo, Roma estaba realmente gobernada por el Senado.

En ocasiones los dos cónsules conducían el mismo ejército, cada uno la mitad, y si uno de los dos moría o era hecho prisionero, el otro asumía el mando y los poderes de ambos. Si morían los dos o caían prisioneros, el Senado de Roma tenía que proclamar un interregno que duraba cinco días, al mismo tiempo que nombraba a una persona interrex, que se encargaba de llevar a cabo las nuevas elecciones

La carrera de un cónsul

Ser cónsul suponía llegar a la más alta magistratura romana con imperium. Se consideraba el grado más elevado en la carrera política de un individuo, lo que se llamaba cursus honorum. El aspirante a cónsul sabía que era necesario pasar por cuatro fases:

  • Ingresar en el Senado
  • Servir como cuestor
  • Ser elegido pretor
  • Presentarse a la elección consular

Estas cuatro fases eran absolutamente necesarias, pero el aspirante sabía que además le ayudaría mucho ante el electorado el haber sido también tribuno de la plebe o edil.

Cónsul sufecto (consul suffectus)

Es un sustituto nombrado por el Senado cuando un cónsul moría en el año de su ejercicio o se veía incapacitado. No siempre se hizo la sustitución; a veces el cargo quedó vacante, aun cuando faltaran varios meses para concluir el año de mandato. El nombre del cónsul sufecto se añadía a la lista de cónsules de Roma como uno más, adquiriendo de inmediato la categoría consular.

La cámara del Senado requería la presencia del otro cónsul para nombrar a un sufecto. Se dio el caso en el año 90 adC de la gran impotencia de la cámara cuando habiendo muerto el cónsul Catón, su colega Lucio Julio César se negó a acudir a Roma para el nombramiento del sufecto.

El nombre del cónsul sufecto elegido se inscribía en los Fasti consulares (lista de cónsules) y además esta persona tenía derecho a la categoría de de consular como el resto de los cónsules.

Consular

Todo aquel que había sido cónsul entraba en la categoría de consular. Gozaba de una serie de privilegios y de gran estima y respeto por parte del Senado. Se acostumbraba a cederle la palabra antes que a los magistrados más jóvenes. En muchos casos fueron nombrados gobernadores de una provincia con el apelativo de procónsul. También fueron los encargados del abastecimiento de grano.

Signos externos y vestiduras

Los dos cónsules llevaban una escolta de 12 lictores (una mezcla entre guardia personal y guardaespaldas), pero sólo durante el mes en que les correspondía, como se ha explicado más arriba. Los símbolos externos de su autoridad consistían en los fasces que portaban los lictores y en un cetro de marfil (scipio eburneus) con la imagen de un águila en lo alto.

Su vestidura civil ordinaria era la toga y la túnica con el laticlave (latus clavus) o banda de púrpura. En ocasiones especiales llevaban la toga bordada (toga picta). En la guerra llevaban lorica (coraza), paldamentum (capa por encima de la coraza) y parazonium (espada corta), como cualquier soldado.

Referencias

Bibliografía consultada

  • RICH, Anthony. Dictionnaire des Antiquités romaines et grecques. Librairie de Firmin-Didot et Compagnie. París 1883
  • WATTEL Odile. Atlas histórico de la Roma clásica. Acento Editorial 2002. ISBN 84-483-0680-5
  • MC CULLOUGH, Colleen El primer hombre de Roma. Editorial Planeta S.A., 2001. ISBN 80-08-04000-6
  • ARONDEL, BUILLON, le GOFF, RUDEL. Rome el le Moyen Âge jusqu’en 1328. colection d’histoire Louis Girard. Editorial Bordas, 1964
  • FERRERO, Guglielmo. Editorial Surco, Barcelona 1953

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