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Yandubayú y Liropeya (año de 1574) (1840)
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
- Siguiendo va por un bosque
- Del Paraná renombrado
- A Yandubayú, cacique,
- El sanguinario Carvallo.
- Vuela el indigena, y solo
- Se para así que lejano
- De Juan Garay y su tropa
- Ve al atrevido cristiano:
- Entonces, cual tigre fiero
- Que sobre el toro inmediato
- Revuelve y la aguda zarpa
- Clava en el cuello gallardo,
- El, esquivando la espalda
- De furibundo lanzaso,
- Ha, con los brazos ñudosos,
- A su enemigo aferrado.
- Tremenda lucha se traba,
- Que son guerreros bizarros,
- Y á su contrario dar muerte
- Los dos al cielo juraron,
- Mil veces el indio fiero
- Creé ya vencido á Carvallo;
- Pero mil veces sin fruto
- Le anuda al cuello los brazos.
- Rendido, en fin, al esfuerzo
- De aquel luchar tan estraño,
- Victima ya del cacique
- Era el soberbio cristiano:
- Cuando, del ruido avisada
- Que hacen las voces de entrambos,
- A despartir la pelea
- Vino, con rápido paso,
- La muy gentil Liropeya,
- India de rostro lozano;
- Del Paraná rica perla
- Que guarda el bosque callado.
- Por ella en castos amores
- Se está el cacique abrazando,
- Y por haberla, ofreciera
- A grave empresa dar cabo;
- Cinco terribles guerreros
- Tiene á la lucha emplazados,
- Pues ofendieron sus deudos
- Y él ha jurado vengarlos.
- «¿Así te olvidas, cacique,
- De tus promesas? ingrato!
- ¿Así en combates, sin premio
- Digno de tu heroico brazo,
- La vida espones que solo
- Has de arriesgar en el campo,
- Donde, triunfante, de esposa
- Debo ofrecerte la mano?
- Ay! deja, deja te ruego
- A ese enemigo soldado,
- Y guarda, guarda tu esfuerzo
- Para combate mas alto.»
- Dijo la india, y al punto
- Soltó el cacique á Carvallo;
- De paz la diestra tendióle
- Sin rastro alguno de enfado.
- De Liropeya asi cumple
- Yandubayú los mandatos;
- Luego tranquilos y juntos
- Se van los dos retirando.
- Fresca y hermosa es la india,
- Bien lo notó el Castellano,
- Que por falaces deseos
- Y torpe zaña llevado,
- Hunde la espada traidora
- En el cacique preclaro,
- Que cae sangriento y sin vida
- De Liropeya en los brazos.
- Como la tórtola blanda
- Viendo á su amante llagado,
- Por el mortífero plomo
- Que le echó al suelo del árbol,
- Con nunca oidas querellas
- Asorda bosques y llanos
- Aun á piedad las entrañas
- Del cazador exitando;
- Asi con voces sentidas,
- Vertiendo fúnebre llanto
- Sobre el cadáver que estrecha
- Contra su seno torneado,
- La hermosa indígena increpa
- Al matador inhumano,
- Ya su maldito destino,
- Que á tal desgracia la trajo.
- De allí llevarla procura
- Con tiernos ruegos Carvallo:
- Pero ella airada resiste
- Sus seductores halagos.
- En fin, volviendo los ojos
- Al desleal castellano,
- «Seguirte quiero, le dice,
- «Si con tus ajiles brazos
- «Abres la fosa que encierre
- «Este cadáver helado,
- «Para que pasto no sea
- «De los voraces caranchos.»
- Lleno de impróvido gozo
- Suelta la espada el villano,
- Y empieza á abrir el sepulcro
- Del que mató descuidado:
- En él le arroja, y le cubre
- Despues con tierra y guijarros,
- Y adonde está Liropeya
- Vuelve contento sus pasos.
- Ella del suelo lijera
- El fuerte acero ha tomado,
- Y al español inclemente
- Fiera mirada lanzando,
- «Abre otra fosa, le dice,
- «Oh maldecido cristiano,»
- Y con la espada sangrienta
- Se pasa el seno angustiado.
- Agosto 24 de 1840.
Yandubayú y Liropeya (año de 1574) de Adolfo Berro, leyenda, romance de 24 de agosto de 1840.
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