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Voltaire

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Voltaire ¹
Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento
(Voltaire)

François Marie Arouet


París el 21 de noviembre de 1694

París el 30 de mayo de 1778

Escritor y filósofo francés



1. The Hundred Greatest Men, Nueva York: D. Appleton & Company, 1885.

Biografía

Pertenece al movimiento del siglo de las luces. Empieza su carrera literaria escribiendo versos contra el regente. Sus opiniones políticas, liberales y su libertinaje le valdrán una estancia en la prisión de La Bastilla, después de la cual se exilia voluntariamente a Inglaterra durante tres años. Allá descubre la filosofía de John Locke y una sociedad más liberal que le impresionan mucho (hace el elogio de éste país en las letras filosóficas, 1734).

Regresa un tiempo a París, y cuando cae en desgracia en la corte francesa se refugia en la del rey de Prusia, Federico II. Al cabo de tres años, las relaciones con el monarca se deterioran y Voltaire otra vez tiene que irse. Llega a la región de Ginebra (Suiza), en 1755 y dos años más tarde compra un dominio muy cerca, en Ferney, donde organizará toda la vida de una comunidad de 1.200 hombres. Ejercerá muchos oficios ? agricultor, arquitecto, relojero, fabricante de medias de seda...
Sin embargo, esta no es la razón de su celebridad, sino sus escritos literarios y sobre todo filosóficos. Voltaire no ve oposición entre una sociedad alienante y un individuo oprimido, idea defendida por Jean-Jacques Rousseau, sino que cree en un sentimiento universal e innato de la justicia, que tiene que reflejarse en las leyes de todas las sociedades. La vida en común exige una convención, un pacto social para preservar el interés de cada uno. El instinto y la razón del individuo le lleva a respetar y promover tal pacto. El propósito de la moral es enseñarnos los principios de esta convivencia fructífera. La labor del hombre es tomar su destino en mano y mejorar su condición, mediante la ciencia y la técnica, y embellecer su vida gracias a las artes. Como se ve, su filosofía, práctica, prescinde de Dios, aunque Voltaire no es ateo: como el reloj supone el relojero, el universo implica la existencia de un eterno geómetra (Voltaire es deísta). Sin embargo no cree en la intervención divina en los asuntos humanos, y denuncia el providencalismo en su cuento filosófico Cándido (1759). Fue un ferviente oponente de la Iglesia católica, símbolo según él de la intolerancia y de la injusticia. Se empeña en luchar contra los errores judiciales y en ayudar a sus víctimas. La burguesía liberal y anticlerical hacen de él su ídolo.

Fue elegido miembro de la Academia francesa en 1746.

Aspectos de Voltaire

Voltaire y el antisemitismo

El antisemitismo de Voltaire es reconocido por ciertos críticos o historiadores se dice incluso que puede ser un instigador del antisemitismo moderno. Así, por ejemplo, el historiador León Poliakov tituló el tomo 3 de su Historia del antisemitismo como «De Voltaire a Wagner». Según él, este sentimiento se habría agravado en los últimos quince años de la vida de Voltaire. Parecía entonces ligado al combate del filósofo contra la iglesia cristiana. Continúan, igualmente, los problemas financieros y de relaciones difíciles con banqueros judíos, lo que no está demasiado probado. Hay que recordar sin por ello minimizar el hecho que el antisemitismo es un lugar común del pensamiento general, desde al menos la Edad Media: Voltaire no hizo sino suscribir una opinión ampliamente extendida entre sus contemporáneos.

Pero el antisemitismo de Voltaire es igualmente rechazado por aquellos que no ven sino al antijudaísmo.[1] Los que señalan el antisemitismo indican una serie de citas.

Por otra parte muchos historiadores consideran que sus obras se desprende un fuerte fervor contra los hugonotes y los católicos, por lo que consideran a Voltaire más bien antirreligioso que antisemita, antihugonote y anticatólico.

Citas antisemitas de Voltaire

(Tomadas de su Diccionario filosófico, 1764)

«¿Por qué los judíos no habrían sido antropófagos? Hubiese sido la única cosa que hubiera faltado al pueblo de Dios para ser el más abominable de la Tierra».
«...una horda de ladrones y de usureros...».
«Me ordena hacerle un cuadro fiel del espíritu de los judíos, y de su historia; y, sin entrar en los caminos inefables de la Providencia busqué en las costumbres de este pueblo la cadena de acontecimientos que esta Providencia ha preparado».
«Son el último de todos los pueblos entre los musulmanes y los cristianos, y se creen el primero. Este orgullo en su descenso se justifica por una razón sin contrapartida; es que ellos son realmente los padres de los cristianos y de los musulmanes. Las religiones cristiana y musulmana reconocen a la judía como a su madre; y, por una contradicción singular, sienten por esta madre respeto y horror».
«Se desprende de este cuadro resumen que los hebreos casi siempre han sido o errantes, o tunantes o esclavos o sediciosos: aún hoy son vagabundos sobre la tierra, y para horror de los hombres, garantizando que el cielo y la tierra, y todos los hombres, se crearon para ellos solos».

Voltaire y el dinero

Archivo:Voltaire Trisku.jpg
Homenaje a Voltaire en un billete bancario francés (de la segunda mitad del siglo XX)

Voltaire murió siendo inmensamente rico: fue uno de los mayores rentistas de Francia. El origen de estas rentas era:

Apenas abordó el tema, y se considera que se guardó el secreto sobre dos cosas: sus romances, y sus amores con su sobrina.

Voltaire y el diluvio: un error de apreciación

La presencia de fósiles marinos en la cima de las montañas fue considerada en su época como una prueba de haber estado bajo el agua y, por consiguiente, el diluvio. Voltaire no admitía esta interpretación, ni siquiera la idea de que hayan podido estar algún día fondos marinos donde se encuentran las montañas. Apoyaba su idea en el Diccionario filosófico mostrándose sorprendido de que nadie haya pensado en una explicación, según él, bastante más simple: que cruzados o peregrinos hayan botado moluscos de los que tenían entre sus provisiones para su viaje. A todo esto hay que añadir que tampoco el diluvio ha sido el causante de la altitud de estos fósiles, sino la deriva continental.

Voltaire y la esclavitud

Voltaire cree posible humanizar la esclavitud. La falta de humanidad de los patrones es la que causa los males de la esclavitud. No critica el principio,[2] sólo la forma, lo que se ve reflejado en Cándido.

Sin embargo, se entusiasma en la liberación de sus esclavos por los cuáqueros de Pensilvania en 1769. Se interesa aún más por «los esclavos de los monjes» de Pays de Gex, que son «más infelices que los negros».

Voltaire y el fanatismo

Toda la obra de Voltaire es un combate contra el fanatismo y la intolerancia, y eso desde La Henriada, en 1723. «Entendemos hoy en día por fanatismo una locura religiosa, oscura y cruel. Es una enfermedad que se adquiere como la viruela» (Diccionario filosófico, 1764, artículo «Fanatismo»).

Cita apócrifa de Voltaire

"No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defendería hasta la muerte su derecho a decirlo".

Frecuentemente se le atribuye esta frase a Voltaire, aunque no aparece en ninguna parte de su obra. Esta frase aparece en 1906 por primera vez en The Friends of Voltaire (Los amigos de Voltaire), libro inglés de Evelyn Beatrice Hall, escritora con el seudónimo de S. G. Tallentyre, para resumir su posición: «I disapprove of what you say, but I will defend to the death your right to say it», antes de ser traducida al francés y al español.

Obra

  • Historia de Carlos XII, 1730
  • Zaire , 1732
  • Letras inglesas o letras filosóficas, 1734
  • Cándido, 1759
  • Zadig, 1748
  • El mundo como va, 1748
  • El siglo de Luis XIV, 1751
  • Micromegas, 1752
  • Poemas sobre el desastre de Lisboa, 1756
  • Estudio sobre los hábitos, 1756
  • Diccionario filosófico, 1764
  • Jeannot y Colin, 1764
  • Tratado sobre la tolerancia, 1767
  • El ingenuo, 1767



Referencias

Fuentes empleadas y notas

  1. «No porque ciertas frases de Voltaire nos duelan deberíamos confundirlo en la turba de perseguidores», Roland Desné («¿Voltaire era antisemita?», El Pensamiento, n.º 203, enero-febrero de 1979, páginas 70–84).
  2. «No compramos esclavos domésticos sino donde los negros. Se nos reprocha este comercio: un pueblo que trafica sus hijos es aún más condenable que el comprador. Este negocio demuestra nuestra superioridad; lo que nos da una maestría para tenerlos», en los Ensayos sobre las costumbres y el espíritu de las naciones.