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Verdad

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Di la verdad aunque sea amarga. Di la verdad aún contra ti mismo.
(Mahoma)



Estado del arte del artículo: En permanente -aunque limitada- revisión.

Preliminares

Que en este mundo traidor
nada es verdad ni mentira.
Todo es según el color
del cristal con que se mira.
Ramón de Campoamor (1817-1901)


¿Es la verdad algo real o fruto de nuestra imaginación? ¿Existe una única verdad o, por el contrario, hay muchas y múltiples? ¿Se reduce la verdad a los testimonios de las personas? ¿Sirve para algo decir que algo es verdad? ¿Es la verdad algo inmutable o puede cambiar con el paso del tiempo? ¿Podemos llegar a conocer la verdad? ¿Es la verdad algo absoluto o relativo? ¿Es acaso inconmensurable la verdad? ¿Es una cuestión de fe? ¿De evidencias? ¿Es natural la verdad? ¿Es, tal vez, racional? ¿Buscamos un imposible con la verdad? ¿Queremos saber la verdad? ¿Pertenece la duda al ámbito de la verdad? ¿Puede ser una opinión verdadera? ¿Cómo alcanzan nuestras reflexiones y pensamientos el grado de verdad? ¿Es el error una fuente de verdad? ¿Tiene algo que ver la verdad con la libertad? ¿Puede ser la verdad objetiva? ¿Y subjetiva?...

Algunas de estas preguntas (u otras similares) han mantenido en vilo a pensadores, filósofos y científicos durante siglos. No podemos dar una respuesta exacta, breve y precisa a no ser que reduzcamos a una sola visión de verdad el significado del término. Muchos avezados prohombres son los que se han acercado al campo semántico de verdad y, por tanto, poco podemos hacer al respecto, salvo dejar constancia en esta humilde exégesis de lo que se ha dicho hasta el momento. De esta forma, respondemos con muchas voces a las cuestiones planteadas porque son variadas las maneras de entender la verdad. Sean pues, las presentes líneas, un trabajo con fines docentes o de investigación y no una solución unívoca al problema de la verdad. Más que respuestas concisas, seguiremos teniendo preguntas y dudas al final del artículo. Si hay quien arroje más luz sobre este asunto, estas líneas ya le pertenecen...

Definiciones comunes

verdad (Del lat. verĭtas, -ātis). 1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. 2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa. 3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna. 4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. 5. f. Cualidad de veraz. Hombre de verdad. 6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 7. f. realidad (existencia real de algo).
verdad (Del lat. verĭtas, -ātis). 1. Cualidad de una expresión o representación que corresponde a una cosa que existe o representa tal como es. 2. Entidad abstracta constituida por lo que es verdadero. 3. Cosa que se dice con razón o motivo. 4. Cosa que se le dice a una persona crudamente o con franqueza molesta o impertinente, expresando un juicio desfavorable sobre ella o alguna queja que se tiene de ella.

Introducción conceptual

En principio, no se puede entender verdad como un hecho o suceso a la manera de los cuerpos caen a causa de la fuerza de la gravedad, sino como una propiedad de los enunciados que utilizamos para referirnos al mundo y a lo que en él acaece, por ejemplo. Tampoco los hechos que suceden llevan aparejados un atributo de verdad similar al peso, volumen, altura, etc.; lo que quiere decir que es un concepto con bastante grado de abstracción y complejidad (incluso aunque tengamos en cuenta la creencia religiosa por la que Dios es la Verdad o que existe una verdad revelada por la divinidad, con lo cual la abstracción y conceptualización queda referida a aquélla). En sí, verdad es una palabra-problema porque es usada indistintamente en contextos ordinarios con un sentido lato y generalista, como en contextos académicos, religiosos y epistemológicos con significados muy particulares y, a veces, precisos aunque limitados a un solo uso. Los usos lingüísticos de verdad son variados, si bien todos parecen converger en la pretensión de autentificar y legitimar el objeto al que se atribuye la verdad. Dicho de otro modo, la verdad no existe por sí misma si no es referida y asociada a otra cosa (fuera a un hecho, a un enunciado, a un pensamiento, a un estado de conciencia o a un conjunto abstracto al que se le constituye como verdadero). En virtud de que no existe una idea única del concepto de verdad y de cómo se llega a ella, es aceptable considerar su diversidad en conjuntos enunciativos de lo que entiende cada uno de éstos en lo que se ha dado en llamar en Epistemología teorías de la verdad.

Teorías de la verdad

El término teoría ha de entenderse en este contexto como enfoque, posicionamiento, postura, corriente o visión, más que como un conjunto ordenado y sistemático de enunciados con un alto sentido de formalización (véase Teoría). Es la tradición epistemológica la que acuña la expresión teorías de la verdad para referirse y distinguir las distintas perspectivas de enfocar el tema. Muchas de ellas se solapan entre sí, existiendo autores que defienden varias concepciones de verdad porque, algunas teorías, no se excluyen unas a otras. El sentido incluyente, a veces, de este acto clasificatorio lo hace un tanto estéril, por cuanto no discrimina el significado distinto de verdad en cada categoría. Sin embargo, puede obtener beneficios didácticos a la hora de su exposición.


Teoría de la verdad ordinaria o ingenua

Se refiere a la utilización coloquial de verdad, en un uso lingüístico ordinario sin pretensiones mayores de autentificar -a los ojos de los demás y a los propios- aquello a lo que se refiere. Es un posicionamiento psicológico de las personas preteórico, más relacionado con la teoría de la atribución que con una elaboración sistemática del concepto de verdad. Una atribución es una aplicación, sin un conocimiento seguro a veces, de hechos o cualidades a una persona o cosa. Es decir, aplicar según unos datos -con independencia de su precisión, fiabilidad y validez científicas- una legitimidad a una situación. La verdad depende de la percepción de las personas (cómo se sienten) sobre la situación, no de las variables que realmente influyen en el desarrollo de los acontecimientos. De ahí que las atribuciones, aunque se trate de un tipo de inferencias, puedan contener errores. No obstante, las personas nos comportamos en función de esas percepciones que interpretan lo que sucede porque tal actividad nos permite adaptarnos con una economía de esfuerzos. Ésta parte de la premisa de que lo que pensamos es verdad y, evidentemente, eso no es cierto siempre (por no decir casi nunca). Lo que pasa es que, las personas, no podemos -y no queremos en ocasiones- ir comprobando una a una todas las cosas que ocurren, se dicen o se hacen. Procesamos en orden a una aproximación y a una métrica que funciona junto a emociones, sentimientos o según quede nuestra autoestima en el escenario considerado. De ahí, que esta teoría de la verdad, aunque muy extendida entre la población, sea una de las fuentes de error más frecuentes (creer que algo es verdad cuando en realidad sería muy impreciso afirmar tal cosa). Por otra parte, como se realizan una cantidad ingente de interpretaciones y atribuciones a diario, las personas aciertan en alguna de ellas (casi, por mera probabilidad); siendo el refuerzo positivo tan potente que les impele a seguir actuando así una y otra vez. Los rumores, las leyendas urbanas, los refranes o el tomar la parte por el todo pueden ser ejemplos de aplicaciones de esta teoría de la verdad que poco o nada tiene que ver con la verdad en un sentido epistemológico.

Teoría de que la verdad no existe

Es la postura del escepticismo: nada existe, si algo existiera no lo podríamos conocer y, aunque lo pudiéramos conocer, no lo podríamos comunicar. Así se expresaba -más o menos- el filósofo griego Gorgias pudiendo añadir a su párrafo: aunque lo pudiéramos comunicar, nadie nos entendería. Quizás esta postura radical que llama poderosamente la atención parta de unas premisas inciertas o falsas. Es muy raro encontrar en la literatura de la teoría del conocimiento moderna y contemporánea, tesis de esta índole. Muy tamizado y matizado, lo que el escepticismo más cercano a nosotros sostiene es que no se puede aspirar a una teoría de la verdad y, mucho menos, a una teoría única de la misma. Lo principal de esta postura es que la verdad es inaccesible en la totalidad de sus aspectos criteriales. Podemos, a lo sumo, conocer o acceder a fragmentos muy difusos de una supuesta verdad de las cosas y del mundo. En general, una postura escéptica se aplica limitando el concepto holístico de verdad bajo otros enfoques: relativismo, pluralismo, perspectivismo, pragmatismo, etc. Si la tesis escéptica fuera verdadera se enfrenta a una paradoja: ¿cómo puede ser verdad si afirma que la verdad no existe? Más bien se quiere decir que nuestro conocimiento presenta problemas para llegar a la verdad y que es muy discutible, opinable y subjetivo.

Teorías monistas de la verdad

Bajo este epígrafe se agrupan todas aquellas teorías que consideran a la verdad única (sólo puede existir una verdad sobre una misma cosa) y que funciona como una unidad atributiva. Sostienen, en líneas generales, que sobre un mismo objeto de conocimiento no puede haber dos o más verdades diferenciadas, porque la correspondencia entre objeto y su calidad de verdad se atiene a una unicidad. Sin embargo, en el cómo se establece semejante correspondencia, existen amplias discrepancias:
Teorías metafísicas de la verdad
Parten de que la verdad no es producto de una legitimación del mundo físico, sino de una Ontología que trasciende lo perceptible. Parménides con su consabido el ser es y el no-ser no es, inicia la corriente de un ser necesario que, en su misma necesidad encuentra su fuente de verdad: la verdad es una y es necesaria, lo cual contiene todo el resto de verdades asimismo necesarias. Plotino sostiene que el ser (el Uno) es dado de antemano y que es el mundo verdadero frente al mundo de las opiniones (no verdadero). La verdad es, por ende, una imagen de una imagen. Esto da origen a la idea indisociable de ser y verdad (sintetizada, por ejemplo, en la idea de Dios). Heidegger, contemporáneamente, considera que el ser y la verdad del ser son consideraciones en estrecha vinculación: la verdad consiste en ir descubriendo y desocultando la esencia del ser.
También dentro de la corriente Metafísica se encuentra la apuesta platónica de que la verdad no puede ser de naturaleza subjetiva o lingüística, sino que se constituye en esencias independiente de la existencia del hombre, su pensamiento y su lenguaje (idealismo objetivo). Para San Agustín la verdad es una, necesaria e inmutable, donde cada objeto de verdad se conforma con el modelo divino. Leibniz en su doctrina de las verdades de razón entiende que éstas son válidas en todos los mundos posibles. Bolzano atiende al aspecto objetivo e ideal de la verdad: las verdades son una subclase de las proposiciones que no dependen de aspectos subjetivos. Esta concepción, matizada por el empirismo, pasa a Bertrand Russell y G. E. Moore, por ejemplo, quienes explicitan que la verdad está referida a enunciados (los hay falsos y verdaderos del mismo modo que hay flores rojas y blancas) y que éstos son complejos que constituyen el objeto que proponen (proposiciones). La metáfísica de esta última concepción parte de una ontología empírica: los hechos existen con independencia de que haya alguien allí para observarlos, estudiarlos o decir que son verdaderos. Husserl, desde la fenomenología, entiende la verdad como esencias que se imponen a la conciencia (como pueden ser los axiomas de la Lógica).
Teorías fisicalistas de la verdad
Se caracterizan por sostener que la verdad se asienta sobre principios físicos y materiales. Con el atomismo de Demócrito arranca el establecimiento de la adecuación entre fundamentos físicos y la noción de verdad. Son teorías fisicalistas de la verdad (con más o menos matices):
Convergen en que la verdad tiene que estar mediada por objetos físicos.
Teorías psicologistas de la verdad
La verdad, según estas teorías, es un proceso psicológico (como en la Teoría de la verdad ordinaria o ingenua y la teoría de la atribución), pues lo es también el conocimiento. De este modo, las leyes de la lógica son leyes del pensamiento humano bien construido (como el principio de no contradicción). Esta es la diferencia básica con una teoría ingenua de verdad: sólo algunos procesos psicológicos (los que constituyen el razonamiento lógico-deductivo básicamente) son considerados constitutivos de procesar la verdad. Equiparan el cómo se construye el conocimiento con el acto de conocer mismo. Se pueden adscribir a esta corriente autores como Wundt, Stuart Mill, Boole o Piaget.
Teorías idealistas ( o trascendentalistas) de la verdad
El gran paradigma de estas teorías estriba en Kant: "Kant pensaba que ni el empirismo ni el racionalismo podían ofrecer una teoría del conocimiento coherente. El primero, al poner la experiencia por encima del entendimiento, se despoja de los conceptos con que aquélla podría describirse (puesto que ningún concepto puede derivarse de la experiencia por mera abstracción); el segundo, por su parte, al poner acento especial en el entendimiento a expensas de la experiencia, queda al margen del objeto mismo de conocimiento. Éste, según Kant, se alcanza mediante una síntesis de concepto y experiencia que denominó "síntesis trascendental", poniendo con ello de relieve que nunca podría ser observada como un proceso, sino que debería presuponerse como resultado" (Roger Scruton, "Historia de la filosofía moderna" (orig. 1981, edición castellana, 2003) (págs. 216-217). La verdad se origina con la conformidad racional y empirista a la vez, lo que se supone trasciende ambas concepciones por separado y las supera porque se complementan.
Teorías lingüístico-deterministas de la verdad
La verdad viene definida por la estructura lingüística. La lengua de un hablante concibe la realidad, su experiencia representacional, su pensamiento y su forma de actuar frente al mundo (Sapir y Whorf). La filosofía analítica, con el primer Wittgenstein a la cabeza (el del Tractatus Logico-Philosophicus, 1921-1922) entiende que sólo las proposiciones empíricas son susceptibles de ser verdaderas, admitiendo la tautología (enunciados lógico-formales bien construidos) asimismo como fuente de verdad (metalenguaje verdadero). Otra versión del determinismo lingüístico la propone Nagel, quien defiende que un concepto como el de verdad está predicado por una lengua y no por la atribución de las propiedades mismas del objeto referencial. La verdad depende, de este modo, de las relaciones lingüísticas concretas del hablante y no de las características intrínsecas de a lo que hace referencia.
Teorías de los usos del lenguaje sobre la verdad
Derivadas, sobre todo y en líneas generales, de la revisión de las teorías lingüístico-deterministas de verdad. Se adscribe, por ejemplo, el segundo Wittgenstein (el de las "Investigaciones filosóficas", 1952). Este autor distingue usos del lenguaje y que tales usos pueden producir problemas al conocimiento. De suerte que verdad se entiende como un uso lingüístico, convencional y nominal: una regla lingüística y no una propiedad de los objetos. Las reglas lingüísticas y las convenciones favorecen las acciones y los comportamientos y, ambas, constituyen un sistema deductivo e inferencial de los hablantes. En estos argumentos sobre la verdad se alinean las posturas convencionalistas y autores como Strawson, Austin y Ayer.

Teorías pluralistas, relacionales y complejas de la verdad

Estas teorías se caracterizan por entender la verdad como una relación triádica entre objeto (al que se le atribuye la verdad), sujeto (el que atribuye la propiedad de verdadero al objeto) y el lenguaje (lo que se utiliza para poner de manifiesto la verdad). También se encuadran aquellos paradigmas que sostienen que existe más de un concepto o tipo de verdad —incluso sobre una misma cosa— (el contextualismo, el tipologismo, el pluralismo, la lógica modal, la lógica borrosa, etc.), así como las recientes aportaciones sobre la complejidad, la incertidumbre o el caos.
La verdad como una relación entre objetos empíricos
Este enfoque está muy relacionado con las teorías fisicalistas de la verdad (sobre todo las de corte empírico). Allí se proponía el mundo físico como única fuente de verdad, mientras que aquí se propone la racionalidad relacional del mundo físico como una parte de él mismo (de la naturaleza). La verdad, por tanto, se constituye como una relación idónea (así un mapa, sirva de ejemplo, es una descripción real, cuyo sentido -al margen de su elaboración- reside en ese mundo físico). La verdad se conceptualiza en orden a su ideación y no a su idealización, siendo un esquema cognitivo que representa la realidad (de ahí, su caracter relacional).
Teoría de la verdad como adecuación
También conocida por la teoría de la adaequatio y la noción más extendida de verdad (debida probablemente a la influencia de Tomás de Aquino en el pensamiento occidental): adaequatio rei et intellectus. La verdad se entiende como una relación de concordancia entre el lenguaje y su referente extralingüístico. Sin embargo, ¿puede ser el lenguaje una identidad equivalente a lo que se refiere (esto es, al mundo físico y material)? Eso mismo sostiene Wittgenstein en su legendario Tractatus logico-philosophicus: el lenguaje -como proposiciones lógicas- es una figura de la realidad. Y eso mismo se encarga el autor austriaco de desmantelar en su obra posterior: el lenguaje puede obtener diferentes significados y usos en un mismo hecho, porque no existe una conexión lógica (no tiene por qué haberla, al menos) entre lo que se propone y lo que es en realidad. El lenguaje puede intentar representar la realidad, pero tal intento, por muy bien construido que esté, es posible que no figure al mundo ni por asomo. Según la versión tomista de la adecuación, es el intelecto el que debe adecuarse a la realidad (asimetría adecuacionista): debemos pensar las cosas conforme con lo que son. Si bien nos enfrentamos a otro problema epistémico: ¿qué son las cosas en sí?, pues si la verdad es lo único que nos puede dar a entender las cosas en sí, definir a aquélla con ésto y ésto con aquélla es un mero círculo vicioso (salvo que se salga de él a través de conceptos como la divinidad, por ejemplo). Bertrand Russell propone el término congruencia con los hechos para hacer verdadera o falsa una proposición.
Teoría de la verdad como correspondencia semántica
Formulada por Alfred Tarski, es una versión matizada del adecuacionismo pero que se ve impelida a las mismas problemáticas que éste. Parte de que oraciones como la famosa paradoja de Epiménides («Epiménides el cretense dice que todos los cretenses mienten siempre») están expuestas en semánticas cerradas, proponiendo para su resolución la distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje. Este último, semánticamente más enriquecido que el primero, garantizaría la verdad (o no) del lenguaje-objeto si éste satisface el ser correspondiente con el metalenguaje: "la nieve es blanca" es verdadero si y sólo si la nieve es blanca. Tarski intenta establecer un mediador -el metalenguaje- en la noción adecuacionista de verdad, pero la correspondencia semántica se enfrenta a arbitrios insolubles por sí mismos. Versiones retocadas de este enfoque han sido utilizadas en alguna teoría del significado de lenguajes altamente formalizados y no-naturales. La aplicación a lenguajes naturales dista mucho de haberse conseguido.
Teoría de la verdad como pragmática
William James postula que algo es verdad si funciona o es útil (véase Utilitarismo y Pragmatismo) en un contexto coherente con la experiencia y lo anteriormente establecido como verdad. Es decir, no es un concepto de verdad subjetivista, sino que se trata de una reacción frente al Idealismo. Ya que las personas no pueden acceder a todos los hechos que ocurren en el mundo, esta teoría asume semejante limitación acotando también el concepto de verdad a criterios de verificabilidad en vez de verificación. Así las cosas, algo es verdad si logra funcionar como disipante de la confusión y del error (Dewey). Sobre todo los filósofos norteamericanos (Davidson, Putnam, Rorty y otros) son los que tienen tradición en esta corriente y apuntan tesis como las que siguen:
  • La verdad es una relación intersubjetiva.
  • La verdad es un consenso lo más amplio posible.
  • La verdad no es universal.
  • La verdad se define por sus consecuencias prácticas, eficacia y utilidad.
Teoría de la verdad sociologista
Establecen la verdad como una relación más o menos estable entre las personas, fundamentada esta relación en testimonios y expresiones lingüísticas que tienen especial predicamento entre una sociedad. Suelen establecerse en torno a dos principios:
  • Principio de autoridad: el caso más ilustrativo es la infalibilidad del Papa en cuestiones de fe para los católicos románicos, pero la autoridad puede establecerse también en relaciones de poder. Este principio exige una relación asimétrica entre los sujetos, pues tan sólo unos pocos —por su autoridad o poder—pueden decir qué es o no es la verdad.
  • Principio del acuerdo o consenso social: Durkheim fue uno de los primeros en sostener que la verdad es un problema de acuerdo social, como superación al subjetivismo y donde las sociedades asientan sus leyes y ordenamientos jurídicos. Más modernamente, Habermas, entiende el fracaso de la verdad como correspondencia porque es una cuestión discursiva que gira en torno a las necesidades del lenguaje y no del mundo en sí. Así la verdad es un ideal para obtener un consenso en el discurso entre las personas.
Teoría de la verdad como función expresiva
Esta concepción se debe sobre todo a la filosofía analítica. Se expone la verdad como una redundancia lingüística realizada por el sujeto hablante y el habla, que se debe a los juegos y usos del lenguaje. Describen que hay que desentrecomillar el lenguaje que nada añade sobre la verdad de un enunciado, de forma que decir que «la nieve es blanca es verdadero» sólo sirve como recordatorio o como una convención (un uso lingüístico). Se deriva de lo anterior la consideración de la verdad como un incremento de la expresividad oracional.
Teoría de la verdad como coherencia
La coherencia es entendida en este epígrafe como coherencia sintáctica. Está centrada la noción de verdad, por tanto, en el ensamble de los signos y no de sus referentes. Hilbert sostiene que la verdad está referida a la formalización de un sistema: definiciones implícitas (axiomas), símbolos primitivos, teoremas, etc. Es decir, un enunciado será verdadero si es coherente (no presenta contradicciones) en el sistema de formalización utilizado. Extrapolando lo suscrito, el estructuralismo apunta a que un enunciado será verdadero si es coherente con las estructuras (las formas y formalización) que subyacen a la realidad.
Teoría de la verdad como constructivismo
Esta teoría defiende que la verdad se construye a través del lenguaje y actos humanos. Se trata de un concepto y no de una realidad primitiva ni dada por el mundo y, el concepto, va adquiriendo su sentido en torno a su figuración, su simulación, su ensayo y error, su modelado de la realidad, etc. Los conceptos son adobes mentales con los que operar y manipular el mundo, construyendo teorías, oraciones o meras exclamaciones. La verdad existe en cuanto es una arquitectura que se ha ido construyendo durante el tiempo que trata de encontrar conexiones entre objetos, conceptos, ideas, acontecimientos, etc.; y que se manifiesta a través del lenguaje y el pensamiento que, a su vez, impelen a construir o reconstruir dicho concepto.
Teoría de la verdad como pluralismo
Parte de la idea de que no existe una verdad única. Cada cual conoce un fragmento de la realidad, intentando dar explicación de lo que percibe; si bien, tales fragmentos, a veces contradictorios, no dan cuenta de la totalidad. Existen, de este modo, una pluralidad de verdades con diferentes fuentes, motivos y criterios; que dependen de su contexto de aplicación y de las propiedades consideradas (siempre en unos límites). La verdad, bajo este enfoque, es múltiple e incluso relativa. Son concepciones que apoyan esta tesis:
Los grados de verdad
Más que una teoría en sí misma, se trata de una aplicación de otras. Partiendo de la idea de la verdad como aproximación, significa a aquélla en un entorno limitado. Es decir, la verdad no es absoluta, sino que es parcial e imprecisa: tiene grados.
Teoría de la verdad dinámica
El concepto de verdad cambia con el tiempo, de unas culturas a otras o, incluso dentro de una misma sociedad, varía su significado de unos individuos a otros. Al no mantenerse estable su conceptualización (o lo que se entiende por verdad), esta teoría sostiene que es variable, mutable y dinámica.
Teoría de la verdad relativista y contextualista
Todo es relativo, he aquí la única verdad absoluta. Con Protágoras se inicia la corriente relativista: El hombre es la medida de todas las cosas. Los versos de Campoamor con los que iniciábamos este artículo, también son herederos de esta postura. Se postula con ello que no existe una verdad universal, sino que depende de los límites de la misma naturaleza humana: cada momento histórico -sea social o personal- es un modo orgánico que interpreta la verdad. Esa dependencia respecto al observador de la verdad implica a aquél en la conceptualización de la otra. Así, cada observador, mantiene su propia perspectiva de la verdad.
Complementariamente, la verdad de los enunciados depende de su contexto expresivo. Según el nivel de análisis que elija un individuo, la verdad queda sujeta a tal campo semántico o a semejante escenario socio-cultural. Cada contexto considerado tiene un registro un tanto distinto para la verdad, relevante en dicho contexto pero que puede resultar ineficaz en otro.
Complejidad y verdad
Hemos repasado grosso modo las teorías de verdad, mas ¿qué hay de verdad en estas teorías? En cierta forma, se contesta en su visionado conjunto: es muy complejo dar una respuesta breve y clara. Sería muy fácil decir que todas las teorías tienen su parte de razón; sin embargo, afirmar tal cuestión es poco serio a nada que se pretenda profundizar. En primer lugar, el concepto de verdad vinculado a las religiones queda derivado al de divinidad y, por ende, desde la epistemología, no podemos controlar tal variable. Dejamos, en este sentido, su Verdad (con mayúsculas) a la teología propia de cada religión, mientras que manejaremos el término verdad (humildemente con minúsculas) para las disquisiciones siguientes.
En segundo lugar, caben hacer distintos análisis con el fin de dilucidar usos adecuados del término y concepto de verdad. Para ello partimos de la premisa de que el conocimiento humano (sobre todo el científico) necesita pruebas y justificaciones. No basta, en consecuencia, decir que algo es verdad como si su misma expresión contuviera tal propiedad. La verdad o verdades necesitan estar justificadas de alguna manera y que, cualquier ser humano, por humilde que fuera su condición, pueda acceder a ellas por medio de semejantes justificaciones y argumentos. La verdad se constituye, así pues, como una aplicación de facultades mentales tales como el pensamiento racional, la memoria o la inferencia causal, por ejemplo. Concebimos entonces la percepción de verdad en dos niveles: el lógico y el psicológico.
  • La percepción de verdad a nivel lógico (véase Lógica): está referida al Sistema experto de ensamble argumental, de modo que la verdad queda integrada con el ajuste conformado por el entramado de unas condiciones previas.
  • La percepción de verdad a nivel psicológico: se refiere a los procesos mentales por los que algo se considera verdad para una o varias personas.
Dentro de este punto también trataremos la no-linealidad de una supuesta teoría de la verdad. Esto es que la verdad no es necesariamente una función continua de correspondencias del tipo "pensamiento-realidad", sino que existen discontinuidades según el objeto, el contexto o los límites del campo de análisis en el que nos situemos. Existen, de facto, retroalimentaciones sobre la conceptualización de verdad que impelen a cierto sentido constructivista de su significado y aplicación.
En tercer lugar, el término verdad se postula como un conjunto borroso en la consideración de la realidad. Dicho de otro modo, una cosa no es verdadera o falsa únicamente y en todo momento y espacio. Se pueden considerar distintos grados, condiciones o estados de verdad. Se trata, así pues, de etiquetas lingüísticas que refieren los diferentes momentos y cuantos de la realidad y del mundo considerados. De este modo, la lógica clásica, donde la verdad es binaria (0,1), se reduce a un caso específico de una lógica más amplia, donde la verdad puede ser una función de probabilidad o de condicionalidad.
En cuarto lugar, la verdad puede ser interpretada en cantidad y cualidad de la Información junto con su grado de Entropía. Si se prefiere, la verdad puede ser expresada en términos de desambiguación, o a la precisión con la que refiere cierto objeto claramente.
En quinto lugar, es factible considerar la verdad como posibilismo en una Teoría de las decisiones, donde nos ocupamos de la certidumbre/incertidumbre predictiva de una hipótesis. Es tan potente el concepto de incertidumbre (debido a Heisenberg) que ha obtenido, acaso, usos indiscriminados y absurdos. En general, extrapolando el término de la Física, con incertidumbre nos referimos a la inexactitud de nuestras previsiones debidas al azar (entendiendo éste como la equivalencia de posibilidades calculada con suficiente aproximación y no, como un comportamiento irracional de los acontecimientos). El azar son variables, condiciones o factores que no se han tenido en cuenta a la hora de establecer nuestras hipótesis (y no se quiere decir que no existan).
En sexto lugar, teniendo en cuenta los presupuestos anteriores, la verdad se puede considerar más como un proceso y un procedimiento que como un resultado y producto. En tal sentido, la verdad se estima en torno al uso de métodos (véase Método y Metodología) que son los que ponen las condiciones priores para llegar a ella.
Por último y en séptimo lugar, pese a que una definición de verdad puede resultar imprecisa, tomaremos las siguientes preguntas para sistematizarla: qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué:
  • verdad: complejo semántico que expresa la existencia real o virtual de lo referido mediante (aislada o conjuntamente):
  • la confirmación
  • la relación
  • la contextualización
  • la justificación

Criterios de verdad

Significado etimológico de criterio: (del griego κριτήριον): juzgar, medida para valorar alguna cosa.

La expresión criterios de verdad se acuña para distinguir entre la definición de verdad y el cómo se llega a ella. Existe discusión en si hay diferencia alguna, de si el concepto de verdad aglutina los criterios de tal propiedad o, si verdaderamente, el medio -criterios- es distinto al fin -verdad-. Se han manejado, por lo general, los siguientes:

  • Evidencia
  • Coherencia
  • Consenso
  • Probabilidad
  • Hermenéutica

Para lo que importa, la verdad está mediatizada por el cómo se llega a ella; es decir, cómo se justifica y se argumenta. No existe verdad (desde un punto de vista epistemológico) si no hay un apoyo logístico de esta conceptualización. La atribución de esta propiedad a algo, exige decir por qué se atribuye así y no de otra manera. Por ejemplo, en ciencias, no sólo se comunican los resultados de una investigación, sino también el cómo se han llegado a ellos para que se puedan replicar, comparar o contrastar. Se informa de los procedimientos y métodos seguidos, pues es de esa manera como podemos comprobar, simular y distinguir si lo conseguido tiene posibilidades de atribuirle algo de verdad. La toma de decisión de verdad no se realiza en el vacío, siendo el llenado de ese vacío (a través de criterios, métodos, aproximaciones, etc.) el protocolo decisor y decisivo de la cuestión. Por tal motivo, no se puede prescindir en la definición de verdad de sus criterios porque es la prueba de su consistencia.

Referencias

Autores de esta parte: Carlos Moreno Rodríguez (Diciembre, 2005)
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Bibliografía

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Otras fuentes de información

Notas