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Reino de las Dos Sicilias

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El Reino Unido de las Dos Sicilias es el término por el que fueron conocidos los dominios de una rama de los borbones españoles desde el año 1816 a 1860, que comprendían los territorios de la Italia meridional (Nápoles) y la isla de Sicilia. Con anterioridad eran conocidos como Reino de Nápoles y Reino de Sicilia, y con posterioridad quedaron incorporados a la Italia unificada.

En el siglo XV estos territorios fueron conquistados por Alfonso V, rey de Aragón, y durante la Edad Moderna estuvieron en poder sucesivamente de la Corona de Aragón, de la Monarquía Hispánica y de Austria (desde el Tratado de Utrecht, 1713). Desde 1734 se convirtió en un estado independiente bajo los Borbones, cuando Carlos de Borbón, por entonces Duque de Toscana, hijo de Felipe V de España, luego de vencer a los austri]cos en 1734, se apoderó de Nápoles con la ayuda española y recuperó para su dinastía el dominio de Nápoles-Sicilia; siendo reconocido muy pronto por Francia en virtud del Primer Pacto de Familia (en 1737 lo harían los Estados Pontificios y, a continuación, el resto de los Estados italianos).

Carlos VII de Nápoles (III de España) cedió el trono de Nápoles-Sicilia a su hijo Fernando (IV de Nápoles y III de Sicilia) en 1759 para poder ceñirse la corona española. Fernando IV de Nápoles, tras el periplo generado con la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, regresó al trono napolitano y cambió la denominación Nápoles-Sicilia por Reino Unido de las Dos Sicilias en 1816. Desde entonces fue conocido como Fernando I de las Dos Sicilias. Su nieto, Francisco II, perdió el Reino en 1860 a manos de Víctor Manuel II de Saboya tras largas luchas. Con esta conquista, el Reino de las Dos Sicilias deja de existir como estado independiente.

Origen del nombre

El nombre Dos Sicilias tiene origen con la llegada a Italia de Carlos I de Anjou quien recibió de parte del Papa el título de «Re d'amendue le Sicilie» (Rey de las Dos Sicilias)[1]

Luego de la revuelta de las Vísperas Sicilianas en el 1282 el reino fue dividido en dos partes: la isla siciliana dominada por los aragoneses; y la parte continental dominada por los Anjou. Ambos reyes se dieron el título de Rey de Sicilia. De aquí nace la denominación «Regno di Sicilia al di qua del faro» (Reino de Sicilia de este lado del faro) y «Regno di Sicilia al di là del faro» (Reino de Sicilia del otro lado del faro) en referencia al Faro de Mesina.

En 1816, en el Congreso de Viena se oficializó la unión del Reino de Sicilia y del Reino de Nápoles y Fernando I utilizó el nombre de Dos Sicilias para el nuevo reino.

División administrativa

Las dos principales subdivisiones eran la parte continental del reino, Reali Dominii al di qua del Faro (Reales dominios de este lado del faro) y la Sicilia Reali Dominii al di là del Faro (Reales dominios del otro lado del faro). Refiriéndose al Faro de Mesina.[2]

La parte continental del Reino estaba dividida en 14 provincias: Nápoles, Labor, Principado de Citra, Principado Ultra (Actual Campania); Calabria Citerior, Primera Calabria Ulterior, Segunda Calabria Ulterior (Actual Calabria); Capitanata, Terra di Bari, Terra d'Otranto (Actual Apulia); Abruzzo Citerior, Primer Abruzzo Ulterior, Segundo Abruzzo Ulterior (Actual Abruzos); el Condado de Molise (Actual región del Molise) y la Provincia de Basiliscata en Basilicata. La Sicilia estaba dividida en tres provincias: el Val Demone, el Val di Noto y el Val di Mazara.

Historia

Los Borbones en Nápoles

El 10 de mayo de 1734, Carlos de España de la familia de Borbón, hijo de Felipe V rey de España, entró en Nápoles y al año siguiente se coronó rey de Sicilia. Así conquistó todo el sur de Italia que estaba en manos de Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico.

El reino consiguió autonomía de España después de la Paz de Viena en el 1737 donde se dio fin a la Guerra de Sucesión Polaca. En agosto del 1744 el ejército de Carlos venció en la Batalla de Velletri a los austríacos que querían reconquistar el reino.

La situación económico social de Nápoles a comienzos del siglo XVIII era desastrosa, por lo que Carlos realizó un proceso de reformas de carácter ilustrado. Las primeras reformas de su reinado se basaban en la lucha contra los privilegios eclesiásticos: en el 1741 con un concordato fueron reducidos el derecho de asilo y otras inmunidades y los bienes de la iglesia fueron subordinados a la fiscalidad.

Carlos gobernó Nápoles por más de medio siglo y en el reino se notó una gran alza de la producción agropecuaria y del comercio. En 1755 fue instituida junto la Universidad de Nápoles la primera cátedra de economía y de astronomía del mundo.

Además, trasladó la residencia real a Caserta donde construyó el Palacio Real de Caserta, actualmente patrimonio de la humanidad. También construyó el palacio de Portici, el museo de Capodimonte, la Capilla San Severo y el Teatro San Carlo, el más antiguo teatro de ópera activo del mundo (también patrimonio de la humanidad). Realizó un albergue para los pobres y comenzó las excavaciones en Pompeya y Herculano.

Carlos debió regresar a España en 1759, pues tras la muerte sin sucesión directa de su hermanastro, el rey de España Fernando VI, él heredaba el trono.

Fernando IV y el período napoleónico

En el 1759, después de la partida de Carlos, convertido en Rey de España, subió al trono Fernando IV de Nápoles con solo 8 años de edad. Los principales regentes del niño fueron Domenico Cattaneo, principe de San Nicandro, y el marqués Bernardo Tanucci.

En el 1768 Fernando se casó con María Carolina de Austria, hija de la emperatriz María Teresa I de Austria y hermana de María Antonieta reina de Francia. La nueva reina participó activamente, a diferencia de su marido, en el gobierno del reino. Fernando solo se ocupó de las relaciones con la iglesia y la construcción de obras públicas: la Academia de Arquitectura de Nápoles y la Casa Vanvitelliana entre otros.

En los primeros años de gobierno, Maria Calorina se mostró tolerante con los movimientos republicanos, pero después de la caída de Luis XVI por la Revolución Francesa, formó parte de la Primera Coalición junto con otros estados europeos en contra de Francia, instituyendo severas persecuciones contra todos los que remotamente fueron sospechosos de simpatías francesas.

Los franceses entraron en Italia en 1796 con Napoleón Bonaparte, quien pudo vencer fácilmente a las tropas austríacas y a los débiles gobiernos locales. En el 1798 los franceses ocuparon Roma y los jacobinos crearon la República Romana. Fernando envió un ejército para frenar a los franceses y el general napoleónico Championnet en un primer momento se retiró, permitiendo al Rey Fernando IV entrar triunfalmente en Roma. Pero luego Championnet contraatacó y el ejército napolitano no fue capaz de resistir y se retiró hacia Nápoles, entregando a los franceses todas las fortalezas de los territorios septentrionales del Reino, incluyendo a Gaeta.

El 8 de diciembre de 1798 Fernando desde L'Aquila realizó una proclama pidiendo a los ciudadanos a defender al reino. Championnet al marchar hacia Nápoles encontró la resistencia de campesinos en Abruzos y Lazio de las cuales se destaca la organizada por Michele Pezza, apodado Fra Diavolo.

Pero finalmente los franceses se encontraron a las puertas de Nápoles y el 22 de diciembre de 1798 el rey abandonó la capital meridional para trasladarse a Sicilia. Así la ciudad estaba prácticamente indefensa, solo defendida por los Lázaros. La resistencia fue eficaz, como reconoció el propio general Championnet, pero inútil. Los defensores fueron bombardeados por los mismos napolitanos jacobinos que lograron tomar el Castel Sant'Elmo. Esta guerra civil costó la vida de 8000 napolitanos y 1000 franceses.

El 22 de enero de 1799 un grupo de napolitanos jacobinos entre los cuales estaban Mario Pagano, Domenico Cirillo, Nicola Fasulo, Carlo Lauberg y Giuseppe Logoteta reunidos en el Castel Sant'Elmo proclamaron la República Partenopea. Este nuevo estado se caracterizó por estar controlado por los franceses y no tener apoyo popular. La república no tuvo éxito en las provincias, porque la gente quería a Fernando y reclamaba la Monarquía. A fines de enero, el Cardenal Fabrizio Ruffo viajó a Palermo para presentarle al Rey un proyecto por el cual se reconquistaría el Reino de Nápoles.

Los Reyes aceptaron la propuesta y Ruffo obtuvo un barco para viajar a Nápoles. El cardenal contó con apoyo de los napolitanos; miles de hombres estuvieron listos para luchar contra los jacobinos en defensa de los Borbones. Ruffo creó la Armada Católica Real en nombre de Fernando IV que 13 de junio de 1799 restauró la Monarquía borbónica.

Después de la victoria en Austerlitz el 2 de diciembre de 1805, Napoleón entró en Italia y pudo dominar definitivamente Nápoles, declarando el fin de la dinastía Borbón y nombrando a su hermano José Bonaparte rey de Nápoles.

Fernando volvió a escapar a Sicilia y realizó un protectorado con Gran Bretaña. Cundo, en 1808, Napoleón consiguió la abdicación de los últimos Borbones reinantes en Europa, Carlos IV y Fernando VII de España, se le encarga a José Bonaparte ese reino. Lo sucedió en Nápoles Joaquín Murat que gobernó hasta mayo de 1815.

El congreso de Viena y el Reino

Después de 20 años de guerras entre la francia napoleónica y el resto de las naciones europeas, el congreso de Viena, iniciado en el 1814 y terminado en el 1815, basó la reorganización del viejo continente en el principio de legitimidad. Se devolvieron las tierras a sus antiguos monarcas, aunque esto en Italia fue aplicado con mucha elasticidad: la República de Génova fue agregada, en contra de su voluntad, al Reino de Piamonte-Cerdeña para formar un estado más fuerte que frenara a los franceses; y la República de Venecia no fue restaurada. El reino meridional, a pesar de haber contribuído a vencer a Napoleón, perdió la Isla de Malta. Este punto estratégico al centro del mediterráneo fue otorgado a Inglaterra. El reino tampoco obtuvo los enclaves papales en territorio napolitano, Benevento y Pontecorvo.

El rey Fernando pagó un caro precio por recuperar su reino: debió renunciar a Malta lo cual también imponía una reducción del 10% sobre los derechos aduaneros de importación de sus productos.

El punto de mis derechos de soberanía sobre Malta debe ceder al interés mayor, el cual hoy es recuperar mi Reino de Nápoles, Fernando I de las Dos Sicilias

Tmbién el Rey napolitano debió firmrar el 12 de junio de 1815 un tratado secreto con Austria por el cual se comprometía en no cambiar las instituciones políticas del Reino y otorgarle 25 mil hombres (reducidos a 13 mil el 4 de febrero de 1819) en caso de guerra.

En acuerdo con lo que decidió el congreso de Viena, Fernando emitió un decreto por el cual unificaba los reinos de Nápoles y Sicilia en el Reino de las Dos Sicilias. Entre el 8 y 11 de diciembre del 1816, la constitución siciliana de 1812 fue reemplazada por los nuevos institutos parlamentarios independientes. El Reino de Sicilia dejó de existir y fue incorporado al recien nacido Reino de las Dos Sicilias: el rey asumió así el título de Fernando I rey de las Dos Sicilias.

Fernando I rey de las Dos Sicilias

Los efectos políticos de la restauración post napoleónica tuvieron graves consecuencias en los reconstruidos estados pre unitarios italianos, especialmente en Piamonte. Sin embago en las Dos Sicilias no fue así, Fernando I y sus ministros tuvieron el mérito de dejar intactas gran parte de las innovaciones de los franceses, así se puso a la cabeza de una modernizada monarquía administrativa. Lo que sí cambiaron fueron las relaciones con la iglesia, que volvieron a ser buenas.

Persino Tito Manzi, quien fue un exponente del gobierno de Murat, declaró que a pesar de la prescencia de tropas austríacas en el reino hasta 1817, Nápoles se distinguió en el cuadro de la Restauración, como la única capital italiana donde se logró con éxito acrecentar la fuerza del Gobierno. Además se pudo concentrar firmemente el poder en las manos del soberano y organizar a la vez administraciones eficientes y funcionales, dar fuerza al estado y reducir los privilegios del clero y la nobleza.[3]

El 1 de julio de 1820, con la noticia de que en España se había restaurado la Constitución de 1812, en Nola se rebelaron pidiendo la Constitución un grupo de militares entre los cuales estaban Michele Morelli y Giuseppe Silvati. La revuelta fue apoyada por otros generales, como Guglielmo Pepe. Fernando se vio obligado a conceder la constitución tomando el ejemplo de España y nombró su vicario a su hijo Francisco. El 1 de octubre comenzaron los trabajos del parlamento elegido a finales de agosto, en el cual prevalecieron los ideales burgeses introducidos por los franceses. Entre los actos del parlamento se encuentran la reorganización de la administración de las provincias y comunas y medidas sobre la libertad de prensa y de culto.

Las novedades introducidas en las Dos Sicilias no fueron de agrado para las potencias europeas dado que rompían lo acoradado en el congreso de Viena. Es por eso que Francisco fue convocado a Liubliana por las potencias de la Santa Alianza. Luego del congreso de Liubliana el reino fue invadido por las tropas austríacas, que en marzo de 1821 derrotaron al ejército constitucional napolitano comandado por Guglielmo Pepe. Fernando decidió no pelear más para restblecer el orden en le reino y no comenzar una guerra con Austria. El 23 de marzo, Nápoles fue ocupada, la constitución fue revocada y comenzaron las represiones.

Obras públicas y reformas

Fernando I, como rey de las Dos Sicilias se encargó de construir edificios tanto como para la familia real como para el pueblo. Se construyeron dos cementerios para todas las clases sociales en Palermo y en Nápoles y se ampliaron varias calles napolitanas. Restauró el Palacio Real de Nápoles y terminó los palacios de Caserta y de Portici empezados por su padre Carlos.

También construyó observatorios en Nápoles y Palermo, fundó la Academia de las Bellas Artes y de las Ciencias en Nápoles en el 1778 y creó una biblioteca en Palermo. En el 1779 construyó la fábrica de Granili y año siguiente la Villa Real. Durante su reinado también se hicieron los teatros de Fiorentini, del Fondo y de San Fernando.

Durante su reinado, las Dos Sicilias fueron uno de los centros culturales más importantes de Italia y de Europa. Se crearon escuelas gratuitas en cada comuna y en el 1779 se transformó la Casa de los Jesuitas de Nápoles en un orfanato. Se crearon las universidades de Catania en 1778 y la de Palermo en 1779. Fernando también organizó la construcción del huerto botánico de Palermo, el puerto de Nápoles, el Palacio Real de Cardito y la famosa iglesia de San Francisco de Paola en Nápoles. Además construyó puentes, contuvo ríos y en el 1790 saneó el Golfo de Nápoles.

En este período el reino vivió una prosperidad económica: se redujeron los impuestos, se creó la Bolsa de cambio y se emprendieron muchos nuevos comercios, entre los cuales estaba la pesca del corales.[4] En el 1818 zarpó de Nápoles el primer barco a vapor italiano que cruzó el Mediterráneo, el Fernando I.[5]

El problema siciliano

La creación del Reino de las Dos Sicilias, o sea, la pérdida de independencia de Sicilia, cayó muy mal a los sicilianos. Desde los tiempos de la dominación aragonesa se habían negado al somentimiento frente a gobiernos napolitanos; además la Sicilia perdió su constitución del 1812, inspirada en el modelo inglés.

Este hecho exacerbó los ánimos contra los napolitanos, porque en realidad, el organismo parlamentario se remontaba al tiempo de los normandos, al cual los sicilianos estaban orgullosos y al que también todos los reyes que gobernaban la isla juraban fidelidad. Aunque en realidad, este parlamento no tenía nada de democrático, representaba la voluntad de los nobles y generalmente era manipulado por los soberanos.

Las relaciones entre los reyes borbónicos y los barones sicilianos fueron cordiales hasta el 1780, cuando dado al empuje del absolutismo reformador con los ideales del ilusionismo, el rey de Nápoles Fernando IV envió a la isla al marqués Domenico Caracciolo para reducir el poder de Sicilia.[6] A partir de entonces aumentaron las desconfianzas recíprocas entre los napolitanos y sicilianos: en el 1778 fueron limitados los derechos de trasmición hereditaria de los feudos, el 4 de Mayo de 1789 se abolió el vasallaje personal y en le 1790 fue aprobado un proyecto de un nuevo catastro, que debía ser la base de un sistema fiscal que reducía los privilegios de los barones.

Durante la ocupación francesa del Reino de Nápoles el soberano se refugió en Sicilia con la protección británica. En el 1812 se abolió el feudalismo y fue promulgada una nueva constitución al modelo inglés. El Reino Unido, promotor de la transformación de monarquía absoluta a monarquía constitucional, deseaba apoderarse de la isla: El enviado británico Lord Bentinck negoció con un enviado de Murat en la isla de Ponza que el soberano francés se mantendría en el poder aunque cayera napoleón, a cambio de que la Sicilia sea cedida al Reino Unido.[7]

Después del congreso de Viena, el austríaco Klemens von Metternich defendió la restitución de Fernando I para favorecer a los intereses de Austria en el territorio meridional. A cambio de su empeño personal para que la Sicilia quedara en poder de Fernando, Metternich pidió a la casa de Borbón 2 millones de francos. El rey napolitano quiso pagar solo 1.200.000 pero el diplomático austríaco no aceptó porque su patrimonio familiar había sido dilapidado por su padre.[8] El Reino Unido se conformó con poseer solamente Malta por el hecho de que la península itálica estada influenciada por Austria. Lo importante para Inglaterra erta evitar la influencia francsa sobre la región.[9]

Los sicilianos no estuvieron de acuerdo con la nueva ley de Fernando I que reservaba a él mismo casi todas las responsabilidades admienistrativas de la isla. También el clero estaba en contra de la monarquía napolitana y poseía representación política de 65 miembros en el parlamento establecido por la constitución del 1812.

En 1819 la legislación administrativa, centralizada y antifeudal fue incorporada también en la Sicilia pero encontró muchísima recistencia por parte de la nobleza. Solo en 1838 se pudo abolir el caracter patrimonial de las tierras de los barones dando fin al feudalismo.

Fernando II rey de las Dos Sicilias

En los años siguientes al período napoleónico el Reino de las Dos Sicilias, guíado por Fernando I y sucesivamente de su hijo Francisco I, continuó afectado por la influencia de Austria y el Reino Unido. Recién bajo el reinado de Fernando II el reino se convirtió en un Estado realmente independiente, aunque Francia, Austria y el Reino Unido buscaron mantenerlo en sus esferas de influencias debido a la posición estratégica de la península en el centro del Mar Mediterráneo.

Fernando II sucedió en el 1830 a su padre Francisco I, que había gobernado desde el 1825 (año de la muerte de Fernando I). Con solo 20 años, Fernando II mostraba ya su fuerte personalidad que marcaría sus 30 años de reinado.

A los pocos meses decidió continuar el programa de resaneamiento financiero comenzado por el precedente primer ministro Medici: abolió los montos de más contribuciones, disminuyó drásticamente sus privilegios y bajó los impuestos. Hecho esto, dio un fuerte impulso a la economía: construyó calles, puentes y ferrovías, realizó un gran número de acuerdos comerciales, los más importantes con el Reino Unido, Francia, Rusia, el Reino de Cerdeña, Estados Unidos, Dinamarca y Prusia. Mandó párrocos a las comunas donde no habían escuelas elementales para difundir una educación básica al pueblo; prohibió la mendicidad mandando a la mayor parte de los mendigos a institutos donde se les enseñaba un oficio. [10]

Potenció al ejército y a la marina con el intento de afirmar definitivamente la independencia del sur de Italia. Comenzó a afirmar su presencia militar con dos demostraciones de la flota en las costas africanas que convencieron, en el 1833 a Túnez y en el 1834 a Marruecos, a no obstaculizar más, como habían hecho durante siglos, el comercio de la flota mercantil meridional.

Se desarrollaron la economía y la marina meridional y surgió la cuestión del azufre: La Sicilia poseía el 90% de las reservas mundiales de azufre, mineral indispensable para la industria química de la época en particular la de los explosivos.

Desde el 1816 había entre Londres y Nápoles un tratado de comercio y rápidamente los mercaderes ingleses se aprovecharon para obtener casi toda la producción de azufre de la isla. Compraban barato y lo vendían a precios altísimos. Entonces Fernando II dio un paso bastante audaz: le concedió el comercio del azufre a un sociedad francesa que pagaba el doble que los británicos.[11]

Desde entonces, las relaciones de los británicos con las Dos Sicilias fueron cada vez más duras y se hizo uso de la fuerza. Lord Palmerston mandó la flota inglesa al Golfo de Nápoles amenazando con bombardeos y desembarcos. Fernando II ordenó el estado de alarma en fuertes costeros y desplazó las tropas a los posibles lugares de desembarco.

Parecía que la guerra era inminente pero como Austria había negado su apoyo al reino meridional, se realizó un tratado: se canceló el contrato con la sociedad francesa y el Reino de las Dos Sicilias debió pagar por las pérdidas británicas cuando el contrato era con los franceses. El que perdió fue el reino napolitano; pero en las islas británicas se tomó este acontecimiento como una suprema indignación[12]

El intento constitucional

El 29 de enero de 1848, Fernando II fue el primer soberano italiano en conceder la constitución (promulgada el 10 de febrero) dado a la grave revuelta siciliana por la independencia iniciada hacia fines del 1847 y por la insistencia de los liberales napolitanos. Además, en ese mismo año, en Italia y en toda Europa, se estaban dando las Revoluciones de 1848 lo que provocaba un ánimo de agitación en el pueblo.

No fue algo extraño que las Dos Sicilias hayan sido el primer estado italiano constitucional; el sur estaba en la vanguardia del pensamiento liberal italiano, como quedó demostrado en las constituciones de 1812 y de 1820, las primeras de Italia. Toda la prensa liberal italiana aplaudió a Fernando II y en Turín dos mil personas con banderas marcharon delante de la recidencia del cónsul de las Dos Sicilias para felicitarlo. Quien pensaba distinto era su rey, Carlos Alberto que declaró:

No soy como aquel Borbón, que ha aceptado las demandas de los insurgentes, haciendo la cosa más destructiva que se puede imaginar[13]

A partir de esta constitución se formó un parlamento con dos cámaras: una de 164 miembros elegidos por el pueblo y otra de 50 pares elegidos por el rey.[14] El 18 de marzo se agregó el adjetivo constitucional al nombre del Reino en le diario oficial.

El 3 de abril la bandera de las Dos Sicilias (blanca con el escudo Borbón en el centro) incorporó un borde verde y rojo. La pesada y casi "infantil" celebración de los napolitanos provocó grandes destrozos. Las calles de Nápoles se vieron plagadas de desfiles casi cotidianos cada vez más inflamados. Se publicaron una gran cantidad de diarios, la mayoría escritos por inexpertos, que discutían como mejorar la nueva constitución.[15]

Las elecciones se celebraron el 18 de abril pero la afluencia a las urnas fue escasa. El lunes 15 de mayo, en coincidencia con la apertura del primer parlamenmto, en el palacio comunal de Monteoliveto di Napoli, un grupo de diputados revolucionarios liderados por Giovanni La Cecilia y Pietro Mileti declararon insatisfactoria la constitución apenas proclamada. Propusieron modificaciones como la abolición de la cámara de los pares y se negaron a prestar juramento al rey. En realidad querían remover la monarquía y proclamar la república.

Fernando II hizo muchos intentos de conciliación con los rebeldes; para ser un rey educado con los ideales del absolutismo sus acciones fueron autocontroladas, pero no cedió a las provocaciones.

Las intenciones de los revoltosos fueron alentadas por los falsos rumores en el parlamento de que tropas del rey esaban marchando hacia la asamblea. El rey mandó emisarios para desmentirlos pero no sirvió de nada: fueron colocadas alrededor de 90 barricadas en las calles de Nápoles y muchos militares que estaban en servicio fuera del palacio fueron atacados; hubo muertos y heridos. Solo después de estos actos, la mañana del 16 de mayo, el rey ordenó reprimir. Un comandante prometía eliminar a los canallas del país, el rey le respondió:

Esté calmo señor, y no llames canalla al pueblo. Son napolitanos, son mis campesinos, mis súbditos. Un elemento nocivo los ha exasperado, pero se trata siempre de mi pueblo! Si se deja llevar por la pasión será una masacre, y eso es lo que quiero evitar a todo costo. Tome prisioneros pero no fusile, en las calles hay mucha gente que mañana será arrepentida de su error. [16]

Sin embargo hubo muchas víctimas y devastación, aunque los diputados anti monárquicos no sufrieron daño alguno.

Estos hechos de violencia impresionaron al rey napolitano, quien se convenció de que constitución era igual a revolución. El reino no se pudo recomponer nunca completamente de la fractura del 15 de mayo, lo que fue una de las causas de su caída.

El 15 de junio se celebraron nuevas elecciones que también tuvieron escasa participación ciudadana. El 25 de mayo se limitó la libertad de prensa con el argumento de que infundía rumores falsos entre la población y muchos periódicos eran antimonárquicos.[17]

Comenzó entonces una fuerte obtaculización al gobierno del rey a causa de los sucesos producidos el 15 de mayo. El conflicto continuó hasta el 12 de marzo del 1849 cuando se prometieron nuevas elecciones que nunca se concretaron.[18]

Al final de marzo, Fernando II ofreció a la Sicilia un parlamento y un virrey propio y amnistía a los revolcionarios. Esto no fue suficiente para los sicilianos: el grito de guerra se escuchaba entre los miembros de la cámara siciliana. Por eso el rey envió tropas, en septiembre del 1848 había mandado parte de la flota (la tercera más grande del mundo). El ejército ocupó la isla y hubo 1500 soldados napolitanos muertos, sin constar el número de caídos sicilianos.

Desde los acontecimientos del 15 de mayo de 1848, el previamente alabado por los liberales comenzó a recibir apodos como Monstruo coronado, Tigre Borbón, Calígula de Nápoles y sobre todo Rey bomba.

El 19 de mayo de 1849 se volvió a usar la tradicional bandera blanca con el escudo Borbón y la constitución fue suspendida pero no derogada. Así fracasó el primer intento constitucional de Italia.

Las Dos Sicilias en el contexto italiano

Se necesita retroceder a los tiempos del emperador romano de oriente Justiniano I para encontrar a Italia unida. Desde la invasión de los lombardos en el 568 se rompe la unidad política y durante 1300 años se generaron diversas naciones. Mientras el norte se dividía en pequeños y cambiantes estados o era conquistado por diversas potencias, el sur continental se vio unido desde el año 1000 con la invasión normanda. En el sur había un fuerte nacionalismo napolitano, con cultura, identidad, bandera e himno propio.

Por este motivo no existía la idea de un estado italiano a nivel popular. Por ejemplo en las Dos Sicilias se llamaban extranjeros a los peninsulares. [19]

A mediados del siglo XIX la península se dividía en 7 estados, de los cuales 3 eran completamente libres: el reino de las Dos Sicilias que era el más grande y más próspero, el Reino de Cerdeña y los Estados Pontificios. Los otros cuatro eran dominados directa o indirectamente por Austria: El Reino Lombardo Veneto, los ducados de Parma y Módena y el Gran Ducado de Toscana.

La lengua oficial en todos los reinos preunitarios era el italiano salvo en el Piamonte (Reino de Cerdeña) donde era el francés. En realidad en la península no existía una lengua común, los ítalohablantes en 1861 eran solo el 2,5%[20] de la población según T. De Mauro o el 9,5% según A. Castellani[21], de estos, los toscanos eran la mayor parte dado que el italiano nació allí. En Piamonte se hablaba, se escribía y se pensaba en francés, y eran considerados por los franceses como verdaderos compatriotas.[22]

En Italia no había un comercio integrado, solo el 20% lo era entre los estados peninsulares, se puede decir que la religión católica era lo único en común entre los italianos.

Se ofreció varias veces a Fernando II de Borbón la presidencia de una hipotética Liga de Estados italianos. Ya en el 1831, liberales italianos reunidos en el congreso de Bolonia decidieron ofrecer al rey de Nápoles la corona de Italia, al considerarlo el más abierto a sus ideales.[23]. En el 1832 Fernando II intentó dos veces de realizar un acuerdo con el Reino de Cerdeña para abolir la influencia extranjera en la península. El gobierno sardo-piamontés se negó porque había hecho un acuerdo con Austria un tratado defensivo que le bastaba para sentirse seguro de eventuales ataques. Esta propuesta del rey meridional cayó muy mal en Viena y fue interpretada como una ofensa antiaustríaca. Muchos de los que deseaban la unificación de Italia apoyaban al rey napolitano, por ejemplo el mazziniano Attilio Bandiera le comunicó a Fernando II sus ideologías republicanas pero su disponibilidad a seguirlo si se convertiría en el soberano constitucional de toda Italia.[24]

Las dos Sicilias en la primera guerra de independencia

Austria poseía una fuerte hegemonía sobre gran parte de Italia: el 24 de abril del 1847 advirtió, con una nota diplomática, al Granducado de Toscana a no conceder reformas en su forma de política. El 17 de julio ocupó Ferrara, acción formarmente legal por el tratado de Viena. En este juego de supremacía política se insertó Inglaterra mandó a Lord Minto para intimidar a Austria. La respuesta de los Habsburgo fue la ocupación militar de los ducados de Parma y Módena estando así mas cerca de Toscana y del Estado de la iglesia.

Pero ya en agosto, el papa Pío IX tomó la iniciativa de formar una Liga Aduanera entro los estados de Italia tomando como ejempo aquella de los estados alemanes de 1833 (el Zollverein). En noviembre se firmó un proyecto de entendimiento entre Roma, Florencia y Turín y hubo contactos con Nápoles y Módena.

El momento crucial para poner a prueba los proyectos de unión federal italiana fue el año 1848: el 13 de marzo, en Viena, se produjo una insurrección pidirndó la constitución y lo mismo sucedió, entre el 18 y el 22, en Milán, en ese entonces bajo el dominio austríaco; este úlimo episiodo es denominado las cinco jornadas de Milán. El comandante austríaco Radetzky en Milán debió abandonar la ciudad y los revolucionarios pidieron ayuda al rey piamontés Carlos Alberto de Saboya para librarse completamente de los austríacos. El 24 de marzo de 1848 el Piamonte declaró la guerra a Austria dando comienzo a la primera guerra de independencia italiana.

El 26 de marzo el ministro de exterior de las Dos Sicilias solicitó la convocación de un congreso en Roma apoyando el proyecto de una Liga Política italiana. En dicho congreso, el representante del Piamonte solicitó ayuda militar. El 7 de abril Fernando II declaró la guerra a Austria y envió al norte un ejército de 16.000 hombres. comandados por el general Guglielmo Pepe y gran patre de la flota. El 20 de abril la ruptura entre las Dos Sicilias y Austria era completa. Cuando las naves duosicilianas partieron de Sicilia, los sicilianos, desde los fuertes les disparaban, esto es la demostración que su verdadero enemigo hereditario era Nápoles y no Viena.[25]

El granduque de Toscana, Leopoldo II envió 3.000 soldados y de los Estados Pontificios partieron 7.000 soldados y 10.000 voluntarios. Los duques de Modena, Parma y Piacenza decidieron unirse al Piamonte y Venecia proclamó la república separándose de Austria.

En este momento se veía la posibilad de unir a Italia mediante un Liga de Estados unidos, sobre este tema, el sumo pontífice, Pío IX declaró:

Yo no solo apruebo la liga, la reconozco necesaria ; por eso invité a los soberanos de Nápoles, Toscana, y de Cerdeña para concluirla; desgraciadamente el gobierno de Turín se muestra obstaculizador[26]

Los delegados piamonteses nunca fueron a Roma, el proyecto de la liga debía ser frenado porque su rey tenía otros planes: quería convertirse 'el, o uno de sus sucesores, en el único Rey de Italia.[27]

Después de días de inútil espera, el 4 de mayo tras la suspensión de las tratativas de una liga política, la delegación meridional de retiró y el mismo día el general Pepe se embarcó hacia el norte. Era uno de los pocos entusiastas, no lo eran ni los otros generales ni los soldados: En el sur no eran populares ni la guerra, ni el nacionalismo, ni la independencia italiana; el pueblo ya se sentía libre desde hace mucho tiempo.[28]

Después de la insurrección antimonárquica del 15 de mayo de 1848, Fernando II ordenó, en 22, al ejército meridional terrestre y marítimo regresar a la patria muy preocupado de las revoluciones de independencia en Sicilia. Por eso fue muy criticado por los liberales de la época, pero había que considerar dos factores: No había ningún pacto entre el Reino de Cerdeña y las Dos Sicilias, en caso de derrota piamontesa Austría habría podido invadir el sur; en caso de victoria el reino meridional no obtendría ningún beneficio, gastaría hombres y dinero. Sumado a hesto se producía una fuerte revolución, si mantenía las tropas se arriesgaba a perder la Sicilia.

Las operaciones en el norte estaban el un gran estado, los soldados meridionales contribuyeron en forma desiciva a las victoriosas batallas de Cuartone y Montara del 29 de mayo y la de Gioto del 30 a pesar de la inferioridad numérica. El belicoso Guigliermo Pepe, desobedeció la orden del rey y permaneció en la zona conflictiva con una muy pequeña porción del ejército que lo siguió.

Mientras tanto, el 29 de mayo se realizó una votación para la unión de Lombardía al Piamonte (561.000 votos a favor y 681 en contra[29]) que debía ser confirmada por una asamblea constituyente en un próximo futuro. También, el 11 de junio las torpas pontificias, comandadas por Giacomo Durando fueron derrotadas en Vicenza.

El contingente naval meridional estaba al mando del almirante Raffaele de Cosa, tras la ordan de retirase él se negó, pero el 11 de junio recibió otra orden de regresar a la patria, mientras se producía el bloqueo de Trieste, el puerto austríaco más importante. Como la mayoría de los marineros eran fieles al rey, decidió aceptó la orden y partío la noche del 12.

Pero la guerra continuaba, los austríacos se pusieron al comando de las operaciones y así se produjo la derraota piamontesa de Custoza el 23 de Julio. Carlos Alberto de Saboya se retiró a Milán donde fue asediado por los propios milaneses en el palacio donde se hospedaba. En medio de la noche regrsó a Turín.

Después se realizó un armisticio donde Austria recuperó muchas de sus tierras pero no se daba nngún beneficio al Granducado de Toscana que había combatido hasta el final: esto fue la demostración que Carlos Alberto consideraba este primer enfrentamiento contra Austria como una guerra dinástica utilizando a los italianos para sus propios beneficios. Piamonte perdió gran parte de la Lombardía y Radetzky vovlió a Milan vitorado por la población. Al año siguiente se renaudaron las hostilidades pero los piamonteses sufrieron la derrota definitiva en Novara el 3 de Marzo de 1849. La derrota en esta guerra se debe al retiro de las tropas romanas y meridionales y que Carlos Alberto quería el expansionismo piamontés y no una confederación italiana.

La primera guerrra de independencia fue la única que logró crear la participación de todos los estados italianos. Tras la derrota se perdió para siempre la posibiblidad de lograr una unificación italiana que garantizara al mismo tiempo la autonomía de los estados. Esta fue la principal causa de la mala unificación de los piamonteses realizada con la fuerza.

La calumnia como arma política

La política desestabilizante inglesa contra las Dos Siciias después de la cuestión del azufre, continuó con el William Gladstone que fue enviado por su gobierno para seguir el proceso que debería haber sucedido en las Dos Sicilias con los miembros aderentes a la sociedad secreta Unidad de Italia Sus actividades eran la difusión de ideas antinonárquicas que invitaban a la desobediencia civil.[30] Por ejemplo en septiembre de 2949 explotó una bomba delante del Palacio Real de Nápoles cuando se celebraba una fiesta por la llegada del Papa Pío IX quien tuvo que huir de Roma a causa de la instauración de la República Romana. De estos hechos hubo 42 imputados de los cuales los primeros tres 3 tuvieron la pena máxima, otros dos mandados a prisión por 30 años y el resto de menor importancia en el hecho fueron condenados al exilio.

Gladstone regresó a Londres en el 1851 y se reunió con el primer ministro Lord Palmesrton y le mostró cartas suyas inviadas al ministro de exteriores Lord Aberdeen en las quales se etiqutaba el reino del sur como la negación de Dios y hablaba sobre las malas condiciones en las cárceles napolitanas. Estas cartas exageraban el absolutismo borbón y cuando fueron publicadas provocaron aún más revoluciones. Después de la unificación italiana, Gladstone confesó que él las había escrito por encargo de Lord Palmerston y que él no había visto ninguna cárcel y que había hecho caso a lo que comentaban los revolucionarios. [31]

En veradad muchos ingleses se meravillaban viendo las buenas condiciones de los exiliados meridionales que llegaban a Gran Bretaña. El sistema judiciario meridional fue reconocido por los estudiosos como el más avanzado de Italia preunitaria, ejemplos son la escuela meridional de derecho, el Código Penal del 1819 y que los magistrados eran elegidos por concurso y no por voluntad del rey.

En el Reino de Cerdeña la realidad era muy diversa: si se asume la pena de muerte como índice de violencia de un régimen, el reino Sardo es el más brutal y cuando los liberales llegaron al poder las ejecuciones aumentaron en gran medida. Era un reino violento, endeudado y con una altísima tasa de criminalidad.[32]

El camino hacia la unidad

El expansionismo piamontés

Después de la derrota de la primera guerra del Piamonte contra Austria en el 1848 y en 1849, esta última continuó ejerciendo su poder sobre la península. Pero Napoleón III, rey de Francia, realizó una política de intentar expulsar a los Habsburgo de Italia, favoreciando los deseos expansionistas del Piamonte. Inglaterra, que junto con Francia dominaban el norte de África, no quería que Napoleón III extendiera sus influencias en la península para tener mayor control del Mediterráneo

Camilio Benso, conde de Cavour obtuvo el cargo de Primer Ministro en el 1852 y comenzó su objetivo expansionista buscando apoyo en las potencias de Francia e Inglaterra. Estas dos, junto con el Imperio Otomano, entraron en guerra con Rusia en 1854 en la Guerra de Crimea. Los ingleses pidieron al Piamonte el envío de tropas y Cavour aceptó mandar 18.000 soldados. En el Sur, Fernando II declaró la neutralidad en el conflicto y negó a Inglaterra y Francia el uso de puertos meridionales como base de operaciones de guerra; esto provocó la ira de las dos potencias.

El expancionismo piamontés, bien enmascarado con el ideal unitario, se desarrolló después del congreso de París en 1856 realizado al finalizar la Guerra de Crimea. Entre Inglaterra y Piamonte se decidió que se debía ocupar Nápoles y se dio la posibilidad que Inglaterra pueda comprar la Sicila después de la conquista. [33]

Entre Napoleón III y el Rey piamontés Víctor Manuel II se comenzaron los preparativos contra una guerra contra Austria y se acordó que Piamonte se anexionaría Lombardía, Véneto, Módena y Parma, y como compensación Francia recibiría Saboya y Niza. El 23 de abril, Austria dio un ultimatum de 3 días a Piamonte pidiendo el desarme. Francia y Piamonte no quisieron atacar primeros a Astria para que los Habsurgo queden ante Europa como los agresores. El 29 de abril de 1859, el ejército austríaco, al mando del general Ferencz Gyulai, atravesó el río Tesino e invadió el territorio piamontés dando comiienzo a la denominada Segunda guerra de Independencia. Esta guerra fue en verdad una guerra franco-austríca por el predominio en Italia. Después de la guerra se expulsaron a los duques de Toscana, Parma y Modena y estos territorios fueron anexorados al Piamonte.

Francisco II rey de las Dos Sicilias

El 22 de mayo del 1859, después de 30 años de reinado, murió Fernando II. Sus últimas palabras en su lecho de muerte fueron ``i miei nemici balleranno, com’ ‘e sùrece quanne ‘a gatt’ è morta´´

Heredó el trono su hijo de 23 años Francisco II el cual era joven, sin experiencia, con caracter muy débil y muy tímido.[34] Francia e Inglaterra renaudaron la dimplomacia y mandaron a Nápoles representantes para atraer al joven rey a su esfera de influencia política: le pedían la reactivación de la monarquía constitucional e intervenir en sus guerras. Pero Francisco tenía muy en claro la frase del padre Constitución igual a revolución y tempoco quría alirse con el Piamonte.

El 7 de junio, turbado de las manifestaciones de los liberales napolitanos que querían estar en guerra al lado de Piamonte, Francisco II nombró como presidente del consejo y ministro de guerra a Carlo Filangieri una figura militar y política de primer nivel conocido y respetado mundialmente. La negativa del rey meridional a conceder la constiución y aliarse con el Piamonte fue determinante para la cercana caída del reino, fue la última esperanza para que el pueblo meridional se salvara de una unificación a la fuerza.

Por su parte, Inglaterra aconsejaba la neutralidad al rey napolitano, porque tras una victoria de Napoleón III, Francia extendería su influencia también en el sur. Esto provocó una política de aislamiento del Reino de las Dos Sicilias en el contexto diplomático europeo pagado de alianzas diplomáticas.

Pero después de la victoria franco-piamontesa en la segunda guerra de inmdependencia, Inglaterra debió cambiar su política : la Confederación Italiana tenía el riesgo de ser dominada por Francia la cual había salido vencedora. En cambio, se debía lograr un estado italiano unido para frenar la influencia francesa en la península.[35] Es por eso queinglaterra envió representantes para lograr la unificación a toda costa.

Sin la ayuda de Palmerston, Nápoles sería ahora borbónica y sin el almirante Mundy no hubiese podido jamás cruzar el estrecho de Mesina Giuseppe Garibaldi en su viaje a inglaterra en 1864.[36]

La invasión y caída del reino

Las rebeliones en Sicilia

Ya en el 1820 y después en 1848 se dieron en Sicilia las primeras revoluciones, en la isla casi no existían los ideales unitarios (solo los intelectuales eran mazzinianos) se quería la liberación del dominio napolitano.[37] Se llegó a proclamar, el 13 de abril de 1848 la decadencia de Fernando II y se ofreció la corona a la casa de Saboya que se negó porque Fernando envío una carta al Piamonte amenazando con un conflicto armado.

Sin embargo, bajo el gobierno Borbón, la Sicilia gozaba de exepcionales privilegios: los impuestos eran bajos, no existía el servicio militar obligatorio y la vida y la propiedad eran seguras. Las calles de Siciliaeran tan seguras como las del norte de Europa.[38] En la década del 1850 se construyeron más arterias, se ampliaron los puertos se craron escuelas y hospitales; a pesar de todo esto los sicilianos eran descontentos y querían el distanciamiento de la parte continental del reino. La fuerte presencia comercial y finaciera inglesa había generado una difusa anglofoliay se tomó la posibilidad de independizarse bajo un protectorado inglés. Esta propuesta fue bien recibida en Londres pero Napoleón III de Francia declaró que si Inglaterra entraba en Sicilia comenzaría una guerra.[39]

Por su parte Mazzini incitaba las rebeliones de los sicilianos y enviados de los rebeldes se reunían en el norte para pedir ayuda. Para el Reino de Cerdeña, este clima era perfecto para comenzar la conquista del sur.

La invasión de Garibaldi

Giuseppe Garibaldi con la llamada Expedición de los Mil fue quien conquistó el Reino de las Dos Sicilias, fue mandado a Sicilia por los acuerdos entre Inglaterra y Piamonte. El 6 de mayo de 1860 zarpó del puerto de Quarto (Provincia de Génova) con 1033 hombres, en su mayoría veteranos de las guerras de independencia[40] en dos barcos de vapor hacia la isla.

Los Preparativos

El 18 de abril de 1860 Cavour envió dos naves de Guerra a Sicilia , oficialmente para proteger a los súbditos piamonteses presentes en la isla, pero en realidad para conocer la cantidad de tropas borbónicas y de revolucionarios que se encontraban en la isla.[41]

Al final de abril, el mismo Cavour fue a Génova, donde permaneció dos días, para controlar los preparativos de la expedición que el Piamonte pensaba hacer mandando a Giuseppe Garibaldi a Sicilia. El 28 de abril le llegó un telegrama a Garibaldi que vivía en Quarto diciendo que había fracasado la revolución en Sicilia. La desesperación de los voluntarios íntimos de Garibaldi fue tal que decidió no partir. Pero al día siguiente el estadista Francesco Crispi le envió otro telegrama inventando la insurrección se ganó en Palermo.[42] Entonces los Mil partieron de Quarto el 6 de mayo en los buques Lombardo y Piamonte los cuales no fueron robados como dice la historia oficial.

La ionvestigación histórica desmiente la versión romántica de esta empresa: Los Mil no eran un grupo de improvisados aventureros revolucionarios, en gran parte eran veteranos de las dos guerras de independencia y entre sus filas habían mercenarios ingleses, húngaros, polacos, turcos y alemanes. Además fue indispensable el apoyo del Piamonte, de los oficiales borbónicos convertidos a la causa y de los latifundistas sicilianos e ingleses. Dos millones de francos oro fueron dados por Cavour para la expedición de los Mil y otros 3 millones de las logias masónicas inglesas; suma equivalente a 25 millones de euros.[43]

Mientras tanto, el vicecomandante de la Mediterranean Fleet inglesa, el contralmirante Mundy, había recivido órdenes de patullara el Mar Tirreno, el estrecho de Mesina y realizar frecuentes escalas en los puertos de las Dos Sicilias

La llegada de los Mil era ya sabida por el gobierno meridional, gracias al embajador de las Dos Sicilias en Turín se supo cuando Garibaldi partió hacia Sicilia y en que parte desembarcaría por eso se enviaron naves para tratar de interceptar las garibaldinas.

Dado a los servicios de inteligencia ingleses se supo que el puerto de Marsala estaba desprovisto de tropas porque habían sido llamadas a Palermo para sofocar una revuelta. Defendidos por naves inglesas, allí desembarcaron los garibaldinos, el 11 de mayo.

Las primeras acciones

El 12 de mayo a las cuatro de la mañana, los mil iniciaron la marcha hacia el interior de la isla y al día siguiente, Garibaldi fue informado que los soldados borbones se estaban moviendo de Palermo hacia ellos. El 14 Garibaldi desde la ciudad de Salemi declaró el fin de la dinastía borbónica y se proclamó dictador de Sicilia en nombre del rey Víctor Manuel de Saboya. Pero ya los mil no eran mil, se leas habían sumado 1200 picciotti mafiosos reclutados por los barones.[44]

Los garibaldinos dejaron Salemi para marchar hacia Palermo y el ejército borbón comandado por el general Francesco Landi dejó palermo para enfrentarse a garibaldi y se detuvo el 13 de mayo en el pueblo de Calatafemi, allí se produjo la primera batalla de la ocupación garibaldina: Landi poseía 3000 soldados dividos en tres batallones y mandó a un grupo de 1500 dividido en tres columnas a reconocer el terreno; una de estas de 600 hombres, comandadas por Sforza, divisó al enemigo en la mañana del 15 y decidió atacarlo por si solo. Landi, que tenía otros 1500 hombresd no quiso ayudar al pequeño, se retiró del campo dejándolos solo a Sforza quien también tuvo que retirarse. Un soldado garibaldino escribió en su diario:

No podíamos creer a nuestros ojos y orejas cuando advertimos que las señales de abandonar la contienda no eran lanzadas de nuestros comandantes, sino de los borbónicos Francesco Grandi.[45]

Esta batalla dejó un saldo de 32 muertos y 182 heridos graribaldinos y 36 muertos y 150 heridos entre los borbónicos, los 2800 soldados meridionales aproximádamente que quedaron ilesos, comenzaron a dudar fuertemente de la habilidad y fidelidad de sus comandantes.

El general Landi, a las ocho de la tarde abandonó Calatafemi y volvió a Palermo. En marzo del año siguiente, el 1861, él retiró del Banco de Nápoles una suma de 14.000 ducados (equivalentes a 224.000 euros) a su favor, según él regaladas personalmente de Garibaldi. Él y sus cinco hijos encontraron altos rangos en el ejército italiano después de la unificación.[46]

Además de esta corrupción, Cavour repartió dinero para comprar a los vértices militares de las Dos Sicilias en modo de neutralizar cada reacción. Esta misión fue llevada a cabo por el contralmirante Carlo Pellion di Persano que disponía la enorme suma de un millón de ducados (16 millones de euros actuales) destinados a la corrupción de los oficiales borbónicos.[47]

La toma de Palermo

El 15 de mayo se nombró como nuevo general de Sicilia a Ferdinando Lanza quien fue a Palermo para defenderla de la invasión garibaldina. Lanza contaba con 571 oficiales, 20.000 soldados, 681 caballos, 175 mulas y 36 cañones; pero también una población propensa a rebelarse.[48]

Garibaldi fue informado de las tropas que habían en la ciudad y declaró que era impòsible tomar Palermo. Pero Francesco Crispi lo convenció de que ataque prometiendo que en caso de derrota los garibaldinos se podrían refugiar en las naves piamontesas e inglesas, entonces decidió marchar a la ciudad.

El comandante Lanza se enteró en la tarde del 26, que los garibaldinos se aproximaba a la ciudad y desidió retirar las tropas para salir al encuentro de Garibaldi para impedir su ataque, pero dejó solo 260 hombres protegiendo las puertas San Antonio y Termini. Justamente por estas a las cuatro de la mañana del día 27, entraron los 4.000 garibaldinos mientras que en la ciudad solo había 6.000 soldados durmiendo en los cuarteles. Las pocas tropas meridionales de guardia dieron resistencia pero después escaparon hacia el palacio Real donde estaba Lanza.

Garibaldi se acuarteló en el palacio Pretorio donde incitó al pueblo a la revolución. Se dejaron Barricadas en las calles y desde las casas se disparaban a los soldados borbónicos. Lanza ordenó bombardear la ciudad desde los buques anclados en puerto y hubo 600 víctimas civiles. En la mañana del 28 llegaron tropas enviadas de Nápoles pero solo pudieron desembarcar el día después. Las batallas del 28 y 29 de Mayo fueron faborables a los camisas rojas, pero tras la llegada de más tropas napolitanas la situación comenzó a cambiar, Garibaldi ordenó que en caso de ataque enemigo se retirasen al palacio Pretorio.[49]

La situación estaba muy complicada para Garibaldi, se estaba quedando sin municiones, pero el 30 de mayo se realizó un armisticio de un día para retirar los cadáveres y curar a los heridos. El 31 se pretendía dar el gran golpe a Garibaldi pero la prórroga se prolongó tres días más y causó un gran descontento entre las filas borbónicas. Después de sías de combates, el 8 de junio el Rey Francisco II debió firmar la capitulación de Palermo y ordenó que las tropas se retirasen a Mesina pensando que esta ciudad no caería y para organizar la reconquista de Palermo. Así unos 24.000 soldados abandonaron la capital siciliana para viajar hacia Mesina. Ante estos sucesos, está claro que Garibaldi no hubiese podido conquistar la Sicilia si no hubiera sido por el bloqueo que sufria la armada meridional, la más potente del mediterráneo que poseía más de 100 unidades.

Garibaldi sacó del banco de Palermo una suma de 5 millones de Ducados (equivalentes a 80 millones de Euros) que eran propiedad de los ciudadanos palermitanos, para dividirlo entre los garibaldinos y los oficiales borbónicos transformados a la causa.[50]

Los errores de Francisco II

La diplomacia europea hacía sentir sus quejas por esta política despreocupada del Piamonte que violaba el código ético del derecho internacional, sin embargo ningún país fue en socorro de las Dos Sicilias.

En esta política internacional, las Dos Sicilias tenía a un rey inmóbil políticamente y diplomáticamente aislado. Mientras en Sicilia avanzaban las tropas piamontesas, Francesco II, en vez de ir personalmente a dirigir sus tropas como algunos le aconsejaban (Entre ellos su esposa María Sofía); buscó mediante la diplomacia la alianza con una potencia, Francia. Esto fue lo contrario de lo que había realizado su antecesor Fernando II, el cual quería conservar la autonomía del reino y estaba provisto de atónomos cuerpos de guerra capaces de resistir cualquier invasión.

Era dificil pensar que Napoleón III habría enfrentado a los aliados piamontes con los que pocos años antes había qganado una sangrienta guerra contra Austria. Pero el rey meridional no tomó en cuanta estas consideraciones y mandó el 12 de junio a París una carta pidiendo ayuda. El Emperador francés respondió que era necesario seder a las exigencias del momento, es decir el ideal nacional.[51]

De este modo el rey meridional se vio obligado a hacer cosas que nunca hubiese querido: el 25 de junio de 1860 volvió en vigor la constitución del 1848 y se fijaron fechas de los comicios para la elección del parlamento. Además se cambió la bandera que pasó a ser el tricolor italiano con el escudo borbón en el centro. También realizó un proyecto de autonomía para la Sicilia delegando a un virrey de la familia borbón y dio una amnistía general para todos los presos políticos.

Con la constitución el soveranó realizó un error fatal: en vez de dar una rápida solución a la invasión al haber un congreso las desiciones eran más lentas y además el parlamento estaba formado por muchos liberales que apoyaban la invasión. En estos momento de crisis, el rey tuvo menor poder de desición y fue más inmobil políticamente.

El avance en continente

En esta política de diplomacia, Francisco II envió dos diplomáticos a Turín para llegar a un acuerdo con el Piamonte. Las tratatrivas estaban avanzando y hasta se vio la posibiblidad de formar una liga italiana; pero el Piamonte pidió que las desiciones sean aprobadas por el parlamento meridional que recién sería elegido en septiembre, esto fue una estrategia para retardar las negeociasiones.

Pero mientras tanto Garibaldi seguía avanzado por Sicilia y el general Bosco atacó con solo 3.000 al enemigo a pesar de no tener permioso. El encuentro se produjo en Milazzo el 20 de julio, Garibaldi contaba con 8.000 hombres. A diferencia de los otros generales, bosco perdió en primera fila defendiendo la fortaleza de Milazzo, pero los refuersos que él había pedido no llegaron y debió retirarse. Este produjo 120 muertos entre las filas borbónicas mientras los garibaldinos eran 780 entre los muertos y heridos.

El mariscal Clary, comandante de Mesina que había negado mandar refuerzos a Milazzo dejando inoperantes a 22.000 hombres, el 26 de julio acordó con el general garibaldino Medici de retirar sus tropas dejando solo 4.000 hombres en Sicilia pero que tenían la obligación de no atacar si no eran atacados. Gracias a las acciones de los corrompidos genrales Landi, Lanza y Clary en dos meses y medio se perdió la Sicilia.

El gobierno piamontés empezó a temer la cresciente fuerza de Garibaldi en el sur porque tendría mayor autoridad él que el rey Víctor Manuel.[52] Entonces se planeó que el gobierno napolitano caiga antes de la llegada de Garibaldi y se mandaron emisarios piamonteses a la capital meridional. Los emisarios propucieron a los generales meridionales derrocar a Francisco II pero estos se negaron porque provocaría un gran malestar en la población.

En agosto comenzaron las preparaciónes de Garibaldi para cruzar el estrecho de Mesina, cosa que se realizó el día 18. La flota meridional, que había sido mandada para frenar el avance garibaldino no hizo nada para frenar el desembarco enemigo y el mismo Garibaldi agradeció a la marina meridional a su tácita colaboración y confesó que no hubiera podido cruzar el estrecho con una marina hostil. [53] Todos los 20.000 garibaldinos entraron a Calabria donde tampoco tuvieron resistencia y en solo 17 días estuvieron a las puertas de Nápoles.

La caída de Nápoles

En este punto, Francisco II, aconsejado por los expertos militares del Estado Mayor quienes pensaban que la única forma de vencer a los garibaldinos era reorganizando el ejército, decidió el 4 de septiembre, retrasar la línea de defensa al Río Volturno, al norte de Nápoles. El rey estaba convencido de que podría reorganizar la contraofensiva en los Estados Pontificios pensando que serían inviolables por la presencia del Papa. Así Francisco II, el 5 de septiembre abandonó la capital para evitar que su población sufriera bombardeos con víctimas y pérdidas materales.

Según muchos fue un error dejar la capital al enemigo, uno de ellos fue el hermano del soberano, Alfonso, quien pensaba que con un simple monarca de buena voluntad en aqulla época si hubiera combatido hubiera vencido fácilmente a Garibaldi.[54] Otros pensaban que sería mejor avanzar hasta Salerno y en caso de derrota recién retirase al norte.

El 7 de septiembre Garibaldi entró en Nápoles con unos pocos hombres sin encontrar oposición y dos días más tarde entró el resto del ejército. La población acogió con entusiasmo a Garibaldi, pero esto no hace pensar que lo apoyaba: en las manifestaciones habían infilitrados piamonteses y mafiosos qienes repartieron dinero y comida para que el pueblo festejara; los que se negaron debieron quedarse en sus casas temiendo de ser asesinados si se manifestaban en contra de los garibaldinos.[55]

Garibaldi se proclamó dictador de las Dos Sicilias, el Palacio Real de Nápoles fue totalmente saqueado, los objetos más preciosos fueron mandados a Turín, otros vendidos al mejor postor. El 11 de septiembre el oro de la tesorería del estado partrimonio de la Nación, (equivalente a 1.670 millones de euros) y los bienes personales del rey (equivalentes a 150 millones de euros) todos depositados en el Banco de Nápoles, fueron saquados y proclamados bienes naccionales.[56] También todas las calles y edificios públicos de nombres borbónicos fueron cambiadas a nombres de reyes piamonteses.

La situación en Nápoles era muy confusa, después de los primeros festejos, entre la completa anarquía, se produjeron, varias reveliones, reprimidas por la nueva policía formada prácticamente por los miembros de la Camorra.[57]

La batalla del Volturno

El Rey Francisco II, reorganizó su ejército de 40.000 hombres detrás del río Voluturno, en Capua. Las tropas garibaldinas siguieron avanzando, pero fueron derrotadas en la Batalla de Caiazzo el 21 de septiembre. Para los soldados borbónicos, el efecto psicológico de esta victoria fue enorme, pero comandante en Jefe, Ritucci, hombre recto y prudente, no aprovechó el momento y se retrasó en los preparativos de la batalla.

El rey montó finalmente a caballo y se batió junto a sus hombres en la Batalla del Volturno el 1 de octubre. Las tropas meridionales se dividieron en diversas columnas para dificultar la retirada del enemigo pero esto provocaba la incomunicación de los diferentes sectores dadas a las escasas tecnologías de la época. Ambos ejércitos tenían 24.000 soldados cada uno, pero mientras Garibaldi reclutaba hombres a toda costa, Francisco II dejó 17.000 hombres sin combatir. A las 2 de la mañana, las tropas meridionales abandonaron la fortaleza de Capua avanzando hacia los garibaldinos con el grito de guerra ‘’viva ‘o ‘rre’’.

El ejército meridional se dividió en 4 columnas pensando juntarlas a la entrada de Caserta. Garibaldi, que conocía las operaciones borbónicas se dedico a mantener su posición y resistir la avanzada meridional, una gran ventaja que poseía era el rápido desplazamiento desde Caserta al campo de batalla utilizando las líneas ferroviarias construidas por los Borbones. La razón de la derrota meridional en esta batalla fue la mala coordinación entre las columnas: las tropas comandadas por Von Mechel llegaron a Caserta donde combatieron valerosamente, pero las comandadas por el general Ruíz, a causa de su increíble lentitud, no llegaron; los soldados combatientes empezaron a sufrir grandes bajas y debieron retirarse. Cuando Ruíz llegó se enteró de la noticia de la retirada de su compañero y también ordenó retirarse; pero unos 2000 soldados no lo obedecieron y se lanzaron contra los garibaldinos, la mayoría fueron tomados prisioneros.

La batalla dejó un saldo de 506 muertos, 1528 heridos y 1389 prisioneros por parte de los garibaldinos y entre los meridionales 308 muertos, 820 heridos y 2507 prisioneros. Por estos resultados Garibaldi solicitó ayuda militar al gobierno piamontés y Francisco II quiso aprovechar el estancamiento de los garibaldinos para volver a atacar; pero los generales le aconsejaron reorganizar las fuerzas y entones se retiró de Capua a Gaeta.

Los Plebiscitos

El 8 de octubre, el gobierno piamontés emitió un decreto que indicaba un plebiscito a sufragio universal masculino en toda Italia para ratificar la anexión al piamonte. La fórmula era El pueblo quiere una Italia unida e indivisinle con Víctor Manuel II como rey constitucional y sus sucesores. El sur continental, votó el día 21 de octubre.

El voto no fue secreto, de hecho se votaba en las plazas, en los edificios públicos y en las iglesias. Habían tres urnas en cada recinto de voto, dos que contenían las boletas del Sí y No y la otra donde se colocaba el voto.

En Nápoles y en todo el sur, se declaraba enemigo de la patria a quien votase por el No, en los cuartos había gente armada que obligaba a votar por el Sí. En el sur había mucha gente que les hacían creer que el SI significaba el regreso de su rey Francisco II y además los soldados garibaldinos votaban varias veces.[58] Los resultados en Nápoles fueron 1.032.064 votos por el Sí y 10.302 por el No, lo que da un 99,19% de votos faborables. En Sicilia, donde se había votado el 12 de octubre, se dieron 432.053 Sí y 709 NO, un resultado de 99,84%.[59] El almirante Mundy, amigo de Garibaldi, afirmo:

Para mi, un plebiscito a sufragio universal regulado con lales modalidades no puede tomarse como verdadera manifestación de los reales sentimientos de un país. George Mundy.

Estos plebiscitos fueron usados como propagando por el reino piamontés probando que el pueblo quería unirse al Piamonte y estar bajo el rey Saboya y perder su independencia y a un rey napolitano de hace cuatro generaciones.

El Asedio de Gaeta

El 12 de noviembre se produjeron otros combates en los alrededores de Gaeta donde después, el rey Fernando II con sus últimos 20.000 fue asediado hasta el 13 de febrero de 1861, por el general piamontés Enrico Cialdini con 18.000 soldados.

El 26 de noviembre el rey emanó una proclama pidiendo a los soldados que estaban en los Estados Pontificios unirse a las bandas anti unitarias que ya se desarrollaban en todo el sur contra los ocupantes extranjeros.

El 8 de diciembre, fiesta nacional de las Dos Sicilias por ser el día de la Inmaculada Concepción, protectora del ejército del reino; el rey amanó una proclama en la cual afirmaba:

De esta plaza, donde defiende más que la corona, la independencia de la patria común, vuestro soberano alza la voz para consolaros de vuestras miserias y para prometeros tiempos más felices.[...] Cuando veo a mis amadísimos súbditos en rezo por todos los males de la dominación extranjera,[...] mi corazón napolitano late de indignación en mi pecho.[...] Yo soy napolitano, nacido entre vosotros, no he respirado otro aire, no he visto otros países, no conozco otro suelo que el sualo natal. Todos mis afectos estan en el reino; vustras costumbres son mis costumbres, vuestra lengua es mi lengua, vuestras ambiciones son mis amibuciones.[...] He preferido abandonar Nápoles, mi querida capital, para no exponerla a los horrores de un bombardeo como aquellos que tuvieron más tarde Capua y Ancona. He creído con buena fe que el rey del Piamonte, que se decía mi hermano y mi amigo, que aparentaba desaprobar la invación de Garibaldi, que negociaba con mi gobierno una alianza íntima por los verdaderos interes de Italia; no hubiese roto todos los tratados y violado todas las leyes para invadir todos mis estados en plena paz, sin motivos ni declartaciones de guerra.[...] Véis la situación actal del país, la administración es un caos, la seguridad individual no existe, las prisiones están llenas de inocentes. En lugar de la libertad, el estado de asedio reina en las provincias y un general extranjero publica la ley marcial decretando la fusilación instantánea para todos mis súbditos que no se inclinan ante la bandera de Cerdeña.[...] En lugar de las libres instituciones que os había dado y que deseaba desarrollar, teneís la dictadura más desenfrenada y la ley marcial sostituye la constitución[...] Las Dos Sicilias fueron proclamadas provincias de un reino lejano. Nápoles y Palermo seran gobernadas por emisarios venidos de Turín. Hay un remedio para estos males, para las calamidades más grandes que preveo. El acuerdo, la resolución, la fe en el porvenir.[...] Que el pasado no sea nunca pretexto de venganza, pero para el futuro una lección.[...] Esperando la hora inevitable de la justicia, haré mis más fervientes rezos para la prosperidada de mi patria, para la felicidad de este pueblo que forma la más grande y más querida parte de mi familia. [60]

La historia de este asedio impresionó vivamente a la opinión pública europea, sobretodo por el comportamiento heróico de la reina María Sofía de solo 19, la cual a pesar de las bombas, arriesgó su vida para socorrer día y noche a los soldados heridos o moribundos.[61]

Después de meses de asedio, Francisco II se dio cuenta de la imposibilidad de la victoria y se empezó a hablar de retirada. El 13 de febrero, mientras se estaban concluyendo las tratativas de capitulación, Cialdini se negó de suspender las hostilidades e intensificó el fuego. A las 7 de la mañana del 14 de febrero del 1861, el rey y la reina abandonaron Gaeta]] y se embarcaron en una nave francesa que los trasportó a Terracina, en los territorios papales. Después de la retirada, el rey nunca abdicó, dejando para él y sus herederos el título de Rey de las Dos Sicilias. Este largo asedio dejó un saldo de 895 muertos meridionales y solo 50 piamonteses.

Al caer Gaeta, solo quedaban dos fortalezas de las Dos Sicilias: Mesina y Civitella del Tronto. Mesina, que era protegida por 4300 hombres, cayó el 13 de marzo del 1961 por las tropas de Cialdini, costando 47 víctimas. Civitella del Tronto, en la provincia de Teramo, fue la última fortaleza de las Dos Sicilias, cayó el 20 de marzo, 3 días después de la proclamación del Reino de Italia. Estaba defendida por 382 soldados meridionales con 17 cañones y asediada por 3379 piamonteses con 20 cañones. La defensa de este último bastión costó un centenar de víctimas, los otros fueron tomados prisioneros.

Las consecuencias de la unificación

El 17 de marzo de 1961 Victor Manuel II asume el título de Rey de Italia por la gracia de Dios y voluntad de la Nación. Fue reconocido por las potencias europeas a pesar de que violaba el tratado de Zurich y el de Villafranca que le prohibían ser rey de toda italia. Desde entonces, dadas a las nuevas políticas piamontesas, el sur comenzó a sufrir grandes cambios:

El empobrecimiento del sur

En el momento de la unidad de Italia, los bancos más importantes eran el Banco de las Dos Sicilias con 200 millones de liras de la época y el Banco de Milán con 120 millones.[62] Durante los primeros cinco años, se produjo una lucha entre el Banco napolitano y la Banca Nacional (piamontesa). Pero mientras que este último abria sucursales en todo Italia, al Banco de Nápoles le era muy dificil abrir filiales en el norte porque necesitaba obtener la autorización estatal.

Antes de la unificación, el Reino de Cerdeña tenía una enorme deuda pública, pero tras la anexión del sur el nuevo estado Italiano declaró bienes nacionales al oro estatal depositado en las Dos Sicilias, 2/3 de la total reserva áurea de Italia. A esto se le suma la nueva política fiscal unitaria, que privilegiaba los intereses del norte que los del sur: Tras la unificación surgieron nuevos impuestos, sobre la agricultura, la industria, la edificación, el consumo que eran mayores en el sur que en el norte.[63]

El estado distribuía desigualmente los subsidios a las provincias, por ejémplo en las óbras hidráulicas para la agricultura, la actividad más importante de la Italia de la época, se encuentran los siguientes datos:

Subsidios para las óbras hidráulicas en la agricultura, cifras en liras (1862-1868)[64]

Región Subsidio
Lombardía 92.165.574
Véneto 174.066.407
Emilia-Romaña 103.980.520
Sicilia 1.333.296
Campania 465.553

Tambeén la industria sufrió un grave revés: muchas fábricas meridionales fueron cerradas, en el 1961, en el sur estaba el 51% de las industrias italianas, mientras que 1951, el porcentaje se redujo a 12,8%.[65] Esto provocó desempleo en el sur lo que empobreció aún más esta población. Después de la unificación surgieron las causas de la actual pobreza del sur de Italia.

Los movimientos separatistas

Desde el edicto de Garibaldi del 2 de julio de 1860, que declaraba bienes nacionales muchas tierras de los campesinos y durante varios años siguientes, se produjeron grandes revueltas por la independencia del sur que pusieron en dificultades al recién nacido reino de Italia durante los primeros años unitarios. Los revolucionarios, muchos campesinos y pastores, otros ex soldados del reino fieles a su rey; fueron llamados «briganti» (bandidos) porque practicaban guerras de guerrillas y realizaban saqueos. Estos eran apoyados con armas y provisiones por el cléro, que vaía sus iglesias profanadas por el gobierno. Por esta política de expropiación piamontesa fue excomunlgado víctor Manuel por Pío IX.

Esta violenta y espontánea contrarrevolución popular se debe a la fidelidad de la población del sur a la dinastía borbón y sobre todo el aumento de los impuestos y a la confiscación de tierras por parte del nuevo gobierno piamontés.

La revuelta estalla en todo el sur a finales del 1861 y el Piamonte envió a Nápoles a Enrico Cialdini dándole poderes extraordinarios con un total de 120.000 hombres. El general piamontés se enfrentó a unos 80.000 revolucionarios pero divididos en casi 500 bandas lo que facilitó su exterminio.[66] Así se comenzó una de las más cruentas represiones de la historia italiana. El sur fue plagado de matanzas, devastaciones, fusilamientos, detenciones domiciliarias forzosas, saqueos de granjas, expropiación de tierras y cierre de industrias lo que provocó una total ruina de la población meridional.

En 1870 se instauró la ley marcial en el ex Reino de las Dos Sicilias y las reveliones se pudieron sofocar hacia el año 1868. En todos estos años murieron un total de 70.000 meridionales en batalla o fusilados, esta cifra es muy superior a la de todos los caídos para lograr la unificación. [67]

La emigración meridional

La emigración meridional después de la unificación, fue una de las más grandes ondas migratorias de todos los tiempos. La población del sur, derrotada y colonizada, no tenía ptra opción que partir de su patria hacia América. Los puertos de Nápoles y Palermo fueron los centros de la emigración meridional.

Los destinos principalmente eran Estados Unidos y argentina, la mayoría de los imigrantes eran agricultores pero tuvieron que quedarse en las ciudades trabajando en los puertos o en la minería.

En un comienzo, el 85% de la emigración provenía del norte de italia, pero después de la unificación el porcentaje de meridionales empezó a aumentar progresivamente llegando al 56%.

En el 1900, se llegó a la enorme cifra de 8 millones de emigrantes italiano, de los cuales 5 millones provenían del ex reino de las Dos Sicilias, Italia era el país de europa con más emigración. La emigración continuó también en el Siglo XX, en los años 50 emigraron unos 6 millones de meridinales y en la actualidad la diáspora continúa, cada año unos 90.000 sureños deben abandonar sus tierras.

Economía

Salud

El Reino de las Dos Sicilias gozaba de un servicio sanitario mayor que en las otros estados de Italia. Las Dos Sicilias poseía el más alto porcentuaje de médicos por habitantes en Italia. En 9 millones de personas había 9390 médicos mientras que en todo el norte, sobre 13 millones habían solo 7087. [68]

También este reino tenía el menor número de mortalidad infantil, las cifras más altas se registraron en Lombardía, Piamonte y en Emilia Romagna. En el 1821 una ley obligaba a los genitores a vacunar a sus hijos contra la viruela, recíén en el 1859 se incorporó esta ley en el Reino de Piamonte Cerdeña.

En el 1782 se realizó en tierras meridionales la primera intervanción en Italia de profiláxis contra la tuberculosis. En las Dos Sicilias habían 22 hospitales en el 1847: El San Leucio fue el primero gratiuto en 1789. También este reino tuvo la primera clínica ortopédica en Italia y el hospital Real Morotrofio de Aversa el primero de psiquiatría y el primero en Europa en eliminar la utilización de cepos con los internados. [69]

Arte y cultura

Estudio Heráldico del Escudo

El escudo de Armas del Reino de las Dos sicilias se compone por un escudo central oval formado por 19 partes que representan otras zonas de Europa. Por encima se encuentra la corona real borbónica y está rodeado por seis collares que representan las órdenes caballerescas: la Orden de San Gennaro, la de San Jorge, la del Toisón de Oro, la Orden del Espíritu Santo y la Orden de Carlos III.

Himno

El himno nacional de las Dos Sicilias se llamaba Inno al Re (Himno al Rey) y fue compuesto por el célebre músico tarentino Giovanni Paisiello. Las palabras del himno son las siguientes:

Iddio preservi il re,
per lunga lunga età.
Come nel cor ci sta
Viva Fernando il re!*

Iddio preservi il re,
per lunga lunga età.
Come nel cor ci sta
Viva Fernando il re!

Iddio lo serbi al duplice
trono dei padri suoi
Iddio lo serbi a noi
Viva Fernando il re!

Iddio preservi il re,
per lunga lunga età.
Come nel cor ci sta
Viva Fernando il re!

Iddio lo serbi al duplice
trono dei padri suoi
Iddio lo serbi a noi
Viva Fernando il re!
Iddio lo serbi a noi
Viva Fernando il re!

*La letra variaba según el rey del momento

Referencias

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Artículos relacionados


Otras fuentes de información

Notas

  1. Reyes de Sicilia
  2. Colour and Life
  3. Marco Meriggi, “ Gli stati italiani prima dell’unità “, Il Mulino, 2002
  4. Real casa de Borbón de las Dos Sicilias
  5. El portal del sur
  6. Sicilia Online
  7. Silverio Corvisieri, All’isola di Ponza, Il Mare,1985
  8. Walter Maturi, La politica estera napoletana dal 1815 al 1820, en Rivista storica italiana , serie V, 30 de junio de 1939, vol.IV, pag.247 riportato da Silverio Corvisieri, op. cit.
  9. Raleigh Trevelyan, Principi sotto il vulcano, BUR, 2001
  10. Monografía de Giuseppe Ressa
  11. Carlo Alianello, La conquista del sud, Rusconi, 1982
  12. Carlo Alianello, op. cit., p.15-16.
  13. citado por Lorenzo Del Boca, Indietro Savoia, Piemme, 2003
  14. Constitución de las Dos Sicilias del 1848
  15. Mario Costa Cardol, Venga a Napoli, signor conte, Mursia, 1996, pag. 124
  16. Harold Acton, Gli ultimi Borboni di Napoli, Giunti, 1997, pagg. 274-275
  17. Alfredo Zazo, Il giornalismo a Napoli, Procaccino, 1985, pag.176
  18. Giuseppe Coniglio, I Borboni di Napoli, Corbaccio, 1999
  19. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, Parte I, pág 3
  20. Storia linguistica dell’Italia unita, Laterza, 1976
  21. Quanti erano gl’italofoni nel 1861?, in Studi Linguistici Italiani, 1982
  22. Giacomo Leopardi, La vita e le lettere, Garzanti, 1983
  23. Michele Topa, Così finirono i Borbone di Napoli, Fratelli Fiorentino, 1990
  24. Federico Curato, Il Regno delle Due Sicilie nella politica estera europea, Società siciliana per la storia patria, 1995, pag.17
  25. Mario Costa Cardol, Venga a Napoli, signor conte, Mursia, 1996, pag. 133
  26. Cesare Bertoletti, Il Risorgimento visto dall’altra sponda, Berisio, 1967, pag. 139
  27. Raffaele De Cesare, La fine di un regno, Newton Compton, 1975, vol. I , pag. 422
  28. Acton, Gli ultimi borboni di Napoli, Giunti, pag.263
  29. Lega Nord
  30. Giuseppe Ressa, Il sud e l'unità, pág 42
  31. Carlo Alianello, La conquista del sud, Rusconi editore
  32. Angela Pellicciari “ L’altro Risorgimento “, Piemme, 2000, pag.188
  33. Cartas de Rattazzi del 9 de abril del 1856, Paris, 1862, p.247; citada por Ò Clery “ La Rivoluzione italiana “, Ares, 2000
  34. carta del embajador piamontés en las Dos Sicilias a Cavour el 30 de enero de 1860 (original en francés) en “Carteggi di C.Cavour”, vol.1, pag 12; citado por Umberto Pontone en “Due Sicilie”, julio 2003
  35. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, pág 15
  36. Citado por Angela Pellicciari, “L’altro Risorgimento “, Piemme 2000
  37. Rosario Romeo, Il Risorgimento in Sicilia, Laterza, 2001
  38. Guía turística de Murray, pseudónimo del cónsul inglés George Dennis
  39. Alfredo Zazo, La Politica del Regno delle Due Sicilie nel 1859=60”, Miccoli, Napoli, 1940, pag.265
  40. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, Parte I, pag 19
  41. Recomendación de Cavour al marqués D’Aste, jefe de la misión en “ La liberazione del Mezzogiorno” Appendice, citado por Martucci en “ L’invenzione dell’Italia unita “, Sansoni, 1999, pag.151
  42. Cesare Bertoletti, Il Risorgimento visto dall’altra sponda, Berisio, 1967, pag.200
  43. datos oficializados por la redacción de Giulio Di Vita de la Universidad de Edimburgo titulada “Finanziamenti della spedizione dei Mille” y por el congreso de Turín de 1988 en “Liberazione dell’Italia a opera della massoneria” por A.Molaz
  44. Refundación Borbónica
  45. citado por Lorenzo Del Boca, “Indietro Savoia”, Piemme, 2003
  46. Giacinto dè Sivo, op. cit. pag.525
  47. Roberto Martucci, “L’invenzione dell’Italia unita”, Sansoni , 1999, pag. 191
  48. Giacinto De Sivo, op. cit. pag. 531
  49. Giuseppe Cesare Abba, op.cit., pag.89
  50. Lorenzo Del Boca, “Maledetti Savoia”, Piemme, 2001
  51. Alfredo Zazo, La politica estera del Regno delle Due Sicilie, Miccoli, 1940, pag 337
  52. Carta de Cavour a Costantino Nigra, 1 de agosto de 1860
  53. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, Parte III, pág 1
  54. Carta de Alfonso Borbón reportada por Gigi Fiore, op. cit., pag. 274
  55. George Mundy, La fine delle Due Sicilie e la Marina britannica, Berisio, Napoli, 1966, pag.199
  56. Francesco Saverio Nitti, Scienze delle Finanze, Pierro, 1903, p.292.
  57. Camera-Fabietti, “ L’età contemporanea”, Zanichelli, 1972
  58. El portal del sur, los plebiscitos
  59. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, Parte III, pág 14
  60. Proclama Real al pueblo de las Dos Sicilias, 8 de diciembre de 1860, Francisco II.
  61. El portal del sur, el asedio de Gaeta
  62. Nicola Zitara “La gran cuccagna dei fratelli d’Italia”, periodico Due Sicilie 2\2004
  63. G. Savarese, " Le finanze napoletane e le finanze piemontesi dal 1848 al 1860", Cardamone, 1862, p.28.
  64. Carano - Convito, “ L’economia italiana prima e dopo il Risorgimento”,Vallecchi, Firenze, 1928, pag. 180,
  65. A.Ghirelli, Storia di Napoli, Einaudi, Torino, 1996, pag.273
  66. Lorenzo Del Boca, Indietro Savoia., Piemme, 2003
  67. http://www.realcasadeborbondossicilias.org/ita/archiviostorico/cs_08d3.htm
  68. Giuseppe Ressa, L'unità d'Italia e l'empressa dei mille: dal mito alla realtà, Parte I pág 9
  69. Domenico Capecelatro Gaudioso, Retroscena e responsabilità nell’attentato a Ferdinando II di Borbone, Del Delfino,1975