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Usuario:Cpant23/Trabajos en ejecución/sobre Legión romana/Batalla de Adrianópolis (378)
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[escribe] Batalla de Adrianópolis.-[escribe] Introducción.-La Batalla de Adrianópolis fue un enfrentamiento armado que se desarrolló en agosto 09, del año 378 d.JC., en las llanuras al noroeste de la ciudad romana de Adrianópolis (actual Edirne, en la Turquía europea); En ella se enfrentaron las fuerzas de Fritigerno, jefe de los visigodos, y el ejército del Imperio Romano de Oriente comandado por el propio emperador Valente, que murió en la batalla, y cuyo ejército fue destruido; Fue la mayor derrota romana desde la Batalla de Cannas y el último combate, en el que los romanos emplearon sus clásicas legiones, pues a partir de entonces, comenzaron a poner más énfasis en la caballería, y las pequeñas divisiones armadas como los comitatenses.- [escribe] Antecedentes.-Los godos procedían originalmente, del sur de Escandinavia, pero a partir del siglo I emigraron hacia el sudeste, asentándose dos siglos más tarde, en las grandes llanuras al norte del Mar Negro. Allí se dividieron con el tiempo en dos ramas, los ostrogodos (del gótico Ost Goths, "godos del este") y los visigodos (gótico Wiss Goths, "godos del oeste"), separados por el río Dniester; Los visigodos se extendieron enseguida hacia el suroeste, cruzando con frecuencia, la frontera romana, y realizando todo tipo de saqueos, hasta que llegaron a un acuerdo, por el que los romanos les cedían la provincia de Dacia (oeste de la actual Rumanía), a cambio de la paz, en tiempos del emperador Aureliano (270-275 d.JC.); Constantino I el Grande les convirtió en federados del Imperio (Foederati), y les encargó la defensa del limes danubiano, a cambio de importantes sumas de dinero, pero pronto llegaron los problemas; Si los romanos tenían que pagar a los bárbaros, para que los defendieran, ¿Quién les impediría recibir más dinero, que el de una legión cualquiera?, A pesar de las crisis económicas, de los siglos III y IV, los romanos seguían teniendo mucho dinero, sólo había que cogerlo. Así que, cada vez que los godos estimaban que les convenía un aumento de su sueldo, cruzaban en armas el Danubio, saqueaban un par de ciudades, y volvían a sus tierras, comunicando a los romanos que seguirían haciéndolo, mientras los subsidios no se les aumentasen. Así lo hicieron hasta el año 370 d.JC., cuando se aliaron con los soldados romanos, que se habían rebelado, contra el emperador Valente y fueron derrotados.- [escribe] La imposible convivencia.-Archivo:Solidus ValentinianIII-wedding.jpg Sólido romano con la efigie del emperador Valente La llegada de los visigodos a Moesia, contó con el voto en contra, de amplios sectores de la sociedad romana; Muchos políticos, y militares, veían un peligro inminente, en la presencia de los visigodos, como ente autónomo dentro del Imperio, considerándolos el equivalente a un tumor en el mismo, y que tarde ó temprano, ocasionarían problemas; no obstante, los pretorios Modesto, y Tatiano, recomendaron el asentamiento de los federados, por considerar que las ventajas, superaban ampliamente a las posibles pegas; Por otra parte, el pueblo de la zona, y la Iglesia, no veían bien, el tener como vecinos a los bárbaros, con numerosas costumbres paganas, y creyentes en su mayor parte en la doctrina del arrianismo, que el resto de cristianos consideraban una herejía; No obstante, Valente hizo caso omiso de estas quejas, pues al fin y al cabo, él mismo era arriano, y eso le daba más confianza entre los inmigrantes. En cuanto al peligro de rebelión, Valente lo consideró pequeño, pues los visigodos habían dado en los últimos tiempos, muestras una y otra vez de querer servir al Imperio, y adoptar numerosos aspectos de su cultura; En el peor de los casos, si los visigodos volvían a las andadas, deberían abandonar las tierras de Moesia, y se encontrarían acorralados entre las hordas hunas, y las tropas de los imperios de Oriente, y Occidente, sin posibilidad de ir a ningún lugar.- [escribe] El plan de contraataque romano.-Archivo:Roman soldier end of third century northern province.jpg Típico equipo de un soldado romano en la época de las invasiones bárbaras La rebelión de los godos, cogió por sorpresa a Valente en la ciudad siria de Antioquía, desde donde planificaba una campaña contra el Imperio Persa que, como desde hacía siglos, discutía las fronteras romanas en Oriente Próximo, y apoyaba revueltas de los pueblos locales, contra Constantinopla, como la de Cilicia, sofocada en 375 d.JC., ó la de los sarracenos en Palestina, Fenicia y el Sinaí, que se consiguió someter, a finales del 377 d.JC., de forma más o menos efectiva; Aprovechando este pequeño respiro, Valente dirigió el trasvase de tropas veteranas, desde la frontera oriental, a los Balcanes, donde acabó formando uno de los mayores ejércitos romanos, que se habían visto nunca.- [escribe] Los godos, y sus aliados.-La llegada de tropas de élite, era un hecho esperable, después de las fáciles derrotas, de las pequeñas guardias romanas en la zona. A pesar de que el equipo, e instrucción de los romanos, ya no era el de tiempos pasados, Fritigerno sabía, que probablemente eran superiores a los suyos, y todavía podían hacerles mucho daño, por lo que trató de contrarrestar esa diferencia, multiplicando todavía más, sus numerosas tropas.- [escribe] Desarrollo de la batalla.-Archivo:Batalla de Adrianópolis.png Esquema de la posición y acciones de las tropas enfrentadas. El 9 de agosto del año 378 d.JC., el ejército de Valente, dejó la impedimenta, demás pertrechos, e insignias imperiales, en Adrianópolis, ó sus afueras, y se movilizó hacia el noroeste, hasta avistar en una llanura, el campamento godo, cerca de las dos de la tarde; No parecía haber centinelas, lejos del campamento, donde las tropas godas, parecían acampar al completo, protegidas detrás de los carros vacíos, que usaban como muralla (laager), cuando no se estaban moviendo; Los refuerzos de Graciano, aún no habían llegado, por lo que se discute, cuáles serían realmente, las razones de Valente, para marchar hasta allí: quizás aún no esperase entrar en batalla, y disponer tropas, a la vista de los visigodos, fuese sólo una medida de presión, con el fin de forzar su rendición; Otros opinan que Valente, quería de verdad entrar en combate en ese momento, confiando en que sus tropas veteranas, le diesen una victoria, que de esperar a Graciano, sería compartida, y por tanto menos honorable; Reunido con sus generales, Víctor, y Ricimero (éste último de origen germano, que había supervisado, la llegada de los visigodos a Moesia, por orden de Valente), le sugirieron esperar a Graciano, y no meterse en problemas de momento; Sebastián, en cambio, recomendó un ataque inmediato, que aprovechase el factor sorpresa; No se haría ni lo uno, ni lo otro.- [escribe] Primera fase.-El primer ataque, correspondió a los romanos, aunque parece que les cogió por sorpresa, tanto a los godos como a sus propios compañeros; Sin esperar a que acabasen las negociaciones, los tribunos Cassio, y Bacurio de Iberia, ordenaron a sus tropas auxiliares el ataque, que marcharon rápidamente hacia el campamento visigodo, mientras el resto de la infantería romana, seguía en sus posiciones; El flanco izquierdo de la caballería los imitó, buscando atacar a los godos, por un lateral mientras éstos se enfrentaban, a las dos pequeñas divisiones de auxiliares, las cuales fueron rechazadas sin problemas, y puestas en fuga de forma deshonrosa, corriendo rápidas a sus posiciones anteriores; Acababan de iniciar la batalla, de la peor forma posible.- [escribe] Segunda fase.-Fritigerno, dio las conversaciones por terminadas, y ordenó atacar en ese momento, haciendo salir a la mayoría de sus hombres, del campamento en busca de los romanos; Entonces apareció a su derecha, el enorme ejército de jinetes, al mando de Alateo, y Safrax, que se encontró de cara, con el destacamento de caballería, del flanco izquierdo romano, el cual fue obligado a retroceder, hacia sus posiciones originales, después de ocasionarle numerosas bajas; Los visigodos controlaban ya el terreno, y al acercarse a las líneas romanas, comenzaron a lanzarles las armas arrojadizas que portaban; Los romanos, aguantaron como pudieron, la lluvia de proyectiles, hasta que las líneas godas llegaron hasta ellos, comenzando en ese momento el combate cuerpo a cuerpo.- [escribe] Tercera fase.-Mientras la infantería y el flanco derecho de la caballería combatían contra sus homólogos bárbaros, sufriendo numerosas bajas en ambos bandos, la caballería del flanco izquierdo romano se revolvió y atacó de nuevo a Alateo y Safrax. Tal maniobra les cogió desprevenidos y permitió a los romanos hacerles retroceder, adelantándose en el campo de batalla prácticamente hasta los carros visigodos. Se considera que éste fue el punto de inflexión de la batalla, pues de haber recibido entonces ayuda de otras unidades, quizá la caballería romana hubiese podido poner en fuga a la bárbara, a pesar de que le superaba en número, y atacar por detrás la infantería visigoda. La caballería romana comenzó a verse ampliamente superada, a medida que perdía empuje y no recibía ayuda, mientras a la caballería visigoda se sumaban hombres a pie de las tropas que habían quedado dentro del campamento, incluido el propio Fritigerno. La desproporción de fuerzas se hizo patente y lo que quedaba de la caballería romana en ese flanco fue destrozada, huyendo los pocos supervivientes del campo de batalla. [escribe] Cuarta faseUna vez puestos en fuga los equites romanos, la infantería de Fritigerno avanzó para sumarse a las primeras líneas de infantería goda. Mientras tanto, la caballería de Alateo y Safrax avanzó por el lateral para atacar los flancos y la retaguardia de Trajano, comenzando a cercar a los romanos por la izquierda. Amiano Marcelino relata lo que debió de ser especialmente aterrador para los soldados romanos, que vieron salir de entre el polvo ("como de la nada") a la caballería goda, por sorpresa y a sus espaldas. Esto dejó a gran parte del ejército romano sin capacidad de maniobra. [escribe] Quinta faseLos soldados destacados en el flanco izquierdo estaban ya perdidos, sabedores de que no había posibilidad de huir ni clemencia que esperar de los visigodos. Aunque en este punto los historiadores latinos probablemente exageran, no resulta tan raro que los hombres de esas unidades peleasen hasta la muerte, llegando a cargar sin posibilidades de victoria contra las cada vez más nutridas filas de bárbaros. Las bajas fueron enormes en los dos bandos, hasta el punto de que pronto el número de cadáveres y los charcos de sangre comenzaron a hacer dificultoso el moverse por el campo de batalla. Las unidades romanas perdieron la comunicación entre ellas. Mientras unas aprovecharon para huir, otras, viéndose cercadas, tuvieron que pelear hasta el final. Comenzó entonces una huida general de aquellas tropas romanas que podían, abandonando al resto a su suerte. Mientras las últimas unidades de Trajano eran aplastadas, Valente corrió a refugiarse tras lo que quedaba de la caballería del flanco derecho, que unida a las últimas unidades auxiliares intentaron organizar un núcleo final de resistencia en torno al emperador. Los generales Trajano y Víctor estaban con él. [escribe] Muerte de Valente y final de la batallaSobre el final de Valente circulan distintas versiones, sin que se pueda afirmar con seguridad cuál es la correcta. La primera y más simple cuenta que sencillamente, Valente murió tras recibir el impacto de una flecha enemiga, acorralado y combatiendo junto a los hombres que lo acompañaban, como un soldado más. Otras dicen que pudo ser evacuado por sus generales (quizás herido) y se refugió en una casa cercana o, más probablemente, en una torre de guardia. Los visigodos ignoraban que Valente estaba dentro, pero al observar que se guarecían soldados romanos en su interior, acabaron con las últimas tropas que se les oponían y prendieron fuego al edificio, matando a todos los que se encontraban dentro. Sea como fuere, lo cierto es que nadie pudo identificar después el cuerpo de Valente entre todos los caídos en la batalla, por lo que tuvo que ser sepultado como un soldado anónimo más. [escribe] Cerco de AdrianópolisArchivo:Via Egnatia.PNG Via Egnatia, principal vía romana de los Balcanes. Adrianópolis está cerca de su recorrido, no lejos del punto en que la orientación cambia hacia el sureste y conduce a Constantinopla (Bizancio). De haber tomado Adrianópolis, los godos habrían llegado a la capital imperial rápidamente y sin oposición Tras la batalla los visigodos no se detuvieron. Acababan de destruir el mayor ejército visto en la zona y se podía decir que ya eran los dueños de los Balcanes. Incluso habían matado al emperador sin que éste tuviera hijos, dejando a todo el Imperio huérfano. El paso más lógico fue proseguir su política de saqueos y decidieron comenzar por Adrianópolis, a poca distancia, con el tesoro imperial en su interior y hacia donde había conseguido huir alrededor de un tercio (20.000) de los hombres de Valente. Adrianópolis era un botín muy valioso, y aún se revalorizaba más por el hecho de dominar los caminos hacia Constantinopla, la propia capital de los romanos de Oriente. La captura de la ciudad no iba a ser fácil, obviamente. A la guardia urbana se sumaron los soldados supervivientes de la batalla, aunque las autoridades locales no permitieron a éstos entrar en la ciudad. En su lugar debieron construir a toda prisa un segundo muro de barricadas en torno a la ciudad tras los que refugiarse ellos y la propia Adrianópolis, donde la propia población comenzó a colaborar de forma masiva con el ejército para hacer frente a la inminente llegada de los godos. Éstos llegaron poco después. Con el fin de dificultar aún más la entrada del enemigo en la ciudad, se bloquearon las puertas colocando grandes piedras tras éstas y se montaron algunas máquinas de guerra. El bloqueo de las puertas dejaba a los restos del ejército de Valente sin posibilidad de huir y refugiarse. Así pues, no es de extrañar que cuando los romanos avistaron a los godos, fuesen 300 auxiliares de los primeros los que iniciasen la nueva batalla lanzándose en una carga tan heroica como suicida. Todos sus integrantes murieron. Los germanos avanzaron hasta las líneas de defensa de la ciudad, donde se vieron obligados a detenerse y luchar bajo los muros de la fortaleza, mientras los romanos que había arriba les lanzaban todo tipo de proyectiles. Los godos también lanzaban sus propias armas arrojadizas, pero llegado un determinado momento los sitiados se dieron cuenta de que los bárbaros recogían lanzas y flechas del campo de batalla y las volvían a lanzar contra ellos, señal de que las suyas se habían agotado. Para dejar a los godos sin posibilidad de lanzar los proyectiles que les llegaban, se ordenó romper la unión entre las puntas y el resto de la flecha o lanza. Así, las armas arrojadizas podían usarse una vez más, pero cuando impactaban con algo (hubiesen acertado o no) se rompían del todo y quedaban inutilizables. Además, las puntas sueltas se clavaban en los soldados enemigos, sin posibilidad de extraerse más tarde. Mientras la lucha proseguía en los muros de esta manera, se terminó de armar y disponer para el combate un onagro. Los romanos apuntaron al grueso de las tropas godas y lanzaron la primera piedra; ésta erró el tiro, pero tuvo un cierto impacto psicológico sobre los atacantes, que no disponían de armas de asedio. No esperaban ver salir de entre el humo y el polvo de la batalla a una gran roca dirigiéndose directamente hacia ellos, por lo que no supieron cómo reaccionar y perdieron momentáneamente la cohesión entre sus fuerzas, facilitando el contraataque de los romanos. Tras sufrir inmumerables bajas y fracasar en cada una de sus cargas, siendo expulsados de los muros tan pronto como apostaban una escala, los visigodos se vieron finalmente obligados a retirarse y marchar de nuevo hacia el noroeste, salvándose Adrianópolis y Constantinopla de sufrir su conquista. Una vez que se aseguraron de la marcha de los godos, los soldados volvieron con el tesoro imperial a Constantinopla o se refugiaron en otras ciudades más seguras de las inmediaciones. Muchos de los habitantes de Adrianópolis abandonaron también sus casas por miedo a que los bárbaros volvieran, si bien éstos no llegaron a hacerlo. [escribe] ConsecuenciasLa primera y obvia consecuencia de la aplastante derrota del Imperio Romano de Oriente fue el trono vacante que Valente dejó en Constantinopla. Antes de que el caos se adueñase de Oriente, el emperador de Occidente y sobrino del difunto, Graciano, encargó su gobierno al general hispano Flavio Teodosio, que fue coronado en 379 y llegaría a ser conocido como Teodosio I el Grande. Teodosio adquirió el trono de Occidente años más tarde y fue el último hombre que gobernó el Imperio Romano en su totalidad, razón por la cual se le llama a menudo el último de los romanos. Teodosio dirigió personalmente una nueva campaña contra los godos que terminó al cabo de dos años, tras los cuales consiguió derrotarlos y negociar un pacto en 382 con su nuevo jefe, Atanarico, que volvía a restituirlos como foederati en Moesia. Fritigerno había muerto por causas naturales el año anterior. Aunque el nuevo pacto supuestamente devolvía la situación al status quo inicial, lo cierto es que ya nada volvería a ser igual para los godos ni para los romanos. Tras Adrianópolis, los visigodos fueron plenamente conscientes de su fuerza y continuaron extorsionando a los romanos cada vez que les parecía conveniente. El que llegó más lejos con esta política fue Alarico I, que incluso aspiró a ocupar algún cargo importante en el gobierno del Imperio de Oriente. Al no ver resueltas sus demandas, sometió a los Balcanes a una nueva política de saqueos, llegando a entrar en Atenas. Sólo cesó en su empeño cuando Rufino, el tutor ostrogodo del hijo de Teodosio, le reconoció como Magister militum de la provincia de Iliria. Tal concesión fue en realidad una auténtica estafa, pues forzó a los visigodos a instalarse en unas tierras menos ricas y fértiles que las que dejaban atrás, y que encima eran disputadas por los Imperios de Oriente y Occidente. Las desavenencias de Alarico con sus nuevos vecinos occidentales (que no reconocían el gobierno de Oriente ni de Alarico sobre Iliria) conducirían en último término al saqueo de Roma en 410, el cual fue visto por los contemporáneos como el fin del mundo conocido. La derrota de Adrianópolis tuvo también sus consecuencias en la forma romana de hacer la guerra. Tras la masacre romana, fue imposible recuperar el número de soldados y oficiales perdidos en la batalla y hubo que reestructurar el ejército, abandonando el clásico sistema de legiones. A partir de entonces (fue Teodosio quien exportó el nuevo modelo a Occidente), el ejército romano se dividió en pequeñas unidades de limitanei (guardias fronterizos, muchas veces bárbaros federados) dirigidas por un "duque" (dux) que gobernaba una zona fronteriza desde una fortaleza particular, más un ejército móvil (comitatenses) que se desplazaba de un lugar a otro según apareciesen los problemas. Este nuevo sistema de defensa sería el embrión del futuro sistema feudal vigente durante la Edad Media. La batalla de Adrianópolis también demostró la eficacia de la caballería en la guerra, por lo que su número aumentó en los nuevos ejércitos en detrimento de la infantería. Las nuevas unidades de caballería solían estar formadas también por mercenarios bárbaros, fundamentalmente hunos, sármatas o persas, que combatían con espada larga y lanza y fueron a su vez los precursores de los caballeros medievales. Finalmente, el caos ocasionado por los godos en Adrianópolis fue aprovechado por los hunos para cruzar el Danubio e imitar la política de saqueos y extorsiones que tan buenos resultados había dado a los visigodos. Cuando Atila llegó al trono huno en 434, esta política era algo común para su pueblo, y fue él quien la llevó a su máxima expresión acelerando la caída del Imperio Romano de Occidente. [escribe] NotaLas cifras de tropas implicadas en la batalla han sido extraídas de la página web[1] del historiador español José I. Lago. Es probable que en otras obras las cifras varíen ligeramente, pues los propios autores latinos no se ponen de acuerdo sobre el número de bárbaros que participó en la batalla. No obstante, las cifras que aparecen en este artículo son las que se consideran más probables. [escribe] Referencias y enlaces externosClásicas:
Páginas web: (Muy completas, sobre todo la segunda)
Artículos de prensa:
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