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La fundación de Roma está recogida en dos leyendas principales, la referida a Eneas, el héroe Troyano[1], y la referida a los gemelos Rómulo y Remo.
Los historiadores romanos trataron de unificar ambas en un único relato coherente de su fundación. No es posible precisar la fecha exacta, que podría estar entre el 754 a.JC., y el 751 a.JC..
La mayoría de autores establecen como fecha de la fundación de Roma el 753 a.JC., y a pesar de que en el 21 de abril, celebraban las fiestas Palilias, como aniversario de la Fundación de Roma, este hecho no descansa en ninguna tradición importante, sino que procede, al parecer, de las fiestas pastoriles que tenían por objeto, la purificación de los hombres, y de los animales, cuando lo exigía el establecimiento de nuevas colonias.
Según las referidas tradiciones, Eneas llegó a ser yerno de Latino, y los latinos y troyanos, se confundieron en un solo pueblo, y Ascanio, hijo de Eneas, fue el fundador de Alba Longa, y después de su muerte su hijo Julio, fue investido de la dignidad sacerdotal, mientras que Silvio, hijo de Eneas, y de Lavinia, fue el fundador de la dinastía albana, de los Silvios.
La creencia de la anterior leyenda, y el origen troyano de una parte del pueblo romano, estaba muy arraigado en Roma durante la Primera Guerra Púnica, y así el Senado, como los pueblos griegos la utilizaron repetidas veces, para sus fines políticos, mucho antes que tal tradición, hubiese sido poéticamente explicada, y consagrada por Virgilio.
No menos legendaria, es la pretendida historia de la fundación de Roma, y la leyenda atribuye a la casa de los Silvios, una duración de 400 años. Muerto el rey Procas de Alba, su hijo Amulio, usurpó el trono a su hermano mayor Numitor, y obligó a la hija de este, Rea Silvia, a entrar en el colegio de las vestales, imponiéndole una virginidad perpetua. Pero Rea, tuvo dos hijos del dios Marte. Madre e hijos, fueron arrojados al Tíber, entre cuyas aguas halló la primera la muerte, y los segundos, Rómulo y Remo, salvados milagrosamente, y sacados del río junto al Palatino, fueron cuidados por el favor de los dioses, alimentados por una loba, animal consagrado a Marte, y recogidos por un pastor del rey, viniendo a ser con el tiempo, los vengadores de su madre, y los fundadores de la ciudad de Roma.
Otros historiadores se limitan a decir, que en época muy antigua, fundaron Roma los latinos, y rechazan como fabulosas las leyendas, y las tradiciones que la Antigúedad nos había transmitido, y así dice Herzberg, que puede ser considerada la residencia arcadia, como un mito nacido y desarrollado, en la fiesta romana de las lupercales.
Pretenden otros que Roma, debió su origen a una colonia que procedente de Alba Longa, se estableció en el Bajo Tíber, pero solo se sabe positivamente, que aún los romanos más antiguos, eran latinos y el rey Latino, cuya dominación sigue a los dioses-reyes, que fue el héroe éponimo de los latinos, fue al decir los antiguos mitos, romanos y griegos, el soberano que durante su reinado, dió asilo a los restos de los troyanos, que capitaneados por Eneas, habían escapado de las ruinas de Ilión.
En cuanto a la fabulosa idea, de la Fundación de Roma, por una colonia de pastores, por emigrantes de Alba, y por los audaces aventureros de Italia Central, con todas sus consecuencias, simplemente carecen de fundamento racional.
Para otros estudiosos de la Fundación de Roma, aparece muy aceptable, la conjetura de que la raza romana, de la raza latina, fue el miembro más joven de la misma, y de que en esta parte de la comarca del Lacio, se desarrolló la vida municipal mucho antes, que en otros varios puntos, del centro de Italia, siendo difícil según Herzberg, como y cuando los itálicos, que como labradores y pastores, se establecieron en esta comarca, lograron levantar una ciudad. Solo en un punto, coinciden la mayoría de los investigadores de la Fundación de Roma, y es que en ella se mezclaron, los latinos y los sabinos.
En cuanto al origen de la vida en la ciudad romana, se encuentra en el célebre monte Palatino, en el cual se construyeron los primeros templos, y se celebraron los primitivos cultos religiosos de los romanos. Este monte era una de las varias prominencias peñascosas, de la campiña romana, y estaba de tal manera formado por la naturaleza, que sólo sus paredes inaccesibles, en el estado que tenía el arte guerrero, de aquellos tiempos, bastaba para la necesaria defensa militar de sus habitantes.
A pesar de esto, se construyó en su falda una muralla, en forma de cuadrilátero, cuyos restos servían aún a los emperadores, época en que aún estaba marcado con mojones, el trazado del antiguo "Pomérium", de aquella "Roma Cuadrata", es decir, la linea de terrenos sagrados, así como el interior, y exterior de los muros, sobre los cuales estaba prohibido edificar.
Acerca de la gradual extensión de la ciudad, desde las fortificaciones del Palatinado, y desde la construcción de los arrabales no amurallados, hasta la importante muralla debida a Servio Tulio, algunas opiniones coinciden en lo siguiente:
- Por un lado se establecieron poco a poco alrededor de la ciudad del Palatino una serie de residencias de ella dependientes, debidas, en parte, al aumento natural de la población y en parte a las inmigraciones de los latinos, que habían visto sus pequeñas ciudades vecinas destruidas por los romanos.
- Estas ciudades anteriores que en cierto modo habían sido transportadas de otros lugares, se alzaban alrededor del Palatino, en la parte meridional que después ocupó Roma, en el Cermalo, en el Velia, es decir, en la colina que unía el Palatino con el monte Esquilino, en las tres alturas de este, en el valle que se extiende entre el Quirinal, y el Esquilino, y por último en el monte Celio.
- El monte Tarpeyo, y el Aventino, fueron también posesión de los romanos palatinos.
- Por otro lado se tiene por seguro, que ya de muy antiguo, frente a la ciudad palatina, residencia de los "montani", se alzó otra en la parte septentrional, que fue las de los "colini".
- Una extensa montaña con cinco preeminencias (Viminal, Quirinal, Salutar, Mucial, y Latiar), fue el asiento de esta segunda ciudad, cuyo centro, castillo, y culto residía en el Quirinal.
- Despues de la fusión de los habitantes palatinos, con los quirinales, aún sin tener en cuanta su situación, sobre las colinas, y estribaciónes de montañas, no presentó aquel, importante golpe de vista, que nos ofrece la mayoría de las ciudades etruscas, y no poco de las helénicas, que se levantaban en las playas occidentales del Asia Menor, ya que las casas de los romanos, tenían aún en tiempos de Pirro, rey de Epiro, los techos de tablillas, y las habitaciones no eran más que pobre chozas, de tierra ó ramaje, siendo, eso sí, las fortificaciones, en determinados puntos imponentes. Rompían la monotonía de aquella serie de casas, en cuya construcción para nada había intervenido el arte, los muchos lugares sagrados, los innumerables altares de piedra o de tierra, o los campos, pantanos, y terrenos de pastos, que en varios lugares se veían.
Pero dicho lo anterior, el pueblo que fue creciendo en este suelo, asimilándose los elementos afines, este guerrero pueblo de quirites, de soldados y de vigorosos hombres libres, se nos presenta desde un principio, como un pueblo escogido, y en su origen encontramos ya, dos elementos distintos entre sí, política y socialmente.
[escribe] Referencias
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Bibliografía
- ver Historia de Roma.
Notas
- ↑ véase guerra de Troya