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Usuario:Cpant23/Trabajos en ejecución/sobre Historia militar romana/Historia de campañas militares durante la República romana

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Historia de las campañas militares, ocurridas durante la República Romana (en la antigüedad),...



Primera República Romana (458 a 282 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerras Romano -Latinas.


Primeras campañas italianas (458 a 396 a.JC.).

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Este mapa muestra los vecinos etruscos de Roma

Las primeras guerras romanas no apócrifas, fueron guerras de expansión y defensa, cuyo objetivo era proteger a Roma, de las ciudades, y naciones vecinas, y establecer su territorio en la región.[1] Floro escribe que en esta época:

Sus vecinos, por todos los lados, los acosaban continuamente... y, por cualquier puerta por la que salieran, siempre se encontraban con un enemigo.[2]

Aunque las fuentes discrepan, es posible que Roma fuera sitiada dos veces, por los ejércitos etruscos, en este periodo, la primera vez alrededor del 509 a.JC., bajo el recién depuesto, rey Tarquinio el Soberbio,[3][4] y de nuevo en 508 a.JC., bajo el etrusco Lars Porsenna.[5][3][6][2]

Inicialmente, los vecinos inmediatos de Roma, eran pueblos o villas latinas,[7] con un sistema tribal similar al de Roma, o bien sabinos tribales de los montes Apeninos, y más allá.[8] Uno tras otro, Roma venció a los persistentes sabinos, y a las ciudades locales, que estaban bajo control etrusco, o los pueblos latinos, que habían desechado a sus gobernantes etruscos, como había hecho Roma.[8] Roma venció a los lavinios, y a Tusculum, en la Batalla del Lago Regilo en 496 a.JC.,[9][10][7] a los sabinos en una batalla desconocida en 446 a.JC.,[9] a los ecuos en la Batalla del Monte Álgido, en 458 a.JC., y en la Batalla de Corbione en 446 a.JC.[11]), a los volscos[12] en la Batalla de Corbione,[13] en 446 a.JC., y la captura de Antium, en 377 a.JC.,[14] a los aurunci, en la Batalla de Aricia,[15] y a los veyentes, en la Batalla del Cremera en 477 a.JC.,[16][17] la Captura de Fidena, en 435 a.JC.,[18][17] y el Sitio de Veyes, en 396 a.JC.,[13][18][17][19] Tras vencer a los veyentes, los romanos habían completado efectivamente la conquista de sus vecinos etruscos inmediatos,[20] además de asegurar su posición, contra la amenaza inmediata, que suponían las tribus, de los montes Apeninos.

Sin embargo, Roma controlaba todavía, un área muy limitada, y los asuntos de Roma tenían poca importancia, incluso en el contexto de Italia: por ejemplo, los restos de los veyentes, se encuentran enteramente en el interior de los suburbios, de la Roma moderna,[13] y los asuntos de Roma, solo empezaban a llamar la atención de los griegos, la fuerza cultural dominante en esa época.[21] En ese momento, la mayor parte de Italia, seguía en manos de los latinos, los sabinos, los samnitas, y otros pueblos de la parte central de Italia, de las colonias griegas del sur, y, sobre todo, de los pueblos celtas, incluyendo los galos, por el norte. En esta época, la civilización celta, era vivaz, y estaba creciendo en fuerza y territorio, y se extendía, aunque sin cohesión, por gran parte de la europa continental. Fue a manos de los celtas galos, que los romanos sufrirían, una humillante derrota, que retrasaría su avance, y dejaría huella en la conciencia romana.


Invasión celta de Italia (390 a 387 a.JC.).

Alrededor del 390 a.JC., varias tribus galas, habían empezado a invadir Italia desde el norte, al ir expandiéndose su cultura por toda Europa. Esto era prácticamente desconocido para los romanos de esa época, que todavía tenían intereses puramente locales, pero los romanos se alertaron cuando una tribu especialmente guerrera,[21][22] los senones,[22] invadió la provincia etrusca de Siena, desde el norte, y atacó la ciudad de Clusium,[23] no muy alejada de la esfera de influencia de Roma. Los habitantes de Clusium, abrumados por el tamaño del enemigo, en número y ferocidad, pidieron ayuda a Roma. Quizás sin pretenderlo,[21] los romanos no se encontraron solo en conflicto con los senones, sino como su objetivo principal.[23] Los romanos fueron a su encuentro en una batalla campal, la Batalla de Alia,[21][22] alrededor del 390 – 387 a.JC.. Los galos vencieron al ejército romano, de unos 15.000 hombres,[21] y continuaron persiguiendo a los romanos, que huían hasta la propia ciudad de Roma, que saquearon parcialmente[24][25] hasta que fueron, o bien repelidos,[26][22][27] o bien sobornados.[21][23]

Ahora que los romanos y los galos, habían derramado la sangre uno del otro, la actividad guerrera entre ambos continuaría en Italia, durante más de dos siglos, incluyendo la Batalla del Anio,[22] la Batalla del Lago Vadimo,[22] la Batalla de Fesula en 225 a.JC., la Batalla de Telamón en 224 a.JC., la Batalla de Clastidio en 222 a.JC., la Batalla de Cremona en 200 a.JC., la Batalla de Mutina en 194 a.JC., la Batalla de Arausio en 105 a.JC., y la Batalla de Vercelae en 101 a.JC.. El problema celta no se resolvería para los romanos, hasta la subyugación final, de todos los galos, tras la Batalla de Alesia, en 52 a.JC.


Expansión romana en Italia (343 a 282 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerras Romano -Samnitas.
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Montes Apeninos alrededor de Samnia

Tras recuperarse con sorprendente rapidez, del saqueo de Roma,[28] los romanos retomaron inmediatamente, su expansión por Italia. A pesar de sus éxitos hasta el momento, su dominio del conjunto de Italia, no estaba asegurado de ninguna manera en aquel momento: los samnitas eran un pueblo tan marcial,[29] y tan rico,[30] como el romano, y con un objetivo propio de asegurarse más tierras, en las fértiles[30] planicies italianas, sobre las que se encontraba la propia Roma.[31] La Primera Guerra Romano -Samnita, que tuvo lugar entre el 343 a.JC., y el 341 a.JC., y fue consecuencia de las incursiones generalizadas de los samnitas, en el territorio de Roma,[32] fue un episodio relativamente corto: los romanos vencieron a los samnitas, tanto en la Batalla del Monte Gauro, en 342 a.JC., como en la Batalla de Suessula, en 341 a.JC., pero tuvieron que retirarse de la guerra, antes de terminar con el conflicto, debido a la revuelta, de varios de sus aliados latinos, en la Segunda Guerra Latina.[33][34]

Roma, por tanto, se vio forzada a enfrentarse, alrededor del año 340 a.JC. contra las incursiones samnitas en su territorio, y, simultáneamente, a participar en una agria guerra, contra sus anteriores aliados. Roma venció a los latinos, en la Batalla del Vesubio, y de nuevo en la Batalla de Trifano,[34] tras lo cual, las ciudades latinas quedaron obligadas a someterse, al gobierno romano.[35][36] Quizás debido al trato indulgente, que le dispensó Roma, a su enemigo vencido,[33] los latinos se sometieron muy amigablemente, al gobierno romano, durante los siguientes 200 años.

La Segunda Guerra Samnita, del 327 a.JC., al 304 a.JC., fue mucho más larga, y un acontecimiento mucho más serio, tanto para los romanos, como para los samnitas,[37] que duró más de veinte años, y constó de veinticuatro batallas[30] que produjeron cuantiosas bajas, en ambos bandos. La fortuna de ambos contendientes, fluctuó durante el curso de la guerra: los samnitas tomaron Neapolis, en la Captura de Neapolis, en 327 a.JC.,[37] y los romanos la recapturaron, antes de perder en la Batalla de las Horcas Caudinas,[37][38][30] y en la Batalla de Lautulae. Luego, los romanos resultaron victoriosos, en la Batalla de Boviano, y la marea corrió fuertemente en contra de los samnitas, a partir del 314 a.JC., en adelante, llevándoles a pedir la paz, en términos cada vez menos generosos. En 304 a.JC., los romanos se habían anexionado, la mayor parte del territorio samnita, fundando varias colonias. Este patrón de ir al encuentro de las agresiones, y ganar terreno casi inadvertidamente, en contraataques estratégicos, terminaría convirtiéndose en una característica común, de la historia militar de Roma.

Siete años después de su derrota, con un dominio de Roma, sobre la zona que parecía asegurado, los samnitas se alzaron de nuevo, y vencieron a los romanos en la Batalla de Camerino en 298 a.JC., comenzando así, la Tercera Guerra Samnita. Con este éxito, consiguieron reunir una coalición, de varios enemigos anteriores de Roma, de los que probablemente todos deseaban evitar, que ninguna de las facciones, dominara toda la región. El ejército que se enfrentó a los romanos, en la Batalla de Sentino,[38] en 295 a.JC., incluía a los samnitas, los galos, los etruscos, y los umbrios (ó umbros).[39] Cuando el ejército romano, halló una convincente victoria, sobre estas fuerzas combinadas, debió quedar claro, que poco se podía hacer, para evitar el dominio romano de Italia. En la Batalla de Populonia, en 282 a.JC., Roma terminó con los últimos vestigios, del poder etrusco en la región.


República Romana media (281 a 148 a.JC.).

Guerra Romano -Pírrica (280 a 275 a.JC.).

Al final del siglo III a.JC., Roma se había establecido como una gran potencia, de la península itálica, pero todavía no había entrado en conflicto, con las potencias militares dominantes del Mediterráneo de la época: Cartago, y los reinos griegos. Roma había vencido completamente a los samnitas, dominaba a sus pueblos latinos compañeros, y había reducido en gran medida, el poder etrusco en la región. Sin embargo, el sur de Italia estaba controlado, por las colonias griegas de Magna Grecia,[40] que habían sido aliadas de los samnitas, y la continua expansión de Roma, hizo surgir el inevitable conflicto.[41][42]

Cuando, tras una disputa diplomática entre Roma, y la colonia griega de Tarento,[43] estalló una guerra abierta, en la batalla naval de Turios,[42] Tarento pidió ayuda militar a Pirro, rey de Epiro.[44][42] Motivado por sus obligaciones diplomáticas con Tarento, y un deseo personal de realización militar,[45] Pirro trasladó un ejército griego, de unos 25.000 hombres,[42] y un contingente de elefantes de guerra en 280 a.JC., a suelo italiano,[46] donde sus fuerzas se unieron, a algunos colonos griegos, y una parte de los samnitas, que se rebeló contra el control romano.

El ejército romano, todavía no había visto elefantes en batalla,[47] y su inexperiencia, torció la balanza en favor de Pirro, en la Batalla de Heraclea, en 280 a.JC.,[42][48][47] y de nuevo en la Batalla de Ausculum, en 279 a.JC..[49][48][50][47] A pesar de estas victorias, la posición de Pirro en Italia, era insostenible. Roma rechazó firmemente, negociar con Pirro, mientras su ejército permaneciera en Italia.[51] Además, Roma firmó un tratado de apoyo mutuo con Cartago, y Pirro descubrió que, contrariamente a sus expectativas, ninguno de los otros pueblos itálicos, se uniría a la causa griega, y samnita.[52] Al sufrir unas pérdidas inaceptables, en cada enfrentamiento con el ejército romano, y no lograr encontrar más aliados en Italia, Pirro se retiró de la península, e hizo campaña en Sicilia, contra Cartago,[53] abandonando a sus aliados, al hacer frente a los romanos por su cuenta.[41]

Cuando su campaña siciliana, también terminó siendo un fracaso, a petición de sus aliados italianos, Pirro volvió a Italia, para enfrentarse a Roma una vez más. En 275 a.JC., Pirro se enfrentó de nuevo, al ejército romano en la Batalla de Benevento.[49] Esta vez los romanos, habían ideado métodos para tratar, con los elefantes de guerra, incluyendo el uso de jabalinas,[49] fuego,[53] y, según una fuente, simplemente golpear fuertemente a los elefantes en la cabeza.[47] Aunque la batalla de Benevento no fue decisiva,[53] Pirro se dio cuenta, de que tantos años de campañas extranjeras, habían agotado, y mermado a su ejército y, viendo poca esperanza de mayores ganancias, se retiró completamente de Italia.

Sin embargo, los conflictos con Pirro, tendrían un gran efecto en Roma. Esta había demostrado, ser capaz de hacer frente, a las potencias militares dominantes del Mediterráneo, y demostró con mayor seguridad, que los reinos griegos, eran incapaces de defender sus colonias en Italia, y en otras partes del extranjero. Roma ocupó rápidamente el sur de Italia, subyugando, y dividiendo, a la Magna Grecia.[54] Dominando efectivamente la península itálica,[55] y con una demostrada reputación militar internacional,[56] Roma empezó a mirar hacia afuera, para expandirse más allá del suelo italiano. Como los Alpes, formaban una barrera natural al norte, y Roma no tenía interés, en enfrentarse de nuevo, a los fieros galos en batalla, la mirada de la ciudad, se volvió hacia Sicilia, y las islas del Mediterráneo, una política que los llevaría, al conflicto directo, con su anterior aliado, Cartago.[57][56]


Guerras Púnicas (264 a 146 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerras Púnicas.
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Teatro de las Guerras Púnicas

Roma empezó a hacer la guerra, fuera de la península itálica, en las Guerras Púnicas contra Cartago, antigua colonia fenicia,[58] de la costa norte de África, que se había desarrollado hasta ser un estado poderoso. Estas guerras, que comenzaron en 264 a.JC.,[59] fueron probablemente, el mayor conflicto de la antigüedad,[60] y vieron a Roma, convertirse en una potencia mediterránea, con territorios en Sicilia, África del Norte, España, y, tras las Guerras Macedónicas, Grecia.

La Primera Guerra Púnica, comenzó en 264 a.JC., cuando las colonias griegas de Sicilia, empezaron a apelar a las dos potencias, entre las que se encontraban (Roma y Cartago), para resolver conflictos internos.[59] Los deseos de Roma y Cartago, de verse implicados, en los asuntos de una tercera parte, podrían indicar su voluntad, de comprobar mutuamente su poder, sin entrar en una guerra completa de aniquilación; había ciertamente un considerable desacuerdo, dentro de Roma, sobre la pertinencia de buscar la guerra en absoluto.[61] La guerra comenzó muy pronto en Sicilia, con batallas terrestres, como la de Agrigento, pero el teatro de operaciones se trasladó después, a las batallas navales, en las costas de Sicilia, y África. Para los romanos, la guerra naval era un concepto relativamente inexplorado.[62] Antes de la Primera Guerra Púnica, en 264 a.JC., no existía una armada romana como tal, ya que todas las guerras anteriores de Roma, se habían librado en Italia. La nueva guerra en Sicilia, contra Cartago, una gran potencia naval,[63] forzó a Roma, a construir rápidamente una flota, y entrenar marineros.[64]

Roma se estrenó en la guerra naval, «como un ladrillo en el agua»,[57] y las primeras batallas navales, de la Primera Guerra Púnica, fueron verdaderas catástrofes, como era razonable esperar, de una ciudad, que no tenía una verdadera experiencia, en guerra naval. Sin embargo, después de entrenar a más marineros, e inventar una máquina de abordar, llamada corvus ('cuervo'),[65] una fuerza naval romana, bajo el mando de C. Duillius, consiguió derrotar contundentemente, a una flota cartaginesa en la Batalla de Mylae. En solo cuatro años, un estado sin ninguna experiencia naval, había conseguido superar en batalla, a una potencia marítima importante. Se sucedieron otras victorias navales, en la Batalla de Tyndaris, y la Batalla del Cabo Ecnomo.[66]

Tras haber ganado el control de los mares, una fuerza romana, desembarcó en la costa africana, bajo el mando de Régulo, que en principio fue victorioso, ganando la Batalla de Adys,[67] y forzando a Cartago a pedir la paz.[68] Sin embargo, los términos de la paz que proponía Roma, eran tan duros, que las negociaciones fracasaron[68] y, en respuesta, los cartagineses contrataron a Xantipo, un mercenario de la marcial, ciudad-estado griega Esparta, para reorganizar, y liderar su ejército.[69] Xantipo consiguió aislar al ejército romano de su base, y reestablecer la supremacía naval de Cartago, luego venció, y capturó a Régulo,[70] en la Batalla de Túnez.[71]

A pesar de ser derrotados, en el suelo africano, con sus nuevas habilidades navales, los romanos vencieron contundentemente de nuevo a los cartagineses, en una batalla naval, —en gran parte mediante las innovaciones tácticas, de la flota romana[59]—, la Batalla de las Islas Egadas, y dejando a Cartago sin flota, y sin dinero suficiente, para construir una. Para una potencia marítima, la pérdida de su acceso al Mediterráneo, afectó financiera, y psicológicamente, y los cartagineses volvieron a pedir la paz,[72] durante la cual, los romanos lucharon con la tribu de los liguros,[73] y con los insubros.[74]

La continua desconfianza, condujo a la renovación de las hostilidades, en la Segunda Guerra Púnica, cuando Aníbal Barca, un miembro de la familia bárcida, de nobleza cartaginesa, atacó Sagunto,[75][76] una ciudad con lazos diplomáticos con Roma.[77] Luego Aníbal formó un ejército en España, y cruzó famosamente los Alpes italianos, para invadir Italia.[78][79] En la primera batalla en suelo italiano, la Batalla del Ticino, en 218 a.JC., Aníbal venció a los romanos, bajo el mando de Escipión el viejo, en una pequeña batalla de caballería.[80][81] El éxito de Aníbal continuó, con las victorias en la Batalla de Trebia,[80][82] la Batalla del Lago Trasimeno,[83][84] y la Batalla de Cannas,[85][86] en lo que se considera, una de las grandes obras maestras, del arte táctico, y durante un tiempo, «Aníbal parecía invencible»,[78] capaz de doblegar a los ejércitos romanos, a voluntad.[87]

En las tres batallas de Nola, el general romano Marco Claudio Marcelo, consiguió contener a Aníbal, pero luego Aníbal, aplastó a una sucesión, de ejércitos consulares romanos, en la Primera Batalla de Capua, la Batalla del Silaro, la Segunda Batalla de Herdonia, la Batalla de Numistro, y la Batalla de Asculum. Por entonces, el hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca, quería cruzar los Alpes hacia Italia, y unirse a su hermano, con un segundo ejército. Aunque vencido inicialmente en España, en la Batalla de Baecula, el ejército de Cayo Claudio Nerón, venció a Asdrúbal, en la Batalla del Metauro.[78]

«Aparte del encanto de la personalidad de Escipión y su importancia política como el fundador del dominio mundial de Roma, su trabajo militar tiene mayor valor para los estudiantes modernos de la guerra que cualquier otro capitán del pasado. Su genio le reveló que la paz y la guerra son las dos ruedas sobre las que corre el mundo».
BH Liddell Hart sobre Escipión el Africano[88]

Incapaces de vencer a Aníbal por sí mismos, en suelo italiano, y con Aníbal, atacando ferozmente la campiña italiana, pero poco dispuesto, o incapaz de destruir la propia Roma, los romanos tuvieron la audacia de enviar, un ejército a África, con la intención de amenazar la capital cartaginesa.[89] En 203 a.JC., en la Batalla de los llanos del Bagradas, el ejército invasor romano, bajo el mando de Escipión el Africano, venció al ejército cartaginés de Asdrúbal Gisco, y Sifax, y Aníbal se retiró a África.[78] En la famosa Batalla de Zama, Escipión venció contundentemente,[90] —quizás incluso aniquiló, al ejército de Aníbal, en el Norte de África—, poniendo fin a la Segunda Guerra Púnica.

Cartago, nunca consiguió recuperarse, tras la Segunda Guerra Púnica,[91] y la Tercera Guerra Púnica que siguió, fue en realidad una simple misión punitiva, para arrasar la ciudad de Cartago, hasta sus cimientos.[92] Cartago estaba prácticamente indefensa, y cuando fue asediada, ofreció su rendición inmediata, accediendo a una serie de exigencias escandalosas, por parte de Roma.[93] Los romanos rechazaron la rendición, exigiendo como un término de rendición más, la completa destrucción de la ciudad,[94] y, viendo que no tenían mucho que perder,[94] los cartagineses se prepararon para luchar.[93] En la Batalla de Cartago, tras un breve asedio, la ciudad fue asaltada, y completamente destruida,[95] y su cultura "casi totalmente extinguida".[96]


Guerras Ilíricas (229 a 219 a.JC.).

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Guerras Ilíricas
Artículo desarrollado → Guerras Romano -Ilíricas.


Tras la Primera Guerra Púnica, los romanos volcaron su actividad militar, en intentar erradicar la piratería, que asolaba el Mar Adriático. Detrás de los actos de piratería, que hacían peligrar las rutas comerciales, de los romanos estaba la Reina Teuta, señora de Iliria. Cuando los romanos intentaron, entablar negociaciones con la reina, mediante el envío de embajadores, esta dio orden de darles muerte. Esto desembocó en un conflicto, que se conoce como Primera Guerra Ilírica (229 a.JC., a 228 a.JC.). Durante este conflicto, los cónsules Lucio Postumio Albino, y Cneo Fulvio Centumalo, a la cabeza de un ejército, fueron capaces de derrotar a los ilirios, estableciendo una gran parte del territorio, como un protectorado romano, y ascendiendo al poder a Demetrio de Faros, para que controlara a la Reina Teuta.

Durante ocho años, se mantuvo la paz entre los ilirios, y los romanos, pero en 220 a.JC., Demetrio de Faros, viendo que Roma estaba luchando, contra los celtas de la Galia Cisalpina, e iniciando el conflicto con Cartago, que se conocería como Segunda Guerra Púnica, alimentó sus ansias expansionistas, creyendo que Roma, que ya estaba en guerra, con otros dos contendientes, no sería capaz de responder a una ofensiva, por parte de Iliria. Demetrio, a la cabeza de una flota, de 90 navíos de guerra, inició las hostilidades con Roma, en 220 a.JC., a pesar de que habían sido los propios romanos, los que le habían brindado la oportunidad, de acceder al poder. Este conflicto iniciado por el líder ilirio, se conocería como Segunda Guerra Ilírica. Tras una serie de victorias sin importancia, Demetrio fue derrotado por el almirante naval Lucio Emilio Paulo, padre del general Lucio Emilio Paulo Macedónico, que sería el vencedor, en la Tercera Guerra Macedónica. Demetrio, tras ser derrotado, huyó a la corte del Rey Filipo V de Macedonia, donde permaneció como uno de los mayores consejeros, del monarca heleno.


Conquista de la península ibérica (218 a 19 a.JC.).

Artículo desarrollado → Conquista romana de Hispania.
Vista de satélite de la península ibérica

El conflicto de Roma con los cartagineses, en las Guerras Púnicas, les llevó a expandirse por la península ibérica, las actuales España, y Portugal.[97] El imperio púnico de la familia bárcida, consistía en territorios de Iberia, gran parte del cual, quedó bajo control romano, durante las Guerras Púnicas. Italia siguió siendo, el principal teatro de la guerra, durante gran parte de la Segunda Guerra Púnica, pero los romanos también intentaron destruir, el Imperio Bárcida en Iberia, y evitar que los principales aliados púnicos, se asociaran con las fuerzas de Italia.

Con los años, Roma se había expandido gradualmente, a lo largo de la costa sur de Iberia, hasta capturar la ciudad de Sagunto, en 211 a.JC. Tras dos importantes expediciones militares a Iberia, los romanos terminaron aplastando, el control cartaginés de la península, en 206 a.JC., en la Batalla de Ilipa, y la península pasó a ser una provincia de Roma, conocida como Hispania. A partir del 206 a.JC., la única oposición, al control romano de la península, provino de las propias tribus nativas celtíberas, que debido a su falta de cohesión, no consiguieron evitar la expansión romana.[97]

Tras dos rebeliones, a pequeña escala en 197 a.JC.,[98] en 195 ó 194 a.JC., estalló la guerra entre los romanos, y el pueblo lusitano, llamada Guerra Lusitana, en lo que hoy es Portugal.[99] En 179 a.JC., los romanos habían conseguido pacificar, la mayor parte de la región, y ponerla bajo su control.[98]

Alrededor de 154 a.JC.,[98] resurgió una importante revuelta en Numancia, conocida como la Primera Guerra Numantina,[97] en la que se produjo, una larga guerra de resistencia, entre las fuerzas en avance, de la república romana, y las tribus lusitanas de Hispania. El pretor, Serbio Sulpicio Galba, y el procónsul Lucio Licinio Luculo, llegaron en 151 a.JC., y comenzaron el proceso de dominar, a la población local.[100] Galba traicionó a los líderes lusitanos, a los que había invitado, a unas negociaciones de paz, y que luego mató, en 150 a.JC., dando un fin poco glorioso, a la primera fase de la guerra.[100]

Los lusitanos se sublevaron de nuevo, en 146 a.JC., bajo un nuevo líder llamado Viriato,[98] invadiendo Turdetania (sur de España), en una guerra de guerrillas.[101] Los lusitanos gozaron de un éxito inicial, venciendo al ejército romano, en la Batalla de Tribola, y saqueando Carpetania,[102] y luego venciendo a un segundo ejército romano, en la Primera Batalla del Monte Venus, en 146 a.JC., de nuevo saqueando una ciudad cercana (Segóbriga).[102] En 144 a.JC., el general Quinto Fabio Máximo Emiliano, hizo una exitosa campaña contra los lusitanos, pero fracasó en sus intentos, de arrestar a Viriato.

En 144 a.JC., Viriato formó una liga contra Roma, con varias tribus celtíberas,[103] y las persuadió, para que se alzaran también contra Roma, en la Segunda Guerra Numantina.[104] La nueva coalición de Viriato, venció a los ejércitos romanos, en la Segunda Batalla de Venus, en 144 a.JC.[104] En 139 a.JC., fue finalmente asesinado mientras dormía, por tres de sus compañeros, a los que Roma, había prometido recompensas.[105] En 136 y 135 a.JC., se hicieron otros intentos, para obtener un control completo, sobre la región de Numancia, pero fracasaron. En 134 a.JC., el cónsul Escipión Emiliano, consiguió finalmente suprimir la rebelión, tras su exitoso sitio de Numancia.[106]

Como la invasión romana de la península ibérica, había comenzado en el sur, con los territorios del Mediterráneo, controlados por los bárcidas, la última región de la península, en quedar subyugada, estaba muy al norte. Las Guerras Cántabras, ó astur -cántabras, del 29 a.JC., al 19 a.JC., tuvieron lugar, durante la conquista romana, de estas provincias norteñas de Cantabria, y Asturias. Iberia quedó completamente ocupada en 25 a.JC., y la última revuelta, fue sofocada en 19 a.JC..[107]


Grecia y Macedonia (215 a 148 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerras Romano -Macedónicas.
Artículo desarrollado → Guerra Romano -Siria.
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Iliria, Macedonia y Grecia

La preocupación de Roma, con su guerra con Cartago, le proporcionó a Filipo V de Macedonia, en el norte de Grecia, la oportunidad de intentar extender su poder hacia el oeste. Filipo envió embajadores, al campamento de Aníbal en Italia, para negociar una alianza, como enemigos comunes de Roma.[108][109] Sin embargo, Roma descubrió este acuerdo, cuando los emisarios de Filipo, junto con los de Aníbal, fueron capturados por una flota romana.[108] Queriendo evitar, que Filipo ayudara a Cartago en Italia, o cualquier otro lugar, Roma buscó aliados en Grecia, para hacer una guerra por delegación, contra Macedonia en su lugar, encontrándolos en la Liga Etolia, de ciudades -estado griegas en el Egeo, en la actual Turquía,[109] los ilirios, al norte de Macedonia, y las ciudades -estado de Pérgamo,[110] y Rodas,[110] que hoy en día, se encuentran en el Egeo, en la actual Turquía.[111]

En la Primera Guerra Macedónica, Roma solo se implicó directamente, en algunas operaciones terrestres, y cuando los etolios, pidieron la paz con Filipo, la pequeña fuerza expedicionaria romana, sin más aliados en Grecia, pero habiendo conseguido su objetivo, de mantener ocupado a Filipo, y evitar que ayudara a Aníbal, estaba lista para firmar la paz.[111] Roma y Macedonia, firmaron un tratado en Fenice, en 205 a.JC., que prometía a Roma, una pequeña indemnización,[95] y que formalmente terminaba, con la Primera Guerra Macedónica.[112]

En 200 a.JC., Macedonia empezó a ocupar territorio reclamado, por varias ciudades estado griegas, y estas solicitaron ayuda de su nuevo aliado, Roma.[113] Roma le dio a Filipo un ultimátum, por el que debía someter Macedonia, para que fuera esencialmente una provincia romana. Filipo, naturalmente, lo rechazó y, tras cierta renuencia interna, a mayores hostilidades,[114] Roma le declaró la guerra a Filipo, en la Segunda Guerra Macedónica.[113] En la Batalla del Aoo, las fuerzas romanas de Tito Quincio Flaminino, vencieron a los macedonios,[115] y en 197 a.JC., en una segunda batalla de mayor envergadura, bajo los mismos comandantes, la Batalla de Cinoscéfalos,[116] Flaminino volvió a vencer a los macedonios, de forma contundente.[115][117] Macedonia se vio forzada, a firmar un tratado, por el que renunciaba a todas sus reivindicaciones, sobre el territorio de Grecia, y Asia, y tenía que pagar, una indemnización de guerra a Roma.[118]

Entre la segunda, y la tercera guerra macedónica, Roma encaró más conflictos en la región, debido a una cambiante maraña de rivalidades, alianzas y ligas, que buscaban obtener mayor influencia. Después de la derrota de Macedonia, en la Segunda Guerra Macedónica de 197 a.JC., la ciudad -estado griega de Esparta, entró en el vacío de poder parcial de Grecia. Temiendo que los espartanos, adquirieran un control cada vez mayor, de la región, los romanos recurrieron a la ayuda de sus aliados, para embarcarse en la guerra entre Roma y Esparta, venciendo al ejército espartano, en la Batalla de Gitio, en 195 a.JC..[118] También lucharon con sus anteriores aliados, la Liga Etolia, en la Guerra Etolia,[119] contra los istrianos, en la Guerra Istriana,[120] contra los ilirios en las Guerras Ilíricas,[121] y contra Acaya en la Guerra Acaya.[122]

Luego Roma centró su atención, en Antíoco III del Imperio Seléucida, al este. Tras unas lejanas campañas en Bactria, India, Persia y Judea, Antíoco se trasladó a Asia Menor, y Tracia,[123] para proteger varios pueblos costeros, un movimiento que le llevó a entrar en conflicto, con los intereses romanos. Una fuerza romana, bajo el mando de Manio Acilio Glabrio, venció a Antíoco en la Batalla de las Termópilas,[124] y le forzaron a evacuar Grecia:[125] luego los romanos, persiguieron a los seléucidas, más allá de Grecia, venciéndolos de nuevo, en las batallas navales de Eurimedonte, y Mioneso, y finalmente, en la decisiva Batalla de Magnesia.[125][126]

En 179 a.JC., Filipo murió,[127] y su talentoso y ambicioso hijo, Perseo, tomó el trono, y mostró un renovado interés en Grecia.[128] También se alió, con los belicosos Bastarnos,[128] y tanto esto, como sus acciones en Grecia, violaron posiblemente el tratado, que firmó su padre con los romanos o, si no, ciertamente no era «comportarse como debe hacerlo un subordinado [según Roma]».[128] Roma le declaró de nuevo la guerra a Macedonia, dando comienzo a la Tercera Guerra Macedónica. Inicialmente, Perseo tuvo más éxitos militares, contra los romanos que su padre, al ganar la Batalla de Callicinus, contra un ejército consular romano. Sin embargo, como con casi todos estos atrevimientos de la época, Roma respondió simplemente enviando otro ejército. El segundo ejército consular, venció debidamente a los macedonios, en la Batalla de Pidna en 168 a.JC.,[129][127] y los macedonios, sin las reservas de que disponían los romanos, y con el rey Perseo capturado,[130] capitularon, dando fin a la Tercera Guerra Macedónica.[131]

La Cuarta Guerra Macedónica, que tuvo lugar desde 150 a.JC., hasta 148 a.JC., fue la guerra final entre Roma, y Macedonia. Comenzó cuando Andrisco, usurpó el trono macedonio. Los romanos reunieron un ejército consular, bajo el mando de Quinto Cecilio Metelo, que venció con rapidez a Andrisco, en la Segunda Batalla de Pidna.


República romana tardía (147 a 30 a.JC.).

Guerra de Yugurta (111 a 104 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerra de Yugurta.


En las anteriores Guerras Púnicas, Roma había obtenido, grandes extensiones de territorio en África, que consolidaron en los siglos posteriores,[132] y buena parte de él, había sido concedido al reino de Numidia, un reino de la costa norteafricana, que se aproxima a la actual Argelia, en pago por su ayuda militar del pasado.[133] La Guerra de Yugurta de 111 a 104 a.JC., enfrentó a Roma contra Yugurta de Numidia, y constituyó la pacificación romana final, del Norte de África,[134] después de la cual, Roma dejó de expandirse en ese continente, tras alcanzar las barreras naturales de desierto, y la montaña. Tras la usurpación del trono numidio, por parte de Yugurta,[135] un aliado leal a Roma, desde las Guerras Púnicas,[136] Roma se vio obligada a intervenir. Yugurta sobornó imprudentemente a los romanos, para que aceptaran su usurpación,[137][138][139] y se le concedió la mitad del reino. Tras posteriores agresiones, e intentos de soborno, los romanos enviaron un ejército, para hacerle frente. Los romanos fueron derrotados, en la Batalla de Suthul,[140] pero respondieron mejor, en la Batalla de Muthul,[141] y finalmente vencieron a Yugurta, en la Batalla de Thala,[142][143] la Batalla de Mulucha,[144] y la Batalla de Cirta.[145] Al final, Yugurta fue capturado, no en batalla sino por traición,[146][147] y se dio fin a la guerra.[148]


Resurgimiento de la amenaza celta (121 a 101 a.JC.).

En 121 a.JC., los recuerdos de Roma, siendo saqueada por las tribus celtas de la Galia, todavía estaban frescos, a pesar de su distancia histórica, habiéndose convertido en un relato legendario, que se enseñaba a todas las generaciones, de jóvenes romanos. Sin embargo, Roma iba a enfrentarse a un resurgimiento de la amenaza celta, dos veces, en los siguientes veinte años. Primero, en 121 a.JC., Roma entró en contacto con las tribus celtas de los alóbroges, y los arvernos, ambas vencidas con aparente facilidad, en la Primera Batalla de Avignon, cerca del río Ródano, y en la Segunda Batalla de Avignon, aquel mismo año.[149]

La Guerra Cimbria (113 a 101 a.JC.), fue un asunto mucho más serio, que los enfrentamientos de 121 a.JC.. Las tribus germánico-celtas de los cimbrios,[150] y los teutones,[150] emigraron desde el norte de Europa, hacia los territorios norteños de Roma,[151] enfrentándose a Roma y sus aliados.[152] La Guerra Cimbria, fue la primera vez desde la Segunda Guerra Púnica, que Italia, y la propia Roma, habían estado seriamente amenazadas, y causó un gran miedo en Roma,[152] durante un tiempo. Cuando los cimbrios, le concedieron involuntariamente un respiro a los romanos, desviándose para saquear España,[153] Roma tuvo la oportunidad, de prepararse cuidadosamente, y enfrentarse con éxito a los cimbrios,[151] en la Batalla de Aquae Sextae,[153] y la Batalla de Vercelae.[153]


Tensiones internas (135 a 71 a.JC.).

Las numerosas campañas en el extranjero de los generales romanos, y la recompensa a los soldados, con los saqueos de estas campañas, provocó una tendencia general, a que los soldados se hicieran más leales a sus generales, que al estado, y una voluntad de seguir a sus generales, hacia una batalla contra el estado.[154] Además, Roma fue acosada, por varios levantamientos de esclavos, durante este periodo, en parte porque durante el siglo anterior, se habían entregado muchas tierras para la agricultura, en las que los esclavos superaban ampliamente en número, a sus amos romanos. En el último siglo anterior a la era común, tuvieron lugar al menos doce rebeliones. Este patrón no cambió, hasta que Octavio (más tarde César Augusto), terminó con él, al convertirse en un serio oponente, a la autoridad del Senado, y ser nombrado princeps («emperador»).

Entre 135 a.JC., y 71 a.JC., tuvieron lugar tres «Guerras Serviles»: levantamientos de esclavos, contra el estado romano. La tercera, la más seria,[155] involucró al final, a entre 120.000,[156] y 150.000,[157] esclavos sublevados. Además, en 91 a.JC., estalló la Guerra Social, entre Roma, y sus anteriores aliados en Italia,[158][159] conocidos colectivamente como los socii, por la oposición entre los aliados, a compartir los riesgos, de las campañas militares romanas, pero no sus recompensas.[160][161][151] A pesar de sufrir derrotas, como la de la Batalla del Lago Fucino, las tropas romanas, vencieron a las milicias italianas, en varios enfrentamientos decisivos, especialmente la Batalla de Asculum. Aunque perdieron militarmente, los socii, lograron sus objetivos, con las proclamaciones de la Lex Julia, y la Lex Plautia Papiria, que concedía la ciudadanía, a más de 500.000 italianos.[160]

Artículo desarrollado → Primera Guerra Civil de la República de Roma.


Sin embargo, la tensión interna, alcanzó su mayor gravedad, en las dos guerras civiles, o marchas sobre Roma, del cónsul Lucio Cornelio Sila, al comienzo de 82 a.JC., en la Batalla de la Puerta Colina, en la misma puerta, de la ciudad de Roma, un ejército romano bajo el mando de Sila, venció a un ejército del senado romano, junto con algunos aliados samnitas.[162] Fueran cuales fueran sus quejas contra el poder, sus acciones marcaron un hito, en la disposición de las tropas romanas, a hacer la guerra unos contra otros, algo que allanaría el camino para las guerras del triunvirato, el derrocamiento del Senado, como la jefatura de facto, del estado romano, y la consiguiente usurpación endémica, del tardío Imperio.


Conflictos con Mitrídates (89 a 63 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerras Romano -Mitridáticas.

Mitrídates el Grande, fue rey de Ponto (ó Pontus),[163] un gran reino de Asia Menor, de 120 a.JC., a 63 a.JC.. Se le recuerda, como uno de los enemigos de Roma, más formidables y exitosos, que se enfrentó a tres, de los generales más importantes, de la república romana tardía: Sila, Luculo, y Pompeyo Magno. Siguiendo el patrón familiar, de las Guerras Púnicas, los romanos entraron en conflicto con él, cuando las esferas de influencia de los dos estados, empezaron a solaparse. Mitrídates se enemistó con Roma, al intentar expandir su reino,[164] y Roma, por su parte, deseaba igualmente la guerra, y el botín, y el prestigio que podría conllevar.[165][163] Tras conquistar el oeste de Anatolia (actual Turquía), en 88 a.JC., las fuentes romanas, informan de que Mitrídates, ordenó el asesinato de la mayoría de los 80.000 romanos, que vivían allí.[166] Puede que esta masacre, fuera una gran exageración de los romanos, pero fue la razón oficial dada, para el comienzo de las hostilidades de la Primera Guerra Mitridática. El general romano Lucio Cornelio Sila, forzó a Mitrídates a salir de Grecia, tras la Batalla de Queronea, y la posterior Batalla de Orcómeno, pero luego tuvo que regresar a Italia, para responder a la amenaza interna, que planteaba su rival Mario: por tanto, Mitrídates VI fue vencido pero no batido. Se firmó una paz, entre Roma y Ponto, pero se demostró que solo sería una tregua temporal.

La Segunda Guerra Mitridática, dio comienzo cuando Roma, intentó anexionarse Bitnia, como provincia. En la Tercera Guerra Mitridática, se envió primero a Lucio Licinio Luculo, y luego a Pompeyo Magno, contra Mitrídates.[167] Finalmente, Mitrídates fue derrotado por Pompeyo, en la nocturna Batalla del Lico.[168]


Campaña contra los piratas cilicios (67 a.JC.).

Artículo desarrollado → Batalla de Coracesio.


En esta época, el Mediterráneo había caído en manos de los piratas,[169] en gran parte de Cilicia.[170] Roma había destruido muchos de los estados, que solían patrullar el Mediterráneo con sus flotas, pero no habían conseguido rellenar el hueco dejado.[171] Los piratas se habían aprovechado, del vacío de poder relativo, y no solo habían estrangulado las rutas marítimas, sino que también habían saqueado, muchas ciudades de las costas de Grecia, y Asia,[170] y habían hecho desembarcos, incluso en la propia Italia.[172] Después de que el almirante romano Marco Antonio, fracasara en liquidar a los piratas, para satisfacción de las autoridades romanas, Pompeyo fue nombrado su sucesor, como comandante de un destacamento especial naval, para hacer una campaña contra los piratas.[173][167] Supuestamente a Pompeyo, le llevó sólo cuarenta días, despejar de piratas, la parte oeste del mar,[174][170] y restaurar la comunicación entre España, África, e Italia. Plutarco describe cómo Pompeyo, primero barrió sus naves del Mediterráneo, en una serie de pequeñas acciones, y con la promesa de rendir honor, a las rendiciones de las ciudades, y los barcos. Luego siguió al cuerpo principal de los piratas, hasta sus fortalezas de la costa de Cilicia, y las destruyó en la batalla naval de Coracesio.[175]


Primeras campañas de César (59 a 50 a.JC.).

Artículo desarrollado → Guerra de las Galias.
Archivo:Caesar's Campaigns in Gaul, 1st century BC.gif
Mapa de las guerras galas. La principal fuente de estas guerras es De Bello Gallico, del propio Julio César. En pleno siglo XX, la dominación romana de la Galia sirvió, según algunos,[176] al general De Gaulle, para auspiciar la creación de Astérix y Obélix, como símbolo de resistencia frente al invasor. En el cómic los romanos son caricaturizados, y se muestran incapaces de conquistar la aldea gala. Según Uderzo, el guionista Goscinny «iba siempre con la Guerra de las Galias, de Julio César, bajo el brazo, y decía que si él se tomó ciertas libertades con la realidad, nosotros podíamos hacer otro tanto».[177]

Durante un periodo como pretor en España, el contemporáneo de Pompeyo, Julio César, de la familia romana Julia, venció a los galaicos y a los lusitanos en batalla.[178] Tras un periodo consular, le fue designado un periodo de cinco años, como gobernador proconsular, de la Galia Transalpina (el sudeste francés actual), y de Iliria (la costa de Dalmacia).[179][178] Descontento con un gobierno ocioso, César se esforzó por encontrar una razón, para invadir la Galia, lo que le proporcionaría el espectacular éxito militar que buscaba.[180] Para este fin, despertó las pesadillas populares, del primer saqueo de Roma por los galos, y el espectro más reciente de los cimbrios, y los teutones.[180] Cuando las tribus helvéticas, y tigurinas,[178] empezaron a migrar en una ruta que les llevaría cerca (aunque no dentro),[181] de la provincia romana, de la Galia Transalpina, César halló la excusa, apenas suficiente, para embarcarse en su Guerra de las Galias, que tuvo lugar entre 58 a.JC., y 49 a.JC..[182] Tras masacrar a la tribu de los helvéticos,[183] se embarcó en una campaña, «larga, amarga y costosa»,[184] contra otras tribus, a lo largo y ancho de la Galia, muchas de las cuales, habían luchado junto a Roma, contra su enemigo común, los helvecios,[181] y anexionó sus territorios a los de Roma. Plutarco afirma que esta campaña, tuvo un coste de un millón de vidas galas.[185] Aunque «fieros y capaces»,[184] los galos tenían el handicap, de su falta de cohesión interna, y durante el curso de una década, cayeron en una serie de batallas.[184][186]

César venció a los helvéticos, en 58 a.JC., en la Batalla del Arar, y en la Batalla del Bribacte,[187] a la confederación belga, conocida como los belgae, en la Batalla del Aisne,[183][178] a los nervios, en 57 a.JC., en la Batalla del Sambre,[188][178] a los aquitanos, treverios, tencterios, eduos, y eburones en batallas desconocidas,[183] y a los vénetos, en 56 a.JC..[183] En 55 a.JC., y 54 a.JC., hizo dos expediciones a Britania.[189][183] En 52 a.JC., tras el asedio de Avaricum, y una serie de batallas poco decisivas,[190] César venció a una unión de galos, comandada por Vercingetórix,[191] en la Batalla de Alesia,[192][193] completando la conquista romana de la Galia Transalpina. En 50 a.JC., toda la Galia estaba en manos romanas.[192] César registró también, su propio relato de estas campañas, en sus Commentarii de Bello Gallico ('Comentarios sobre la Guerra de las Galias').

Galia nunca recuperó su identidad celta, nunca intentó otra rebelión nacionalista, y permaneció leal a Roma, hasta la caída, del Imperio Occidental en 476. Sin embargo, aunque a partir de entonces Galia permanecería leal, estaban apareciendo grietas, en la unidad política de las figuras gobernantes de Roma, —en parte por una preocupación, sobre la lealtad de las tropas galas de César, a su persona en lugar de al estado[184]—, que pronto hundiría a Roma, en una larga serie de guerras civiles.


Triunviratos, ascensión de César, y revueltas (53 a 30 a.JC.).

Archivo:Caesar and Pompey.JPG
Bustos de César (izquierda) y Pompeyo
Artículo desarrollado → Segunda Guerra Civil de la República de Roma.


En 59 a.JC., se formó una alianza política no oficial, conocida como Primer Triunvirato, entre Cayo Julio César, Marco Licinio Craso, y Cneo Pompeyo Magno, para compartir poder e influencia.[194] Siempre fue una alianza incómoda, ya que Craso, y Pompeyo, sentían una intensa antipatía, el uno por el otro. En 53 a.JC., Craso lanzó una invasión romana, del Imperio Parto. Tras unos éxitos iniciales,[195] marchó con su ejército, al interior del desierto;[196] pero allí quedó aislado, en territorio enemigo, rodeado y masacrado,[183] en la Batalla de Carrhae,[197][198] «la mayor derrota de Roma desde Aníbal»,[199] en la que murió el propio Craso.[200] La muerte de Craso, perturbó parte del equilibrio del triunvirato y, consecuentemente, César, y Pompeyo, empezaron a apartarse. Mientras que César, luchaba contra Vercingetórix, en Galia, Pompeyo aplicó en Roma, una agenda legislativa, que como mucho era ambivalente con César,[201] y quizás estaba aliado secretamente, con los enemigos políticos de este. En 51 a.JC., algunos senadores romanos exigieron, que no se le permitiera a César, presentarse a cónsul, a menos que cediera el control de sus ejércitos, al estado, y otras facciones hicieron la misma demanda, sobre Pompeyo.[202][203] Renunciar a su ejército, dejaría a César, indefenso frente a sus enemigos. César eligió la guerra civil, a ceder su mando, y enfrentarse a un proceso.[202] El triunvirato estaba deshecho, y el conflicto era inevitable.

Inicialmente, Pompeyo le aseguró a Roma, y al Senado, que podría derrotar a César en batalla, si este marchaba sobre Roma.[204][205] Sin embargo, en la primavera de 49 a.JC., cuando César cruzó el río Rubicón, con sus fuerzas invasoras, y barrió la península italiana, hacia Roma, Pompeyo ordenó la evacuación de Roma.[204][205] El ejército de César, no estaba en su máximo esplendor, pues ciertas unidades, permanecían en Galia,[204] pero por otro lado, Pompeyo sólo tenía una pequeña fuerza, bajo su mando, en la que algunos soldados, de lealtad dudosa, habían servido al mando de César.[205] Tom Holland, atribuye el deseo de Pompeyo, de abandonar Roma, a las olas de refugiados aterrados, que despertaron los miedos ancestrales, de las invasiones del norte.[206] Las fuerzas de Pompeyo, se retiraron al sur, hacia Brindisi,[207] y luego embarcaron hacia Grecia.[205][208] César dirigió su atención primero, al baluarte de Pompeyo en Hispania,[209] pero tras la campaña de César, en el Sitio de Massilia, y la Batalla de Ilerda, decidió enfrentarse al propio Pompeyo en Grecia.[210][211] Pompeyo venció a César en un principio, en la Batalla de Dirraquium, en 48 a.JC.,[212] pero fue derrotado contundentemente, en la Batalla de Farsalia, en 48 a.JC.,[213][214] a pesar de superar, a las fuerzas de César, en dos a uno.[215] Pompeyo embarcó de nuevo, esta vez a Egipto, donde fue asesinado,[216][217] en un intento de congraciar al país con César, y evitar una guerra con Roma.[199][213]

La muerte de Pompeyo, no supuso el fin de las guerras civiles, ya que los enemigos de César, eran multitud, y los partidarios de Pompeyo, siguieron luchando tras su muerte. En 46 a.JC., César perdió quizás, un tercio de su ejército, cuando su anterior comandante, Tito Labieno, que había huído con los pompeyanos, varios años antes, le venció en la Batalla de Ruspina. Sin embargo, tras estas horas bajas, César regresó para vencer al ejército pompeyano, de Metelo Escipión, en la Batalla de Tapso, tras la cual los pompeyanos, se retiraron de nuevo a Hispania. César, venció a las fuerzas combinadas de Tuto Labieno, y Cneo Pompeyo el Joven, en la Batalla de Munda, en Hispania (España). Labieno murió en batalla, y Pompeyo el Joven fue capturado, y ejecutado.

«Los partos empezaron a lanzar desde todos los flancos. No escogieron a ningún blanco en particular, ya que los romanos estaban tan juntos que difícilmente podían fallar... Si mantenían la posición, eran heridos. Si intentaban cargar contra el enemigo, el enemigo no sufría más y ellos no sufrían menos, porque los partos podían lanzar incluso al huir... Cuando Publio los animó a cargar contra los jinetes con cotas de malla del enemigo, le mostraron que sus manos estaban remachadas a sus escudos y sus pies profundamente clavados en el suelo, así que eran incapaces de huir o de defenderse».
Plutarco sobre la Batalla de Carrhae[218]

A pesar de sus éxitos militares, o quizás, a consecuencia de ellos, se extendió el miedo a que César, que ahora era la figura principal, del estado romano, se convirtiera en un gobernante autocrático, y terminara con la República Romana. Este miedo llevó a un grupo de senadores, que se hacían llamar Los Liberadores, a asesinarle en 44 a.JC..[219] Tras esto, hubo una guerra civil, entre los leales a César, y los que apoyaron las acciones de los Liberadores. El partidario de César, Marco Antonio, reprendió a los asesinos, y estalló la guerra, entre las dos facciones. Antonio, fue denunciado como enemigo del pueblo, y se le confió a Octavio el mando, para hacerle la guerra. En la Batalla de Forum Gallorum, Antonio, sitiando al asesino de César, Marco Junio Bruto, en Módena, venció a las fuerzas del cónsul Pansa, que fue asesinado, pero inmediatamente después, Antonio fue derrotado por el ejército de otro cónsul, Ircio. En la Batalla de Módena, Antonio fue derrotado, de nuevo en batalla por Ircio, que murió en ella. Aunque Antonio, no consiguió capturar Módena, Décimo Bruto fue asesinado poco después.


Artículo desarrollado → Tercera Guerra Civil de la República de Roma.


Octavio traicionó a su partido, y entró en relaciones con los cesáreos, Antonio, y Lépido, y el 29 de noviembre de 43 a.JC., se formó el Segundo Triunvirato,[220] esta vez como figura oficial.[219] En 42 a.JC., los triunviros, Marco Antonio, y Octavio, lucharon la poco concluyente Batalla de Filipos, contra los asesinos de César, Marco Bruto, y Casio. Aunque Bruto venció a Octavio, Antonio venció a Casio, que se suicidó. Bruto también se suicidó poco después.

Sin embargo, estalló de nuevo la guerra civil, cuando el Segundo Triunvirato de Octavio, Lépido, y Marco Antonio, fracasó igual que el primero, en cuanto hubieron desaparecido sus oponentes. El ambicioso Octavio, construyó una base de poder, y luego lanzó una campaña, contra Marco Antonio.[219] Junto a Lucio Antonio, el hermano de Marco Antonio, Fulvia levantó un ejército en Italia, para luchar contra Octavio, pero fue derrotado por Octavio, en la Batalla de Perugia. Su muerte, produjo una reconciliación parcial, entre Octavio, y Antonio, que prosiguió para aplastar al ejército de Sexto Pompeyo, el último foco de oposición, al segundo triunvirato, en la naval Batalla de Nauloco.

Al igual que antes, una vez que fue aplastada la oposición al triunvirato, este empezó a resquebrajarse. El triunvirato expiró el último día de 33 a.JC., no fue renovado por ley, y en 31 a.JC., volvió a estallar la guerra. En la Batalla de Actium,[221] Octavio, venció decisivamente a Antonio, y Cleopatra, en un combate naval, cerca de Grecia, utilizando el fuego, para destruir la flota enemiga.[222]

A continuación, Octavio se convirtió en Emperador de Roma, bajo el nombre de Augusto,[221] y, en ausencia de asesinos políticos, o usurpadores, consiguió expandir en gran medida, las fronteras del Imperio.


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Referencias.

Artículos relacionados

Fuentes empleadas y notas

  1. Grant, The History of Rome, p. 33
  2. a b Floro, Epítome de la historia de Tito Livio,1.9
  3. a b Grant, The History of Rome, p. 32
  4. Livio, The Rise of Rome, p. 77
  5. Livio, The Rise of Rome, xxxi
  6. Livio, The Rise of Rome, p. 80
  7. a b Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, 1.11
  8. a b Grant, The History of Rome, p. 38
  9. a b Grant, The History of Rome, p. 37
  10. Livio, The Rise of Rome, p. 89
  11. Dión Casio, Historia romana, Vol. 1, VII, 17
  12. Dión Casio, Historia romana, Vol. 1, VII, 16
  13. a b c The Enemies of Rome, p. 13
  14. Grant, The History of Rome, p. 39
  15. Livio, The Rise of Rome, p. 96
  16. Grant, The History of Rome, p. 41
  17. a b c Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, 1.12
  18. a b Grant, The History of Rome, p. 42
  19. Dión Casio, Historia romana, Vol. 1, VII, 20
  20. Pennell, Ancient Rome, Cap. II
  21. a b c d e f Grant, The History of Rome, p. 44
  22. a b c d e f Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, 1.13
  23. a b c Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, párrafo 2
  24. Livio, The Rise of Rome, p. 329
  25. Lane Fox, The Classical World, p. 283
  26. Livio, The Rise of Rome, p. 330
  27. Apiano, Historia romana, Las guerras galas, §1
  28. Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, párrafo 4
  29. Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, árrafo 23
  30. a b c d Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro I, cap. 16
  31. Lane Fox, The Classical World, p. 282
  32. Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, párrafo 8
  33. a b Grant, The History of Rome, p. 48
  34. a b Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, párrafo 13
  35. Grant, The History of Rome, p. 49
  36. Pennell, Ancient Rome, Cap. IX, párrafo 14
  37. a b c Grant, The History of Rome, p. 52
  38. a b Lane Fox, The Classical World, p. 290
  39. Grant, The History of Rome, p. 53
  40. Grant, The History of Rome, p. 77
  41. a b MatyszakThe Enemies of Rome, p. 14
  42. a b c d e Grant, The History of Rome, p. 78
  43. Lane Fox, The Classical World, p. 294
  44. Cantor, Antiquity, p. 151
  45. Pennell, Ancient Rome, cap. 10, párrafo 6
  46. Lane Fox, The Classical World, p. 304
  47. a b c d Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro I, cap. 18
  48. a b Lane Fox, The Classical World, p. 305
  49. a b c Grant, The History of Rome, p. 79
  50. Grant, The History of Rome, p. 79
  51. Dión Casio, Historia romana, 1.8.3.
  52. Pennell, Ancient Rome, cap. X, párrafo 11.
  53. a b c Lane Fox, The Classical World, p. 306
  54. Lane Fox, The Classical World, p. 307
  55. Pennell, Ancient Rome, Cap. XI, párrafo 1
  56. a b Grant, The History of Rome, p. 80
  57. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 16
  58. Salustio, Guerra de Yugurta, 19.
  59. a b c Cantor, Antiquity, p. 152
  60. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 13
  61. Goldsworthy, The Punic Wars, p.68
  62. Dión Casio, Historia romana, Vol. 1.8.8
  63. Pennell, Ancient Rome, Cap. XII, párrafo 14
  64. Lane Fox, The Classical World, p. 309
  65. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 113
  66. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 84
  67. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 86
  68. a b Goldsworthy, The Punic Wars, p. 87
  69. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 88
  70. Lane Fox, The Classical World, p. 310
  71. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 90
  72. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 128
  73. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 3
  74. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 4
  75. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 29
  76. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 25
  77. Pennell, Ancient Rome, Cap. XIII, párrafo 15
  78. a b c d Cantor, Antiquity, p. 153
  79. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 27
  80. a b Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 30
  81. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 29
  82. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 31
  83. Polibio, Historias, 243
  84. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 34
  85. Polibio, Historias, 263
  86. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 36
  87. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 38
  88. Liddell Hart, Scipio Africanus, p. xiii
  89. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 40
  90. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 41
  91. Pennell, Ancient Rome, Cap. XV, párrafo 24
  92. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 338
  93. a b Goldsworthy, The Punic Wars, p. 339
  94. a b Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 15
  95. a b Cantor, Antiquity, p. 154
  96. Goldsworthy, The Punic Wars, p. 12
  97. a b c Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 17
  98. a b c d Grant, The History of Rome, p. 122
  99. Pennell, Ancient Rome, Cap. XX, párrafo 2
  100. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 54
  101. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 56
  102. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 57
  103. Pennell, Ancient Rome, Cap. XX, párrafo 4
  104. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 58
  105. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 61
  106. Grant, The History of Rome, p. 123
  107. Luttwak, The Grand Strategy of the Roman Empire, p. 8
  108. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 47
  109. a b Grant, The History of Rome, p. 115
  110. a b Grant, The History of Rome, p. 116
  111. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 48
  112. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 71
  113. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 49
  114. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 72
  115. a b Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 73
  116. Grant, The History of Rome, p. 117
  117. Lane Fox, The Classical World, p. 325
  118. a b Matyszak, The Enemies of Rome. p. 51
  119. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 9
  120. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 10
  121. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 13
  122. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro II, cap. 16
  123. Pennell, Ancient Rome, Cap. XVII, párrafo 1
  124. Lane Fox, The Classical World, p. 325
  125. a b Grant, The History of Rome, p. 119
  126. Lane Fox, The Classical World, p. 326
  127. a b Grant, The History of Rome, p. 120
  128. a b c Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 75
  129. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 92
  130. Lane Fox, The Classical World, p. 328
  131. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 53
  132. Luttwak, The Grand Strategy of the Roman Empire, p. 9
  133. Salustio, Guerra de Yugurta, V
  134. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 29
  135. Salustio, Guerra de Yugurta, XII
  136. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 64
  137. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 65
  138. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro III, cap. 1
  139. Salustio, Guerra de Yugurta, XIII
  140. Salustio, Guerra de Yugurta, XVIII
  141. Salustio, Guerra de Yugurta, LII
  142. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 69
  143. Salustio, Guerra de Yugurta, LXXVI
  144. Salustio, Guerra de Yugurta, XCIV
  145. Salustio, Guerra de Yugurta, CI
  146. Grant, The History of Rome, p. 153
  147. Salustio, Guerra de Yugurta, CXIII
  148. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 71
  149. Grant, The History of Rome, p. 152
  150. a b Appian, History of Rome, §6
  151. a b c Matyszak, The Enemies of Rome, p. 75
  152. a b Santosuosso, Storming the Heavens, p. 6
  153. a b c Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro III, cap. 3
  154. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 39
  155. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 77
  156. Apiano, Guerras civiles, 1, 117
  157. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 43
  158. Grant, The History of Rome, p. 156
  159. Lane Fox, The Classical World, p. 351
  160. a b Cantor, Antiquity, p. 167
  161. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 30
  162. Grant, The History of Rome, p. 161
  163. a b Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, 3,5
  164. Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, 3,5.
  165. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 76
  166. Grant, The History of Rome, p. 158
  167. a b Lane Fox, The Classical World, p. 363
  168. Plutarco, Vidas, Pompeyo.
  169. Plutarco, Vidas, Pompeyo
  170. a b c Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro III, cap. 6
  171. Grant, The History of Rome, p. 165
  172. Holland, Rubicon, p. 170
  173. Plutarco, Vidas, Pompeyo
  174. Cicerón, Pro Lege Manilia, 12 o De Imperio Cn. Pompei (en favor de la Ley Manilia sobre el mando de Pompeyo), 66 d. C.
  175. Plutarco, Vidas, Pompeyo
  176. Albert Uderzo: «Recuerdo ahora con humor que se dijo en 1959 que De Gaulle nos había inducido a crear Astérix como un símbolo de resistencia y de soberanía». Magazine El Mundo: Entrevista a Albert Uderzo
  177. Reportaje El País: La última hazaña de Astérix.
  178. a b c d e Plutarco, Vidas, César
  179. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 58
  180. a b Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 187
  181. a b Matyszak, The Enemies of Rome, p. 117
  182. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 191
  183. a b c d e f Floro, Epítome de la historia de Tito Livio, Libro III, cap. 10
  184. a b c d Cantor, Antiquity, p. 162
  185. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 48
  186. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 116
  187. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 59
  188. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 201
  189. Santosuosso, Storming the Heavens, p. 60
  190. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 204
  191. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 78
  192. a b Santosuosso, Storming the Heavens, p. 62
  193. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 212
  194. Cantor, Antiquity, p. 168.
  195. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 133
  196. Plutarco, Vidas de los más ilustres Griegos y Romanos, p. 266
  197. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 213
  198. Matyszak, The Enemies of Rome, p. 79
  199. a b Cantor, Antiquity, p. 169
  200. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 271
  201. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 214
  202. a b Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 215
  203. Lane Fox, The Classical World, p. 398
  204. a b c Holland, Rubicon, p. 299
  205. a b c d Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 216
  206. Holland, Rubicon, p. 298
  207. Holland, Rubicon, p. 303
  208. Lane Fox, The Classical World, p. 402
  209. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 217
  210. Julio César, De Bello Civile, 81–92
  211. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 218
  212. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 220
  213. a b Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 227
  214. Lane Fox, The Classical World, p. 403
  215. Holland, Rubicon, p. 312
  216. Lane Fox, The Classical World, p. 404
  217. Plutarco, Vidas, Pompeyo
  218. Plutarco, Vida de Craso, XXIII–V
  219. a b c Cantor, Antiquity, p. 170
  220. Goldsworthy, In the Name of Rome, p. 237
  221. a b Luttwak, The Grand Strategy of the Roman Empire, p. 7
  222. Dión Casio, Historia romana: El reinado de Augusto, p. 61


Otras fuentes de información