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Uso del radar en la Kriegsmarine
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
El 31 de mayo de 1943, Döenitz se dirige a Berchtesgaden para entrevistarse con el Führer. Adolf Hitler escucha atentamente:
«Este mes hemos perdido el 30% de los submarinos en operaciones. Tales pérdidas son demasiado elevadas . En consecuencia he replegado los submarinos al norte del Atlántico al oeste de las Azores, donde, me complazco en esperarlo, la vigilancia aérea del enemigo será menos intensa. Mi intención es reanudar el ataque a los convoyes del Atlántico norte una vez que los buques hayan recibido nuevas armas y medios de defensa eficaces. Lo que necesitan ante todo es un receptor que les prevenga que han sido captados por el radar de un avión. No lo poseemos. No sabemos tampoco de qué onda se vale el adversario para localizarnos, ni si utiliza dispositivos de alta frecuencia u otros. Hemos puesto manos a la obra para descubrirlo »
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[escribe] La casualidad acude en ayuda de Alemania
Algunas semanas más tarde, la casualidad acude en ayuda de los ingenieros de la casa Telefunken en la torre D. C. A. de Humboldt Haine, a fin de hacer funcionar el radar británico. Un segundo aparato, retirado de un avión derribado, es enviado a Berlín. Por una coincidencia, las partes intactas de aquél sustituyen exactamente las partes destruidas del primero. Se realiza el montaje definitivo y lo ponen en funcionamiento. Lo que comprueban los deja sin aliento
Se convoca una nueva reunión de sabios y técnicos de alta frecuencia: son aquellos que vienen trabajando desde meses atrás desde el dramático llamado que les hiciera el almirante mayor Karl Dönitz. En la reunión se presenta un gran disco curvado de cristal transparente; una aplicación del tubo de Braun. Éste es recorrido por una inquieta luz verdosa. Una antena gira lentamente por encima en la noche de un día de agosto; la antena se encuentra sobre una plataforma superior de la torre de la D. C. A. de Humboldt Haine. Lo que ven, es una fiel imagen de la villa que se extiende; esta imagen no es tan nítida como una fotografía a pleno sol, pero es lo suficientemente precisa en sus contornos y detalles para permitir reconocerla por entero; las calles, las casas, las iglesias y los bosques de la periferia. Comprenden en seguida por qué los bombarderos aliados descubren sus objetivos en todo tiempo y la causa de que los submarinos sean descubiertos tan pronto emergen, a pesar de la noche, las nubes y la bruma.
El aparato emite impulsos de alta frecuencia que se reflejan sobre todos los objetos con que tropiezan para regresar con objeto de trazar fielmente los contornos de los mismos, indicando sobre el «ojo» del radar su distancia y dirección. Funciona en la onda increíblemente pequeña de 9 centímetros.
[escribe] Las investigaciones alemanas
Un grupo de ingenieros de la G. E. M. A., sociedad privada que se ocupaba de la detección radioeléctrica asistieron en octubre de 1934, en Pelzerhaken, sobre el mar Báltico, a los ensayos efectuados con el «Grille», que iba y venía por alta mar. El aparato funcionaba en la onda de 48 centímetros. Se consiguió medir la distancia a que se hallaba el buque, hasta el límite relativamente considerable de los 11.000 metros. A partir de ese instante se concibió la idea de emitir impulsos y captar su regreso mediante un tubo de Braun. Mas el Alto Mando de la Marina lo impidió, por ser el tubo de Braun una lámpara de cristal extremadamente frágil, sobre todo pensando que iba a ser montado sobre un buque de guerra que está expuesto a sufrir terribles sacudidas; solicitaron entonces, los mandos navales, que se valgan de otros métodos o utilicen un receptor de impulsos más robusto. Lo desecharon.
En 1935 los ingenieros de la G. E. M. A., experimentaron en la longitud de onda de 14 centímetros. Los experimentos resultaron un fiasco, porque el receptor solo captaba el retorno a partir de los 3.000 metros. Renunciaron a su desarrollo sin sospechar su verdadero alcance. Así, pues, los experimentos con las ondas decimétricas, fueron abandonadas definitivamente. Los aliados, siguieron el camino inverso; en 1935, cuando los alemanes trabajaban en las ondas de los 14 centímetros, los ingleses no estaban aún más que en las ondas de 11 metros; pero fueron achicando las ondas en su investigación, para llegar por último, mediada la guerra, ha desarrollar las posibilidades que ofrecían las ondas extremadamente cortas de 9 centímetros. El aparato que construyeron desempeñó un importantísimo papel.
Este progreso no pasó inadvertido en el campo alemán. Cuando el 2 de agosto de 1939, el dirigible Graf Zeppelín hizo una «visita amistosa» a Inglaterra, se retrasó un poco en la costa británica. Se olfateaba ya el secreto; pero, como relata Churchill en sus Memorias, las estaciones de radar de esta costa habían recibido la orden de mantener absoluto silencio durante la estancia del dirigible. Éste llevaba a bordo especialistas provistos de aparatos receptores. A su retorno a Alemania, reportaron, que no habían observado ninguna actividad referente a la detección radioeléctrica.
El Alto Mando Naval, no se dejó engañar. Sabían por otros medios, que los ingleses se entregaban a investigaciones de los impulsos de alta frecuencia y era absolutamente necesario saber en qué longitud de onda operaban y sobre todo cuáles eran los resultados obtenidos. Ese deseo fue parcialmente satisfecho en el verano de 1940, cuando los ejércitos alemanes avanzaron hasta la costa del Canal de la Mancha y se hizo posible la observación de las estaciones adversarias desde puntos más próximos. Los técnicos advirtieron de sus posibilidades y de la necesidad de seguir investigando. Sin embargo, Göering, se burlaba de esos «ridículos temores». Según él, todo lo que no podía ser utilizado en los siguientes seis meses no presenta interés alguno. La época que siguió a la campaña de Francia fue la de la confianza exagerada, aquella en que Keitel, recientemente promovido a mariscal, no vacilaba en proclamar: «¡Hemos ganado la guerra, pero los otros aún no se han dado cuenta de ello!»
[escribe] Decisiones erradas
Hitler por aquella época prohibió que se emprendiera cualquier investigación que no fuera susceptible de dar resultados positivos en el plazo de un año. Esto significaba la supresión total de los ensayos de gran envergadura en el dominio de la detección radioeléctrica. La Marina continuó trabajando en ello, pero solamente con un reducido núcleo de técnicos, mientras que en América e Inglaterra se realizaban toda clase de esfuerzos para acortar el retraso que se llevaba en relación con los alemanes.
Esta orden, dada por Hitler, tuvo fatales consecuencias en 1943. Consecuencias no sólo en el brusco acrecentamiento de las destrucciones de los U-Boote y la terminación de la guerra submarina, tan eficaz anteriormente, sino también en la pérdida del crucero de batalla Scharnhorst, el buque que entre toda la flota había sido considerado hasta entonces como el más afortunado.
[escribe] Referencias
Bibliografía
- BEKKER, Cajus, Lucha y muerte de la marina de guerra alemana, Barcelona, Luis Caralt, 1959. ISBN 8421756842
Otras fuentes de información
Notas
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