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Tetis (nereida)

Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
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Este artículo trata de la nereida Tetis. La información sobre la titánide homónima se encuentra aquí.


En la mitología griega, Tetis, la hija de Nereo y Doris, fue educada por Hera, que siempre la ayudó

Tetis es la más famosa de las nereidas. Ella recogió a Hefesto, el dios del fuego, cuando fue arrojado al mar por Zeus, también cuidó de los argonautas cuando fueron en periplo a la búsqueda del vellocino de oro.

Intentaron amarla Zeus, el dios supremo, y también Poseidón, dios del mar, quienes desistieron de obtener su amor al enterarse por un oráculo que daría a luz un hijo que sería más poderoso que su padre. Por este motivo se decidió que se casara con un mortal. Los dioses enviaron a Iris, que es, junto con Hermes, mensajera de los dioses, para encontrar un mortal que quisiese unirse a Tetis. Iris se encaminó a entrevistarse con el centauro Quirón, uno de los más famosos sabios de la Antigüedad. Entre los discípulos de este sabio destacaba por su hermosura, inteligencia y valentía el joven Peleo, el cual era gobernador de los Mirmidones y a quien, por otro lado, tenía Quirón en gran estima. La nereida Tetis se siente humillada por la imposición que le hacen los dioses, por ello rechaza a Peleo. Ante ello el joven, siempre por consejo de Quirón, prepara un rapto y para llevar a cabo sus propósitos espera a Tetis en una cueva que ella frecuentaba logrando consumar sus propósitos.

El matrimonio se celebró bajo la presidencia de los dioses del Olimpo. Todos los dioses esperaban la boda, con excepción de Eris, diosa de la discordia y la contienda quien, furiosa por ser excluida, arrojó en la reunión una manzana de oro que decía «Para la más hermosa». Todas las diosas presentes se disputaron ser las destinatarias de la manzana, especialmente Hera, la esposa de Zeus, Atenea, su hija, y Afrodita, diosa de la belleza y el amor. Encomiendan a Zeus que resuelva la disputa, pero éste, que prefería no ganarse la enemistad de ninguna al verse obligado a elegir a una de ellas, delega la elección en Paris. La adjudicación de la manzana a Afrodita, diosa del amor, por parte del príncipe troyano Paris condujo a la guerra de Troya.

Tetis y Peleo tuvieron varios hijos, pero Tetis, apenas nacían, los asfixiaba para que no heredaran rasgos mortales de su padre. Peleo empezó a sospechar y descubrió, al nacer su séptimo hijo, que Tetis los sometía a un ritual que acababa con su vida; por ello arrebató a Aquiles, ese era el nombre del séptimo de los hijos, de los brazos de Tetis antes que le produjese daño; ella encolerizada abandonó a su esposo y regresó junto a las nereidas en el fondo de los mares. Sin embargo, siempre protegió a su hijo; cuando éste tuvo que acudir a la guerra de Troya hizo que el dios Hefesto, le construyese una armadura.

Según otra tradición, quemó el cuerpo del niño y lo cubrió de ambrosía para otorgarle la inmortalidad, lo que consiguió excepto en el punto por donde lo cogía: el talón.



Tetis, la de argénteos pies, hija del anciano del mar.
Ilíada 1.556
Tetis, la de hermosos cabellos, la dama del mar.
Ilíada 20.207


...llegó Tetis, la diosa de argénteos pies. La bella Caris, que llevaba luciente diadema y era esposa del ilustre cojo, viola venir, salió a recibirla, y, asiéndola por la mano, le dijo:

385 ¿Por qué, oh Tetis, la de largo pelo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio? Antes no solías frecuentarlo. Pero sígueme, y te ofreceré los dones de la hospitalidad.

388 Dichas estas palabras, la divina entre las diosas introdujo a Tetis y la hizo sentar en un hermoso trono labrado, tachonado con clavos de plata y provisto de un escabel para los pies. Y, llamando a Hefesto, ilustre artífice, le dijo:

392 ¡Hefesto! Ven acá, pues Tetis te necesita para algo.

393 Respondió el ilustre cojo de ambos pies:

394 Respetable y venerada es la diosa que ha venido a este palacio. Fue mi salvadora cuando me tocó padecer, pues vime arrojado del cielo y caí a lo lejos por la voluntad de mi insolente madre, que me quería ocultar a causa de la cojera. Entonces mi corazón hubiera tenido que soportar terribles penas, si no me hubiesen acogido en su seno Eurínome y Tetis; Eurínome, hija del Océano. Nueve años viví con ellas fabricando muchas piezas de bronce, broches, redondos brazaletes, sortijas y collares, en una cueva profunda, rodeada por la inmensa, murmurante y espumosa corriente del Océano. De todos los dioses y los mortales hombres, sólo lo sabían Tetis y Eurínome, las mismas que antes me salvaron. Hoy que Tetis, la de hermosas trenzas, viene a mi casa, tengo que pagarle el beneficio de haberme conservado la vida. Sírvele hermosos presentes de hospitalidad, mientras recojo los fuelles y demás herramientas.

410 Dijo; y levantóse de cabe al yunque el gigantesco e infatigable numen que al andar cojeaba arrastrando sus gráciles piernas. Apartó de la llama los fuelles y puso en un arcón de plata las herramientas con que trabajaba; enjugóse con una esponja el sudor del rostro, de las manos, del vigoroso cuello y del velludo pecho, vistió la túnica, tomó el fornido cetro, y salió cojeando, apoyado en dos estatuas de oro que eran semejantes a vivientes jóvenes, pues tenían inteligencia, voz y fuerza, y hallábanse ejercitadas en las obras propias de los inmortales dioses. Ambas sostenían cuidadosamente a su señor, y éste, andando, se sentó en un trono reluciente cerca de Tetis, asió la mano de la deidad, y le dijo:

424 ¿Por qué, oh Tetis, la de largo peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio? Antes no solías frecuentarlo. Di qué deseas; mi corazón me impulsa a ejecutarlo, si puedo ejecutarlo y es hacedero.

428 Respondióle Tetis, derramando lágrimas:

429 ¡Hefesto! ¿Hay alguna entre las diosas del Olimpo que haya sufrido en su ánimo tantos y tan graves pesares como a mí me ha enviado el Cronida Zeus? De las ninfas del mar, únicamente a mí me sujetó a un hombre, a Peleo Eácida, y tuve que tolerar, contra toda mi voluntad, el tálamo de un hombre que yace ya en el palacio, rendido a la triste vejez. Ahora me envía otros males: concedióme que pariera y alimentara un hijo insigne entre los héroes, que creció semejante a un árbol, lo crié como a una planta en terreno fértil y lo mandé a Ilio en las corvas naves, para que combatiera con los troyanos; y ya no le recibiré otra vez, porque no volverá a mi casa, a la mansión de Peleo. Mientras vive y ve la luz del sol está angustiado, y no puedo, aunque a él me acerque, llevarle socorro. Los aqueos le habían asignado, como recompensa, una joven, y el rey Agamenón se la quitó de las manos. Apesadumbrado por tal motivo, consumía su corazón, pero los troyanos acorralaron a los aqueos junto a los bajeles y no les dejaban salir del campamento, y los próceres argivos intercedieron con Aquiles y le ofrecieron espléndidos regalos. Entonces, aunque se negó a librarles de la ruina, hizo que vistiera sus armas Patroclo y envióle a la batalla con muchos hombres. Combatieron todo el día en las puertas Esceas; y los aqueos hubieran destruido la ciudad, a no haber sido por Apolo, el cual mató entre los combatientes delanteros al esforzado hijo de Menecio, que tanto estrago causaba, y dio gloria a Héctor. Y yo vengo a abrazar tus rodillas por si quieres dar a mi hijo, cuya vida ha de ser breve, escudo, casco, hermosas grebas ajustadas con broches, y coraza; pues las armas que tenía las perdió su fiel amigo al morir a manos de los troyanos, y Aquiles yace en tierra con el corazón afligido.

462 Contestóle el ilustre cojo de ambos pies:

463 Cobra ánimo y no to apures por las armas. Ojalá pudiera ocultarlo a la muerte horrísona cuando el terrible destino se le presence, como tendrá una hermosa armadura que admirarán cuantos la vean.

Poco vivió el fuerte Licurgo, hijo de Driante, que contendía con las celestes deidades: persiguió en los sacros montes de Nisa a las nodrizas de Dioniso, que estaba agitado por el delirio báquico, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida Licurgo las acometía con la aguijada; el dios, espantado, se arrojó al mar, y Tetis le recibió en su regazo, despavorido y agitado por fuerte temblor por la amenaza de aquel hombre; pero los felices dioses se irritaron contra Licurgo, cególe el hijo de Cronos y su vida no fue larga, porque se había hecho odioso a los inmortales todos.

-Ilíada 6.135-137

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