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Teoría del conocimiento

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Introducción a la epistemología

Genéricamente, la epistemología se entiende como la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico (diccionario de la RAE). Para entender esta doctrina hay que partir de la posibilidad, de los límites y de la validez del conocimiento humano (la gnoseología) y derivarlo consecuentemente al conocimiento científico.

Se puede interpretar lo anterior como una semántica de la ciencia que analiza el sentido y la representación de las ideas científicas, tanto en lo que se refiere a su formalización como en lo relativo a su correspondencia con lo real (factual). Asimismo, destaca los modos de transformación (mentales o no), haciendo hincapié en las relaciones entre ciencia y técnica. También desglosa el apartado metodológico, donde se debaten métodos y procedimientos y cuáles son los más apropiados e idóneos para estudiar determinados fenómenos. Resumiendo, la epistemología versa sobre el conocimiento humano y cómo éste llega a ser científico. Vayamos, por tanto, al núcleo de la epistemología; esto es, el conocimiento.


El conocimiento humano

Precisamente, existe una obra de Bertrand Russell titulada "El conocimiento humano. Su alcance y sus límites.". En sus primeras páginas nos encontramos con el siguiente párrafo:

"Se da por sentado que debe aceptarse el conocimiento científico, en sus líneas generales. El escepticismo, aunque lógicamente impecable, es psicológicamente imposible, y hay un elemento de frívola insinceridad en toda filosofía que finja aceptarlo. Además para que el escepticismo sea teóricamente defendible, debe rechazar `toda' inferencia a partir de lo experimentado; un escepticismo parcial, como la negación de sucesos físicos no experimentados por nadie, o un solipsismo que admita sucesos de mi futuro o mi pasado no recordado, carece de justificación lógica, pues debe admitir principios de inferencia que conducen a creencias que rechaza." (B. Russell, 1948)

Aparte de ciertos conceptos un tanto complicados para un profano en filosofía, se entiende perfectamente que el escepticismo -la negación de la posibilidad de conocer en su acepción más radical- no es serio desde la epistemología. Para ésta, el conocimiento es un acto que se significa en averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas (diccionario de la R.A.L.E.).

Es menester distinguir entonces que la naturaleza y los acontecimientos que en ella suceden, así como el conjunto de hechos y objetos y sus relaciones dadas en el mundo, tienen la posibilidad de ser averiguadas e identificadas por nuestro procesador principal de información: el cerebro. Pero, ¿significa la "posibilidad de conocer" conocimiento en sí? Evidentemente, no. ¿Y se pueden llegar a conocer todas las "posibilidades de conocimiento"? Sería un engaño empírico si contestáramos afirmativamente a esta cuestión. Sencillamente, diremos que nuestro almacén y procesador de la información operan limitadamente y no desde un cálculo total. Quedémonos por el momento, con la idea relativista de que el mundo es una cosa y que el ejercicio de las facultades intelectuales es otra muy distinta (aunque forme parte de aquel). La relación metodológica entre el observador y lo observado relativiza, al menos, nuestros resultados cognoscitivos.

Otra cuestión que se nos antoja de capital importancia es: ¿sirve de algo "conocer"? Responderemos desde la supervivencia de la especie; es decir, saber dónde se encuentra y se consigue comida, estar capacitados para procurarnos cobijo, fabricar herramientas y establecer patrones conductuales sobre la sexualidad y los cuidados a la descendencia, probabilizan nuestras posibilidades de éxito como especie; mucho más que si no sabemos encontrar sustento, ni estamos capacitados para mantener la transmisión genética. Desde un punto de vista histórico, la especie humana ha ido creciendo en número de individuos y, mejorando la calidad de vida de al menos 1/3 de la población (con respecto a épocas que se pueden remontar hasta hace 3 millones de años). El conocimiento, sea del tipo que sea, es un acto adaptativo.


El acto adaptativo

Cuando un recién nacido llora, está realizando un acto de adaptación. Instintivamente, su programa genético le dispone al llanto cuando tiene hambre, por ejemplo. Sin embargo, su 'conocimiento' queda limitado a las respuestas y a los estímulos que subyacen a dicho programa. No puede explicar porqué tiene hambre o porqué está allí. Tampoco puede especular quién es ni decírselo a nadie -entre otras cosas porque no ha desarrollado un lenguaje de alto nivel-, ni tampoco qué son y qué significan los objetos que hay a su alrededor. El programa genético reconoce estímulos propioceptivos a los que, el recién nacido, da respuestas concretas y determinadas. Sin embargo, tales estímulos y comportamientos son suficientes, en condiciones normales, para generar una adaptación con ese extraño mundo exterior. Parece como si existiera un conocimiento genético sólo válido para cada especie: el código de la evolución.

Si bien, vemos que no todos los actos adaptativos los podemos entender como "conocimiento" si no es metafóricamente o usando alegorías, en cierto modo, más artísticas que reales. Porque el conocimiento implica una voluntariedad e intencionalidad en dicho acto. Se realiza, de este modo, un comportamiento propositivo y dirigido a entender el mundo y los hechos en él manifestados. El acto adaptativo de 'conocer' versa en la comprensión de las variables que afectan directa o indirectamente a la adaptación. De ahí, que sea imposible considerar la neutralidad cognoscitiva más allá de un somero intento por ser objetivos. Nada hay tan subjetivo como el propio acto de adaptarse y, si además, éste se hace de un modo intencional basado en unas conjeturas a fin de llegar a un propósito, entonces subjetiviza más aún su propio acontecer. El pretender la neutralidad o la objetividad, es un propósito que no está en el devenir natural de las cosas, sino en la motivación -subjetiva, al fin y al cabo- de quien fija tal propósito. Como resolvió Wittgenstein en su legendario Tractatus Logico-Philosophicus (1921), quien quiera ser objetivo no ha de albergar propósito ni motivo, ni buscar patrones adaptativos, ni variables de control sobre el devenir.

Entonces, ¿cómo salir de esa subjetividad para que el conocimiento adquiera visos de utilidad adaptativa para todos? Compartiendo dicha subjetividad y la experiencia acumulada. Esto es, comunicando y transmitiendo. Sin un lenguaje compartido, no hay nada, sólo escepticismo. El conocimiento, saliéndose de la experiencia individual, ha de utilizar un lenguaje para que sea transferible. Ese lenguaje tiene que ser entendido, de algún modo, por algún semejante. Entonces, el conocimiento se entiende como una experiencia pública. Lo anterior no quiere decir que toda experiencia privada implique su publicidad o su "cognoscibilidad", ni tampoco que la experiencia públicamente compartida implique automáticamente conocimiento; pues el criterio, por definición, es hacer uso de las facultades intelectuales para averiguar qué acontece en el mundo y cómo acontece y, si es posible, porqué acontece. Y no toda experiencia pública o privada tiene porqué hacer uso de tales facultades, ni que tenga como propósito el averiguar cosas. Lo que es constante para el conocimiento es el uso de un lenguaje de una determinada manera.

El lenguaje del conocimiento

En el uso de un lenguaje ?natural' se mezclan asuntos privados y públicos, conocimientos, falacias, conductas e intercambios que pueden llevar a algún sitio o no. Para el conocimiento, lo primordial es la claridad, o que todo aquel que desee conocer pueda acceder a él por su significado diáfano. Pero resulta evidente que el decir ?estoy muerto?, por muy claro que esté el significado, nada dice sobre la correspondencia con la realidad (por lo menos en el momento de escribir esto). No obstante, el decir 'soy mortal', además de tener visos de ser cierto implica, al menos dos cosas:

Ahora estoy vivo.

Algún día moriré.

Baste mentar que, el lenguaje del conocimiento, emplea la inferencia y el razonamiento como procesos por los cuales desentraña el mundo y las relaciones que en él se dan.


"El experimento del niño con una araña"


Un avezado infante ha cazado una juguetona araña. El niño, decide someterla a un experimento. Poniéndola sobre una mesa, la suelta y la da la siguiente instrucción: "anda". La traviesa araña, empieza a corretear por encima de la mesa sin más obstáculos que los que le pone el infantil experimentador para que no se escape. Seguidamente, el niño le arranca sucesivamente una pata, dándole la consabida instrucción respectivamente: "anda". Cada vez con mayor dificultad, a tenor de las patas arrancadas, la araña se va moviendo e intentando recorrer espacios. Ya con una pata, la pobre araña, sólo podía andar muy despacio y con una ejecución muy torpe. Finalmente, el niño, le arranca su última pata, la posa sobre la mesa y, muy solemne, le da la instrucción: ?anda?. La araña ni se inmutó. El niño, repitió la orden varias veces, pero con idéntico resultado de inmovilidad por parte de la araña.


El niño sacó su cuaderno de campo y anotó: "tras rigurosas investigaciones he podido comprobar que, si le quitas todas las patas a una araña, se vuelve sorda."


Los hechos, o lo que sucede en el mundo no tiene porqué tener una consecuencia manifiesta o tener aparejada una inferencia de nuestras facultades intelectuales. Es más, generalmente, nuestras inferencias sobre el mundo no tienen casi nada que ver con lo que sucede en realidad. Nuestro lenguaje y nuestras inferencias, nos suelen jugar malas pasadas al respecto, dando como consecuencia ?conocimientos falsos?; tales como que la tierra es plana, que el sol gira alrededor de la tierra o que un individuo se convierte en rey por la gracia de Dios. Esos falsos conocimientos fueron tenidos por ciertos en su día y, aunque eran falsos, eran altamente adaptativos; pues el contravenirlos con el lenguaje significaba, en muchas ocasiones, la muerte de aquel que los decía falsos.


Sólo las evidencias, un lenguaje altamente estructurado y una lenta evolución de la mentalidad de la época, pudieron contradecir aquellos postulados. El lenguaje del conocimiento ya no volvió a aceptar nada que no se pudiera demostrar de algún modo. A fin de cuentas, había que buscar correspondencias con la realidad y no al contrario.


La demostración consiste en probar (aportar pruebas) de lo que se niega o se afirma. El aporte de pruebas, tampoco quiere decir que un enunciado sea verdadero o falso, simplemente da veracidad, a nuestros ojos, sobre aquel. Una prueba nos dice que, un enunciado dado, es correspondiente a la realidad sólo en aquello que nos representa o refleja la prueba mostrada. Distinguimos ?prueba' de ?testimonio' porque las personas pueden mentir, ser engañadas o, lo que es peor, engañarse a sí mismas (lo que sucede con cierta frecuencia).


Asociar 'pruebas' con enunciados para hacerlos "conocimientos" es una percepción de veracidad; y la percepción de esa veracidad no significa necesariamente ?la verdad?.


La percepción de verdad

Consideramos que algo es verdad cuando atribuimos que lo que pensamos coincide con lo que sucede. Es cierto que, algunas veces, tal atribución es correcta, pero no es menos cierto que, otras, nos equivocamos. Para nuestro conocimiento, el mundo es un compendio de fenómenos de difícil manejo en nuestra mente. Por la dificultad en acceder a un número de 'pruebas' estadísticamente satisfactorio y, por tener un sistema limitado de almacenar y procesar información, resulta más probable que estemos equivocados (en lo que pensamos sobre el mundo o una parte de él) que estemos en lo cierto.


Las pruebas las hay de muy diverso tipo y de diferente nivel de análisis de la realidad. La "calidad" de la prueba es importante, pero lo es más la calidad atribuida por nuestro pensar. Entre las distintas pruebas que nos podemos encontrar que confirman, de algún modo, el conocimiento humano están:

Las pruebas por ensayo y error, consistentes en probar un curso de acción y observar qué sucede. Muchas veces, se utiliza como un proceder exploratorio y sin ninguna preferencia a priori; dejando al azar las variables. El acierto en este tipo de pruebas es, generalmente, fruto de la casualidad o de una buena intuición.

Las pruebas del tipo acumulativo, donde se suman una serie de hechos 'iguales' o repetidos para extrapolar un enunciado general. Son los métodos inductivos.

Las pruebas racionales o lógico-deductivas, consistentes en que, a partir de unos axiomas o premisas priores, se desglosan formalmente una serie de inferencias y razonamientos.

Las pruebas dialécticas, basadas en la argumentación lingüística y en la construcción de argumentos que defiendan una tesis.

Las pruebas estadísticas, cuya razón máxima propone la probabilidad de ocurrencia de un suceso o fenómeno bajo tales o cuales circunstancias.

Las pruebas del sentido común, donde lo que hace o piensa la mayoría de las personas cobra especial importancia. Las pruebas basadas en la evidencia, cuya certeza se encuentra en una percepción incuestionable o que no hay dudas al respecto (algo es igual a sí mismo).

Las pruebas razonables que, aunque no contradicen los criterios de la razón, tampoco se basan en un sistema altamente formalizado o lógico. Se suelen combinar con otra serie de pruebas, como las del sentido común (p.ej. "dos cabezas piensan mejor que una").

Las pruebas estocásticas, o las fundamentadas en la relación causa y efecto. La percepción de la ?causalidad' es uno de los temas epistemológicos por antonomasia; pues si se logra demostrar dicha relación, se considera una percepción muy cercana a la verdad.

Las pruebas teleológicas (dirigidas a un fin): "el fin justifica los medios".

Las pruebas repetibles e irrepetibles; en el sentido que si una prueba puede repetirse o simularse bajo las mismas circunstancias de su acontecer, adquiere mayor valor epistemológico que si se trata de algo que no puede reiterarse. Las pruebas experimentales, donde se controlan las variables al máximo en situaciones de laboratorio; intentando replicar condiciones naturales.

Las pruebas experienciales, en la que alguien -que ha pasado por una experiencia especial- cuenta su vivencia y lo que la rodeó. Ejemplos son alcohólicos anónimos, grupos de terapia o reacciones ante catástrofes e imprevistos. Las pruebas de tipo privado y público, referidas al ámbito de su exposición.

Las pruebas históricas, que aportan datos sobre nuestro pasado para inferir situaciones análogas en el presente o en el futuro.

Pseudopruebas, o pruebas que se atribuyen su verdad sin corroboración ni comprobación. Es decir, son admitidas bajo un grado de credibilidad. Pueden ser:

Testimoniales: "vi esto o aquello" Suposiciones: "supongo que todo irá bien" Opiniones: "pienso que los animales son libres" Juicios de valor: "esto es mejor que aquello" Emocionales: "estoy triste", "contento",...


Para el conocimiento científico, sólo algunas de estas pruebas, y bajo ciertas condiciones, son admitidas. El conocimiento humano más ordinario, puede considerar válidas la inmensa mayoría, otorgando tanta verdad a un precepto religioso como a la ley de la gravedad. En cuanto al conocimiento sobre aspectos religiosos conviene decir que la religión ha influido (y sigue influyendo) sobre el comportamiento humano: baste pensar en los individuos condenados a la hoguera por herejes. Independientemente de su justicia, hay que considerar que, en ciertas ocasiones, tener conocimientos sobre esos temas pueden ayudar a la adaptación sino ya a la supervivencia. Igualmente sucede con la política y temas afines.


El conocimiento científico

Este tipo de conocimiento humano no se basa en la percepción de verdad que tengan las personas; sino que aspira a la verdad con independencia de quién percibe el mundo y cómo lo percibe. Dicho de otra manera, es un intento por universalizar, mediante el riguroso control de las pruebas que se aportan, un conocimiento comprobado, verificado y sometido a pruebas de falsación (Popper), observación metódica, experimentación y renovación. En palabras de Mario Bunge (1985):

"Lo que afirma la ciencia es (i) que es ?más verdadera' que cualquier modelo no-científico del mundo, (ii) que es capaz de probar, sometiéndola a contrastación empírica, esa pretensión de verdad, (iii) que es capaz de ?descubrir sus propias deficiencias', y (iv) que es capaz de 'corregir sus propias deficiencias', o sea, de construir representaciones parciales de las estructuras del mundo que sean cada vez más adecuadas. No hay ninguna especulación extracientífica que sea tan modesta y que, sin embargo, dé tanto de sí."

Hoy en día, el conocimiento científico oferta una "visión" amplia de lo que ofrece. Para Lakatos, la ciencia son programas de investigación que van más allá de los análisis de hechos, conjeturas y refutaciones. El propio Bunge avanza que, al ser la ciencia un soporte para la tecnología, la economía y la política se ven mediatizadas por ella. La ciencia, en el presente, ha de considerar una vertiente social y su impacto en la comunidad.


Lo que caracteriza al conocimiento científico son la clase de pruebas que aporta y cómo las consigue. Al procedimiento de conseguir pruebas para este tipo de conocimiento, se le ha venido en llamar método científico. Las pruebas que se suelen manejar son del tipo acumulativo, lógicas-deductivas, estadísticas, experimentales y estocásticas. Cada una de ellas exige, aplicadas a la ciencia, un riguroso control, un intento de imparcialidad, un orden y sistemática, unos protocolos de verificación o falsación y un acceso comunicativo a los resultados que se obtengan (Bisquerra, 1989; Oliva, 1996).


Asimismo, se consideran complementarias y no opuestas, el tipo de pruebas, considerando a la experiencia, al razonamiento y a la investigación partes integrantes que no se excluyen entre sí. No obstante, estas tres facetas comparten un bagage empírico; esto es, que la experiencia es un denominador común. En dos sentidos entendemos el vocablo ?experiencia'. Uno, el más restringido y el más riguroso, como experimento. El otro, en un sentido más amplio, como un uso, costumbre, práctica o vivencia; que derivan en inferencias y enunciados acerca de las circunstancias que concurren.


Más allá de las pruebas: las teorías

Si sólo contamos con una prueba para apoyar nuestro conocimiento, fácilmente éste se verá sesgado y limitado. A su vez, nuestro procesador de información reducido, tampoco puede llevar miles de pruebas y de evidencias cada vez que quiera acometer algo. Para el cerebro, le es más fácil transportar un esquema cognitivo o una estructura de pensamiento que se aplique funcional y adaptativamente a muchos hechos y fenómenos, que andar demostrando a cada poco que su conocimiento es válido. A estos esquemas y estructuras mentales, se les llama teorías. Así pues, una ?teoría' es un conjunto agrupado y organizado de esquemas y estructuras mentales que explican y se aplican a un ?cuanto? de la realidad o el mundo. Designamos, asimismo, como ?cuanto' a una cantidad discreta de hechos y fenómenos que ocurren y suceden, o tienen una alta probabilidad de ocurrencia. Dichos hechos y fenómenos, se suponen relacionados entre sí e interactuantes unos con otros.


Básicamente, los esquemas y estructuras mentales se vertebran en torno a enunciados de tipo lingüístico del modo que una teoría (T) es un conjunto de enunciados {a, b, c, ...} con función representativa de aquella parte de la realidad que se refieren: T={a, b, c, ...}. Dichos enunciados se relacionan entre sí, dando como consecuencia una lógica relacional entre ellos. La pretensión de una teorías es su poder explicativo y predictivo. Las teorías que explican lo que sucede en el mundo aspiran a desentrañar los mecanismos y engranajes que producen los acontecimientos. Suelen ser, paradigmáticamente, mecanicistas (el mundo es un conjunto de mecanismos físico-químico-biológicos) o funcionalistas (los mecanismos del mundo o los sucesos que en él ocurren, funcionan de tal o cual modo obteniéndose unos resultados). Las teorías que, además, aspiran a predecir lo que va a suceder (es decir, control sobre el devenir y anticipación) tienen su fundamentación en los procesos estocásticos, en el principio ?antecedente-consecuencia', en factores probabilísticos y, en cierto sentido, en la inferencia causal sobre el devenir para anticiparse a lo que va a suceder.


Los factores explicativos y predictivos de una teoría no son excluyentes entre sí, más bien se antojan complementarios sino intrínsecos al concepto de teoría. Por otro lado, al definir a una teoría como una estructura, nos referimos a una distribución ordenada de las partes que componen un sistema:

"Un sistema es una parcela de la realidad (en un sentido muy amplio de ?realidad', que incluye los objetos de nuestro pensamiento) explícitamente delimitada y ?enfocada'. Especificar de qué sistema estamos hablando significa indicar el ámbito de la realidad al que nos referimos (el universo o dominio del sistema) y los objetos, propiedades, relaciones y funciones de ese ámbito en los que nos vamos a fijar, que queremos 'enfocar' o distinguir. Si cambiamos de ámbito, cambiamos de sistema." J. Mosterín, 1984

Mas la consideración del universo del sistema es, en cierto modo, arbitraria. Aunque su pretensión sea establecer una correspondencia con la realidad (y puede que así sea), los límites son puestos o supuestos por la mente que considera al sistema. Esa misma limitación en la estructura mental nos lleva a tener en cuenta situaciones ?alógicas? dentro de ese mismo sistema. Supongamos un sistema S cuyo universo se compone de s1, s2, s3, ... , sn; y de las relaciones surgidas entre estas componentes (r1-2, r1-3, ..., r1-n). El conjunto de las componentes y de sus relaciones satisfacen una estructura Es. Probamos dicha estructura en un número de casos del sistema estadísticamente aceptable y que nos arrojan unos supuestos resultados de un 98% de casos que satisfacen la estructura mentada. Dos casos, de cada cien, son ?alógicos? o no explicables o predecibles respecto a la estructura planteada. Es decir, una teoría, además de componerse de un conjunto de sentencias referidas a uno o a varios sistemas, puede tener excepciones estructurales. Por el contrario, al ejemplo, suceso o caso que cumple con las sentencias principales de la teoría, se le puede llamar modelo, pues satisface la estructura del sistema en todos sus puntos base.


Recapitulando:


Un sistema es un universo de elementos considerados interrelacionados entre sí. Ejemplos son: el sistema solar, un sistema de ecuaciones, una red de ordenadores, una familia, la red eléctrica de una casa, un partido político, etc.


Un modelo es un caso o un ejemplo que aspira a explicar el sistema, si no totalmente, si al menos de una forma ilustrativa y didáctica. O bien, ?modelo' puede definirse en términos de satisfacción estructural del sistema. Ejemplos son: modelos matemáticos, modelos conductuales, modelos de funcionamiento de una máquina, etc.


La estructura de un sistema es la distribución, orden y organización de los elementos y de sus relaciones que componen el universo; esto es, el sistema. Son ejemplos: la estructura molecular, la estructura cognitiva, la estructura social, o la estructura de unas relaciones familiares. Finalmente, una teoría es un conjunto de enunciados que refieren inequívocamente uno o varios sistemas, desvelando su estructura de forma explicativa y predictiva. Asimismo, la teoría puede contar con algún modelo que ilustre y que cumpla la estructura sistémica.


Con esta definición incluimos no sólo las aspiraciones de correspondencia con la realidad, sino que, además, se abarcan las 'realidades' abstractas generadas por nuestra propia mente (tales como la lógica y las matemáticas).


Análisis y enfoques del conocimiento humano

Cuando afrontamos un tema tan complejo como es el del conocimiento, muchas veces hay que desmenuzar sus partes integrantes con el fin de comprenderlas, aun sabiendo que aquel funciona, vitalmente, como un todo. El primer tema al que nos referimos es el nivel de análisis que acometemos para su estudio. Podemos analizar su funcionamiento o funcionalidad, sus productos (conductas mentales y sus consecuencias), alguna de sus partes en particular o también la finalidad del conocimiento y su continuismo adaptativo.


Estos niveles de análisis también pueden ofertarse como conocimientos cotidianos, conocimientos científicos, conocimientos experienciales, etc. O puede ocurrir que los niveles analíticos se establezcan en orden a las estructuras a analizar: lingüísticas, fisiológicas, cognitivas, sociales, económicas, políticas o como fuere.


Sugerente nos parece el concepto de enfoque, que focaliza su sistema analítico y realiza operaciones e hipótesis de trabajo sobre esquemas mentales complejos de representación de la realidad. Obsoleto, nos queda el concepto de paradigma desde un punto de vista epistemológico, pues a fin de cuentas, se trata de una definición, más o menos extensa, de un sistema y su estructura funcional; es decir, una teoría o un esquema de la misma. Dentro del término ?enfoque', también encontramos diferentes niveles de análisis que pasamos a recapitular:


Enfoque estructural


Todo sistema tiene una estructura aunque ésta sea que carezca de ella. Dentro del conocimiento, se distinguen:

  1. Una estructura biológica: el cerebro
  2. Una estructura evolutiva: procesos de cambio de las estructuras cognitivas.
  3. Una estructura perceptiva: recepción de la información
  4. Una estructura cognitiva: representación mental.
  5. Una estructura lingüística-simbólica: el lenguaje.

Enfoque conexionista


Toda estructura cognoscitiva tiene conexiones de transferencia informativa.


Enfoque integral


Las estructuras cognitivas funcionan de forma integrada: las partes no se pueden separar del todo, aunque puedan actuar de forma jerárquica.


Enfoque procedimental


Toda estructura cognitiva usa uno o varios procedimientos para codificar, almacenar o procesar la información. El procedimiento trata de buscar la eficacia en la transferencia de información.


Enfoque procesual


Todas las funciones cognitivas se pueden entender como un proceso de acción, muchas veces retroalimentado y con un control ejecutivo e intencional.


Enfoque relacional


Todas las estructuras cognitivas están relacionadas en mayor o menor medida.


Enfoque asociacionista


Las partes cerebrales encargadas de la cognición están asociadas entre sí, formando cadenas de transferencia informativa, en virtud del sistema neurológico.


Enfoque dinámico


Toda estructura cognitiva cambia de algún modo a lo largo del tiempo.


Enfoque constructivista


El individuo es un agente activo a la hora de codificar, elaborar o transferir información; luego ?reconstruye' cognitivamente el mundo, haciendo sus propias teorías acerca del mismo, generando hipótesis y siguiendo cursos de acción particulares.


Enfoque funcional


Toda estructura cognitiva tiene un modo de funcionamiento característico de la especie humana. Este funcionamiento universal puede estar diferenciado por los distintos procedimientos que siguen las personas en el acto de la cognición.


Enfoque adaptativo


Las estructuras cognitivas parten de la adaptación genética al medio, basculando por las diferenciaciones culturales, sexuales e incluso individuales.

Referencias


Notas

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