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Surrealismo

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Introducción

El surrealismo, o superrealismo, es un movimiento artístico y literario que nace en Francia hacia 1920. Surge como un intento de reacción positiva frente a la destrucción llevada a cabo por los dadaístas. Los contactos entre André Breton y el movimiento Dadá fueron continuos hasta que en 1922 Breton y Picabia se separaron del dadaísmo de Tzara. Sin embargo puede decirse que el punto de partida del movimiento de Breton fue el dadaísmo en los momentos últimos de su trayectoria, cuando empezó a sentirse la necesidad de reorientarlo.

Se ha descrito como la creación de la irracionalidad, los sueños y los instintos como motivo de inspiración para el artista, por lo que podemos encontrar antecedentes inmediatos del surrealismo en los caprichos de Goya, en la interpretación de los sueños y el psicoanálisis de Sigmund Freud, y en el arte de los niños, los locos y los primitivos aborígenes. Pero también a lo largo del arte occidental, en las figuras fantásticas medievales, en el Bosco o en Valdés Leal y, por supuesto, en la pintura metafísica.

Características

El Surrealismo es conocido como el movimiento de lo irracional y lo inconsciente en el arte de las vanguardias históricas. El órgano portavoz del movimiento fue la revista Litterature dirigida por un grupo de poetas (André Breton, Philippe Soupault, Louis Aragon y Paul Éluard) fundada en 1919. Estos poetas adoptaron la palabra surrealismo para definir un método de escritura simultánea con el que estaban experimentando:

«...Surrealismo: Puro automatismo psíquico, por medio del cual se intenta expresar, verbalmente o por escrito, o de cualquier otro modo, el proceso real del pensamiento. El dictado del pensamiento, libre de cualquier control de la razón, independiente de preocupaciones morales o estéticas...»

Tal fue la definición dada por los propios Bretón y Soupault en el primer Manifiesto Surrealista fechado en 1924. Surgió por tanto como movimiento literario en el que pintura y escultura eran concebidas como consecuencias plásticas de la poesía.

De entre ellos, Bretón, que era también psiquiatra, había estudiado las teorías de Freud sobre el inconsciente, que le llevaron a elaborar la poética surrealista basada en el inconsciente como lugar generador continuo de imágenes que se podían sacar a la esfera del arte por medio de un ejercicio mental en el que la conciencia no intervenga y cuyo proceso de transcripción debería ser automático. Fruto de esta época es Los campos magnéticos que publicó en 1921. Bretón publicó en 1928 El Surrealismo y la pintura donde definió la estética surrealista; para Bretón, el inconsciente es la región del intelecto donde el ser humano no objetiviza la realidad sino que forma un todo con ella; el arte, en esa esfera, por tanto no es representación sino comunicación vital directa del individuo con el todo. Se concede también una gran importancia al sueño, donde las relaciones e imágenes inconexas se hacen más sólidas cuanto más ilógicas.

Para los surrealistas la obra nace del automatismo puro, del dictado del pensamiento subconsciente con exclusión de todo control ejercido por la razón, al margen de cualquier preocupación moral o estética. Lo erótico está permanentemente presente, hasta el escándalo. Este ha sido un tema poco tratado en la historia del arte.

Al contrario que otros movimientos, el surrealismo no crea una estética uniforme y se debate entre la abstracción y el hiperrealismo formal. Aunque la mayoría de sus adherentes están influidos por el hiperrealismo de Dalí.

A partir de 1925 surgen actitudes políticas y sociales dentro del Surrealismo, provocadas por el estallido de la guerra de Marruecos; se producen entonces los primeros contactos con los comunistas que culminarían en 1925 con la adhesión al partido comunista por parte de Bretón y todo el movimiento surrealista.

Entre 1925 y 1930 aparece un nuevo periódico titulado El Surrealismo al servicio de la Revolución en cuyo primer número Aragón, Buñuel, Dalí, Elouard, Max Ernst, Yves Tanguy, y Tzara entre otros, se declaran partidarios de Bretón. Por su parte Arp y Miró, aunque no compartían la decisión política tomada por Bretón, continuaban participando con interés en la exposiciones surrealistas. Poco después se incorporaron Magritte (1930), Masson (1931), Giacometti y Brauner en 1933 y también Matta (que conoce a Bretón en 1937 por mediación de Dalí) y Lam; el movimiento se hizo internacional apareciendo grupos surrealistas en los Estados Unidos, Dinamarca, Londres, Checoslovaquia y Japón. Las disputas continuaron a través de los años, entre aquellos surrealistas que no veían por qué habían de ser comunistas y concebían el surrealismo como un movimiento puramente artístico y los más adeptos a Bretón.

En 1929 Bretón publica el Segundo manifiesto surrealista en el que condenó entre otros intelectuales a los artistas Masson y Picabia; en 1936 expulsó a Dalí por sus tendencias fascistas y a Paul Éluard. En 1938 Bretón, apartándose de la ortodoxia soviética, firma en México junto con Trostki y Diego Rivera el Manifiesto por una Arte Revolucionario Independiente.

El Surrealismo tomó del Dadaísmo algunas técnicas de fotografía y cinematografía así como la fabricación de objetos. Extendieron el principio del collage al asamblaje de objetos incongruentes como en los poemas visibles de Max Ernst. Este último inventó el frottage (dibujos compuestos por el roce de superficies rugosas contra el papel o el lienzo) y lo aplicó en grandes obras como Historia Natural pintado en París en 1926.

Otra de las nuevas actividades creadas por el surrealismo fue la llamada cadáver exquisito, en la cual varios artistas dibujaban las distintas partes de una figura sin ver lo que el anterior había hecho pasándose el papel doblado. Las criaturas resultantes pudieron servir de inspiración a Miró.

El Surrealismo penetró la actividad de muchos artistas europeos y americanos en distintas épocas. Picasso se alió con el movimiento surrealista en 1925; Bretón declaraba este acercamiento de Picasso calificándolo de «...surrealista dentro del cubismo...» Se consideran surrealistas sus obras del período Dinard (1928-1930), en que Picasso combina lo monstruoso y lo sublime en la composición de figuras medio máquinas medio monstruos de aspecto gigantesco y a veces terrorífico. Esta monumentalidad surrealista de Picasso puede ponerse en paralelo con la de Henry Moore.

En 1938 tuvo lugar en París la Exposición internacional del Surrealismo que marcó el apogeo de este movimiento antes de la guerra. Participaron entre otros, Marcel Duchamp, Arp, Dalí, Ernst, Masson, Man Ray, Domínguez y Meret Oppenheim. La exposición ofreció al público sobre todo una excelente muestra de lo que el surrealismo había producido en la fabricación de objetos.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los surrealistas se dispersan, algunos de ellos (Bretón, Ernst, Masson) abandonan París y se trasladan a los Estados Unidos donde siembran el germen para los futuros movimientos americanos de posguerra (expresionismo abstracto y Pop Art).

El surrealismo se cultivó en literatura, pintura o cinematografía (por ejemplo: Un perro andaluz (1928), de Buñuel y Dalí).

Los escritores surrealistas

Diversos escritores (tanto poetas como narradores o dramaturgos) han utilizado técnicas como el automatismo:

Los pintores surrealistas

Salvador Dalí (1904-1989) es el más escandaloso, extravagante y exhibicionista de todo el grupo. Sus cuadros presentan figuras imposibles, fruto de su imaginación y de su prodigioso virtuosismo para dibujar. Evocación a la aparición de Lenin, Nacida del deseo líquido, Sueño, Impresión de África, Canibalismo otoñal, La persistencia de la memoria, Premonición de la guerra civil, La última cena.

Joan Miró (1893-1983) fue para Bretón el más surrealista de todos, por su automatismo psíquico puro. Su surrealismo se desenvuelve entre las primeras obras donde explora sus sueños y fantasías infantiles (El Campo labrado), las obras donde el automatismo es predominante (Nacimiento del Mundo) y las obras en que desarrolla su lenguaje de signos y formas biomorfas (Personaje lanzando una piedra). Miró es el máximo representante del surrealismo abstracto. Sus cuadros están llenos de poesía. Pinta con colores puros y tintas planas. Sus imágenes son simples, con pocos trazos, a la manera de los niños. Personajes de noche, El bello pájaro descifra lo desconocido a una pareja de enamorados, Naturaleza muerta con zapato viejo, Mano agarrando a un pájaro, La estatua, Personaje lanzando una piedra, Mujeres y pájaro al claro de luna, Noche y día (mural para la UNESCO).

André Masson adoptó enseguida las técnicas del automatismo, hacia 1923-1924, poco después de conocer a Bretón; hacia 1929 las abandonó para volver a un estilo cubista. Por su parte Dalí utilizaba más la fijación de imágenes tomadas de los sueños, según Bretón, «...abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del Surrealismo...»; inventó lo que él mismo llamó método paranoico-crítico, una mezcla entre la técnica de observación de Da Vinci por medio de la cual observando una pared se podía ver como surgían formas y técnicas de frottage; fruto de esta técnica son las obras en las que se ven dos imágenes en un sola configuración. André Masson analiza la estructura del objeto para convertirlo en una elucubración intelectual. Dibujo automático, Desnudo, Ánfora.

Max Ernst (1891-1976) logra visiones sorprendentes, propias de la ciencia ficción. Utiliza la técnica del frottage, que consistente en frotar un lápiz sobre un papel apoyado en una superficie irregular. Katharina ondulada, La primera palabra límpida, Napoleón en el desierto, Tentación de san Antonio.

René Magritte (1898-1967) provoca el choque emotivo del color aplicado a formas realistas puestas en lugares y momentos inverosímiles, y en contrasentido. Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el real. El imperio de la luz, Manía de grandezas, El uso de la palabra, La buenaventura, Noche de Pisa, Tiempo pasado, El demonio encantado, El Siglo de las Luces.

Jean Arp combina las técnicas de automatismo y las oníricas en la misma obra desarrollando una iconografía de formas orgánicas que se ha dado en llamar escultura biomórfica, en la que se trata de representar lo orgánico como principio formativo de la realidad.

Yves Tanguy (1900-1955) presenta sus sueños desligados de toda referencia a la realidad. Emplea para ello una técnica académica. Unos transparentes, Días de lentitud, La multiplicación de los arcos.

Marc Chagall (1887-1985) presenta en sus cuadros hechos sacados de la realidad pero dentro de un ambiente ensoñador. Sus figuras vuelan sobre el paisaje. Utiliza colores y figuras muy sencillas. Doble retrato con vasos de vino, Guerra, El paseo, Sobre la ciudad.

Óscar Domínguez inventó la decalcomanía (aplicar gouache negro sobre un papel el cual se coloca encima de otra hoja sobre la que se ejerce una ligera presión, luego se despegan antes de que se sequen).

Paul Delvaux carga a sus obras de un espeso erotismo basado en su carácter de extrañamiento en los espacios de De Chirico. Venus dormida.

Otros surrealistas son Ivan Albright: El retrato de Dorian Gray, Vasco Taskovski: Los caballeros del Apocalipsis, Mílic Stánkovic: Octubre de 1944, Meret Oppenheim, José Caballero y Graham Sutherland.

En España el Surrealismo aparece en torno a los años veinte no en su vertiente puramente vanguardista sino mezclado con acentos simbolistas y de la pintura popular. Además de Joan Miró y Salvador Dalí, el surrealismo español lo componen Antonio Saura, Maruja Mallo, Gregorio Prieto, Moreno Villa y Benjamín Palencia, además de los neocubistas que se pasan al surrealismo (Alberto Sánchez y Ángel Ferrant).

En Latinoamérica se consideran surrealistas Remedios Varo, Wifredo Lam y Leonora Carrington.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información