La Enciclopedia Libre Universal en Español dispone de una lista de distribución pública, enciclo@listas.us.es
Silla eléctrica
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
La silla eléctrica es un bárbaro método de ajusticiamiento ampliamente usado durante el siglo XX en los Estados Unidos y durante algún tiempo en Filipinas.
Índice |
[escribe] Invención
La primera silla eléctrica fue inventada por Harold P. Brown a finales del siglo XIX aunque a menudo se atribuye erróneamente a Thomas Alva Edison si bien Brown trabajó para él. En aquella época Edison competía con su sistema de corriente continua para la distribución de la energía eléctrica con la compañía de George Westinghouse que usaba corriente alterna —paradójicamente inventada y patentada por Nikola Tesla cuando trabajaba para Edison— tecnología entonces emergente y que a la postre acabaría imponiéndose por su mayor eficacia. Fue en este contexto histórico, la llamada «guerra de las corrientes», en el que se desarrolló la silla eléctrica.
En 1881 el dentista Albert Southwick presenció la muerte accidental de un anciano ebrio al tocar los termimales de un generador en Buffalo (Nueva York). Asombrado por la rápida y aparentemente indolora muerte del anciano trató el asunto con su colega George Fell y ambos propusieron al Coronel Rockwell, presidente de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Animales de Buffalo, la utilización de la electricidad para causar una muerte más humana a los animales. Rockwell accedió y en 1882 Southwick y Fell llevaron a cabo una larga serie de experimentos con animales publicando sus resultados.
Southwick mostró más tarde los resultados de sus experimentos a su amigo David McMillan, Senador por el estado de Nueva York y ferviente opositor a la pena capital. A pesar de sus reticencias, ya que el descubrimiento de un método rápido, indoloro y eficaz para ejecutar la pena de muerte restaría argumentos a los defensores de su abolición, McMillan decidió finalmente hablar con el Gobernador David Bennet Hill quien en su discurso anual a la legislatura del estado pronunciado el 6 de enero de 1885 dijo: «El actual modo de ejecución de criminales por ahorcamiento ha llegado hasta nosotros desde la Edad Media y bien podría cuestionarse si la ciencia hoy día no puede proporcionar métodos para quitar la vida a aquellos que han sido condenados a morir de una forma menos bárbara. Dejo la sugerencia a la consideración de la legislatura».
En 1886 la legislatura del estado nombró una comisión para que investigara «el método más humano y práctico conocido por la ciencia moderna para llevar a cabo la sentencia de pena de muerte». Obviamente Edison y Westinghouse no tenían el más mínimo interés en que su sistema se empleara para ello en la fundada creencia de que los consumidores no aceptarían en sus hogares la misma electricidad usada para la ejecución de los criminales.
Acuciado por un alza en los precios del cobre que comprometía su ya de por sí delicada posición competitiva, Edison inició una campaña de desprestigio contra la Westinghouse afirmando que la corriente alterna no era segura, campaña que alcanzó su cénit en 1887 en West Orange (Nueva Jersey (Estados Unidos)) con el sacrificio, ante los medios de comunicación, de una docena de inocentes animales empleando un generador de corriente alterna de 1000 V de la Westinghouse. A partir de aquél suceso la ejecución con electricidad comenzó a conocerse como «electrocución» palabra que terminó por imponerse no sin oposición.
La bárbara demostración pública surtió su efecto y el informe entregado por la comisión en enero de 1888 concluía que la horca debía reemplazarse por la electrocución y sugería redactar la enmienda legal con el siguiente texto: «La pena de muerte se infligirá en todos los casos provocando el paso a través del cuerpo del convicto de una corriente eléctrica de suficiente intensidad para causarle la muerte, y la aplicación de tal corriente se mantendrá hasta que el convinto haya fallecido». La propuesta se trasladó inmediatamente a la legislatura que la aprobó el 8 de mayo de 1888 y recibió la firma del gobernador Hill el 4 de junio. Entre otras enmiendas introducidas se especificaba que la nueva ley sólo se aplicaría a los crímenes cometidos a partir de su entrada en vigor, juzgándose los crímenes cometidos con anterioridad con las leyes entonces vigentes. En cualquier caso, Edison no logró su objetivo completamente ya que existiendo dos alternativas se delegó en la Sociedad de Medicina Legal de Nueva York la elección del tipo de corriente más adecuado.
Al día siguiente, 5 de junio, se publicó en el New York Post una carta de Brown en la que relataba el fallecimiento de un joven al tocar accidentalmente un cable de telégrafo de corriente alterna y recomendaba fijar el voltaje máximo, por motiovos de seguridad, en 300 V, lo que de hecho hubiera limitado su competitividad en favor del sistema de corriente continua de Edison, ya que la eficacia en el transporte de la corriente alterna es tanto mayor cuanto mayor es el voltaje: valores de 220000 V e incluso superiores son usuales en las redes actuales de alta tensión.
La carta no pasó desapercibida y en julio del mismo año Brown se trasladó con su asistente, Fred Peterson, a los laboratorios de Edison para realizar los experimentos necesarios para el desarrollo de su silla eléctrica. Para demostrar la eficacia mortal de la corriente alterna, en oposición a la benigna corriente continua, y probar sus prototipos Brown y Edison sacrificaron en los meses siguientes ante la prensa decenas de animales, no sin antes en algunos de los experimentos aplicarles descargas de corriente continua que los dejaba agónicos pero no muertos en un intento por demostrar la futilidad de pretender usar la corriente continua como instrumento para las ejecuciones.
Decidido el estado de Nueva York a implantar el sistema en sus cárceles y elegida la corriente alterna por indicación de la Sociedad de Medicina Legal se encontró empero con que Westinghouse, propietario de la patente, en un último intento de evitar las ejecuciones se negó a suministrar los generadores alegando que el proceso de decisión había estado manipulado por Edison y Brown ya que Fred Peterson, asistente de Brown, fue el designado por la Sociedad de Medicina Legal para dirigir las investigaciones. Sin embargo Brown consiguió adquirir tres generadores de segunda mano utilizando intermediarios para ocultar el destino final de los equipos, trasladándolos previamente a Brasil y posteriormente importándolos de nuevo a los Estados Unidos.
[escribe] Primera ejecución
William Kemmler, reo por el asesinato el 29 de marzo de su esposa en Buffalo —ciudad conocida por entonces como la Ciudad Eléctrica del Futuro— fue declarado culpable por un jurado del condado de Erie (Nueva York) de homicidio en primer grado el 10 de mayo y el 14 conducido ante el juez para escuchar la sentencia de muerte.
El prestigioso abogado W. Bourke Cockran siguiendo indicaciones de Westinghouse y otros industriales apeló el 7 de junio la sentencia alegando que la electrocución era un «castigo cruel e inusual» y violaba, por tanto, la Constitución de los Estados Unidos. En el juicio, Cockran expuso que en tanto era imposible medir la resistencia eléctrica de una persona se desconocía si la aplicación de la corriente eléctrica causaría la muerte inmediata del reo o una larga agonía. El fiscal, William Poste, alegó que a los voltajes utilizados la resistencia era irrelevante y en todo caso se produciría la muerte instantánea del reo; su postura fue defendida por su principal testigo, Edison, quien no desaprovechó la oportunidad para mencionar que tales voltajes debían suministrarse con corriente alterna y referirse explícitamente a los generadores de Westinghouse.
El fallo, del 9 de octubre, fue favorable al estado de Nueva York y la posterior apelación ante el Tribunal Supremo del estado fue igualmente desestimada el 21 de marzo de 1890 rechazando en la sentencia el alegato de castigo cruel e inusual y afirmando que a diferencia de la hoguera, o la rueda en los que el reo era torturado y sometido a una muerte lenta, la legislación del estado de Nueva York evidenciaba una «humana y compasiva intención» sustentada en evidencias científicas que dejaban fuera de toda duda que el paso de la corriente eléctrica a través del cuerpo provocaría la muerte instantánea del condenado. Una posterior apelación de Roger Sherman, contratado también por Westinghouse, presentada ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos alegando que Kemmler no había tenido un juicio justo fue desestimada por Melville Fuller, el Presidente del Tribunal, el 19 de mayo al no percibir en las actuaciones del estado de Nueva York y su Tribunal Supremo ninguna violación de los privilegios e inmunidades que como ciudadano estadounidense le garantizaba la Constitución Federal.
A las seis de la mañana del 6 de agosto de 1890 en la prisión de Auburn se procedió a la ejecución de la sentencia. Tras aplicar la corriente durante 17 segundos a través del cuerpo de Kemmler los médicos declararon que se había producido la muerte pero de pronto el cuerpo de Kemmler comenzó a contorsionarse violentamente; después de cargar los generadores, en una espera que al reo debió hacérsele eterna, se aplicó de nuevo la corriente esparciéndose por la habitación un olor a carne y cabello quemado. Según testigos presenciales durante la ejecución la cabeza de Kemmler ardió y Westinghouse declaró que «hubieran hecho mejor usando un hacha»; para Edison, sin embargo, Kemmler ya estaba muerto tras la primera aplicación de la electricidad. Al día siguiente la prensa de Nueva York calificó la ejecución de «carnicería».
[escribe] Reacciones públicas
A pesar de que la primera ejecución no fue precisamente muy humanas, lo cierto es que la oposición a la silla eléctrica fue paulatinamente cediendo. Al año siguiente, en 1891, el New York Times recogía en su editorial: «Nos inclinamos a creer que el uso de la corriente eléctrica para infligir la pena de muerte es tan civilizado como cualquier método que pueda desarrollarse, pero estamos completamente seguros que nada puede ser más horriblemente bárbaro que la palabra electrocution que los enemigos del idioma inglés tan insidiosamente pretenden introducir. Ya es bastante malo combinar elementos griegos y latinos en la formación de una palabra inglesa, pero es que cution es tan sólo una fragmento de un elemento latino, como en execution, no construida como exe-cution sino como ex-ecution. Más aún, ejecución y ejecutar no se aplican apropiadamente a la persona a la que se inflige la pena de muerte, sino que han de referirse a la sentencia del tribunal. Un hombre no puede ser ejecutado, a no ser cuando es hecho. Hablar de electrocutarle es una sandez.»
En julio la revista The Manufacturer and Builder se hacía eco del editorial y proponía incluso la adopción de la palabra electrothany [electrotanasia]. A renglón seguido la misma revista afirmaba que después de las últimas cuatro ejecuciones no quedaba duda de que el nuevo sistema «en manos competentes» era un método de ajusticiamiento seguro, instantáneo e indoloro. Por tales derroteros discurría la discusión mientras los estados de la Unión iban incorporando el método de ejecución. Ohio (1897), Massachusetts (1900), Nueva Jersey (1906) y Virginia (1908) fueron los primeros pero pronto se superaría la cifra de veinticinco estados convirtiendo este método de ejecución en el más «popular». El vulgo llegó incluso a bautizar las sillas utilizadas con nombres tales como Sizzlin' Sally (Sally la chisposa), Old Smokey (la vieja humeante), Old Sparky (el viejo chisporroteador), Yellow Mama (la madre amarilla) y Gruesome Gertie (Gerty la horripilante). La introducción de la cámara de gas en la década de los cincuenta no supuso una disminución significativa de las electrocuciones y de hecho la silla eléctrica sólo se vio desbancada al adoptar Texas en 1982 la inyección letal. En la sustitución del método de ajusticiamiento mucho tuvieron que ver las ejecuciones fallidas que periódicamente se habían venido produciendo.
[escribe] Método de ajusticiamiento
El prisionero es atado a la silla eléctrica colocándole un electrodo en la cabeza y otro en la pierna izquierda, puntos entre los cuales discurrirá la electricidad atravesando el cuerpo del reo. La aplicación de la electricidad se suele hacer en dos fases. Primero se aplica un voltaje de aproximadamente 2000 V con el propósito de vencer la resistencia eléctrica de la piel, descarga que, se supone, deja inconsciente al reo. Una vez conseguido el paso de la corriente el voltaje se desciende, para evitar la combustión del cuerpo, hasta una intensidad de aproximadamente 8 A a pesar de lo cual es habitual un calentamiento hasta los 59 ºC lo que provoca severos daños en órganos internos.
[escribe] Referencias
| | |
|---|---|
Bibliografía
- Marlee MacLeod, The Electric Chair.
- Fallo del Tribunal Supremo en el caso Kemmler.
- The Manufacturer and Builder, Vol. XXIII., No. 7.
- Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano. Montaner y Simón Editores, Barcelona, 1887-1899.
Otras fuentes de información
Notas