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Sereno

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Sereno en una felicitación navideña del siglo XIX.

El sereno (del latín serēnum, tarde, noche) es un oficio prácticamente desaparecido, se encarga de vigilar durante la noche y velar por la seguridad en sus rondas, siendo antes una ocupación habitual tanto en España como en varios países de América (Argentina, Chile, El Salvador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay).

Historia

Se tiene noticias de su existencia desde al menos 1715, creándose el Cuerpo de serenos el 12 de abril de 1765. Su primera regulación conocida es el Real Decreto de 16 de septiembre de 1834, en el que se establecía su función en las capitales de provincia, es en este decreto donde se especificaban las aptitudes que los mismos debían tener:

…robustez, agilidad proporcionada al objeto, cinco pies como mínimo de estatura, no ser menor de 20 años ni mayor de 40, tener fuerte y clara la voz, saber leer y escribir para dar por escrito los partes, observar conducta irreprensible y no haber sido procesado por camorrista, perturbador del orden público, ni por robo, embriaguez ni otra causa negativa…

Al principio carecían de remuneración, dependiendo de las dádivas que recibieran de los pobladores, hasta que finalmente su retribución fue asumida por los municipios; aún así, al igual que otros empleados municipales, antes de la Navidad visitaban las casas entregando una felicitación en busca del aguinaldo. Como representantes de la Autoridad llevaban uniforme, con gorra de plato, azul oscuro y abrigo (un guardapolvo y posteriormente un capote) gris. El patrón de los serenos es el Santo Ángel de la Guarda.

La profesión se vio abocada a la desaparición en el siglo XX con la llegada de los porteros automáticos, que no hacían necesaria su presencia en una de sus principales funciones, unido a la automatización del encendido del alumbrado. En Madrid se suprimió el Cuerpo de serenos en 1976, cuando estaba integrado por más de un millar de miembros.

Actividad

En la época colonial española fue el encargado de encender las farolas (el Cuerpo de faroleros no se implanta hasta 1797 por Carlos III). Para ejercer ese fin portaba un farol, llevando una prenda de abrigo al ser una actividad que se desarrollaba a la intemperie.

Además contaba con un silbato y un chuzo, el silbato cayó en desuso, no así el chuzo que era una vara, especie de porra o bastón, rematada con una punta de clavo. Ambos los utilizaban para comunicarse, tanto entre ellos como para avisar de la necesidad de ayuda o de su presencia ya a posibles infractores, ya a los que le necesitaran. Para hacer las señales con el silbato se emitían diferentes tipos de sonido. En tanto que con el chuzo se daban golpes con el clavo, muy sonoros y que en el adoquinado hacían saltar chispas, bien uno solo indicando que acudía a una llamada, bien varios, al arrastrarlo por un enrejado, para señalar su presencia y así advertir a un posible infractor que desistiese en su acción.

El uso del silbato (pito) llegó a ser tan excesivo por algunos de estos que la policía, que debía acudir en su ayuda, llegó a ignorar la señal, de ahí que cayera en desuso; precisamente de este hecho deriva la expresión popular de «Tomar por el pito de un sereno», significando que algo o alguien es ignorado no dándosele ninguna importancia.

Entre sus tareas de seguridad no sólo hacían vigilancia, también acompañaban a los transeúntes hasta su domicilio para su protección o cuando precisaban ir a la farmacia, custodiaban los inmuebles, ayudaban a sus inquilinos si se daban circunstancias de necesidad, perseguían a los malhechores, ahuyentaban a los alborotadores, y detenían a los que fuera menester conduciéndolos al cuartelillo de serenos donde les retenían mientras la policía acudía; además de avisar a la policía, también se encargaban de requerir a los bomberos en los casos de incendios y a los servicios sanitarios en las urgencias (e. g. médicos o comadronas en los partos).

En Argentina, El Salvador y España ha tenido la particularidad de ocuparse, además de la seguridad nocturna en la población, del encendido del alumbrado público, así como de custodiar las llaves de los portales de las calles que patrullaba, el manojo de llaves lo llevaba cogido con una cadena al cinturón; a las diez de la noche los porteros de los inmuebles los cerraban y para acceder a la finca era necesaria la intervención del sereno, por lo que a los menores se les solía poner esa hora como límite para regresar a sus hogares. Su presencia se requería dando unas fuertes palmadas a la vez de gritarse la palabra «¡Sereno!», el sereno respondía dando un sonoro golpe con su chuzo, a veces a la voz de «¡Va!».

Ha quedado de estos la expresión popular «¡Las doce y sereno!», ya que los serenos cuando hacían su ronda, cada hora aproximadamente, pregonaban por las vías que transitaban tanto la hora (horas, cuartos y medias) como el tiempo que hacía, de ahí por ejemplos «¡Las doce en punto y sereno!», que indicaba la medianoche y la buena meteorología, o «¡Las doce y cuarto y nublado!» o «¡Las tres y media y lluvioso!».

Se ha intentado recuperar esta actividad en alguna localidad (como en Gijón en 1998, en Murcia, y en el barrio madrileño de Chamberí en 2006). En ellas son empleados municipales, dedicados entre otras cosas a evitar situaciones incívicas en horario nocturno, o a acompañar a los comerciantes que tras cerrar y hacer caja han de efectuar el depósito bancario de la misma.

En los países que aún tienen profesionales denominados serenos (en ciertos sitios con otros nombres equivalentes) son vigilantes, policialess o no, que realizan su trabajo a horas nocturnas.

Referencias

Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información