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San Canión de Atela

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San Canión de Atela
(Cita atribuida o dedicatoria a su persona, o su aspecto más destacado)
(Autor de la cita o dedicatoria)

Canión


África, siglo III

Atela (Potenza), Campania, Italia, 25 de mayo, siglo IV

Santo católico, obispo y mártir romano


Biografía

La descripción de su pasión se basa en un códice en pergamino de la Catedral de Acerenza (Potenza), según éste Canión sería un obispo de origen africano, de la iglesia de Juliana en Cirenaica. Durante el segundo año del reinado de Diocleciano, en el 292, tuvo lugar la famosa persecución contra los cristianos, que se acometería ferozmente también en las provincias romanas de África. Canión fue llevado a Cartago donde sería sometido a extenuantes interrogatorios y torturas. Al negarse a hacer sacrificios a los dioses paganos, desnudo, se le azotó con látigos con plomo y padeció el fuego de las antorchas en su carne, encarcelándosele hasta el final para menoscabar su vida.

El prefecto de Cartago, Pigrasio, ordenó que se le sacara de la cárcel y, al persistir en su fe en Cristo, que se le supendiese en una pila, siendo apaleado despiadadamente durante una hora, hasta perder toda su sangre. Durante el tormento el santo obispo siguió predicando el Evangelio y muchos de los paganos presentes se convirtieron, sufriendo a su vez el martirio pues serían decapitados muchos de ellos. Pigrasio, viendo lo sucedido, intentó disuadirlo con halagos y promesas, pero Canión se reafirmó en lo inquebrantable de su fe; mandando entonces el prefecto que se continuara con más azotes, vertiéndose sobre sus heridas plomo derretido, para finalmente determinar su decapitación.

No obstante, cuando se le conducía al cadalso, se desencadenó un terrible cataclismo, acompañado por terremotos, huracanes, granizo e infernales rayos y truenos, por lo que escapa de sus verdugos. Canión, por orden del prefecto, se aleja de África; lo hace en un barco roto que pilota un ángel y que le conduce felizmente hasta la costa de la Campania. Los africanos le echarán en cara a Pigrasio el haber perdido a un hombre tan excepcional.

Canión reanudará su labor pastoral en Atela, convirtiendo a numerosos paganos; a su gran carisma, le acompañarán en su apostolado sanaciones y milagros. Al llegar a Atela, en su anfiteatro, se le presentó un hombre moribundo aquejado de una angina de pecho, el santo le hizo pasar bajo el arco del anfiteatro y sanó al instante. También curó la ceguera a una viuda, Eugenia, así como libró del demonio a un hombre poseído. También se le atribuye la resurrección de muertos.

Pero incluso en Atela los emisarios del mal le dieron alcance, provocando el alboroto entre la gente y que ésta se rebelase contra él, queriendo lapidarlo; el santo, ya anciano, no sabiendo cómo huir de la lluvia de piedras se escondió dentro de un arbusto protegiéndose con la tela de las arañas, encomendando, debilitado por la edad y las torturas, su alma a Dios.

El cuerpo lo custodió un pájaro durante días, hasta que un grupo de cristianos lo recogió, sepultándolo en el cementerio de los santos Félix y Vicente, junto a las dos basílicas de estos santos confesores. San Elpidio vio volar su alma al cielo en forma de paloma y sobre su sepultura levantó una iglesia y un cubículo con una inscripción loando sus virtudes.

La antigua ciudad de Atela fue destruida por Genserico y el obispo de Acerenza, León, decidió trasladar los restos del santo a la iglesia metropolitana en el 779, donde son reverenciados junto con su báculo; se dice que de las columnas donde descansa brota un líquido milagroso al que llaman «maná».

Según leyendas de siglos posteriores, cuya función no era hagiográfica, sino la de edificar a los fieles, Canión sería uno de los doce obispos africanos (Castrense, Prisco, Canión, Elpidio, Segundo, Rosio, Marco, Heraclio, Agustín, Adiutore, Vindonio y Tammaro) perseguidos por el rey vándalo Genserico al intentar introducir el arrianismo, durante su persecución de los cristianos. En estas versiones sufrirían los doce torturas en África, siendo consolados en la cárcel por un ángel. Y es uno de sus oficiales, Aristodemo, quien aconseja al rey que les deje embarcarse y partir en un barco roto; sin embargo, la nave no se hunde como esperaban y alcanza la costa de Campania, llegando a Liternum o Volturnum (variando según los diferentes autores). Un ángel les conducirá a las ciudades, y de ellos, Canión y Elpidio se dirigirían a Atela.

Se le representa con el báculo y una palma. Su festividad se celebra el 25 de mayo en el santoral católico.

Referencias

Bibliografía

  • Martirologio romano, enero a junio, Diócesis de Canarias, enlace revisado por última vez el 25 de mayo de 2011.
  • Franzese, Andrea, San Canio (Canione) di Atella Vescovo e martire, Santi e beati, en italiano, enlace revisado por última vez el 25 de mayo de 2011.
  • Ugelli, Ferdinando, Passio S. Canionis. En: Italia sacra, tomo VII: 14-24.
  • Anónimo, Vita S. Castrensis. En: Acta Sanctorum, PP. Bollandisti, 1600.

Notas

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