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San Antonio Abad
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
A este santo se le conoce como Antonio abad, Antón, Antonio el Ermitaño o Antonio el Grande (215-256).
En latín, Antonius; en italiano, Antonio; en francés, Antoine; en inglés, Anthony; en alemán, Antonius. Su fiesta se estableció el 17 de enero tras el traslado de sus reliquias al Delfinado. Se le considera como el fundador del movimiento cenobítico.
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[escribe] Biografía
Su vida fue contada por San Atanasio y San Jerónimo y más tarde se popularizó en el libro de vidas de santos llamado La leyenda dorada escrito por Santiago de la Vorágine. Nació en el Alto Egipto y muy joven se retiró al desierto. Allí tuvo una serie de tentaciones del diablo que supo afrontar con gran entereza. Se extendió su fama de santidad y así empezaron a unirse a él una serie de discípulos por lo que no tuvo más remedio que organizar un cenobio. Pasado algún tiempo sintió la necesidad de recobrar la soledad perdida y se retiró hacia el mar Rojo para vivir de nuevo en retiro. Cuentan su hagiógrafos que su vida se alargó hasta más de cien años.
Al final casi de su existencia se acercó a visitar a Pablo el Ermitaño que era un famoso decano de los anacoretas de Tebaida.
Según la leyenda, a Pablo le alimentaba cada día un cuervo que le suministraba un pan, pero cuando llegó Antonio, el cuervo les suministró dos panes en lugar de uno. Cuando Pablo el Ermitaño murió, Antonio le enterró con la ayuda de dos leones.
Se cuenta también (siempre en el campo de la leyenda) que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. El Santo curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara. Con el tiempo la costumbre de las gentes cambiaron la jabalina por un cerdo y es así como suele representársele. Otras fuentes dicen que la jabalina era el demonio, con intención de tentarle y que Antonio supo domesticarle.
Las reliquias de Antonio fueron llevadas a mediados del siglo XI al Delfinado (antigua provincia fronteriza al sureste de Francia), a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. La devoción por este santo llegó también a tierras valencianas, difundida por el obispo de Tortosa a principios del siglo XIV.
[escribe] Los antonianos
La orden de los antonianos se ha especializado desde el principio en la atención y cuidado de enfermos con dolencias contagiosas: peste, lepra, sarna, venérea y sobre todo la llamada fuego de San Antón o fuego sacro o fuego sagrado. Se establecieron en varios puntos del Camino de Santiago, a las afueras de las ciudades, donde atendían a los peregrinos afectados. El hábito de la orden es una túnica de sayal con capuchón y llevan siempre una TAU (una cruz en forma de TAU, como la de los templarios). Durante la Edad Media además tenían la costumbre de dejar sus cerdos sueltos por las calles para que la gente les alimentara. Su carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero para la atención de los enfermos.
[escribe] Iconografía
Se representa a San Antonio abad como un anciano con el hábito de la orden y con un cerdo a sus pies. Muchos artistas han tomado este tema para sus obras. Uno de los más conocidos es El Bosco que pintó el célebre cuadro “Las tentaciones de San Antonio”.
En algunos pueblos de Valencia se celebra con gran alegría la festividad de este santo. En la víspera, la noche del 16 de enero, encienden grandes hogueras en su honor, se dice que para recordar el fuego de San Antón con que se conocía la enfermedad del cornezuelo del centeno, que en muchos casos el santo curaba milagrosamente.
[escribe] Referencias
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Notas