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Revuelta de los Bátavos (69-70)
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
Tras la muerte de Nerón en el año 69, las profundas convulsiones que había experimentado el Imperio Romano de resultas de la rápida sucesión de cuatro emperadores (Galba, Oton, Vitelio y Vespasiano), tuvo por epílogo un movimiento peligroso en la Galia y en la parte romana de la Germania.
Los celtas y galos habían observado los sangrientos efectos que la división interior había producido en el Imperio Romano (en el año 69 se despedazaron los ejércitos romanos en la guerra interior del Imperio entre Vitelio y Vespasiano, que se decidió a favor de este último tras la encarnizada batalla de Cremona) la suerte de la guerra, división que habían los romanos precisamente utilizado y fomentado entre estas tribus Bárbaras ("divide y venceras") para la destrucción de las mismas.
Hay que unir a lo dicho, la incomprensible indiferencia con que se recibieron en Roma las noticias de los terribles reveses que sufrían el honor y armas romanas en la Galia y Germania con el levantamiento o revuelta de los bátavos, acaudillada por Julio Cayo Civilis, degollando ejércitos enteros, destruyendo campamentos de invierno de las legiones y tomando por asalto importantes fortalezas que produjeron la insurrección de las Galias.
Los bátavos, rama del pueblo de los catos, arrojados de su país, se habían fijado en los últimos distritos de la Galia, entre los diferentes brazos, bancos de arena y embocaduras del Rin y entre el propio Rin y el otro brazo del Waal, en forma de isla, concocida despues como "isla bataviana" (Países Bajos) y vivían como aliados de Roma y se les trataba con mucha atención y como único tributo que debían a Roma era proporcionar contingentes de su excelente caballería, tropas auxiliares de extraordinario valor y excelentes nadadores, que se comportaron brillantemente en Germania y Bretaña.
Pero sucedió que la codicia, vicios y depravaciones de los funcionarios romanos (como ejemplo el siguiente: reclutaban los romanos en las levas que hacían, a hermosos jovenes de los bátavos que no empleaban en la guerra sino para sus abominables vicios) acabaron por enajenar al Imperio Romano las simpatías de tan valiosos aliados, como antes ya sucedió con los frisónes y la fermentación de odio contra los romanos creció paulatinamente hasta estallar en la citada sublevación o revuelta de los bátavos, liderados por un hábil jefe entre ellos, J.C.Civilis, que supo excitar el rencor y dirigir con suma destreza el movimiento de los insurrectos contra el Imperio (los neerlandeses no han olvidado a J.C.Civilis como su primer caudillo libertador, a quien comparan con Guillermo de Orange) y de un modo calculado atraerse a la Germania y la Galia y quizas, saliendo bien su empresa, constituir con ambos países un nuevo y vasto Imperio, es decir, la idea de fundar una monarquía para reunir las fuerzas de numerosas tribus y pueblos en una sola potencia.
Cuando llegó a la Galia y Germania la noticia de la muerte de Vitelio, fue una señal de un recrudecimiento de hostilidades de Civilis, junto a la Galia que se levantó para sacudirse el yugo de Roma y lo que mas corraboro esta supuesta ruina del Imperio Romano fue el incendio del Capitolio en el año 69 (los druidas dueños espirituales de la población celta habían declarado que cuando los galos invadieron Roma, había quedado ileso el Templo de Júpiter y en pie el poder de los romanos, pero que a la sazón el incendio de aquel santuario demostraba que los dioses retiraban su protección a Roma y le enviaban el merecido castigo, prediciendo, que en adelante, el imperio del mundo sería dado a los pueblos del Norte de los Alpes, profecía verdadera que se anticipó en 4 siglos a la realidad, aunque Cornelio Tácito la llame una ilusión vana y quimérica de druidas)
Tras dos años de batallas campales y sitios y toma de ciudades entre los romanos y los bátavos, esta sublevación finalmente no consiguió sus objetivos por lo siguiente:
- Las inteligentes artimañas diplomáticas del general romano Cerial, ofreciendo el perdón a Civilis si abandonaba la guerra y por otros agentes prometió al pueblo bátavo la paz si renunciaba a las hostilidades y volvía a la alianza de antes, entrando también en correspondencia con la profetisa Veleda y sus allegados, diciéndoles que los parciales de Civilis no habían sacado de tanta guerra mas que heridas, una vida fugitiva y de luto..ect y que Roma tenía a su favor la justicia, los dioses y el derecho de venganza (estas amenazas iban acompañadas de sus respectivas promesas y ambos medios produjeron el resultado que el general deseaba)
- Se enfrió el espíritu belicoso de los germanos aliados de Civilis
- Divisiones interiores entre los bátavos
- Se formó una corriente de opinión favorable a la paz y el reconocimiento del emperador Vespasiano, ya que la única servidumbre de los bátavos, a diferencia de otros pueblos germánicos, era la de proporcionar contingentes de hombres armados, servidumbre muy próxima a la libertad
- Los bátavos ya estaban muy romanizados como cita Cornelio Tácito
- Los nobles bátavos atribuían toda la culpa a Civilis, el cual en opinión de aquellos solo había logrados la ruina de su pueblo y había irritado eso a los dioses
- Civilis lo que intentó entonces es no seguir la misma suerte de otro caudillo germánico anterior a él, Arminio, salvando el pellejo y como ya no podía seguir la guerra abandonado por todos, pidió al general romano Cerial una entrevista y en el puente de Nobalia, cerca de Nimega (Países Bajos), se presentó como partidario de Vespasiano y los bátavos se sometieron otra vez a Roma y esta se sirvió del país de los batavos como base de operaciones contra Bretaña
- En cuanto a la profetisa Veleda, con la cual había estado Roma en tratos amistosos, murió probablemente en el Imperio Romano, donde se sabe estaba prisionera, conforme a las palabras de Estacio "...captiva que precer Velleda" y las de Cornelio Tácito "vidimus Velledan" (Dion Casio tambien conoció a la profetisa)
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Bibliografía
- Historia Universal, 1890-94, Barcelona, Montaner i Simon editores (reeditada en el año 1934 en 46 volumenes)
- Casio, Dion.-Historia romana, Madrid, Gredos, 2004, 2 volumenes
- Cornelio Tácito.-Germania, Buenos Aires, Losada, 2007; Anales, Madrid, Akal, 2007
- Gayo Suetonio Tranquilo.-Vidas de los Doce Césares, Madrid, Gredos, 1992, 2 volumenes (Vidas de Vitelio y Vespasiano)
Notas