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Revoluciones liberales europeas

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Hacia 1850 tiende a aparecer un sistema de gobierno que incluye la libertad dentro de las relaciones políticas. Un gobierno en el que la autoridad no proviene de la tradición o la fuerza, pero en el que el pueblo no participa directamente: las democracias parlamentarias, con voto de los representantes cualificados. Este voto lo pueden ejercer sólo los ciudadanos que tiene una cierta renta o un cierto nivel cultural, los que pertenecen a la burguesía. Se forma, así, un país legal que es el que vota por medio del sufragio censitario y masculino, y que es el que se convoca a las urnas. El sufragio universal no se practicará hasta la Francia de Napoleón III y la Alemania de Bismarck. Ambos son regímenes de beneficencia, que controlan los movimientos sociales que amenazan a la burguesía por medio de concesiones sociales, y que aseguran la tranquilidad social por medio del bienestar del proletariado. Un bienestar paternalista muy efectivo.

Los países capitalistas entran en crisis económica a finales del siglo XIX, en lo que se conoce como la |gran depresión. Todos los países adoptan medidas proteccionistas e intentan construir un imperio colonial con el que tienen relaciones comerciales privilegiadas. El objetivo es conseguir mercados amplios y protegidos.

Tras el periodo revolucionario, la monarquía borbónica había sido restaurada en Francia en la figura de Carlos X. En 1830 comienza otro ciclo revolucionario, de carácter burgués y legitimista, que derroca a Carlos X para llevar al poder a Luis Felipe de Orleans; el cual se compromete a dejar de lado el absolutismo borbónico y aceptar una monarquía constitucional que gobernase en beneficio de la burguesía. Este ciclo revolucionario se extenderá por toda Europa. Pero Luis Felipe es un gobernante autoritario para las pretensiones de la burguesía y en 1848 comienza otro ciclo revolucionario.

Esta será una década de revoluciones burguesas que llevarán al poder, definitivamente, a esta clase social. En todos los países triunfa la revolución: Bélgica, Suiza, Polonia, Alemania, en Francia con Napoleón III, en España con Isabel II, etc. El punto culminante del proceso revolucionario se produce en 1871 con los episodios de la comuna de París.

Esta es la época en la que en Inglaterra gobierna la reina Victoria, la época victoriana que durará desde 1837 hasta 1901. La época victoriana se caracterizará por la consolidación de un sistema parlamentario controlado por una oligarquía burguesa en la que se vota según un sufragio censitario. En 1849 se proclama la «libertad de cambio» y las actas de navegación, que controlaban el comercio, son suprimidas. La época victoriana es también la fase en las que nacen los partidos modernos. Benjamín Disraeli es el gran ministro de la reina y el promotor de las reformas liberales en favor de la burguesía. Es también el gran valedor de la construcción de un imperio colonial marítimo que se extenderá por todo el mundo.

La burguesía también triunfa en los Países Bajos y en Bélgica. En estos países hay unos problemas religiosos de fondo: los católicos flamencos, rurales y tradicionales, enfrentan sus intereses a los liberales, urbanos y burgueses. Entre 1846 y 1848 triunfa una revolución burguesa de carácter laico y liberal, en lo económico. Se proclama una constitución que consagrará el parlamentarismo representativo y la monarquía constitucional. El equilibrio político se mantendrá gracias a la alternancia en el poder de dos partidos: el monárquico y el nacionalista flamenco. En Bélgica, el impulso colonial será una empresa privada del rey Leopoldo II.

En España también triunfan los liberales: cuando es coronada Isabel II. El país se divide entre liberales y moderados, y todo el periodo está marcado por las tensiones entre estos dos partidos. No obstante, serán los moderados los que gobiernen la mayor parte del tiempo. La revolución de septiembre de 1868, conocida popularmente como La Gloriosa. supuso el inicio del Sexenio Revolucionario que culmina con la Restauración Borbónica de 1874. En opinión de Ricardo de la Cierva durante este período se vertieron todos los absurdos del siglo XIX. Sin embargo historiadores liberales (Josá María Jover, Carlos Seco o Miguel Ángel Arola) le atribuyen tintes utópicos e idealistas

Sin embargo, es Francia el principal foco revolucionario, en 1848. En los comienzos de las revueltas se recuerda el mito napoleónico, de orden y democracia parlamentaria, que representa Napoleón III. Napoleón III garantizará una monarquía constitucional. Accede al poder en 1851 tras un golpe de Estado, y su política se mantiene gracias al impulso que recibe el colonialismo. Durante la época revolucionaria continúa la tensión entre republicanos y monárquicos. Napoleón III realiza concesiones importantes en el campo de la política, como el sufragio universal, pero no convocará elecciones al parlamento. Sin embargo se mantiene gracias a frecuentes plebiscitos. No obstante, la intolerancia parlamentaria lleva a la restauración del Imperio por parte de Napoleón III. Este es un periodo de crecimiento económico y de difusión de la industria. La economía crece gracias al gasto oficial y a las numerosas obras públicas, como la reforma de París. No obstante, el régimen imperial no tiene un gran apoyo popular, y tras la derrota en la guerra Franco-Prusiana (1870-1871) las tensiones se agudizan, iniciándose un nuevo ciclo revolucionario de carácter republicano, que culminará en la comuna de París, en 1871. En 1877 triunfa definitivamente la república con un sistema político parlamentario y una constitución liberal. Es la victoria definitiva del liberalismo y las reformas legales.

Referencias

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