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Revolución industrial

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Qué es

Revolución industrial es el nombre que recibe un conjunto de cambios tecnológicos iniciados a mediados del siglo XVIII en el Reino Unido, así como su impacto en la sociedad: la declinación del feudalismo y la monarquía; el desarrollo del capitalismo, la democracia y el socialismo y la mecanización agrícola, las migraciones rurales y el crecimiento de la población urbana.

Entre otras, la introducción de la máquina de vapor permitió que la producción se realizara a una escala mucho mayor que con los métodos artesanales tradicionales, lo que se vio reforzado por la aplicación de los principios de la división del trabajo.

La Revolución industrial se dividio en dos etapas: la primera revolución industrial que se caracterizó por el descubrimiento de la industria textil, y la segunda revolución industrial que se caracterizó por los avances científicos y tecnlógicos.

Interpretaciones

El desarrollo tecnológico de la humanidad ha sido una constante desde tiempos inmemoriales, pero a partir del siglo XVIII ese desarrollo ha ido más rápido que anteriormente, al encontrar, rápidamente, una aplicación práctica a los avances científicos. Estos avances se fundamentan en la observación de la naturaleza y tienen aplicación en el mundo cotidiano. Esto es lo que se ha dado en llamar revolución industrial.

La primera fase de esta revolución industrial, moderna, surge en Inglaterra en el siglo XVIII y XIX con el despegue tecnológico como hecho más destacado. Lo fundamental de la revolución industrial es la transformación del sistema económico.

En fecha tan temprana como 1837-1838 Engels, que es el primero en utilizar el término revolución industrial, en su libro «Situación de la clase obrera en Inglaterra», estudia las relaciones que existen entre el surgimiento de la producción en fábricas y el desarrollo del proletariado industrial y la transformación de las estructuras sociales. Todo esto lo sistematizará más tarde Carlos Marx en «El capital», un esquema teórico de interpretación de la revolución industrial. También John Stuart Mill describe el proceso en 1848, en su libro «Principios de economía política».

Durante la revolución industrial se establece la división entre propiedad y trabajo, y la concentración de los recursos económicos. Es el fin de una época con un determinado concepto de la propiedad y de la producción (el feudal) en el que las relaciones de intercambio estaban poco desarrolladas, en un marco de obligaciones serviles y de relaciones de trabajo dependientes y semidependientes. Se crean nuevas formas de generar plusvalías. Se mercantilizan las relaciones sociales. También se estudian las leyes del movimiento y de la transformación de la sociedad capitalista. Se examinan las formas de trabajo asalariado, comprado y vendido como fuerza de trabajo, la división del trabajo y el sistema de fábrica, en las que se emplea la máquina, para la producción, como medio de reducir los costes unitarios, incrementando así los beneficios. Para lograr esto es necesario concentrar los medios de producción. Además, el incremento de los productos industriales implica el aumento del mercado, ya que es necesario un número mayor de personas que compren los productos fabricados. Esto se consigue gracias a la reducción del precio unitario, y a que, en un principio, los consumidores principales de los productos industriales son la propia industria y los transportes, aunque también el proletariado que compra productos, textiles sobre todo.

Para los contemporáneos, en el siglo XVIII y XIX, la revolución industrial es ante todo la destrucción de las costumbres y las comunidades de trabajo tradicionales. Los contemporáneos ven el desarrollo tecnológico como un empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores más humildes ya que se quedan sin el amparo de los gremios. Los gremios son, además, los garantes de la calidad de los productos. Se organizó en un movimiento llamado Ludismo.

Lo más llamativo para los contemporáneos fue el éxodo rural, ya que probablemente fue la manifestación más espectacular, e inmediata, del proceso. En 1906 Paul Mantoux estudia este tema en su libro «La revolución industrial en el siglo XVIII», junto con el asunto del colonialismo mercantil que marcó la política económica y exterior de todos los países industrializados. Existen teorías que explican la revolución industrial desde el punto de vista demográfico, demostrando sus tesis gracias al éxodo rural, al aumento del salario rural y a la disminución de los ingresos señoriales, que obligaría a la población a buscar otros medios de vida.

Adam Smith es uno de los primeros teóricos de la economía, que se dedica a estudiar cómo funciona el capitalismo. Sus tesis se apoyan en las decisiones económicas y en las actitudes sociales de la burguesía industrial. Sus ideas revolucionaron los conceptos sobre el trabajo, el valor, el dinero, etc.; y mostró a la sociedad de la época cómo funciona el capitalismo. Esto le valió los ataques más airados de la burguesía y, también, la toma de conciencia de los males del capitalismo por parte de algunos burgueses ilustrados, que tomarán una postura moral ante los desmanes del capitalismo, y tratarán de reformarlo buscando fórmulas que se recogerán en la ideología comunista.

Estudiosos como Werner Sombart y Henry Sée mantienen la tesis de la continuidad, y no de la ruptura, de la revolución industrial. La tesis de la ruptura se establece a posteriori al comprobar que fue un proceso continuo y sin marcha atrás que duró tan sólo 20 años. Sin embargo, para el triunfo de la revolución industrial fue necesario que se formaran los Estados nacionales, se redefinieran los derechos sobre la propiedad, se identificara el beneficio privado con el progreso colectivo, se desarrollara el mercado y la ciudad, y que disminuyeran los costes de producción gracias a la máquina y el sistema de producción en fábricas.

Una interpretación más cercana a nuestros días es la que nos ofrece Keynes, según la cual la revolución industrial tuvo una parte de ruptura y otra de continuidad. Durante la revolución industrial aumentan las rentas per cápita, y no sólo el producto interior bruto. Se modifican las formas de producción, al utilizar máquinas, de distribución y de mercado. El aumento de la renta per cápita supone nuevos usos de las rentas y un cambio en la composición de la demanda, que implican una transformación en el sistema social de valores. La revolución industrial supone el fin de las crisis de subsistencia por falta, o aumento, de la fuerza de trabajo.

Pero, en realidad, todas estas cosas son causas y condiciones determinantes del desarrollo industrial. En la revolución industrial actúan una serie de factores de tipo endógeno y otros de tipo exógeno que determinan su curso.

Factores de tipo endógeno

La revolución industrial tienen lugar gracias a una serie de factores que tienen que ver exclusivamente con cambios en la propia industria, y en la economía, que es emplea en su impulso. Estos son: el progreso tecnológico, la acumulación de capital y la política empresarial.

El progreso tecnológico

Durante el periodo que se conoce como revolución industrial se multiplican las innovaciones técnicas que se pueden aplicar en la industria. Este es un factor decisivo para el proceso de revolución industrial, y condición indispensable para su desarrollo. Pero no sólo se producen innovaciones tecnológicas, sino que, además, se aplican en el sistema productivo, con lo que se consiguen reducir los costes unitarios.

La aparición de maquinaria en el trabajo, que era capaz de realizar las tareas que estaban haciendo los obreros, supone un cambio en las relaciones entre el empresario y el trabajador, y en las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo; no sólo porque las máquinas hagan la tarea de los obreros con mayor eficacia, sino, también, porque estos deben hacer otro tipo de tareas, como el manejo de la máquina, y no el trabajo de producción directo.

Los avances científicos y tecnológicos comienzan a madurar cuando responden a una necesidad de la burguesía. Las primeras innovaciones se dan en la industria textil. En 1733 John Kay inventa la lanzadera volante, y en 1764 James Hargreavas la Spinning Jenny. Estas máquinas están destinadas a aumentar la productividad, con lo que se ahorra mano de obra. En realidad, no son más que hiladoras múltiples. Pero, también, Henry Cort inventa un nuevo sistema de pudelación y laminación del hierro, James Watt la máquina de vapor, en 1767, de tanta transcendencia, y con tantas aplicaciones en la revolución industrial. Estos inventos se aplican, sobre todo, en la siderurgia, y posibilitan la mecanización de la producción, hacer hierro a bajo coste, y permiten la transformación sencilla del producto. La fabricación de hierro es fundamental en los inicios de la revolución industrial, por que la propia industria y los transportes son grandes consumidores de hierro y acero.

La acumulación de capital

Para que sea posible el uso de maquinaria en la industria, una condición previa es que los empresarios que van a utilizarla tengan el capital suficiente como para desembolsar las grandes cantidades de dinero inicial que cuestan las máquinas. Es necesario, pues, una acumulación previa de capital. Esta acumulación se produce gracias al aumento de la tasa de ahorro en la agricultura.

Sin embargo, se ha discutido mucho sobre el problema de la acumulación primitiva de capital. Otra teoría cree que fue posible gracias a la gran disponibilidad de metales preciosos que había en Europa, debido a la política colonial y mercantilista que se practicaba en la época. El comercio con América, principalmente de esclavos, era una importante fuente divisas para los países europeos; de bastante importancia en la Inglaterra del siglo XVIII, ya que el monopolio español sobre el comercio americano se estaba resquebrajando.

Además del incremento del ahorro en la agricultura, o en la burguesía mercantilista, fue necesario el desarrollo de instituciones financieras que concentrasen los diferentes capitales ahorrados por particulares y los prestasen a la burguesía industrial que comenzaba a despuntar. El desarrollo de estas instituciones financieras de préstamo está vinculado al negocio mercantil, ya que en muchas ocasiones, para financiar una gran empresa comercial con el extranjero era necesario el concurso de muchos empresarios dispuestos a invertir: de compañías de seguros y de empresas de capital anónimo y por acciones.

La política empresarial

Además de la disponibilidad de tecnología y de capitales, fue necesaria una política empresarial que estuviese dispuesta a aplicar esos avances en sus fábricas, y a pedir el dinero necesario para comprar las nuevas máquinas.

La moral protestante utilitaria, y la ideología liberal que estaba surgiendo en la época, favoreció la asunción de riesgos económicos por el deseo de acumular riqueza. La riqueza se había convertido en el nuevo modo de diferenciación social, que pronto sería más importante que el nacimiento o la pertenencia a la nobleza o el clero.

Factores exógenos

Además de las circunstancias internas que favorecieron la revolución industrial, se dieron otros factores externos que ayudaron a su implantación y difusión, como la situación en el campo, el incremento demográfico, y el comercio internacional y nacional.

La contribución del campo

El campo proporciona a la industria emergente no sólo los capitales, sino, también, la fuerza de trabajo sobrante en el campo, y las mercancías necesarias para alimentar a una población que ya no vive del campo, y que por lo tanto debe comprar en el mercado los productos necesarios para su alimentación.

Esta población supone un aumento del mercado interno, ya que demanda tanto productos agrícolas, como productos industriales, sobre todo textiles.

Capitales, fuerza de trabajo y mercancías son las tres cosas que el campo ofrece a la industria, y sin las cuales el triunfo de la revolución industrial hubiese sido mucho más difícil.

El incremento demográfico

El aumento de población que se da gracias a que (o como consecuencia de) la revolución industrial supone la ampliación del mercado de la fuerza de trabajo, lo que influye en sus condiciones de contratación. Pero, además, el aumento de población también supone un incremento de la demanda interna de productos, tanto agrícolas como industriales.

El aumento de población supone una carga para las familias jornaleras y los pequeños propietarios del campo, por lo que se comienza una emigración del campo a la ciudad en busca de nuevas oportunidades. Esta emigración, que en principio afecta a los excedentes de población, pronto influyen también a toda la población del campo, generando así un auténtico éxodo hacia la ciudad que dejará despobladas amplias zonas rurales.

El comercio internacional

Sin embargo, y a pesar de todos los factores anteriores, la revolución industrial no hubiese podido prosperar sin el concurso y el desarrollo de los transportes, que llevarán las mercancías producidas en la fábrica hasta los mercados donde se consumían.

Esta es, también, la época del desarrollo del comercio y de los sistemas de transporte, se crea una nueva tecnología de transportes, en la que el ferrocarril y el barco de vapor son los reyes, ya que pueden transportar grandes cantidades de mercancía a una velocidad que ningún otro sistema de transporte de la época es capaz de alcanzar. Además, la tecnología del transporte demanda productos industriales, con lo que impulsa la revolución industrial.

Estos nuevos transportes se hacen necesarios no sólo en el comercio interior, sino también en el comercio internacional, ya que en esta época se crean los grandes mercados nacionales e internacionales, en los que las mercancías pueden viajar libremente por el país sin necesidad de pagar aduanas. El comercio internacional se liberaliza, sobre todo tras el Tratado de Utrecht (1713), que liberaliza las relaciones comerciales de Inglaterra, y otros países europeos, con la América española. Se termina con las compañías privilegiadas y con el proteccionismo económico; y se aboga por una política imperialista y la eliminación de los privilegios gremiales. Además, se desamortizan las tierras eclesiásticas, señoriales y comunales, para poner en el mercado nuevas tierras y crear un nuevo concepto de propiedad.

La revolución industrial en Inglaterra

Inglaterra es la cuna de la revolución industrial; es el primer país donde se da y el lugar donde más se desarrolla, en el siglo XIX. Para Inglaterra la revolución industrial significa un momento de crecimiento económico y de aumento de la productividad.

El decenio decisivo es el de 1780 en el que hay un crecimiento sostenido y sin marcha atrás. En sentido estricto este es el momento de la revolución industrial. Este crecimiento no se detendrá hasta la década de 1850.

Durante el periodo de la revolución industrial se difunden las nuevas tecnologías, tanto en el sistema productivo como en los transportes. Se racionaliza la producción manufacturera. Se hacen importantes progresos en la producción agrícola, y en la extensión de la red comercial, mejorando las infraestructuras. Y, también, se hacen avances en el desarrollo del sector financiero.

Una de las condiciones para el desarrollo de la revolución industrial es el crecimiento del mercado, ya que debe existir un mercado que consuma los productos industriales. Este aumento del mercado se debe, por un lado, al incremento de las necesidades, y por otro, al desarrollo de la población. La población está permanentemente aumentando desde la década de 1780; en el proceso que se conoce como transición demográfica. Gracias a este incremento de la población aumenta el mercado interior, que será la base del impulso de la revolución industrial.

Además de aumentar el mercado, el crecimiento de la población supone la creación de una fuerza de trabajo barata, debido a su abundancia, aunque no es esta la causa del paro.

El comienzo de la transición demográfica es posible gracias al progreso coyuntural de las condiciones de vida de la población. Se mejora la alimentación gracias a los nuevos alimentos venidos de América, como la patata, el tomate y el maíz. Además, a esta mejoría de la alimentación se suma al sostenimiento de la tasa de natalidad, y como la mortalidad disminuye, debido al fin de las crisis de alimentación, a los avances médicos y al descenso de la morbilidad de las enfermedades contagiosas y las epidemias catastróficas, la población aumenta. Por otro lado, la fecundidad se adelanta, ya que los hombres y las mujeres no están sujetos a los ciclos de producción campesina y pueden casarse antes, al asegurarse los ingresos gracias al trabajo en la fábrica. Cambia el modelo de matrimonio europeo. Este aumento de la población supone su rejuvenecimiento.

El comercio recibe el impulso de la demanda exterior, que aún tiene una economía feudal y esclavista. Desde la firma de Tratado de Utrecht en 1713, se caen los privilegios proteccionistas del comercio de España con América. Esto supone una competencia de productos industriales ingleses con los autóctonos. Los productos industriales son mucho más baratos y de una calidad, aunque menor, suficientemente buena como para desplazar la producción autóctona.

El comercio con América se intensifica, sobre todo con las trece colonias americanas, después de su independencia. Uno de los comercios más prósperos fue la trata de negros. Pero no sólo con América se intensificó el comercio, sino también con Asia, a través de la Compañía de las Indias Orientales, que terminará por ser la vanguardia del colonialismo británico en este continente.

El crecimiento del mercado, tanto exterior como, y sobre todo, interior fue el gran impulsor de la revolución industrial. Además del aumento del consumo personal, lo que de verdad relanzó la producción industrial fue el consumo de bienes de equipo para la propia industria y el transporte. La industria y el transporte es el gran mercado y el gran consumidor de los productos industriales.

Uno de los problemas para las economías de todos los países era la insuficiencia de la red de comunicaciones para el transporte de mercancías. En todos los países se hicieron grandes esfuerzos para conseguir una red rápida y segura, capaz de transportar grandes cantidades de mercancía. El medio de transporte que garantizaba tales requisitos era el barco, por lo que se había hecho, en todos los países, una amplia red de canales navegables y de aprovechamiento de ríos. En España se había construido el canal de Castilla y el canal Imperial de Aragón. En Inglaterra se había densificado la red de canales durante las décadas de 1750 y 1760, con lo que la red de comunicaciones no era muy mala, y estaban comunicadas por canales las principales ciudades de Inglaterra.

Sin embargo, era necesario crear una red más versátil, ya que la construcción de canales estaba limitada por las condiciones geográficas, y no llegaban a todas partes. Para ello se construyó la red de ferrocarriles, una vía nueva adaptada a una máquina nueva, y se complementó con la mejora de la red viaria de carreteras, ya que tampoco el ferrocarril llegó a todas partes.

El desarrollo de la minería es esencial parra el progreso de la revolución industrial, ya que el carbón es el combustible de la fuente de energía que mueve las máquinas, particularmente la máquina de vapor. El carbón, sobre todo el carbón de hulla, pasa de ser consumido en el ámbito doméstico a ser utilizado en el ámbito industrial, en mayores cantidades.

Las regiones mineras se convierten en las regiones industriales por excelencia, ya que resulta más caro transportar el carbón que el hierro, por tener menos peso y por necesitarse mayores cantidades para conseguir una tonelada de acero.

El desarrollo de los sistemas financieros posibilita el triunfo de la revolución industrial, ya que pone a disposición de la burguesía los capitales necesarios para invertir y comprar una maquinaria, cuya inversión inicial es muy grande. Facilitan las posibilidades de inversión proporcionando liquidez.

Las instituciones financieras y de seguros, pasan de fomentar operaciones mercantiles a financiar operaciones industriales, mucho más seguras.

La industria textil es la primera, y la que más, se desarrolla ya que los productos textiles son los que más se demandan. Esta demanda se hace masiva gracias al aumento de población, y a la desvinculación de los obreros de las tareas rurales. Además, la inversión en maquinaria para la mecanización de la producción textil es, relativamente, baja.

Los primeros inventos que se aplican a la industria son máquinas textiles. En 1733 John Kay inventa la Spinning Jenny, la lanzadera volanteque economiza trabajo en el proceso del hilado, con un sistema de hilado múltiple. En 1780 Samuel Crompton inventa la Mule Jenny, otra máquina de hilado múltiple, pero que permite fabricar hilos de diversos grosores.

Lancashire, en las proximidades del puerto de Liverpool, la gran ciudad de la industria textil, se especializa en el comercio de algodón con América.

La producción de textil pasa de ser doméstica a realizarse en fábricas, lo que rebaja los costes unitarios.

Junto con la industria textil se desarrolla la industria química, que le proporciona colorantes, productos para el lavado, etc.

Además de la producción textil, se mecaniza la extracción minera, la metalúrgica y en general todas las actividades industriales tradicionales.

En 1704 se comienza la fundición del hierro con carbón de coque en horno alto, lo que implica el aumento de la producción de acero. El acero obtenido por este procedimiento es mucho más barato y la calidad, aunque peor, es homologable.

La expansión en el siglo XIX

En el siglo XIX se extiende la revolución industrial por toda Europa, al tiempo que la burguesía toma el poder. La Revolución francesa supuso el inicio del proceso de toma del poder de la burguesía en toda Europa, a pesar de los periodos contrarrevolucionarios.

Después de que se iniciase la revolución industrial en Inglaterra, esta pasó a otros países. Los primeros que recibieron el impulso de la revolución industrial fueron Bélgica y Francia.

En Bélgica y en Francia actúan los mismos factores, fundamentalmente, que en Inglaterra, sobre todo los agentes demográficos y el éxodo rural. A partir de los años 1830 el proceso de industrialización se acelera hasta llegar a los niveles de Inglaterra.

El proceso de industrialización se centra en la región de Renania y Westfalia, que es la gran cuenca carbonífera de Europa.

Pero en Francia y en Bélgica, a diferencia de Inglaterra, el primer impulso industrializador llega de la mano del Estado, gracias a la existencia de monarquías ilustradas durante la Restauración.

Lo primero que se desarrollan son las infraestructuras de comunicación, los ferrocarriles, en los que se invierte incluso en el extranjero, como en España, que permitirán llevar los productos industriales a los mercados.

Como en Inglaterra, el primer sector que se industrializa es el del textil, y sin embargo el sector de la siderurgia es más reacio a la industrialización. En los segundos países aún se observan tendencias proteccionistas, ultramontanas, de los sectores más reaccionarios de la burguesía y los gremios.

En Francia y Bélgica el desarrollo del sector financiero tiene una importancia fundamental, pero aquí se crean bancos nacionales y centrales. El centralismo financiero es una de las características de la industrialización de los segundos países.

Alemania y otros países

Algo más tarde que Inglaterra, Francia y Bélgica se industrializan países como Alemania, Polonia, Rusia, España o Italia, todos ellos con unas características similares, aunque no con los mismos resultados.

Alemania se preparó para la revolución industrial haciendo una unión económica y aduanera: el Zollverein, que se crea en 1834. Este Zollverein está dominado por Prusia, que a la postre será quien consiga la unidad alemana.

Además, en Alemania, se crea una tupida red de ferrocarriles que favorece las relaciones comerciales entre los estados del Zollverein.

También en Alemania el impulso industrializador llega del lado del Estado, aunque la iniciativa privada pronto toma parte en el proceso. Este modelo se observa también en otros países, aunque en ellos la iniciativa privada tiene menos importancia. Son países como Polonia, Rusia, España, Italia, etc. En estos países las tensiones entre la burguesía revolucionaria y la aristocracia del despotismo ilustrado de la Restauración son muy importantes.

La extensión de la revolución industrial a otros países supone una menor dependencia de las regiones industriales extranjeras, y una reducción del mercado, por lo que se hace necesario buscar mercados privilegiados donde vender productos industriales y comprar materias primas para la industria, es el inicio del colonialismo.

Durante la primera parte del desarrollo de la revolución industrial, y la mayor parte del siglo, los mercados para los productos industriales crecen espectacularmente, lo que implica un importante crecimiento económico. Pero a finales de siglo el crecimiento de los mercados se detiene.

Crisis y conflictos. 1873: la gran depresión

Entre 1873 y 1890 tiene lugar una crisis económica que en la época se conoce como la gran depresión. En esta época se quiebra el monopolio industrial inglés al aparecer otros países industrializados que compiten en el mercado internacional. Esta competencia satura el mercado y hace caer los precios de los productos industriales, reduciéndose, así, los beneficios. Además, durante décadas se han venido fabricando los mismos productos, con lo que comienza a haber rendimientos decrecientes.

En realidad es una crisis del mercado, que debe ser regulado. En esta época el desarrollo industrial es ha extendido a otros países, cuyos productos saturan el mercado. Se dan tensiones inflacionistas, debido a la superproducción, que hacen bajar el precio de los bienes por debajo del coste de producción. Aunque la demanda de mercancías industriales hace aumentar la producción.

El desarrollo del transporte, sobre todo del ferrocarril, es uno de los grandes negocios del siglo, ya que es necesario crear una nueva infraestructura para generar un mercado nacional. Para poner en marcha estos grandes negocios es necesario el desarrollo del sector financiero, pero también en esta época entran en crisis, a pesar de su auge.

Con el desarrollo y la expansión de la revolución industrial se agudizan los conflictos sociales. Aparece la sociedad de clases, y los obreros se organizan en sindicatos para reivindicar sus derechos. Son muy comunes los abusos en el trabajo: largas jornadas, trabajo infantil y femenino, condiciones de trabajo insalubres y paro.

La clase media forja el mito del individualismo y de la posibilidad de hacerse rico por medio del propio trabajo. Tratará de consolidar el sistema en el que prosperan sus pequeños negocios, ya que teme que un cambio les saque del mercado.

El valor de la fuerza de trabajo baja, debido al aumento de las máquinas, ya que aunque el sueldo nominal de los trabajadores aumente, el valor de las mercancías que puede fabricar es mucho mayor, y su sueldo es proporcionalmente una parte menor del total producido.

Otra causa de la reducción de beneficios es el aumento nominal de los salarios, gracias a la actividad sindical.

Además de estas causas, también hay que tener en cuenta que la mayor parte de la producción industrial estaba dirigida a fabricar bienes de equipo para la propia industria y los transportes, y en esta época se ha agotado el mercado, en buena medida.

La crisis económica hace que los gobiernos vuelvan a tomar medidas proteccionistas para salvaguardar la industria nacional. Vuelven también los privilegios y los monopolios.

Una de las primeras manifestaciones de la crisis económica es la caída de los precios agrícolas. Pero, también, entran en bancarrota numerosos negocios de inversión, sobre todo en el exterior, las colonias, España o Turquía, por ejemplo.

Al final del siglo se recuperan las inversiones en maquinaria y transporte, ya que las fábricas se han quedado obsoletas. Además, se reanuda la innovación en productos industriales, centrándose en los bienes de consumo, se hacen grandes fábricas, mayores que las de la primera generación, y se emplea un nuevo sistema de producción en serie, el sistema ford. Esta recuperación se logra, también, gracias al aumento del sector servicios.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información
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