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Resistencia a la penicilina

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Resistencia a la penicilina.[1]

Cerca del 25% de las cepas de Streptococcus pneumoniae aisladas en pacientes con otitis media son resistentes a la penicilina y a la amoxicilina, y comparten esa resistencia con cerca del 33% de cepas de Haemophilus influenzae en estos pacientes.[2] De acuerdo a publicaciones recientes, el porcentaje de aislamientos de S. pneumoniae con susceptibilidad a penicilina disminuida en Chile y España,[3] por ejemplo, es de alrededor de un 30% en los pacientes menores de 5 años.[4] Por lo general, las infecciones causadas por estas cepas resistentes se asocian a limitaciones terapéuticas y un desenlace desfavorable de la infección.[5]

El uso, muchas veces indiscriminado, de estos fármacos ante el temor de una complicación y/o riesgo de muerte del paciente, casi siempre sin el amparo del conocimiento del agente causal de la infección y su comportamiento ante el tratamiento aplicado, provoca tal efecto sobre los microorganismos que los lleva a desarrollar una resistencia mayor. Este serio problema ha inducido a varios países a instalar políticas de uso racional de los antibióticos, basadas en el conocimiento de los parámetros farmacodinámicos y microbiológicos de estos fármacos y respaldadas por la realización de pruebas de laboratorio que permitan una verdadera evaluación de la infección y del tratamiento que debe ser aplicado.[6]

Después de la aparición de serias resistencias a la penicilina, se desarrollaron derivados con mayor espectro de acción, así como penicilinas resistentes a la β-lactamasa, como es el caso de la flucloxacilina, la dicloxacilina y la meticilina. Sin embargo, estos fármacos son aún ineficaces contra las cepas del estafilococo resistente a la meticilina, si bien existen otros fármacos eficaces para tratar su infección.[7]

En general, la resistencia a antibióticos β-lactámicos en cualquier bacteria se fundamenta en la interacción entre los factores siguientes:[8][9]

  • Existencia y eficacia de los mecanismos de excreción del compuesto.
  • Afinidad del antibiótico por el sitio activo de la PBP.

Algunos de estos factores están relacionados con la ubicación taxonómica del microorganismo: por ejemplo, la estructura de la pared de las bacterias Gram negativas dificulta la permeabilidad del antibiótico y, por ello, disminuye su eficacia.

Cabe destacar la existencia de enzimas que hidrolizan elementos de las penicilinas disminuyendo su actividad: son las llamadas β-lactamasas. En las bacterias Gram negativas, la enzima se encuentra en el periplasma, justo entre las membranas interna y externa, mientras que las Gram positivas secretan la β-lactamasa al medio que las rodea. La enzima puede ser codificada por genes del cromosoma bacteriano o por plásmidos. Uno de los genes bacterianos asociado a la producción de β-lactamasas es el blaZ, el cual puede ser localizado en un plásmido. La expresión de este gen viene determinada por dos genes reguladores blaR1 y blaI. Ciertas evidencias hacen suponer que la exposición a la penicilina provoca que la bacteria active al gen blaR1, cuyo producto actúa como una proteasa activando al gen blaI y permitiendo la síntesis de la enzima por blaZ.[12]

La β-lactamasa tiene mayor afinidad por el antibiótico que el que éste tiene por su diana. Ciertos antibióticos, como la ceftriaxona y la cefatazidima, son estables en presencia de β-lactamasas codificadas y producidas desde plásmidos. Sin embargo, las codificadas y producidas desde cromosomas, como en el caso de Enterobacter, son enzimas que hidrolizan prácticamente a todas las penicilinas y cefalosporinas.[2]

Se ha determinado que la mala evolución de ciertas enfermedades causadas por organismos con susceptibilidad disminuida a la penicilina, como la neumonía neumocócica invasiva en niños, tiende a ser independiente de la susceptibilidad a la penicilina del microorganismo.[13] Sin embargo, como la resistencia a la penicilina y otros antibióticos continúa en aumento, se ha estimulado el interés en nuevos medicamentos con propiedades bactericidas en contra de organismos resistentes, drogas como las quinolonas, cuyo blanco son las enzimas ADN girasa de bacterias Gram negativas y topoisomerasa tipo IV de bacterias Gram positivas.[14]


Referencias.

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Fuentes empleadas y notas

  1. El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Wikipedia, publicada con licencia CC-BY-SA 3.0.
  2. a b Calvo, A.. "Patogenia de las reacciones a fármacos", McGraw-Hill: Harrison Principios de Medicina Interna, Harrison online en español, 16a edición (español), 2006. Consultado en 9 de septiembre de 2008. 
  3. Calvo A, Amores R, Valero E, Fuentes F, Gómez-Lus ML, Prieto J. Activity of oral antibiotics against respiratory tract pathogens in Spain., Rev Esp Quimioter., 16, 4, 2006, 436-443. Consultado en 8 de noviembre, 2008. 
  4. CONTRERAS M, Lily, FICA C, Alberto, FIGUEROA C, Oscar et al.. Resistencia de Streptococcus pneumoniæ a penicilina y su asociación con factores clínicos y epidemiológicos., pmid=12721392, Rev. méd. Chile. (online)., 130, 1, 2002, 26-34. ISBN 0034-9887. Consultado en 08 Noviembre 2008. 
  5. Bardi, Leticia; Badolati, Adelina; Corso, Alejandra; Rossi, M. Alicia.. Fracaso del tratamiento con penicilina en un caso de meningitis por Neisseria meningiditis., pmid= (español), Medicina (B.Aires)., 54, 5,pt.1 (sept.-oct), 1994, 427-430. Consultado en 8 de noviembre, 2008. 
  6. María Espino, María J. Couto, Mario Lee, Natasha Páez y Elisa Meriño.. Efecto sinérgico de penicilina G y Kanamicina en septicemia neonatal por estafilococo., pmid= (español), Rev Cubana Pediatr., 67, 3, 1998. Consultado en 7 de noviembre, 2008. 
  7. Gemmell CG, Edwards DI, Fraise AP, et al.. Guidelines for the prophylaxis and treatment of methicillin-resistant Staphylococcus aureus (MRSA) infections in the UK., pmid=12721392, J. Antimicrob. Chemother., 57, 2006, 589–608. 
  8. Ames, P. A., and D. S. Reeves. Bacterial resistance to cephalosporins as a function of outer membrane permeability and access to their target., pmid=, J. Chemother., 8, Suppl. 2, 1996, 37-47. 
  9. James, P. A., D. A. Lewis, J. Z. Jordens, J. Cribb, S. J. Dawson, and S. A. Murray.. The incidence and epidemiology of beta-lactam resistance in Haemophilus influenzae., pmid=, J. Antimicrob. Chemother., 37, 1996, 737-746. 
  10. desde el inglés penicillin binding proteins.
  11. GEHLREIN M. ; LEYING H. ; CULLMANN W. ; WENDT S. ; OPFERKUCH W.. Imipenem resistance in Acinetobacter baumanii is due to altered penicillin-binding proteins., pmid=, Clinical reviews in allergy & immunology., 37, 6, 1991, 405-412. 
  12. TIBAVIZCO, Diego, RODRIGUEZ, José Yesid, SILVA, Edwin et al.. Enfoque terapéutico de la bacteriemia por Staphylococcus aureus., pmid=, Biomédica. (online), 27, 2 (Apr./June 2007), 2007, 294-307. ISBN 0120-4157. Consultado en 22 December 2008. 
  13. MC Pírez García y col.. Neumonía neumocócica invasiva en niños de 0 a 24 meses: ¿influye la resistencia bacteriana en la evolución?., pmid=18775263, Anales de Pediatría., 69, 3 (Septiembre 2008), 2008, 205-209. Consultado en 18 de septiembre, 2008. 
  14. Maninder K. Sohi, Dennis A. Veselkov, Ivan Laponogov, Xiao-Su Pan, L. Mark Fisher y Mark R. Sanderson.. The Difficult Case of Crystallization and Structure Solution for the ParC55 Breakage-Reunion Domain of Topoisomerase IV from Streptococcus pneumoniae., pmid=PMC2527675, PLoS ONE., 3, 9 (Septiembre 2008), 2008, e3201. Consultado en 18 de septiembre, 2008.