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Red urbana de España

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Que la población española esté concentrada en la periferia y en Madrid, es de vital importancia para la localización de las ciudades y las líneas de comunicación.

Siguiendo la teoría de los lugares centrales; en España hay dos grandes ciudades de ámbito nacional que reflejan la tensión entre el centro y la periferia: Madrid, la capital de España, que ocupa el octavo lugar en la jerarquía, y Barcelona que ocupa el séptimo lugar. Aunque seguramente las dos pertenecen al séptimo nivel.

En el sexto nivel se encuentran las grandes urbes de la costa, cuya influencia alcanza más allá de su propia región: La Coruña, Bilbao, Valencia, Sevilla, Málaga y la conurbación del ocho asturiano.

En el quinto nivel están las ciudades cuya influencia alcanza a toda su región, o al menos a la mayor parte, como Vigo, Santander, Valladolid, Toledo, etc.

En el cuarto nivel están las capitales de provincia, que sólo en casos muy contados extienden su influencia sobre toda la provincia.

En el tercer nivel están las capitales comarcales, que ejercen su influencia en toda su comarca: Ponferrada, Aranda de Duero, Miranda de Ebro, Úbeda, Reinosa, etc.

En el segundo nivel están las capitales de municipios más o menos grandes, en torno a los 5.000 habitantes.

En el primer nivel ya sólo quedan los pueblos.

En el mundo rural distinguimos dos tipos de poblamiento: el concentrado y el disperso.

Encontramos poblamiento concentrado en el interior peninsular, la meseta, Extremadura, Aragón. También en el levante y Andalucía, por motivos socioeconómicos. En el centro del valle del Ebro, Castilla-La Mancha, Andalucía central y Mallorca la distancia entre los núcleos de población tiene una regularidad notable y en todas las direcciones, en este caso hablamos de poblamiento en mosaico.

El poblamiento disperso lo encontramos en la fachada cantábrica, desde Galicia al País Vasco, y a mucha distancia de esto en la costa levantina, Murcia y Valencia, la costa malagueña, el Pirineo catalán y las islas Canarias occidentales, sobre todo entre La Orotava y La Laguna en Tenerife y el entorno de Las Palmas de Gran Canaria en Gran Canaria. El poblamiento disperso puro, sin ningún núcleo de población, es muy raro, pero lo encontramos en el valle del Pas (Cantabria) y en el prepirineo catalán. Responden aun tipo de explotación autosuficiente en el que se obtienen todos los productos que necesita la unidad familiar: el casal gallego, la casería asturiana, el solar montañés, la casería vasca y la masía catalana, junto con la heredad castellana y a las explotaciones de huerta. No obstante lo más llamativo del poblamiento rural español son los núcleos de menos de 500 habitantes, que se extiende por todas las regiones montañosas e incluso por la meseta, independientemente de que la zona sea de predominio disperso o concentrado. Estos núcleos tienen su origen en la Edad Media y Moderna, y aunque el éxodo rural de los años 60 y 70 redujo su población, ya eran pequeños entonces. Las regiones que más porcentaje de núcleos pequeños tiene son la cornisa cantábrica, desde Galicia al País Vasco, tanto al norte como al sur de la cordillera y el Pirineo, desde Navarra a Gerona, donde destacan el norte de Huesca y Lérida. Galicia tiene la mitad de los núcleos de población del total de España. Las regiones con menos núcleos pequeños son, a parte de las montañas de los Ancares y el Maestrazgo; la costa gaditana, Extremadura, Toledo y Ciudad Real. Recordemos que alrededor de los grandes núcleos de población está apareciendo un poblamiento periurbano disperso de personas que viven en el campo pero que trabajan en la ciudad. Los países de montaña tienden a tener un poblamiento concentrado por causas topográficas, ya que no todos los puntos son adecuados para el poblamiento.

El caserío rural está perdiendo su tipismo característico, ya que también se pierden las funciones de la vivienda rural. Incluso quienes viven del campo necesitan otra casa que ya no es la de sus antepasados. Las casas de adobe o piedra, las edificaciones para guardar las cosechas y los animales de granja y la estructura de la vivienda están desapareciendo, ya que no se guarda la cosecha, las cuadras necesitan unas condiciones higiénicas que no permite su coexistencia con la vivienda. La vivienda rural actual se parece más que nunca a la vivienda urbana.

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