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Rafael Torreblanca

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Rafael Torreblanca Doraela (Copiapó; 6 de marzo de 1854 - Batalla de Tacna; 26 de mayo de 1880 ) Militar chileno.

Fue hijo de don Rafael Torreblanca y de doña Maria Doraela, entre una familia de trece hermanos. El año 1872, con 18 años, empezó a trabajar como ensayador de metales, pero su espíritu aventurero lo impulso a ir a Cuba para convertirse en guerrillero para la libertad de ese país. Lo alcanzo a detener uno de sus hermanos mayores, Zacarías profesor en e1 afamado colegio ingles de Lima, cuando Rafael se encontraba en aquella ciudad.

Allí se dedico el futuro héroe a la enseñanza. Su posición de maestro en un el Perú era sumamente precaria, pero la solución de un problema de contabilidad que traía preocupados a todos los bancos de Lima, le proporcionó una mediana cantidad ofrecida en premio en los diarios por la casa de Dreyfus. Con ese puñado de dinero Rafael Torreblanca redimió a su hermano envuelto en cuitas, y juntos dieron la vuelta al maltratado hogar.

Al regresar a Chile se convirtió en cateador (buscador de minerales del desierto) el año 1879. Ese mismo año estallo la Guerra del Pacífico, y con el mismo espíritu que lo enviaba a luchar a cuba se enlisto en el ejercito chileno, dentro del batallón Cívico de Atacama N°1.

Tubo una destacada participación en la batalla de Pisagua, convirtiéndose en teniente. Veamos como describe él mismo esta batalla acaecida el 4 de noviembre de 1879:

“Instantes después saltaba a mi vez a tierra. Nada avanzábamos con quedarnos allí. Gritando a la carga me lance entonces, espada en mano, sobre esa primera trinchera, arrastrando en pos mía sesenta soldados.”
“Los enemigos abandonaron el puesto sin que pudiéramos ponerlos al alcance del brazo. El cerro es medanoso, así es que llegamos ahí extenuados de fatiga. Después de algunos minutos de descanso y de fuego, asalté la primera línea del ferrocarril. Como en todas partes, los bolivianos no nos esperaron. Esta tirada fue más larga que la anterior y sólo me acompañaron dieciocho o veinte soldados. Aguardé un cuarto de hora que se me reunieran más soldados, aguantando y contestando el fuego que nos hacían los aliados desde la carretera, distante 30 metros, sobre nuestras cabezas.”
“De ahí destaqué un cabo de mi compañía, José Galleguillos, con diez hombres para que hicieran desocupar la carretera inferior hacia el lado de la población, desde donde se hacía un vivísimo fuego sobre los botes. Oculto tras el corte del cerro, pude observar el aspecto del combate. El desorden era espantoso, los soldado se batían solos. Sin jactancia, creo que he sido el oficial que se ha mantenido más a su a1rededor.”
"Con mis ocho soldados, resolví subir arriba, a unos peñascos buenos para parapetos. En esta corta subida me mataron dos hombres. Con los seis restantes me mantuve 15 minutos haciendo fuego, y viendo, no sin temor, aproximaban haciendo fuego los mismos soldados que hicieron retroceder a los Zapadores."
"La "Covadonga", les lanzó, muy a tiempo para nosotros, media docena de bombazos certeros que los desorganizaron. Entonces nos atrevimos embestirles, y, con mis seis soldados, ocupé la carretera.

A fuerza de gritos y de hacer señales subieron algunos soldados más, y entre ellos un corneta. Hice tocar llamada y a la carga, y a las dos de la tarde clavaba una banderita chilena en la cima del cerro en el campamento boliviano.”

Posterior a la batalla, el ejercito chileno se dirigió a las posiciones de los Ángeles para acabar con los restos del ejercito aliado, ( de 1300 a 1500 hombres) con los 4400 hombres del ejercito chileno.

Esta posición era considerada inexpugnable. Estaba formada por una pequeña meseta triangular. La sección que mira al mar tiene un camino en zigzag tan estrecho que solo se podía ascender por ella uno por uno, Por el norte estaba defendida por un acantilado casi inaccesible y al sur otro acantilado, de menor pendiente, que llega a la quebrada de Tumilaca.

El plan del general Manuel Baquedano: atacar al flanco sur con una fuerza de 2000, encargados al coronel Muñoz, mientras el batallón Atacama avanza por el ya mencionado zigzagueante camino. todo lo anterior se debía realizar al amparo de la oscuridad de la noche.

La operación del Atacama fue dirigida por su jefe Rafael Torreblanca, quien guió personalmente al frente a su tropa, por aquellos estrechos senderos “que solo permitían a mis soldados subir uno por uno en fila, asegurándose con manos y pies y usando de sus bayonetas para escalar las escabrosas pendientes que a cada paso amenazaban despeñarnos al abismo”.

Gamarra, el general peruano, descuido totalmente su flanco norte, por lo que al grito de ¡viva Chile!, se lanzaron los hombres de Torreblanca sobre los peruanos, que al verse rodeado por múltiples fuegos, emprendieron la huida hacia Tarata.

La campaña militar continuo en la denominada Batalla de Tacna. Aquí el batallón Atacama dio lo máximo de si, resultando la muerte del 47% del total de sus efectivos. Y entre esos, la muerte mas sentida fue para la de su jefe, Rafael Torreblanca. Uno de los compañeros de Torreblanca el bravo capitán López del regimiento Atacama, escribió:

“Cae herido de un balazo el denodado capitán Rafael Torreblanca, el que es ultimado con dos balazos más y siete bayonetazos. Su corneta, Ceferino Román, viendo que había caído su capitán, se echó al suelo boca abajo, pudiendo así librarse del enemigo que pasó por sobre ellos.”
“Por qué no respetaron las balas a la joya, al verdadero héroe de Pisagua y de los Ángeles, Torreblanca debía morir: su arrojo era temerario sus hechos no eran comunes: debía distinguirse siempre por algo heroico, por algo grande, como se distinguiera en los Ángeles y en Pisagua, como se habría también distinguido en Dolores si su compañía no hubiera estado en la reserva...”
“Oh, amigo, cuántas lágrimas nos cuestas! Si no pudimos reprimir las lágrimas cuando vimos el cadáver del más querido de nuestros compañeros.”
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