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Rafael Maroto

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Rafael Maroto.¹
Los hombres ni son de bronce ni como los camaleones para que puedan subsistir con el viento. La miseria toca su extremo en todo el ejército después de tantos meses sin socorro. Los jefes oficiales tratados como de peor condición que el soldado, pues a éste se le da su vestuario y a aquel tan sólo una corta ración, mirándolos de consiguiente marchar descalzos, sin camisa y en todos conceptos sufriendo las privaciones y fatigas de una guerra penosa.
Cuartel General de Villareal de Zumárraga, 30 de agosto de 1839.

Rafael Maroto Ibern


Lorca (Murcia), 18 de octubre de 1783

Concón, Región de Valparaíso. 25 de agosto de 1853

General español



Retrato de Rafael Maroto y su nieta Margarita Borgoño. Oleo sobre tela del pintor francés Raymond Monvoisin (1790-1870) Colección: Museo Histórico Nacional de Chile.

Índice

[escribe] Biografía

Hijo de Rafael Maroto, natural de Zamora, (militar e hijo de militar, con el grado de capitán y que retirado ya del servicio le otorgaron importantes destinos en la vida civil, uno de los cuales fue el de administrativo de Visitador de Rentas en Lorca), y de Margarita Isern, natural de Barcelona. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Cristóbal donde se conservó la partida de bautismo, documento que sirvió a sus biógrafos para aclarar detalles de su familia. Maroto vivió durante su niñez en la calle Mayor del Barrio de San Cristóbal, frente a la plaza de la Estrella.

Se casó en Chile en 1816 con Antonia Cortés García, chilena, con la que tuvo seis hijos. Antonia y dos de sus hijas fallecieron en 1830, en un naufragio cuando viajaban rumbo a Chile. Maroto se instaló después en su hacienda de Concón Bajo y allí vivió el resto de su vida.

A los 18 años intervino en los conflictos y campañas de Godoy en tierras portuguesas, conocido como Guerra de las Naranjas. Intervino en la Guerra de la Independencia Española, durante la que fue herido y hecho prisionero en Zaragoza.

Recibió un destino en Perú y más tarde luchó en la guerra contra los independentistas chilenos siendo derrotado por el General San Martín en la Batalla de Chacabuco en el año 1817. En España participó también en la Primera Guerra Carlista y fue uno de los firmantes junto con el general liberal Espartero del Convenio de Vergara (también llamado Abrazo de Vergara), que puso fin a la guerra civil entre carlistas e isabelinos, con victoria de estos últimos.

[escribe] Maroto militar

A los once años partió hacia Cartagena en la provincia de Murcia donde ingresó como cadete subalterno menor de edad en el regimiento de infantería Asturias, en 1794, ascendiendo a segundo subteniente el 15 de junio de 1798.

[escribe] Campaña de Portugal

A los 18 años fue enviado a la defensa del Departamento de El Ferrol en la provincia de La Coruña y desde allí asistió a las campañas que sostuvo Godoy contra los portugueses que mantuvieron su apoyo a los ingleses en contra de Napoleón. Los ingleses habían desembarcado a la altura de Grana (A Graña) y las campañas se desarrollaron del 25 al 26 de agosto de 1800. Por los méritos demostrados en estas operaciones le concedieron un escudo de honor. Después siguió durante dos años agregado a la marina en el Departamento de El Ferrol y más tarde regresó a su cuerpo del regimiento Asturias. El 15 de octubre de 1806 obtiene el grado militar de teniente.

[escribe] Guerra de la Independencia española

Rafael Maroto participó también como militar en esta guerra contra el ejército de Napoleón. Los franceses atacaron la plaza de Valencia el 28 de junio de 1808. Maroto se defendió con la batería de santa Catalina y de Torres de Cuarte (este era el nombre que se le daba en la época) que tenía a su cargo. Obligó a retirarse al enemigo en una hazaña bélica, por lo que fue reconocido como benemérito a la patria y se le concedió un escudo de honor.

El 23 de noviembre intervino en la batalla de Tudela (Navarra), el 24 de diciembre, en los ataques de Monte Torrero y Casa Blanca en Zaragoza (Aragón) (o Casablanca) y poco después hizo una salida a la bayoneta para desalojar al enemigo que había tomado estos arrabales.

Con el grado de capitán (ascendió el 8 de septiembre de ese mismo año), Maroto participo también en el sitio de Zaragoza en 1809. Tuvo el mando en el reducto del Pilar, en las baterías de San José, Puerta Quemada y Tenerías. Realizó salidas desde dichas baterías, recibiendo en una ocasión una bala de fusil. Cuando la ciudad de Zaragoza capituló, Maroto fue hecho prisionero de guerra por los franceses, pero tuvo ocasión de fugarse. Por sus hazañas bélicas en Zaragoza recibió un escudo de distinción que llevaba el lema: Recompensa del valor y patriotismo. Fue declarado benemérito de la patria en grado heroico y eminente. Ascendió a teniente coronel el 9 de marzo de este año.

En 1811 estaba destinado en el regimiento de infantería de línea de Valencia. Se ocupó el 24 y 25 de octubre de la defensa a los ataques contra Puzol, alturas del castillo de Sagunto, inmediaciones de Murviedro, y el día 25 de octubre de 1812 de las plazas del Grao, Monte Olivet y Cuarte, de la línea de Valencia, y de todo el sitio de esta ciudad. Cuando esta plaza capituló, fue hecho prisionero, junto con su regimiento y de nuevo tuvo la oportunidad de fugarse. Tras estos eventos fue destinado al mando del depósito general de tropas con destino a Ultramar.

[escribe] En América

El 16 de noviembre de 1813 le fue concedido el mando del Regimiento de Infantería de Talavera, con el grado militar de coronel. El regimiento señalado se embarcó en el navío de guerra de Su Majestad, el "Asia", el 25 de diciembre del mismo año y salió desde la bahía de Cádiz rumbo al entonces llamado reino del Perú (con esta apelación consta en las actas). El navío llegó al puerto de El Callao en Lima el 25 de abril de 1814. La misión de Maroto era ayudar en la reconquista del reino de Chile. Participó en la campaña de Rancagua como comandante general de la tercera división y contribuyó a la toma de la plaza el 2 de octubre de 1814. Desde allí, Maroto pasó a la capital del Reino (Madrid) donde asistió a la jura del rey por la pacificación de la Península. Regresó de inmediato al Perú al mando de una división auxiliar, con el cargo de general del ejército de Pezuela, a cuyas órdenes se encontró en la batalla de Sipe-Sipe, en noviembre de 1815, como brigadier. El 10 de febrero de 1817 fue nombrado comandante general de las tropas de Chacabuco donde se esperaba un ataque de los revolucionarios que avanzaban por la cordillera de los Andes. Dos días después hubo un ataque y una sangrienta batalla donde recibió una herida de sable. Las tropas realistas perdieron la batalla y Maroto tuvo que retroceder hasta Santiago. El resto del ejército capituló en la hacienda de Chacabuco. Éste fue un final memorable para el general San Martín y su causa, quien escribió:

Al ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días hemos hecho campañas, pasamos las cordilleras más elevadas del Globo y dimos la libertad a Chile.

El general y presidente de Chile le ordenó la retirada y de allí pasó a embarcarse en el puerto de Valparaíso con dirección a Lima, y por orden del virrey pasó a la nueva reorganización de las tropas. El 22 de febrero de 1818, el general en jefe del ejército del Perú nombró a Maroto gobernador e intendente interino de la ciudad y provincia de La Plata además de presidente de la Real Audiencia de Charcas donde luchó y batió a los caudillos rebeldes y patriotas, facilitando con la paz obtenida el comercio interior y la libre comunicación. Reconquistó después la plaza de Potosí con 300 soldados cuya guarnición se había sublevado, haciendo prisioneros a todos los cabecillas. En los años siguientes continuó sirviendo en las fuerzas reales. En 1823 el virrey le ascendió a Mariscal de Campo en reconocimiento de las campañas y victorias conseguidas. Al año siguiente, el 30 de agosto viajó a la provincia de Puno en calidad de comandante general y allí permaneció hasta diciembre. El día 19 de este mes tuvo lugar la batalla de Quinua en la que intervino el ejército español del rey al mando del general José de Canterac contra el ejército de los independentistas del Perú. El resultado fue la derrota y capitulación de los españoles y la independencia. A la vista de los acontecimientos, Maroto tomó la determinación de regresar a España. El día primero de enero de 1825 embarcó en una fragata francesa, en el puerto de Quilca que le llevaría hasta la ciudad de Burdeos. Desde allí viajó a España y el 18 de junio se presentó ante el rey Fernando VII.

[escribe] De nuevo en España

Tras su regreso de América el 1 de julio de 1825 fue encomendado al ejército de Castilla la Vieja con residencia en Valladolid, donde estaba la Capitanía General. El 1 de septiembre de ese año, el capitán general le nombró jefe organizador para restablecer el orden con el mando de las armas y en los voluntarios realistas del principado de Asturias. Más tarde, el 11 de julio de 1828 se le destinó por Real Orden al cuartel de Pamplona. El 21 de junio de 1829, el rey le concedió el cuartel en el Ejército de Castilla la Nueva con residencia en Madrid. De allí pasó a Toledo con el cargo de comandante general de la provincia y fue en este lugar donde tuvo las primeras conversaciones y las primeras visitas de los seguidores de la causa carlista, que comenzaba a tomar cuerpo. Desempeñó este cargo hasta el 5 de enero de 1833 en que fue nombrado segundo cabo y comandante general de las provincias vascongadas (así se llamaban en aquella época), cargo al que renunció.

[escribe] La causa carlista

Maroto cuenta en el documento titulado Manifiesto razonado de las causas del convenio de Vergara, cómo y por qué se unió a la causa carlista. Insiste en que no fue el deseo de medrar, pues su posición social y profesional y el futuro que le esperaba eran de gran fortuna. Asegura que tomó la decisión de seguir al pretendiente de la corona don Carlos, hermano del rey Fernando VII y tío de la futura reina Isabel II por pensar que era lo mejor para España pues creyó más oportuno el posible reinado de don Carlos que el de una niña de tres años cuya minoría de edad traería consigo una regencia poco clara (a su entender). Maroto por aquel entonces tenía más fe en la persona de don Carlos, en la que veía las cualidades de principios religiosos, sistema ordenado y económico en su propia casa y observancia de las leyes. También el propio Maroto confiesa que al seguir a un príncipe proscrito estaba casi seguro del fracaso y de que las victorias que se conseguirían serían pobres, de un terreno palmo a palmo, poco extenso, sin grandes y espectaculares avances y que además ellos no serían tratados como auténticos militares sino como bandoleros y traidores.

[escribe] Primeros pasos

Maroto se encontraba en Toledo con el cargo de comandante general de la provincia cuando recibió la visita de Ignacio de Negri y Mendizábal, conde de Negri, uno de los primeros personajes conspiradores carlistas de 1833. Después de la entrevista, Maroto dedicó un tiempo a considerar la causa de los revolucionarios y finalmente optó con toda calma y convencimiento por unirse a ellos. Se le pidió que, dada su posición y estando al frente de una guarnición, diera allí mismo un golpe militar, lo que habría servido de gran apoyo. Rafael Maroto era un hombre estricto y leal y no le pareció ético lo que le proponían. No quiso que su alistamiento en las filas carlistas se iniciara con una traición a la bandera que había jurado, ni con una huída. Eligió seguir los pasos legalmente y comenzó por dimitir de su cargo y posición en la comandancia general. Una vez roto este vínculo, nada le impidió pasarse al otro bando. Marchó a Madrid donde Negri le dio instrucciones y donde se estaba preparando formalmente el partido carlista. En Madrid tuvieron lugar las primeras reuniones de comités revolucionarios. El rey Fernando VII estaba ya gravemente enfermo y su muerte próxima. El gobierno detectó las conspiraciones y un gran número de personas comprometidas fueron encarceladas. Maroto no sólo se salvó de estas primeras persecuciones sino que fue nombrado comandante general, segundo cabo, de las provincias vascongadas, cargo al que renunció de inmediato. Este proceder no fue bien acogido por el gobierno que averiguó las nuevas ideas del general y determinó su arresto allí mismo, en el ministerio donde él acababa de presentar personalmente y con toda formalidad su renuncia.

[escribe] Los calabozos y las fugas

Fue conducido a la cárcel permaneciendo en un calabozo durante ocho meses a lo largo de los cuales enfermó de gravedad, perdió casi del todo la vista y se quedó completamente calvo. Desde esta primera prisión, Maroto se vio desterrado a Sevilla y allí pudo obtener el traslado a Granada (donde se encontraba su familia) decidido a rehacer su vida y ocuparse de los suyos. Pasado algún tiempo le informaron en secreto que sería nuevamente preso y trasladado a un calabozo de Ceuta. Fue entonces cuando Maroto preparó rápidamente la fuga, disfrazado, ayudado física y económicamente por amigos y acompañado y guiado en el viaje por unos contrabandistas.

Desde Granada se dirigió a Madrid, de allí a Extremadura, de donde salió en dirección a Valencia, donde fletó un barco que debía llevarle a Gibraltar pero que terminó en Algeciras (Cádiz). Por fin llegó a Gibraltar y desde esta plaza se dirigió a los pocos días a Portugal donde se encontraba don Carlos junto a un pequeño y variado séquito. Estaban con él algunos generales, militares de otras graduaciones, eclesiásticos y personas varias. Uno de los individuos que más influencia tenía en las decisiones del aspirante era el obispo de León Joaquín Abarca, nombrado Ministro de la Guerra, consejero y favorito. Los historiadores afirman que este personaje no tenía dotes ni conocimientos militares y que no pasaba de ser un hábil cortesano con el talento de agradar a los príncipes.

En Portugal Maroto demostró a don Carlos su pericia como militar experto y como persona leal y sin ambiciones cortesanas. Y fue en Portugal donde Maroto se vio implicado en los primeros encuentros bélicos con las tropas reales seguidoras de la causa isabelina, salvando de emboscadas y batallas inútiles a don Carlos y sus seguidores (que pasaban unos momentos cruciales de estado errante y dubitativo) y organizando constantes fugas necesarias por lo mal que se estaba llevando el plan militar. Tras los fracasos de los carlistas en Portugal y ayudados por el comisionado inglés, el coronel Wylde, el aspirante, su séquito y algunos militares entre los que se encontraba Maroto embarcaron en el puerto de Lisboa a bordo del navío Donegal que les conduciría a Inglaterra.

[escribe] Llegada a las filas carlistas de Navarra

Maroto salió de Inglaterra unos días después de que lo hiciera el séquito del aspirante, pero ante su sorpresa fue detenido y arrestado en Calais y desde allí fue conducido a París donde le encarcelaron contra todo derecho de gentes, pues no había motivo ni por delito ni por falta de documentación. Cuando al poco tiempo obtuvo la libertad pidió el pasaporte para marchar a Italia, pero se detuvo un tiempo en Niza para recuperar la salud y planear la manera de entrar en España en lugar de dirigirse a Italia. Pudo atravesar sin dificultad el sur de Francia y llegar a Burdeos y desde allí se dirigió a Navarra, ayudado y protegido por los seguidores carlistas franceses.

En las provincias vascongadas Maroto asistió a las hazañas del general Zumalacárregui y las apoyó, admirando siempre la profesionalidad de este militar. Cuando éste fue herido en Bilbao, Maroto recibió la orden directa de don Carlos de reemplazarle y tomar el mando de su ejército. Sin embargo la orden escrita, manipulada, fue confusa y casi contraria: le mandaban que permaneciese en el ejército pero a las órdenes de Eraso, general mariscal de campo, hasta que, por razones de salud, esta persona se retirase del ejército del Norte. Se le decía que tuviera paciencia y que en el entretanto observase las acciones de dicho general que podían ser sospechosas. Dado su carácter serio y de auténtico militar, Maroto pudo granjearse en esta etapa la amistad y confianza de los combatientes, en especial de los soldados.

Se enfrentó por primera vez con el general Espartero en el sitio de Bilbao; esta plaza estaba decidida a rendirse a los carlistas siempre que las tropas de Espartero fueran rechazadas. Ambos ejércitos la sitiaron durante unos días. En esas circunstancias llegó el general carlista Vicente González Moreno, que a la muerte de Zumalacárregui (el 25 de junio de 1835), había recibido el nombramiento para el mando del ejército del Norte, aun cuando había sido prometido a Maroto. El general Moreno no era un buen estratega y además demostró pronto su antipatía y animadversión hacia Maroto, hecho éste que se tradujo en una serie de actos poco afortunados desde el punto de vista militar. Las órdenes de este general en el enfrentamiento con Espartero no consiguieron otra cosa que la supremacía de las fuerzas realistas que entraron en la plaza de Bilbao sin la menor oposición.

[escribe] Maroto general del ejército de Vizcaya

Tras unos meses de inactividad militar, en que le fue preciso seguir el cortejo de don Carlos en plan cortesano, Maroto fue nombrado comandante general de las fuerzas del señorío de Vizcaya cuyo cargo estaba vacante a causa de la prisión de Valdespina y Zabala. Una vez al frente de este ejército, estudió el modo de sacar el mayor partido posible poniendo en marcha una buena organización y disciplina militar. Obtuvo gran ayuda de la diputación del Señorío y de los hombres de los batallones. Con el ejército a punto, marchó sobre la plaza de Bilbao, tomó la ría, cortó la comunicación y obstruyó todas las salidas, todo sin emplear la artillería de la que carecía en absoluto. Obtuvo considerables ventajas en escaramuzas sostenidas contra las fuerzas británicas que habían desembarcado para apoyar la causa de la reina. El general Maroto siguió defendiendo la plaza de Bilbao como pudo y pidió artillería y refuerzos que nunca llegaron sino todo lo contrario, pues le separaron dos batallones que fueron enviados a la línea de San Sebastián. Estando así las cosas, llegó Espartero con un gran ejército. El enfrentamiento fue en los altos de Arrigorriaga donde dominó el ejército carlista consiguiendo que Espartero se retirase a Bilbao precipitadamente y con desorden. La plaza de Bilbao era muy importante pero la falta de unión entre las huestes carlistas impedía la toma de la ciudad siguiendo un sistema puramente militar. Las rivalidades y la falta de sentido militar de la mayoría de los mandos hacía imposible llevar a cabo la estrategia que Maroto proponía. A los pocos días recibió la orden de que entregara el mando al brigadier Sarasa y que permaneciera a la espera de nuevo destino. La guerra continuó su rumbo, impidiendo a los carlistas una marcha favorable, por las intrigas y desavenencias habidas entre sus propios jefes y generales.

[escribe] Maroto jefe de las fuerzas de Cataluña

El nuevo destino fue en las fuerzas de Cataluña. La opinión de los historiadores es que se le quería mantener lejos, pues era un general incómodo que constantemente denunciaba la falta de profesionalidad militar y que demostraba con sus acciones estar en lo cierto. El viaje hasta llegar a Cataluña fue arduo y costoso. Desde Bayona llegó a Marsella para acceder después a los Pirineos atravesándolos a pie, soportando tormentas, lluvias y vendavales, acompañado de dos hombres que le servían de guía.

El primer intento de asumir la jefatura del ejército de Cataluña terminó en fracaso. El ejército carecía del más mínimo abastecimiento militar y los combates tenían que hacerse por el sistema de guerrillas como si de bandoleros se tratase. Maroto envió protestas y peticiones que nunca obtuvieron respuesta. A la vista de la imposibilidad de mandar un verdadero ejército, renunció al cargo. En su viaje de regreso se vio envuelto en nuevas aventuras por Francia donde estuvo encarcelado en Perpiñán y Tours, hasta que pudo fugarse con el auxilio de su ayudante de campo José Burdeos y algunos legitimistas.

[escribe] La defensa de Estella

Don Carlos le llamó otra vez para organizar las tropas del ejército y Maroto accedió. Puso en orden los batallones ampliando sus filas con soldados dispersos. Restableció la disciplina y mandó construir trincheras y obras de fortificación que cubrieron la ciudad de Estella (Navarra), dando órdenes severas para recaudar toda clase de subsistencias. Además hizo una campaña para alentar el espíritu público. Planeó la defensa de Estella y su zona, ordenando el desalojo de los pueblos por donde se suponía que habría de pasar el ejército de Espartero que se sabía estaba decidido a la toma de esta ciudad. Maroto consiguió la retirada de este general con lo que aumentaron los ánimos y la esperanza de su gente. La idea de Maroto era conservar todas las provincias vascongadas como punto de apoyo y residencia de la futura corte de don Carlos hasta que se le abrieran las puertas de Madrid. Para ello trató de ponerse en contacto con el general Cabrera para establecer una línea de operaciones por el Alto Aragón. Formó 5 batallones, aumentó la caballería (haciendo contratas de caballos extranjeros) y durante un tiempo dirigió escaramuzas, defensas y ataques contra las tropas realistas por tierras navarras. Nuevas conspiraciones, denuncias y desavenencias llegaron a convertirse en una conjura para llevar a cabo el asesinato de Maroto, pero el asunto no prosperó. Su más encarnecido enemigo en esta época fue el carlista José Arias Teijeiro, nombrado por el aspirante, subsecretario de Gracia y Justicia. Firmó muchas sentencias de muerte de los principales generales, acusándoles de sedición. Eran los generales a los que se llamaba despectivamente de carta y compás, reputados también de masones.

[escribe] Los fusilamientos de Estella

Maroto envió a Estella al emisario Carmona (que también conspiraba contra él) que debía comunicar sus órdenes al militar Basilio García, cabecilla de la conspiración contra Maroto en esta ciudad. Este militar había sido Comisario de Guerra durante el reinado de Fernando VII y ahora pertenecía al grupo de Teijeiro, enemigos del general Maroto, dispuesto en Estella a insubordinar a las tropas y desobedecer las órdenes de su general. Se les acusaba de sedición. Las órdenes de Maroto era que le esperasen en un determinado lugar, con el regimiento en pleno para poderle arengar. Las crónicas que cuentan estos acontecimientos narran que Maroto entró en Estella en compañía de su escolta, aunque otras fuerzas le seguían a distancia. Las calles estaban vacías y Basilio García esperaba en su casa, haciendo caso omiso de las órdenes recibidas con anterioridad. A las 8 de la noche Maroto recibió la noticia de que García había sido arrestado por su gente (la gente de Maroto), cuando preparaba la huida disfrazado de cura. El ejército de Estella apoyaba a su general y no acataba más órdenes que las suyas, cosa que dio gran seguridad a Maroto. Después de este arresto fue hecho prisionero también el emisario Carmona y los seguidores de Basilio García. La sedición militar de todos ellos fue comprobada públicamente. Anteriormente habían sido arrestados los generales Juan Antonio Guergué, Francisco García y Pablo Sanz Baeza, más el intendente Úriz. Se les encerró en el castillo del Puig junto con otros sediciosos y el 18 de febrero de 1839 fue ejecutada la orden de fusilamiento. Fueron fusilados los generales Pablo Sanz y Baeza, Juan Antonio Guergué y Francisco García; los oficiales Sanz e Ibáñez; el brigadier Carmona; el intendente Úriz. Después de los hechos, Maroto escribió a don Carlos una detallada carta con información sobre las conspiraciones y desavenencias en el seno mismo de los carlistas del norte, así como una denuncia sobre la suerte que corrían en aquellos momentos los jefes militares beneméritos a la sazón encerrados en prisiones. Al mismo tiempo que hizo llegar dicha carta a su destinatario, dio a conocer al público el documento por medio de la imprenta. Todos estos acontecimientos fueron recogidos y escritos por el historiador de la época Manuel Lasala y Ximénez de Bailo en un libro que llevaba el larguísimo título de: Historia del partido carlista, de sus divisiones, de su gobierno, de sus ideas, y del convenio de Vergara: con noticias biográficas que dan a conocer cuales han sido don Carlos, sus generales, sus favoritos y principales ministros.

[escribe] Reacciones

A raíz de estos hechos, Teixeiro redactó un decreto que el aspirante firmó. En este documento don Carlos declinaba toda responsabilidad de los hechos, acusaba a Maroto de crímenes y arbitrariedades y amenazaba a quienes le apoyaban: […] Separado ya del mando del ejército lo declaro traidor, como a cualquiera que después de esta declaración, a que quiero se dé la mayor publicidad, le auxilie u obedezca. […]. Sin embargo los comandantes de los batallones de Estella presentaron sus respetos y lealtad a Maroto, desobedeciendo el decreto. Maroto mandó reunir a los batallones en el camino real que iba de Vitoria a Pamplona (en total más de 7.000 hombres). En medio de un respetuoso silencio ordenó leer en voz alta el decreto acusatorio. Al concluir, se ofreció para que cumplieran con lo que sus conciencias les dictaran. Pero fue aclamado y vitoreado con un gran griterío tanto por los soldados como por sus jefes entre los que se encontraba el conde Negri. Al final del acto, Maroto correspondió con esta frase: He triunfado de la arbitrariedad, injusticia y obcecación de un príncipe, y la historia me juzgará en su día. Los carlistas Urbiztondo, Silvestre, Izarbe y el conde Negri se entrevistaron con don Carlos haciéndole ver que la actuación de Maroto como militar había sido la correcta, después de lo cual, el príncipe firmó un nuevo decreto en el que se retractaba del anterior, se mandaba recoger y quemar los ejemplares del manifiesto publicado y se devolvía a Maroto el honor militar. Además fueron desterrados 25 individuos, (militares, clérigos y civiles) implicados en los ataques a Maroto. Fueron conducidos a Francia por los comisionados general Urbiztondo, coronel Leandro Eguía, teniente coronel Rafael Erausquin, custodiados por una compañía alavesa.

[escribe] El partido marotista

A pesar de los hechos anteriores, no cesaron las intrigas y hostilidades entre los enemigos y los seguidores de Maroto. Así las cosas, surgió y creció un partido llamado marotista, fieles todos a la causa carlista pero oponentes a cómo se estaba llevando la guerra.

[escribe] Preliminares para el Convenio

El general Espartero recibió un oficio firmado por el secretario del despacho de guerra del gobierno de la reina Isabel II en que se le facultaba para la terminación de la guerra y para el gasto de 25 millones de reales en las tramitaciones. El general Alaix en nombre de Espartero, comunicó a Maroto dicho oficio. Éste insistió en que haría lo que fuera mejor para el bien de España. Se decidió una entrevista entre los dos generales oponentes que tuvo lugar en la ermita de san Antolín de Abadiano cerca de Durango. A la conferencia de Abadiano asistieron también el coronel inglés Wylde y el brigadier Francisco Linage, secretario de Espartero. Pero las negociaciones quedaron rotas por el asunto de los fueros: Maroto había prometido defenderlos y Espartero alegó que eran opuestos a la Constitución. En aquellos momentos ambos ejércitos se encontraban enfrentados y preparados pero no entraron en acción. Al poco Espartero insistió en las negociaciones. Los jefes presentes en la lectura del manifiesto decidieron nombrar una comisión para acordar con él la negociación. La Torre y Urbiztondo marcharon al frente de la comisión (sin Maroto) y formalizaron con Espartero el convenio, cuyo primer escrito no tenía todavía la firma de Maroto, aunque todo lo que se exponía era en su nombre. Más tarde Espartero enviaría una copia a Maroto con el ruego de que la firmara formalmente. El artículo primero del acuerdo estaba relacionado con los fueros y en él se decía que

El capitán general don Baldomero Espartero recomendará con interés al gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las cortes la concesión o modificación de los fueros.

A pesar de haber sido firmado el convenio por tantos altos jefes, los batallones sintieron una cierta repugnancia, desconfianza y descontento, incluso hubo oficiales que intentaron la sublevación.

[escribe] 31 de agosto de 1839

En Vergara esperaba el general Espartero con las tropas constitucionales. Cuando llegaron los batallones y escuadrones castellanos, más los vizcaínos y guipuzcoanos, Espartero les arengó y les dio a elegir entre permanecer al servicio de la reina o volverse a sus casas. Según cuentan los historiadores, todos decidieron la adhesión al convenio. Después fue la arenga de Rafael Maroto:

Voluntarios y pueblos vascongados, nadie más entusiasta que yo para sostener los derechos al trono de las Españas a favor del señor don Carlos María Isidro de Borbón cuando me pronuncié, pero ninguno más convencido por la experiencia de multitud de acontecimientos, de que jamás podría este príncipe hacer la felicidad de mi patria, único estímulo de mi corazón. […]

Las arengas de Maroto y de Espartero constan en acta y se conservan debidamente.

En el Cuartel General de Vergara, el 1º de septiembre de 1839, Espartero arengó por última vez a los pueblos vascongados y navarros, les notificó la paz firmada en los campos de Vergara y la incorporación de los ejércitos a su mando:

El general don Rafael Maroto y las divisiones Vizcaína, Guipuzcoana y Castellana, que sólo han recibido desaires y tristes desengaños del pretendido rey han escuchado ya la voz de paz y se han unido al ejército de mi mando para terminar la guerra.

Terminada la contienda, Maroto fue nombrado Capitán General del Ejército Español y más tarde, Ministro del Supremo Tribunal Militar.

[escribe] Últimos años

Trascurridos unos años fue nombrado Capitán General del Ejército Español en Cuba. En 1847 volvió a Chile con su familia (su esposa y dos hijas habían fallecido ya) y allí permaneció en su hacienda de Concón Bajo, donde murió el 25 de agosto de 1853. Está enterrado allí y en su lápida se tallaron los títulos de Teniente General del Ejército Español, Vizconde de Elgueta y Conde de la Casa Maroto. Rafael Maroto es una figura controvertida. Algunos historiadores tachan de traición hacia la causa carlista su intervención en la paz de Vergara y otros opinan que fue un acto inteligente y bien llevado, al encontrarse casi extinguido y sin salida el ejército del pretendiente. Todos los historiadores coinciden en que Maroto fue por encima de todo un militar profesional y un gran estratega.

[escribe] Hoja de servicios

[escribe] Condecoraciones

[escribe] Maroto y los Episodios Nacionales

En la obra de Benito Pérez Galdós se hace mención de la figura del general Maroto en algunos episodios.

[escribe] Referencias

Bibliografía

Otras fuentes de información

Notas

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