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Rágama (Salamanca)
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
Rágama es un municipio español de la provincia de Salamanca, Comunidad Autónoma de Castilla y León, que pertenece al partido judicial de Peñaranda de Bracamonte.
| Municipio de Rágama | |
|---|---|
| Localización (Tierra de Peñaranda) | |
| País | España |
| C. A.: | Castilla y León |
| Provincia: | Salamanca |
| Partido judicial: | Peñaranda de Bracamonte |
| Alcaldía: | Lino Hernández Martín (PP) |
| Capital: | Rágama |
| Coordenadas: | |
| Superficie: | 31,66 km² |
| Altitud: | 848 m |
| Distancia: | 54 km a Salamanca |
| Población: | 280 habitantes (2006) |
| Gentilicio: | |
| Código Postal: | 37318 |
| [ Página del Ayuntamiento] | |
Índice |
[escribe] Geografía
El término municipal limita al Norte con el municipio abulense de Horcajo de las Torres, al Este con los también abulenses de Rasueros y Flores de Ávilay al Oeste con Paradinas de San Juan y Zorita de la Frontera.
[escribe] Población
| Pirámide de población | ||||
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| Fuente INE, censo 2001. | ||||
| Censo | Población |
| 1900 | 777 |
| 1910 | 870 |
| 1920 | 795 |
| 1930 | 705 |
| 1940 | 777 |
| 1950 | 883 |
| 1960 | 726 |
| 1970 | 496 |
| 1981 | 404 |
| 1991 | 304 |
| 2001 | 302 |
| Fuente: INE. | |
[escribe] Gobierno y administración
Alcaldes anteriores.
[escribe] Economía
La tasa de paro era del 30% en 2001 y de la población activa el sector primario ocupaba al 28,57%, la industria y artesanía al 7,14%, la construcción al 14,29% y los servicios al restante 50%.
Las explotaciones agrarias, 79 según el censo agrario de 1999, ocupaban 3.271 ha, el 74,7% en propiedad, el 24,4% en arrendamiento y el 0,9% en régimen de aparcería. 3.249 ha estaban labradas (herbáceos), 19 se dedicaban a pastos permanentes y 3 ha eran otras tierras no forestales. Del total de explotaciones, 16 tenían menos de 5 ha y 19 superaban las 50 ha. Las unidades ganaderas censadas en 1999 eran 455: 67 de bovino, 318 de ovino, 1 de caprino, 64 de porcino, 3 de equino y 2 de ave.
[escribe] Historia
La existencia de “Rámaga” y no “Rágama”, data del año 1443 reinando Juan II en Castilla, y en cuyo período histórico tuvo lugar lo que el historiador Menéndez Pidal denominó el “Golpe de Estado de Rámaga”:
“Los acontecimientos inmediatos a la batalla de Olmedo se remontan al llamado golpe de Ramaga, una acción cuyas repercusiones fueron proporcionales a la audacia de la iniciativa llevada a cabo por Juan de Navarra. Este infante, convertido en rey de Navarra, decidió llevar a cabo lo que puede considerarse un verdadero golpe de estado como reacción ante el acercamiento de una serie de linajes al bando de Álvaro de Luna y Juan II, temerosos del poder adquirido por el partido aragonés. Ante la aparición de una coalición antiaragonesa encabezada por el rey castellano, Juan de Navarra dio un audaz golpe de mano y se apoderó de la persona de Juan II de Castilla y de varios partidarios de Álvaro de Luna cuando se encontraban en el pueblecito abulense de Ramaga. Todos ellos pasaron a ser de hecho prisioneros del rey navarro. Se trata de una iniciativa atrevida por lo que tenía de comprometedor en relación con la persona del rey, pero reveladora del desplazamiento que habían experimentado los Infantes en la política castellana en los últimos años. Como la mayor parte de los historiadores sugieren, hay que concluir que en 1443 no se daban las mismas circunstancias que en la década de los veinte, en la cual el poder de los hijos de Fernando de Antequera era casi indiscutible. Ahora, en el momento en el que se produce el denominado golpe de Ramaga, siendo todavía enorme la influencia de los Infantes, estaba compensada por el crecimiento del número de los grandes linajes, por la aparición en el panorama político del Príncipe Enrique, por la presencia de Álvaro de Luna y por el recelo generalizado hacia el poder del partido aragonés. La prisión del rey en 1443 desencadenó un conjunto de acontecimientos que acabaron por transformar la situación. En primer lugar, lo sucedido en Ramaga contribuyó a llevar al primer plano de la escena política al Príncipe Enrique, acercándole de nuevo a su padre. Así mismo, consiguió que parte de los grandes linajes se alejasen del bando de los Infantes, recelosos de que el poder de Juan de Navarra se impusiera al de Juan II, lo que convirtió de nuevo al Condestable en el centro de la política castellana tras unos años de destierro. La tarea a la que se aplicaron los coaligados fue obtener la libertad del rey y reducir el poder de los Infantes, quienes aparecían cada vez mas aislados. Este era el objetivo de Álvaro de Luna, quien no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión de acabar definitivamente con quienes eran sus principales enemigos desde hacia décadas. Un triunfo sobre Juan de Navarra y don Enrique significaba consolidar el poder real y confirmar su posición de cabeza de la nobleza y de hombre clave de Castilla, tras el rey. Por su parte, el Príncipe Enrique veía en esta ocasión la posibilidad……..de confirmar su condición de heredero, despejando cualquier duda dinástica y, apoyándose en este rango, imponerse al Condestable en la jerarquía del reino. Por último, la nobleza partidaria de la monarquía lograría el restablecimiento de las instituciones que permitían el funcionamiento del sistema, mientras que los grandes linajes alineados frente a los Infantes esperaban la obtención de nuevas mercedes que previsiblemente repartiría el monarca tras su liberación. Por el contrario, junto a los Infantes de Aragón se situaba un escogido grupo de grandes linajes que vinculaba su posición e influencia política con el triunfo de Juan de Navarra y el predominio aragonés. Como puede verse, la alineación en uno y otro bando se producía esencialmente de acuerdo con los muy diferentes intereses de cada uno de los implicados. Tras las habituales y largas negociaciones entre los nuevos aliados, se produjo el alzamiento militar contra los Infantes, cuya cabeza visible era el Príncipe Enrique, confirmado como Príncipe de Asturias, que agrupaba a gran parte de los grandes y sobre todo a Álvaro de Luna. El movimiento se solventó sin apenas choques armados, pues Juan II al escapar de sus captores dio lugar a que la situación se alterase radicalmente dando lugar a la huida de los Infantes. Estos abandonaron Castilla, retirándose Juan de Navarra a su reino y el infante don Enrique a los dominios múrcianos de Alfonso Fajardo, mientras que los nobles que habían optado por los aragoneses se recluían en sus señoríos a la espera de acontecimientos. Juan de Navarra intentó que su hermano Alfonso V de Aragón, comprometido en los asuntos de Nápoles, interviniera en Castilla como hizo en 1429. Incluso le debió de tentar con proposiciones encaminadas a que se coronase rey de Castilla, destronando a Juan II. Sin embargo, el aragonés, respetuoso con la institución y el rango de su primo, rehusó y se limitó a mandar unas cartas de protesta, dejando los asuntos peninsulares en manos de su hermano Juan de Navarra. Este decidió tomar la iniciativa en marzo de 1445, una vez finalizada la tregua, para recuperar por la fuerza tanto los dominios castellanos de la familia como la influencia aragonesa en el reino. La entrada de don Juan en Castilla se produjo en las primeras semanas de 1445 desde sus tierras navarras, en dirección a Atienza, un movimiento que probablemente esperaba la coalición antiaragonesa y que no sorprendió a sus miembros. En este lugar las fuerzas del rey navarro –formadas por 400 hombres de armas y 400 peones— se vieron incrementadas con las mesnadas señoriales del Conde de Medinaceli, uno de los grandes castellanos que se sumaron al bando de los Infantes. De esta manera, se logró un conjunto de fuerzas que tenían ya cierta magnitud y que permitía emprender el camino en dirección a tierras alcarreñas, donde se aguardaba el refuerzo esencial de las mesnadas del infante don Enrique, formadas básicamente por caballeros de la Orden de Santiago que acudían a uña de caballo desde tierras murcianas, como sin duda habían acordado previamente los dos hermanos. Al mismo tiempo, Juan de Navarra esperaba que su presencia en Castilla al frente de un ejército impulsara a otros nobles indecisos a sumarse al movimiento, una pretensión que a pesar de su lógica, no tuvo la adecuada respuesta pues ni siquiera los Mendoza, en cuyos dominios alcarreños se estaban desarrollando los acontecimientos, se inclinaron hacia los Infantes. Posteriormente nos remontamos al año 1592, reinando Felipe II, cuando ya el pueblo tiene su actual denominación de Rágama. Perteneciente a la comarca de Peñaranda de Bracamonte, situado en los límites de las provincias de Ávila y de Salamanca y cuyo cauce del río Ragamón toma esta nueva denominación. Rágama aparece como un lugar de la jurisdicción de la villa de Arévalo y perteneciente entonces a la provincia y obispado de Ávila; hasta el año 1833 en que la actual reforma administrativa la incorpora a al provincia de Salamanca, pasando también al obispado de ésta.
[escribe] Etimología
Lugareños ilustres:
- []
[escribe] Cultura
Tradiciones.
Gastronomía.
Asociaciones culturales:
Asociaciones deportivas:
[escribe] Turismo
Monumentos y lugares de interés:
Hostelería:
Fiestas locales:
[escribe] Referencias
Bibliografía
Otras fuentes de información
Este esquema es orientativo, a fin de recopilar los datos esenciales de cada localidad. Se pueden agregar las categorías necesarias, tales como información sobre demarcaciones territoriales (comarcas, concejos, etc.), información sobre la corporación municipal, servicios, accesos, arquitectura local, tradiciones, etc.
