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Psicología evolutiva

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Las funciones psíquicas en el ser humano siguen un desarrollo evolutivo que se inicia ya en la vida intrauterina. Ésta es la materia de estudio de la psicología evolutiva o psicología del desarrollo.

Índice

Fases del desarrollo psíquico humano

Desarrollo intrauterino

Es un tema aún relativamente desconocido por la dificultad de investigar las reacciones del feto dentro del útero, en condiciones de reposo y ante diferentes estímulos.

Parece que los sentidos más activos son el tacto y el oído

(...)

Primer año

Este periodo ha sido denominado clásicamente como "lactancia". Este término es inapropiado, ya que la OMS recomienda la lactancia durante al menos los dos primeros años de vida.

Edad del sueño

Este periodo abarca los dos primeros meses.

Recibe esta denominación porque el sueño predomina con claridad sobre la vigilia (14-16 horas diarias). Inicialmente, los periodos de sueño se distribuyen de modo uniforme a lo largo del día y de la noche en periodos de unas tres horas, alternando con las tomas de lactancia. Pronto, ya durante el segundo mes, los periodos de sueño nocturno se van prolongando, acomodándose a las horas de mayor oscuridad y menor cantidad de estímulos externos.

En el primer mes, predominan las reacciones impulsivas, poco diferenciadas, a estímulos exteriores intensos, y más frecuentemente a estímulos internos, sobre todo los de carácter negativo (hambre, sed, dolor, incomodidad, etc). Predominan las respuestas de sobresalto y llanto. También es posible ver, desde la primera o segunda semana, expresiones de felicidad en determinadas situaciones, que suelen relacionarse con la lactancia o con el contacto con la piel de quien los cuida.

No se ha podido demostrar que presenten procesos mentales de consciencia en esta etapa, por lo que este es un dato hasta ahora desconocido. Sí puede observarse durante el segundo mes, en algunos niños cómo pueden decidir si en ese momento aceptan el chupete, especialmente cuando les ayuda a quedarse dormidos, y cuándo no lo necesitan, rechazándolo entonces con la lengua hacia afuera de la boca.

Desde el nacimiento, ensayan diversos movimientos, tanto faciales como oculares, así como con todo el cuerpo. Hacia el final del primer mes suelen ensayar también sonidos.

Entre los sentidos más activos en los primeros días, de forma clásica se han destacado el olfato, el tacto y el gusto. Acepta los sabores agradables y dulces, y rechaza los sabores desagradables y amargos. En cuanto al olfato, parece que juega un papel principal en el reconocimiento de la madre y en el inicio de la lactancia.

La vista se supone que en los primeros días no está muy desarrollada, aunque es capaz de percibir destellos luminosos, como se ha comprobado con Potenciales evocados visuales. Ya en los primeros días es posible observar en algunos bebés la posibilidad de fijar la mirada, si bien durante la primera semana es frecuente apreciar movimientos oculares mal coordinados, con cierto estrabismo, que suele corregirse progresivamente desde la segunda semana. A lo largo del primer mes se desarrolla en casi todos los niños la capacidad de fijar la mirada en el entorno. El seguimiento con la mirada no suele observarse hasta el final del primer mes o principio del segundo.

Hacia la mitad del segundo mes, coincidiendo con un mejor control del tono muscular laterocervical, pueden girar la cabeza orientando su campo de visión voluntariamente a uno u otro lado.

El oído también se desarrolla de forma precoz, como puede verse con Potenciales evocados auditivos. También puede observarse la reacción del bebé ante sonidos estridentes, desde los primeros días de vida, por ejemplo en forma de sobresalto o apretando la boca si coincide con la lactación natural.

Hacia la mitad del segundo mes puede comenzar a orientar la mirada hacia fuentes de sonido.

Presenta reflejos primitivos que progresivamente van desapareciendo con la edad. Es de destacar el reflejo de succión, de suma importancia para posibilitar la lactancia.

Esta "edad del sueño" culmina a los dos meses de edad, con la adquisición de la sonrisa social.

Edad de la orientación hacia el mundo

Desde el segundo mes hasta cumplir el año de edad.

Con la adquisición progresiva de la sonrisa social, en el segundo mes de vida, algunos niños desarrollan paralelamente un "parloteo" constituido inicialmente por una serie de vocales acompañadas por gestos y entonación. Al cabo de unos días (alrededor de un par de semanas) puede añadirse alguna consonante gutural (agu...) y bilabial (eum...). Esta actividad parece producirse por imitación, sin contenido conceptual, ya que el niño en esta edad tan sólo capta la significación de la expresión verbal por la entonación y los gestos, pero no el significado verbal.

Durante el tercer mes, la sonrisa social y el mencionado "parloteo" alcanzan su máxima expresión, para declinar desde el cuarto mes en adelante. A cambio, esta actividad será más selectiva de los momentos que los que le apetezca sonreír o emitir sonidos.

Coincidiendo también con el inicio de la sonrisa social, podemos observar su incipiente actividad lúdica, hacia el final del primer mes o comienzo del segundo. Este primer juego puede consistir en el placer de impulsarse con los pies contra las paredes de la bañera. Los brazos suelen quedar flexionados y aproximados al tórax, con los puños cerrados, durante unos días más. Hacia la mitad del segundo mes puede comenzar a dirigir la mano hacia objetos próximos. Coincide con la progresiva maduración de la capacidad de acomodación del cristalino para enfocar la visión en objetos cercanos. Esta actividad inicialmente es torpe, con evidente dismetría, pero en pocos días se observa cada vez mayor seguridad. Puede comenzar a agarrarse del pelo de quien lo sujeta.

Durante el tercer mes comienzan los primeros intentos de manipulación de objetos, sacándose el chupete de la boca e intentando metérselo de nuevo, aunque tardará varias semanas en conseguirlo. Los objetos que caen en sus manos son introducidos en la boca. Esta actividad se mantendrá especialmente durante el primer año de vida. Da lugar a la denominación que Sigmund Freud da a la fase oral.

Durante el cuarto mes, puede iniciar las primeras risas durante el disfrute de sus juegos. Además del pataleo en el baño, o con juguetes sonoros activados por los pies, puede comenzar a disfrutar manteniéndose sobre sus pies, pataleando y saltando mientras se le sostiene por las axilas. Comienza a erguirse desde la posición de recostado, sentándose con apoyo. Comienza a buscar y capturar objetos con las manos, doblándose sobre las articulaciones de las caderas. Sin embargo, también para esta actividad necesita apoyo, ya que la musculatura del tronco aún no está suficientemente desarrollada para sujetar el peso de la cabeza. En este mes, el predominio de la actividad motriz de las piernas se va equilibrando con una actividad cada vez mayor de las manos. Puede comenzar a tocar con las manos la cara de quien lo sujeta. Puede indicar con gestos su deseo de que le saquen de la cuna, por ejemplo empujando hacia abajo las sábanas. Reconoce a quien le suele cargar en brazos. Puede demostrar su capacidad para entender una prohibición, ya desde los primeros días del cuarto mes. Esto se demuestra en niños que a esta edad ya tienen dientes y muerden durante el amamantamiento. Al reñirles en ese momento, dejan de hacerlo.

En el quinto mes de vida, comienza a ensayar maniobras de manipulación con las manos, aprendiendo que al apretar algunos objetos o manipular algunos mecanismos simples puede conseguir activar melodías. Al presentarle objetos llamativos, adelantará los dos brazos para alcanzarlos. En el baño, el simple juego de impulsarse con las piernas, va siendo sustituido por un palmoteo y pataleo sobre la superficie del agua. Comienza en este mes a agarrarse las piernas y a observarse los pies. Unos días más tarde, ya hacia el inicio del sexto mes, se meterá los dedos de los pies en la boca. Comienza a arañar las superficies (telas, maderas, etc.), actividad que pronto es sustituida por la percusión con las manos, a manera de tambor, pudiendo entonces convertirse las cajas en sus mejores juguetes. Poco después, ya iniciándose el sexto mes de vida, comienza a golpear con los objetos contra otros objetos o contra superficies. Aumenta su capacidad de orientación espacial y su interés por el entorno. Es frecuente que interrumpa su actividad ante cualquier ruido o movimiento en el entorno, reanudándolo después de que pierda su interés por ese estímulo. Por ejemplo, mientras está mamando puede interrumpir esa actividad para dirigir la mirada hacia la fuente de un ruido en el entorno, volviendo al cabo de unos segundos a agarrar sin ayuda la mama para continuar con su lactancia. Este fenómeno, en ocasiones es tan llamativo que ha dado lugar a la expresión "Edad de la teta de goma".

Desde el sexto mes, mejora su control de los movimientos. Se hace evidente el juego de tirar el objeto que tienen en la mano para volver a agarrarlo. Es capaz de erguir el tronco hasta unos 45º, tanto desde el decúbito supino, como desde el decúbito prono. Comienza a sentarse, aunque aún necesita apoyo para no caer a los lados. Algunos, comienzan a esforzarse por alcanzar los objetos distantes para explorarlos. Son capaces de retener en su memoria la localización espacial de un objeto, pero si al restablecer el campo visual, ese objeto está oculto (p. ej. bajo un paño), el objeto deja de existir. Esto ocurre también con las personas. Por esta razón, algunos niños pueden angustiarse cuando la madre se ausenta durante un tiempo, aunque no sea muy prolongado.

Durante el séptimo mes, la adquisición motriz más importante es la capacidad de mantenerse sentado sin apoyo, que se irá consiguiendo a lo largo del mes, o a más tardar, antes de cumplir los nueve meses. Suele reiniciar el ensayo de sílabas, generalmente bilabiales (bu, ma..). Algunos niños descubren sus genitales hacia esta edad, explorándolos con la mano. Suele comenzar a desplazarse reptando. Algunos, comienzan los primeros intentos de gatear o de mantenerse de pie, buscando apoyos. A esta edad se irán introduciendo lenta y progresivamente alimentos que complementen la lactancia. Aprenderá pronto a tomar el contenido de la cuchara y a tragarlo. Dejará claro cuándo no quiere más o no le gusta, cerrando la boca. Pronto mostrará precaución antes de tomar la primera cucharada, buscando con la mirada la aprobación de quien lo está alimentando. Esta actitud contrasta de forma llamativa con la facilidad con se llevan objetos del suelo a la boca.

Hacia el octavo mes aumenta su destreza en el uso de los dedos. Es capaz de agarrar entre dos dedos el pliegue de una prenda sin pellizcar. Puede comenzar a extrañar la ausencia de los papás. Esto comienza a observarse hacia los ocho meses de edad, se hace más acusado hacia los diez meses y comienza a desaparecer hacia el año y medio.

Algunos niños, cuando son sostenidos, juegan a mantenerse erguidos sobre sus pies para después agacharse al suelo hasta tocarlo con manos y rodillas, volverse a erguir, y así sucesivamente. Algunos encontrarán placer en trepar, bien por el regazo de quien los sostiene, por el respaldo del sofá, con ayuda, etc.

Pueden comenzar a gatear ya a esta edad, aunque algunos niños no llegan a gatear, pasando más adelante a caminar, sin pasar por la fase de gateo. Comienzan a ser capaces de darse la vuelta, pasando de decúbito supino a ponerse de rodillas, y desde esta posición pueden sentarse. Esta adquisición motora contribuye a su autonomía de movimientos y decisiones. Algunos intentan ponerse de pie sin ayuda, buscando apoyos por sí mismos. Pueden darse así las primeras caídas y golpes, que en algunos niños generan miedo, inhibiendo y retrasando su capacidad para ponerse de pie y caminar. Si hasta este momento le gustaba golpear objetos contra superficies, comienza ahora a golpear un objeto contra otro.

Suelen comenzar a comprender las primeras palabras, generalmente el significado prohibitivo del "no", especialmente cuando va asociado a una expresión grave de los papás. Algunos, incluso muestran signos de comprender algunas otras palabras significativas (mamá, papá, teta, besito...). Es frecuente que ensayen besos, pegando los labios a la mejilla de la mamá.

Pronto ensayan la forma de transportar objetos. Si gatea, los llevará en una mano o en la boca. Si se pone de pie con apoyo, agarrará un objeto del suelo para elevarlo hasta la superficie en la que se apoya con las manos, para devolverlo al suelo y así repetir el ejercicio una y otra vez. Un difícil ejercicio que ha de aprender es el de pasar de bipedestación con apoyo a sedestación sin hacerse daño.

Desde que comienza el gateo hasta que consigue andar, una familia sentada en el suelo (el niño y los papás) ofrecerán una escena similar a la de cualquier primate superior. El niño explora el entorno gateando, se intenta encaramar en los lugares a los que tiene acceso y de vez en cuando irá a buscar el regazo de los padres, en busca de cariño, protección, descanso, o para tener otra perspectiva más alta del entorno. A su vez, los padres estarán atentos a cualquier situación de peligro e intentarán participar en el desarrollo del niño.

Comienza a expresar frustración cuando algún ejercicio no sale según su deseo. Se enfada cuando se le quita un objeto que estaba utilizando, siendo necesario distraerlo con otro que capte su atención. El nivel de frustración y sus manifestaciones pueden variar según el carácter de cada niño.

Suele comenzar con las primeras palabras significativas, que pueden ser inicialmente monosílabas (ma, mam...) para convertirse poco después en bisílabas (mamma...). Suelen ser palabras con intencionalidad práctica, para indicar un deseo del niño. Aprenden a indicar con la mano la dirección a la que quieren que se les lleve, y en ocasiones pueden indicar esto mismo verbalmente, p. ej. nene puede significar que el nene quiere aquello que indica.

Hacia el noveno mes suele imitar gestos. Es típico que aprenda a hacer el gesto de saludar con la mano, aunque no suele saber al principio su significado.

Algunos niños comienzan a tomar la iniciativa de comenzar un juego participativo que previamente se les había enseñado, p. ej. esconderse y aparecer. A esta edad, el hecho de ocultar su cara, desapareciendo los papás de su campo de visión es interpretado como su ocultamiento completo.

Hacia el décimo mes su actividad imitadora es muy evidente. Les gusta imitar la actividad cotidiana que observan: comer con la cuchara, beber del vaso, dar el chupete a los papás, etc. Algunos autores aconsejan aprovechar esta época para que el niño vaya aprendiendo a comer por sí mismo, siempre que quiera. Algunos de estos niños intentarán dar de comer a los papás.

Comienza a meter objetos en lugares donde se puedan introducir, como p. ej en recipientes, o en la concavidad de otros objetos mayores. Aún tardará uno o dos meses más en introducir un objeto en su molde, comenzando por las figuras más simples: los círculos. Tardará en reconocer e introducir otros objetos de formas más complejas (cuadrados, triángulos, etc.) alrededor de diez meses más.

Le gusta abrir y cerrar cajas y puertas.

Le gusta indicar con la mano o con un dedo hacia dónde quiere que se le lleve, cuando se le tiene en brazos. Esta actividad en algunos niños puede retrasar su desarrollo del lenguaje. Es aconsejable retrasar el momento de acercarlo a donde indica, hasta después de haberle comentado a dónde está señalando.

Suele dejar claro que no quiere el objeto que les das, tirándolo al suelo con decisión. Cuando quiere que lo suelten para bajar al suelo, puede retorcerse hasta conseguirlo.

Algunos niños, en función de su carácter, pueden comenzar a distinguir cuándo el "no" prohibitivo implica la prevención de un peligro para ellos y cuándo no observan peligro, p. ej. cuando ya han probado ese objeto. En este caso, pueden permitirse jugar con la "autoridad" de los padres.

Durante la lactancia materna, juega de forma cada vez más evidente con las mamas, aumentando la vivencia íntima de ese momento entre la madre y el bebé.

Durante el gateo y de forma más evidente cuando comienza a caminar con ayuda, se observa una mayor autonomía del niño, que expresa a dónde quiere ir y con quién quiere estar.

Hacia el undécimo mes, el niño intenta comprender situaciones sociales de su entorno. Si ve reirse a los que lo rodean, observa la escena y comenzará a reirse.

Se interesa por los sonidos onomatopéyicos de animales y objetos. En ocasiones imita algunos de estos sonidos, nominando a estos animales u objetos por su onomatopeya. Inicialmente un mismo sonido puede corresponderse con múltiples animales u objetos; por ejemplo, el ruido de motor puede servir igualmente para una grúa como para un cocodrilo de juguete con ruedas.

No sólo se producen asociaciones entre palabras y objetos o animales. Se hacen evidentes otros tipos de asociaciones. Puede señalar hacia la puerta de la vivienda para indicar que quiere salir de paseo. Ya no llora al subirle al coche de paseo, porque sabe que poco después se va a divertir.

Hacia el final del año, algunos niños crean juegos participativos; por ejemplo, tirar objetos en lugares de difícil acceso (debajo de la cama, detrás del sofá, etc.) pidiendo a quien los cuida que se los alcance. De este modo, aprenden estrategias para, poco después, intentar ellos mismos alcanzar los objetos en esas situaciones.

Le gusta jugar a sacar los objetos de un recipiente y trasladarlos a otro recipiente (cajones, cajas, etc.)

Al tomar un lápiz y un papel, dibujará realizando movimientos de flexoextensión de la muñeca, dando lugar a garabatos con trazos más o menos paralelos.

Al final del primer año o al principio del segundo, suele comenzar a caminar sin ayuda y a decir sus primeras palabras. Sin embargo, se considera normal el niño que comienza a caminar a los 15 meses y a decir sus primeras palabras al final del segundo año.

Al comenzar a ponerse de pie puede observarse cómo ensaya el movimiento de agacharse para agarrar un objeto del suelo y levantarse con él en la mano, para posarlo de nuevo y repetir el ejercicio. También es frecuente ver cómo traslada los objetos en la mano de un lugar a otro. Va perfeccionando sus movimientos, inicialmente dispráxicos, aprendiendo a través del juego y del "ensayo-error".

Hacia esta edad, mientras mama, suele poner a mamar a sus juguetes en la otra teta.

Primera infancia

Desde 1 año de edad hasta 5 años y medio

Edad de la adquisición del lenguaje

Desde 1 año hasta 2 años y medio
Es una importante etapa, en la que se adquiere la marcha en posición erguida y la expresión verbal.

Marcha en posición erguida

De los 12 a los 18 meses

Entre los 10 y los 18 meses, consiguen caminar, aumentando así su autonomía para desplazarse a donde quieren y ampliar su territorio a explorar. Quedan libres sus manos para manipular objetos, a la vez que se van perfeccionando sus movimientos de pinza con los dedos. Poco después de adquirir la marcha autónoma, van aprendiendo a realizar actividades más complejas. Subir escaleras, correr, andar hacia atrás. Va mejorando su equilibro.

Aprenden a lanzar objetos, inicialmente impulsándolos con los dos brazos a la vez. De forma progresiva, la maduración de las vías neuroanatómicas implicadas en el control de los movimientos, permitirá independizar los movimientos de uno y otro brazo cada vez con mayor eficacia.

Al principio, caminan sin mirar donde pisan, tropezando con frecuencia. Progresivamente van ampliando su campo de visión evitando obstáculos para no tropezar.

Integración social

Pronto comienzan a manifestar su descontento cuando se ven excluidos en alguna situación. Así, cuando el cuidador que está jugando con él (pintando, construyendo una estructura o un puzle, etc.) y se concentra en su tarea, el niño percibe que está siendo excluido, reclamando la atención que considera perdida. Si entre los padres se produce una situación de vínculo más estrecho que el habitual (afectivo, en el ámbito de una tarea o de una conversación, etc.) el niño reclamará volver a verse integrado. Lo mismo ocurre, si en lugar de darse esa situación entre los padres, se da con respecto a otro hermano del niño.

Sin embargo, el centro de la relación seguirá siendo el niño. De forma característica, los niños en el segundo año de vida, cuando juegan juntos al mismo juego, suelen hacerlo de modo independiente.

Expresión de los deseos

Cuando aún no se ha adquirido un lenguaje suficiente para que el niño pueda entenderse con sus cuidadores, desarrolla estrategias que permitan compensar esta deficiencia, sustituyendo a las primitivas reacciones de llanto.

Agarra la ropa o la mano al cuidador para llevarlo a donde quiere. Algunos niños, ya en torno a los 14 meses toman de la mano al padre y la madre para que jueguen ambos con él.

Señala con la mano lo que desea. Cuando no es capaz de manipular algún objeto, lo entrega al cuidador para que lo haga por él. Utiliza onomatopeyas para identificar objetos, inventándolas en ocasiones.

Aprende pronto a retrasar las situaciones que no le gustan, por ejemplo, el momento de ir a dormir.

Proyección de la ira

Hacia los 14 meses algunos niños comienzan a proyectar la ira hacia otras personas en lugar de hacerlo en forma de llanto indiferenciado. El proceso mental es simple. Si los papás o cuidadores del niño le hacen enfadar con alguna acción contraria a sus deseos, el niño realizará alguna acción de las que enfadan a los papás o cuidadores.

Algunos niños comienzan a mostrar su fortaleza siguiendo comportamientos que recuerdan a los de otros primates superiores, agitando con fuerza los brazos, lanzando objetos cada vez con más fuerza, gritando, o dando golpeando a los que lo cuidan, con las manos o con los pies.

Algunos niños, en momentos en que están recibiendo una atención o afecto que consideran insuficiente, pueden buscar situaciones en que se hagan daño para beneficiarse del cariño que obtiene cuando se hiere.

En aquellas situaciones en que no obtiene lo que desea, expresa su frustración por medio de la rabieta, en la que el niño se tira al suelo, gritando y pataleando.

Fase anal

Suelen comenzar a interesarse por todo lo que debe desecharse (basura, suciedad, heces, orina). Algunos niños lo identifican pronto con el término genérico de "caca". De forma paralela, comienzan a sentir repugnancia por determinadas texturas, olores y sabores. Posteriormente se va adquiriendo el hábito del aseo y del control de esfínteres. Este conjunto de manifestaciones del comportamiento dio lugar a la denominación freudiana de fase anal.

Los juegos de ilusión

Progresivamente, entre los 12 y los 18 meses van surgiendo las representaciones de la fantasía. Comienzan a interesarse por el significado representado en los objetos. Hablan con los muñecos, les dan de comer, etc. Tienden a proyectar impulsivamente sus sentimientos y estados de ánimo en sus muñecos y en sus juegos. Comienzan a buscar "casitas" a su medida, en un rincón de la casa, en una caja grande, etc., donde se cobijan, a veces acompañados por un juguete.

Hacia la mitad de este segundo año de edad se hacen más evidentes los juegos de ilusión. Por ejemplo, puede que tome una calculadora o un teléfono de juguete y lo lleve a la oreja, simulando tener una conversación con alguien ficticio, imitando expresiones que oye en su entorno. Aunque suele situarse esta actividad de representación de la fantasía a partir de los 18 meses, en algunos niños puede verse ya antes, con menor producción verbal; en estos casos, vemos cómo se llevan el supuesto teléfono al centro de la cabeza, ya que antes de esta edad no suelen localizar correctamente las orejas.

Autorreconocimiento

Hacia los 16-20 meses, suelen comenzar a reconocerse en su imagen reflejada en un espejo. Según algunos autores, coincide con el comienzo de la percepción de su yo individual, distinto del de los que le rodean. Paralelamente, puede observarse, cada vez de forma más clara, cómo acusan las críticas y las alabanzas de sus acciones.

Si se le dibuja una cara sonriente, la reconoce como la de un "nene".

Dibujo

Hacia el año y medio, al tomar lápiz y papel, podemos comprobar cómo ha pasado de realizar trazos en una sola dirección a trazar formas más o menos circulares, participando todo el brazo en la tarea de dibujar.

Miedos y pesadillas

En la primera mitad de este segundo año de vida, surgen reacciones de miedo y sobresalto ante estímulos estridentes e inesperados. En la segunda mitad, pueden comenzar a tener vivencias de miedo ante estímulos o situaciones que le causan inseguridad, ante imágenes desagradables, en pinturas, muñecos, etc. De forma paralela, pueden comenzar a presentar pesadillas.

Proyección emocional

Hacia los 16 meses, comienzan a mostrar lástima cuando otras personas se lesionan. Presentan el mismo comportamiento hacia algunos objetos que se rompen, como si estuvieran vivos. Algunos niños muestran su enfado contra los objetos contra los que se han golpeado.

Actividad constructiva

Hacia los 17-18 meses, comienzan a encajar piezas simples. Son capaces de construir torres, cada vez con mayor número de cubos.

En torno a los 18 meses, van reconociendo diferentes formas, relacionándolas con su molde. Comienzan por la más simples, que son las de base circular. Después, encajarán los polígonos regulares; mejor los que tienen más lados (lo mismo para los que tienen forma de estrella). Por último, los que tienen forma irregular, en los que sólo es válida una orientación espacial concreta. Respecto a estas formas irregulares realizan mejor la tarea si tienen alguna pista sobre la orientación que debe llevar pieza; por ejemplo, si es el recorte de la figura de un automóvil, la posición inferior de las ruedas les ayuda en la orientación. Sin embargo el reconocimiento de los diferentes tamaños y proporciones tardará algunos meses más. Este desconocimiento de las proporciones, puede dar lugar a situaciones curiosas: p. ej., el niño puede insistir en que su cuidador se siente en el mismo triciclo que utiliza el niño, a pesar de explicarle y demostrarle que el cuidador no cabe.

Desarrollo del lenguaje

Al año de edad suelen ser capaces decir alguna palabra significativa (mama, nene) y con frecuencia comprenden el nombre común de algunos objetos, siendo capaces de señalarlos al nombrárselos. El uso de estas primeras palabras suele relacionarse más con una situación que con un objeto o persona. "Mamá" puede usarse por el mismo niño para indicar que quiere estar con su madre, que se alegra de verla, que quiere mamar, etc. "Agua" puede ser utilizada para indicar que quiere agua o cualquier otra cosa que ve encima de la mesa. "Mimi" puede significar que tiene sueño, que quiere el chupete, que está cansado, que quiere estar sostenido en brazos, etc. Las primeras palabras suelen ser las que más han llamado la atención al niño: algunas interjecciones (¡hala!, ¡uy!), onomatopeyas (pío, guau, ¡pumba!), adverbios y pronombres especialmente útiles y frecuentes, como ahí, eto (queriendo decir "esto", aunque es frecuente que al principio no puedan pronunciar algunos fonemas, como la s o la z). Este uso situacional del lenguaje se relaciona con la denominada función significativa.

Limitación de la memoria

Suelen presentar una memoria muy limitada, aunque aprovechada de forma que la orientan selectivamente sobre aquello que les interesa.

Primera edad de las preguntas

En torno al año y medio, el uso de cada palabra va restringiéndose para un significado concreto. Entre los 18 y los 24 meses, comienza la primera edad de las preguntas, por medio de las cuales van aprendiendo cómo se llama todo aquello que ven, especialmente los sustantivos, después los verbos (tiempos del presente y del pretérito) y más tarde los adjetivos y los pronombres (posesivos, personales y reflexivos). La adjudicación de una palabra para cada objeto se denomina función denominativa. No sólo preguntan el nombre de las cosas, sino que suelen comentar todo aquello que les impresiona, como primer impulso a la relación social. Inicialmente, algunos niños pueden dar la falsa impresión de sufrir un retroceso en su lenguaje, ya que sus primeras palabras "denominativas" pueden estar simplificadas hasta reducirse a monosílabos, en lugar de los bisílabos habituales, que en realidad eran sílabas repetitidas (mama, papa, nene...). En algunos niños, esta primera edad de las preguntas puede expresarse gestualmente, indicando a los padres o cuidadores, diferentes objetos o imágenes para saber cómo se llaman.

Comienzan a formar frases de dos palabras, generalmente monosílabas y bisílabas, incluso los niños que aún no pronuncian correctamente (p. ej.: "nene agua", "ahí no", "lee e'te"). La primera edad de las preguntas se produce ante la necesidad que tiene el niño de saber cómo se llaman las cosas y para saber más acerca de ellas. Indican, verbalmente o por gestos, diferentes objetos o imágenes para saber qué son. Imitan las palabras que oyen. Su vocabulario se amplía. Cuanto más se atiende a esta necesidad, mejor será su desarrollo verbal. Algunos niños pueden mostrar a esta edad dificultades para pronunciar algunos fonemas. No conviene imitarlos, pero tampoco insistir en que lo pronuncien bien repitiéndoles la misma palabra una y otra vez. El problema es perceptivo y se resuelve con la maduración fisiológica de las áreas cerebrales del habla. El niño no entenderá por qué se le insiste con una palabra que según su percepción él considera que la pronuncia bien. Alguno de estos niños puede recordarnos que es pequeño pero "no tonto". Muy pronto pasan a desarrollar frases de tres palabras y a pronunciar trisílabos. Incluso pueden construir frases de cuatro palabras y pronunciar tetrasílabos antes de cumplir los dos años.

Desarrollo del Yo

Los niños a esta edad van adquiriendo seguridad e independencia. Comienzan a jugar solos en su habitación, al principio durante escaso tiempo, que irá aumentando progresivamente. Algunos pueden indicar a sus padres o cuidadores que salgan del cuarto en que se encuentran (siempre que permanezcan en la casa) porque les gusta sentirse independientes.

Suelen comenzar a preparar su pequeño equipaje de juguetes cuando cambian de entorno, objetos referenciales que le dan seguridad.

Se va reforzando su sentido de la propiedad, de lo que es suyo. En algún caso, este fenómeno es tan acusado que se enfada cuando el cuidador se come la comida que el niño acaba de rechazar.

Deciden qué ropa les gusta y cuál no quieren ponerse.

Algunos niños comienzan a mostrar comportamientos contrarios a las normas que se les han impuesto, no ya como reacción cuando se les contraría sino de forma aparentemente espontánea, para observar la reacción de los que lo cuidan o bien para obtener algún tipo de atención, aunque sea negativa, cuando consideran que no están teniendo suficiente atención.

Imitan las actividades de sus referentes paternos. Quieren participar en las tareas, no mantenerse como espectadores. Dado que en muchos casos no perciben el peligro potencial de algunas actividades, pueden pretender usar un taladro, un martillo u otras herramientas manejadas en su entorno. Junto con el creciente desarrollo de sus habilidades físicas (correr, saltar, trepar, etc.), se incrementa en esta edad el riesgo de accidentes, por lo que es necesario reforzar la vigilancia.

Miedos

Paralelamente, se agudiza su sentido del miedo. En la primera mitad del segundo año, tienden a considerar algunas situaciones o personajes como "feos" o de modo más primitivo como "caca". Meses más tarde, de forma progresiva, necesitarán clasificar las situaciones y personajes desconocidos en buenos y malos, mostrando su rechazo, aversión o incluso pánico ante lo que consideran malo. Si sus vivencias, en estas situaciones, no se acompañan de la suficiente seguridad personal, pueden dar lugar a fobias.

Pueden comenzar a desarrollar expresiones verbales que les den seguridad. Por ejemplo, si alguna vez se han quemado con la comida, antes del siguiente bocado podrán avisar a los que lo rodean de que "no quema", de una forma repetitiva, hasta que obtiene una respuesta positiva de sus cuidadores. Con frecuencia, de un modo más genérico aparecen expresiones del tipo "no pasa nada" que les dan seguridad y les permiten disminuir la ansiedad en relación con un suceso o un entorno que no pueden controlar.

Control de esfínteres

En el segundo o tercer año de vida suelen conseguir el control de esfínteres. Es un largo proceso que se inicia por el reconocimiento de las heces como un producto de su cuerpo del que deben desprenderse.

El proceso puede complicarse cuando el entorno del niño le enseña que la caca es algo malo. En algunos casos, se tiende a evitar que el niño toque cosas inadecuadas diciéndole: "Eso es malo; caca". En otros, se actúa eliminando las heces del niño con rapidez y pulcritud, enseñándole a que no toque sus heces. Algunos niños terminan desarrollando comportamientos fóbicos frente a sus propias heces, que dificultan su aprendizaje.

Percepción espacial

Comienzan a identificar formas cada vez más complejas. Inicialmente encaja piezas de formas regulares en sus moldes (círculo, cuadrado, triángulo) y a la vez las va asociando a su nombre. Hacia el final del segundo año, algunos niños pueden comenzar a identificar alguna letra o algún número por su nombre, en función de sus intereses. Los niños a los que se les ha leído cuentos habitualmente, se interesan más por conocer las letras. En otros casos, se interesarán más por los números. Sin embargo el concepto numérico no suele desarrollarse hasta después de cumplidos los dos años.

Aprenden a orientar los dibujos, de modo que cuando tienen en sus manos un cuento con dibujos boca abajo, lo orientan convenientemente. A la vez que aprenden a identificar formas cada vez más complejas, van aprendiendo a realizar puzles cada vez mayores y complejos. Hacia los 24 meses puede que ya completen algunos de 4 a 6 piezas.

Algunos niños aprenden que hay cosas grandes que no caben en otras pequeñas, aunque la percepción del tamaño relativo entre dos objetos tardará años en perfeccionarse.

Primera edad de la obstinación

Desde los dos años de edad hasta 3 años y medio

Pueden observarse ya entre los 12 y los 18 meses signos de negación cefálica (moviendo la cabeza a uno y otro lado) en forma de negación sistemática, según puede comprobarse ofreciendo al niño una opción y su contraria, con el resultado de que niega ambas opciones.

Tras cumplir los dos años, suele surgir una etapa conflictiva. En su desarrollo del Yo, el niño se hace consciente de que puede decidir lo que quiere, al igual que los demás. Los padres pueden observar que cuando hay que salir de casa, el niño decide que no quiere salir. Cuando hay que volver a casa, el niño no quiere. Cuando hay que meterse en la bañera, no quiere entrar; y después no quiere salir del baño. A veces podemos observar que su primera decisión es "no" e inmediatamente es "sí", porque su capacidad volitiva aún es lábil. En ocasiones parece representar un juego por medio del cual interacciona con su familia. Por otro lado, algunos niños utilizan estas maniobras para retrasar el momento de irse a dormir.

Es la típica edad de la rabieta. Cuando el niño no consigue que se haga su voluntad, especialmente si no comprende las razones, se tira al suelo, llora y en ocasiones realiza movimientos de pataleo. A esta edad aún no controla bien sus emociones, por lo que su enfado puede persistir aún después de comprender el motivo por el que se le ha contrariado.

Crisis de devaluación

El conflicto suele ser especialmente acusado por el hecho de que a esta edad, en que el niño comienza a comprender el lenguaje verbal, se le empieza a educar según unas normas sociales. Esta situación y el hecho de que el niño ve que hay cosas que no se le permite hacer como a un adulto, parece generar sentimientos de inferioridad que el niño puede intentar compensar enfrentándose enérgicamente a su limitación o bien puede aprovechar su situación de debilidad para conseguir mayor atención.

Irrupción del Yo individual

Las palabras "yo", "no", "quiero" o "mío" se hacen habituales en el niño.

Diferencia claramente entre su Yo y los demás, con un derecho a controlar su vida y los objetos de su propiedad (sus juguetes, su ropa, su comida, etc.). Observa que los demás tienen objetos de su propiedad que a él no le permiten manejar, por lo que se enfada cuando se le quita algo de las manos, si no entienden que ese objeto puede producir un daño o puede ser frágil y su posible rotura causar una gran pérdida.

Su afán por proteger lo suyo y acaparar cosas que sean de su propiedad y pueda manipular sin que se las quiten, abarca también a las personas que rodean al niño, expresando celos, especialmente respecto a la madre, que puede ver cómo su hijo requiere su atención cada vez que pretende mantener una conversación o realizar una actividad en la que el niño se ve excluido.

Algunos niños expresan su necesidad de tomar sus propias decisiones. En esto, como en muchas otras actividades, quiere imitar a sus cuidadores. Su obstinación y el conflicto que a veces se genera, proviene de que el desarrollo de su necesidad de tomar decisiones de forma autónoma se adelanta al desarrollo de su razonamiento lógico. Cuando se le pregunta al niño el por qué de su actitud o de sus decisiones, es frecuente que no sepa qué responder. Este razonamiento se desarrolla unos meses más tarde, coincidiendo con la segunda edad de las preguntas.

Su percepción del Yo aún no es acorde con la realidad. Quiere realizar las mismas actividades que los adultos que lo rodean porque se considera capaz y no comprende que ha de aprender y adquirir habilidades necesarias para realizarlas. Así, puede querer manejar el cuchillo, el taladro u otras herramientas peligrosas si las ve usar en su entorno. También podemos ver niñas en torno a los dos años queriendo cuidar a los bebés recién nacidos o incluso amamantarlos.

Representación de la fantasía

Los juegos se van haciendo más complejos. Poco después de cumplir los dos años, puede comenzar a inventarse historias, en las cuales, por ejemplo, el niño representa ser una bruja que se come a su mamá; la mamá queda dentro de la tripa de la bruja y entonces el niño dice ponerse triste. De forma progresiva, sus historias serán cada vez más coherentes y variadas.

Representa historias con muñecos o juguetes.

Puede contar historias inventadas o repetir cuentos o canciones que ha aprendido.

Capacidad constructiva. Colores. Formas. Simetrías

Hacia los dos años y medio, presenta una notable capacidad de construcción con bloques, rompecabezas, etc. Comienza a adjudicar significado a lo que construye (un puente, un auto, etc.)

Si hacia los 24 meses ya suelen ser capaces de dibujar caras con un círculo y dos puntos a modo de ojos, a veces con una linea horizontal para la boca, a los dos años y medio añaden a la parte inferior de esa cara dos líneas que representan las piernas. Hacia los 3 años, se les puede enseñar a dibujar el cuerpo, al cual pueden añadir brazos y piernas, que suelen acabar en pequeños círculos que representan manos y pies.

Suelen ser capaces, a esta edad, de reconocer y nombrar los colores y las formas principales.

Expresión consciente de los sentimientos

En torno a los 3 años, puede mostrar expresiones verbales de sus sentimientos: "¡cuánto te quiero, mamá!", "qué buena eres conmigo!". Puede intentar imitar algunas expresiones, como las de enfado o las de alegría.

Apego afectivo

La dependencia respecto a sus padres y cuidadores aún es muy intensa. En algunos casos, al regresar tras unas horas de ausencia (por ejemplo tras volver de la jornada laboral), el niño puede mostrar un intenso enfado originado en su sensación de abandono, exigiendo a los padres o cuidadores que acaban de llegar, que se marchen, en ocasiones acompañando este deseo con manifestaciones violentas. La reacción es proporcional al apego afectivo, que normalmente es máximo hacia la madre.

Ampliación del lenguaje y de la capacidad de la memoria

Hacia los 3 años de edad, se observa una mejora en la capacidad de su memoria. Es frecuente que comiencen a corregir a quien les está contando un cuento, cuando no se ajusta a la versión que tienen memorizada. Son capaces de recordar más detalles, por lo que sus observaciones son menos restringidas y menos selectivas.

Coincidiendo con esta mejora de la capacidad de su memoria, se va ampliando con rapidez su vocabulario.

Algunos niños pueden presentar una tendencia a usar reglas lingüísticas generales, fallando en el uso de las excepciones. Así, es frecuente que manejen los verbos irregulares como si fueran regulares. Algunos pueden presentar dificultades para distinguir cuándo las terminaciones -ín, -illo, -ito son diminutivos y cuándo no. Puede, por ejemplo, confundir "nata" y "natillas" como si fueran la misma cosa, o bien cambiar la palabra "chocolatina" por chocolatita.

Algunos confunden tiempos y expresiones temporales. Por ejemplo, pueden querer retrasar una actividad para "más pronto".

Hacia los 3 años o 3 y medio, algunos preguntan ya por tiempos futuros, que inicialmente suelen circunscribirse sólo al día siguiente.

Edad del juego en serio

Desde los 3 años y medio hasta los 5 años y medio
  • El niño llega a un equilibrio entre las pretensiones de yo, y el ambiente que le rodea, subordinándose voluntariamente al resto: más razonable, se entrega al trabajo como si fuera un adulto, jugando en serio
  • Aparece la conciencia del objeto distinguiendo perfectamente la imagen de la representación
  • Tiene una imagen objetiva del mundo, al desarrollar el concepto de numero, magnitud, color, forma.....
  • Utilización de adverbios temporales que ayudar al ordenamiento

Hacia los cuatro años, descubren que algunos juegos tienen unas normas que los hacen más interesantes o divertidos. Algunos niños intentan inventar juegos nuevos con sus normas.

Comienzan a asimilar el funcionamiento de controles remotos sencillos de algunos juguetes.

Segunda edad de las preguntas

Se inicia hacia los tres años y culmina sobre los 5 años.

Si la primera edad de las preguntas, en torno a los 24 meses, se dirigía a saber qué son las cosas que ve el niño y cómo se llaman, la segunda edad de las preguntas, es la edad del "por qué". Comienza el desarrollo del razonamiento lógico.

Concepto numérico y plazos de tiempos futuros

Hacia los 3 años y medio suele manejar el concepto numérico de cantidades pequeñas, ampliando su repertorio inicial hasta la tercera unidad y después progresivamente hasta la decena.

Para cuando cumplen 4 años ya suelen ser capaces de manejar conceptos cuantitativos sencillos. Algunos pueden contar objetos, hasta 10 ó 20 unidades. Saben que cuatro son más que tres o que es preferible llegar el primero que el segundo en una competición. Aún les costará algo más de tiempo fijar cantidades habituales, como la cantidad de dedos de una mano, o bien operaciones sencillas, comenzando por la suma.

De forma paralela, pueden pensar en plazos de tiempos futuros de unos pocos días: mañana, pasado mañana, dentro de tres días. Les costará más situar en el tiempo eventos que tendrán lugar a más largo plazo, al cabo de unos meses o estaciones del año: por ejemplo, el tiempo que tardarán en volver a la escuela tras los meses de vacaciones o el tiempo que falta hasta las próximas Navidades o hasta su siguiente cumpleaños.

Dibujo

El dibujo se va perfeccionando, siendo capaz, a partir de los 3 años y medio, de dibujar en la figura humana, cabeza, cuerpo y extremidades, con detalles que varían según las vivencias de cada niño y también según las circustancias. En ocasiones, si el dibujo es pequeño o ha sido realizado con prisas, se le pueden olvidar detalles importantes, como los brazos o el cuerpo, haciendo salir las piernas desde la parte inferior de la cabeza. Al principio las extremidades pueden consistir en líneas pasando a tener unos meses después forma bidimensional.

Cumpliendo los cuatro años, lo habitual es que no falten los elementos básicos: cabeza, tronco y las cuatro extremidades. Es interesante observar cómo dibuja a los miembros de su familia y las explicaciones que da.

Habilidad musical

En torno a los tres años, muchos niños suelen adquirir la capacidad de seguir un ritmo.

Hacia los cuatro años, algunos niños comienzan a entonar sin desafinar.

Fantasía y mentiras

Progresa el desarrollo de la fantasía, formando historias cada vez más coherentes. También aparece la fabulación a la vez que el niño descubre que puede desarrollar maniobras de engaño para obtener lo que quiere. Al principio se presentan de forma ingenua. Si quiere hacer algo que no le está permitido, manda a sus cuidadores a cocinar o a hacer sus labores; o bien les pide que cierren los ojos porque va a preparar una sorpresa. Las mentiras también suelen comenzar de forma ingenua. Si se le dice que debe darse un baño y no quiere, puede decir que ya se ha bañado, aunque sea evidente la mentira porque aún no se ha quitado la ropa.

Pensamiento mágico

En niños alrededor de los cuatro años, es fácil provocar ilusiones con trucos simples, convenciéndolos, sin dificultad, de que se han realizado por procedimientos mágicos.

Código ético y moral

Va aprendiendo lo que está bien y mal en su entorno sociocultural. Hacia los tres años y medio comienza a considerar que también otros, incluso sus cuidadores, pueden hacer cosas mal, decir tonterías o mentiras, etc. Así, es frecuente oír a los niños en estas edades decir a un adulto que es tonto o malo, aunque el criterio que siguen, con frecuencia no se ajusta al de los adultos. Por otro lado, si el niño miente, considera que también los demás mienten, por lo cual puede volverse irracionalmente desconfiado.

Empatía

La capacidad de comprender los sentimientos de los demás comienza lentamente a desarrollarse. Hasta los tres años, apenas puede interpretar unas pocas expresiones en las caras que observa: tristeza, alegría, enfado. En ocasiones, interpreta de forma errónea algunas expresiones: una persona concentrada en un trabajo, que esté frunciendo el ceño, puede parecer enfadada para el niño.

Aproximándose a los cuatro años, pueden comenzar a interesarse por la capacidad de sufrimiento o de dolor en los demás. Pueden ensayar agresiones físicas o psicológicas para ver hasta qué punto hacen daño. Se inicia una rudimentaria exploración de la empatía que se ha de complementar con la propia experiencia del niño al experimentar situaciones dolorosas en sí mismo.

El sentido de la muerte

Algunos niños, cerca de los cuatro años, comienzan a preguntarse qué es la muerte, si no la han vivido antes en su entorno, interpretándolo como algo natural que ha de darse en los abuelos cuando son muy viejos. Algunos pueden entender que también los padres llegarán a ser viejos y se morirán. Pueden entender que en un futuro ellos se convertirán en padres, pudiendo comenzar a percibir el sentido cíclico de la vida.

Se interesan también por la posibilidad de que la muerte sobrevenga de modo traumático. Tienden a encajarlo como un mal o un daño en grado máximo que sufre una persona. La asociación de la muerte con el final de la existencia, de forma real, se dará cuando cuando la muerte entre dentro de su esfera experiencial.

Apego afectivo y relación social

La búsqueda de amigos, que se venía dando aproximadamente desde los dos años, se suele ir reforzando. Con tres años de edad, el juego con otros niños, que hasta entonces de desarrollaba en paralelo, se va haciendo más social, relacionándose mutuamente más en sus juegos.

El apego y la necesidad de protección de los padres aún es muy intensa. Antes de cumplir los cuatro años, es frecuente que desee que un amigo quede a pasar la noche en su casa pero no quiere pasarla en la casa de su amigo.

La intensa necesidad de afecto de los padres o cuidadores, en los casos en que el niño siente que no recibe la atención afectiva que necesita, pone en marcha estrategias para conseguirla. A las ya descritas, se suman otras cada vez más elaboradas. Por ejemplo, puede ponerse en situaciones en las que reciba un codazo involuntario, jugando así el papel del niño herido y maltratado que provoca la aportación de afecto compensador. En ocasiones, incluso puede comportarse mal para ser castigado y después consolado, o bien para cambiar una vivencia de indiferencia hacia él por otra de interés, aunque vaya cargada de violencia verbal o física.

Hacia los cuatro años, algunos niños que no se han visto obligados anteriormente a quedar en una vivienda que no es la suya, pueden comenzar a solicitar quedar en casa de un amigo, primo, etcétera, si tienen la convicción de que sus padres o cuidadores volverán a buscarlos.

En esta edad es frecuente que se inicie el juego competitivo, al principio con normas muy simples. También suele marcarse en los niños el juego violento. Se pelean, en principio con la intención de jugar, de forma similar a lo que observamos también en los cachorros de diferentes especies de animales, sobre todo entre los machos.

Las actitudes violentas. Los monstruos

Hacia los cuatro años de edad, los niños suelen desarrollar actitudes violentas. Las pataletas, que conllevaban actitudes de queja e indefensión, van dando paso a reacciones más evolucionadas, con mayor reafirmación del Yo, en las que con frecuencia se expresa agresividad, en gestos faciales, en actitudes o en forma de franca violencia física. Descubren que también pueden ser fuertes y que pueden intentar imponer su voluntad, de un modo similar al que observan en su entorno.

Las pataletas, en su forma clásica, desaparecen. Se pueden dar expresiones similares, pero que a esta edad ya suelen ser conscientes. Cuando el niño quiere obtener atención o que sus cuidadores y él se alejen del entorno en que se encuentran, por ejemplo por aburrimiento o porque no se le presta la atención que considera necesaria, puede iniciar comportamientos socialmente inadecuados, entre los que se pueden incluir maniobras similares a pataletas, para conseguir su objetivo.

De forma paralela, comienzan a sentir fascinación por seres o elementos de gran fortaleza o agresividad, siempre que tengan la convicción de que los pueden controlar y que se sienten seguros. Por ejemplo, muñecos de monstruos, dragones, dinosaurios, fieras, así como personajes de cuento o de animación con estas características.

Su fantasía y su pensamiento mágico los llevan a la convicción, en algunos casos, de que con sus actitudes, ellos también pueden adquirir esa fortaleza.

Proyección de la culpabilidad

Hacia los cuatro años pueden culpar a los demás de lo que les sale mal. Por ejemplo, si algo se les cae es porque los han distraído. De este modo, proyectan su frustración y protegen su autoimagen. La reacción violenta contra su frustración ya no se dirige contra ellos mismos, sino hacia los demás.

Segunda infancia

Comienza hacia los 5 años y medio de edad. En las niñas finaliza hacia los 10 años y medio; y en niños hacia los 12 años de edad.

Niñez temprana

De los 5 años y medio a los 6 años y medio.

Primer cambio de configuración

Desatelización familiar

Niñez media

De los 6 años y medio a los 9 años de edad.

Desatelización escolar

Niñez tardía

Desde los nueve años. Finaliza hacia los 10 años y medio en las niñas, y hacia los 12 en los niños.

Primeros ideales. Primera actitud crítica

Juventud

En chicas, de los 10 años y medio a los 19-20 años.
En chicos, de los 12 años a los 20-21 años.

Prepubertad

En chicas, de los 10 años y medio a los 13 años de edad
En chicos, de los 12 a los 14 años de edad

Segunda edad de la obstinación

Segundo cambio de la configuración

Pubertad

En chicas, de los 13 a los 15 años de edad
En chicos, de los 14 a los 16 años de edad

Desarrollo de la fase transitiva

Primera capacidad genésica

Crisis juvenil

Se produce hacia los 15-16 años en chicas y hacia los 16-17 años en chicos. Es una fase caracterizada por la inquietud, gran afectividad, inestabilidad y propensión a la disociación. Estos rasgos son comunes con otras etapas anteriores, como las de la obstinación y las de configuración. En los ámbitos laboral y escolar se producen pérdidas de atención y de rendimiento. El adolescente duda del interés que le ofrece la actividad a que se dedica.

Adolescencia

De los 16-17 años a los 20-21

Equilibrio corporal, conductual y del Yo individual

Edad adulta

De los 20-22 años a los 56-58.

Edad adulta temprana

De los 20-21 años a los 30-32.

Edad adulta media

De los 30-32 años a los 42-44.

Edad adulta tardía

De los 42-44 años a los 56-58.

Crisis de inflexión de la vida

La mayoría de las personas aún están saludables y activas, aunque de algún modo la salud y las habilidades físicas decaen.
La mayoría de las personas mantienen la mente despierta.
La lentitud de reacción afecta muchos aspectos del funcionamiento.

Presenectud

De los 56-58 años a los 68-70.

Crisis de separación.

Surge la necesidad de afrontar pérdidas en muchas áreas (pérdida de las propias facultades, pérdida de los seres amados).
La jubilación deja más tiempo libre, pero reduce los recursos económicos.
Ante la inminencia de la muerte, se siente la necesidad de encontrarle su propósito a la vida.

Senectud

A partir de los 68-70 años.

Actitud contemplativa

Referencias

Fuentes empleadas y notas

Bibliografía

  • Epígrafes y alguna definición basados en: EMPLEIN, H. R. Tratado de psicología evolutiva, Barcelona, Ed. Labor, 1974.

Otras fuentes de información

  • Este artículo contiene material que puede ser considerado "fuente primaria", derivado de la observación directa y su confrontación con el tratado de H. R. Emplein, antes mencionado.
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