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Primera Carta a los Corintios

Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.

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Carta recogida en el Nuevo Testamento, escrita por Pablo de Tarso durante su estancia en Éfeso, entre los años 54 y 57.

Dirigida a la comunidad fundada en Corinto hacia el año 50, la carta responde a los conflictos surgidos en torno al año 54. Dice enviársela por medio de Timoteo [1]. Expresa su intención de volver a Corinto [2]

Al parecer, había escrito una carta previa a los Corintios [3]. Les decía en esa carta que no se juntaran «con libertinos», queriendo referirse a libertinos cristianos, mensaje que posiblemente no fue bien interpretado [4]

Pablo advierte contra el peligro de crear partidos a favor de uno u otro predicador (Pablo, Apolo, Pedro), que puedan provocar la división de la comunidad[5]. Según Pablo, él fue quien fundó la iglesia de Corinto y después de él, Apolo completó la predicación[6]. Podría haber pasado por Corinto también Pedro o algún discípulo suyo, aunque este dato no es aclarado en la epístola.

Pablo relata que su vocación es predicar su fe en un crucificado, necedad para los griegos que buscan la sabiduría y escándalo para los judíos que buscan signos. [7]

Aunque su condición de apóstol es cuestionada[8], se considera a sí mismo uno de los apóstoles, enviado para extender el evangelio y generar seguidores de Cristo [9]. Presenta como prueba a la propia comunidad de Corinto a la que llevó su apostolado. Como garantía de esta pretensión, aduce que él ha visto a Jesús en igualdad de condiciones respecto al resto de apóstoles[10]. Describe su modo de vida, sufriendo hambre, sed, falta de ropa, bofetadas, falta de vivienda, insultos, persecuciones, calumnias [11]. A diferencia de otros «apóstoles, incluyendo a los hermanos del Señor y a Pedro», él viaja sin la compañía «de una mujer hermana»[12].

Al parecer, se entera de que se levantan voces acusándolo de aceptar ser mantenido sin trabajar. Este proceder debía de ser el habitual en los apóstoles, refrendado, según Pablo, tanto por la Escritura (Deuteronomio 18; 25,4) como por mandato del «Señor»: «el obrero merece su salario» (Lucas 10,7). Sin embargo, advierte que él nunca aceptó vivir de su predicación.[13].

Advierte a la comunidad contra manifestaciones que considera reprochables, como la de un cristiano de Corinto que vivía como pareja con la mujer de su padre [14]. El reproche se extiende al hecho de que la comunidad lo mostraba con orgullo, posiblemente como ejemplo de actitud liberal ante la ley [15]. Pablo determina la expulsión de este miembro de la comunidad, aduciendo que su ejemplo podría corromper al resto [16].

Su preocupación por la imagen de la comunidad le hace recomendar que no se lleven querellas ante tribunales civiles sino que se resuelvan dentro de la comunidad, siendo incluso preferible sufrir la injusticia que plantear pleitos entre hermanos de la comunidad[17].

Dentro de su código moral, rechaza a los «idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, difamadores y estafadores», que según Pablo dejan de serlo al entrar en la comunidad[18].

Había predicado la libertad moral del que ama, mensaje que los Corintios habían interpretado con una amplitud que Pablo decide acotar: «Todo me está permitido. Sí. Pero no todo me aprovecha»[19]. En el capítulo 8 advierte de que si esa libertad, aplicada por ejemplo al consumo de la carne de los sacrificios, es causa de pecado en un hermano de «conciencia insegura», vale más no hacer uso de esa libertad y de ese conocimiento. Les pone de ejemplo la suerte del pueblo hebreo en su viaje a través del desierto según Éxodo 13 - 32 y Números 14 - 21. De forma característica, asemeja el bautismo con el paso entre las aguas del Mar Rojo y a Cristo con el alimento y bebida espiritual que recibieron en el desierto. Les advierte de que los que cayeron en el libertinaje y la idolatría, quedaron en el desierto y no alcanzaron la Tierra Prometida[20]. En 6,12-20 les habla contra la fornicación, en especial con prostitutas, quizás en el ámbito de la prostitución sagrada que se practicaba en el templo de Afrodita. Utiliza el símbolo del cuerpo místico por el que los pertenecientes a la comunidad de creyentes forman el cuerpo de Cristo. Bajo esa perspectiva, el que se une a una prostituta, hurta un miembro del cuerpo de Cristo para hacerlo miembro de la prostituta. Completa este simbolismo considerando que, así como «el cáliz de la bendición» «es la sangre de Cristo» y «el pan que partimos» «es comunión con el cuerpo de Cristo», así lo sacrificado a los ídolos une a los que lo comen con los ídolos, no pudiendo el creyente «participar de las dos mesas»[21].

Desarrolla el tema del cuerpo místico de Cristo en su comunidad de creyentes, al hablar de los carismas. Al igual que cada parte del cuerpo tiene una función, cada miembro de la comunidad tiene un carisma que otorga el Espíritu «como a él le parece». Y lo mismo que los miembros de un cuerpo no se rechazan entre sí por tener diversas funciones, así tampoco los miembros de la comunidad deben rechazarse por tener distintos carismas. «Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo». Sin embargo, no todos los carismas tienen la misma categoría: «En el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después los hacedores de milagros, los sanadores, la beneficencia, el gobierno y el don de lenguas». Y por encima de todo, el don del Amor, sin el cual ningún carisma vale nada. En concreto, aunque acepta como carisma el don de lenguas, en forma de arrebato extático durante el cual surge un discurso ininteligible atribuido a los espíritus, basándose en una cita de Isaías 28,11-12, anima a buscar dones mejores. El don de lenguas no aprovecha a nadie, a no ser que alguien interprete lo que dice en beneficio de la comunidad, por lo que prefiere dones como el del profetismo cuya exposición pública de la palabra sea edificante para los creyentes. De sí mismo dice ser capaz de hablar en lenguas «más que todos vosotros», pero prefiere pronunciar «media docena de palabras inteligibles para instruir a los demás antes que diez mil en una lengua extraña». En todo caso, pide que haya orden en las reuniones, que no sea un espectáculo de gentes hablando en lenguas: «si entra gente no creyente o simpatizantes ¿no dirán que estáis locos? En cambio si todos profetizan y entra un no creyente o simpatizante, lo que dicen unos y otros le demuestra sus fallos, lo escruta, formula lo que lleva secreto en el corazón, entonces se postrará y rendirá homenaje a Dios, reconociendo que Dios está realmente con vosotros». Insiste en el orden y silencio en las reuniones, de modo que si no hay quien aporte algo edificante, «guarden silencio en la asamblea y hable cada uno con Dios por su cuenta» [22]. En este sentido, especifica que la mujer no hable ni pregunte durante la reunión sino que espere para hacer sus preguntas o comentarios fuera de la asamblea. La forma de exigir sumisión a la mujer en este párrafo (14,34-35) ha hecho que se lo considere una interpolación. En todo caso, las interpretaciones posibles deben tener en cuenta que Pablo anima a la labor profética de la mujer [23] y la agradece.

Pablo recuerda el mandato «del Señor» de no divorciarse: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera» (Marcos 10,2-11; Mateo 5,32; Lucas 16,18; en contra de Deuteronomio 24,1). Pablo aconseja, a título personal y siguiendo su propio ejemplo, que el que pueda permanecer soltero o viudo, no se case. La razón que da en defensa del celibato voluntario, es que «el soltero se preocupa de los asuntos de Señor, buscando contentar al Señor, mientras que el casado se preocupa por los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer y anda dividido». En los casos particulares de matrimonios entre creyente y no-creyente, recomienda que no se separen si están de acuerdo; pero si el no-creyente quiere separarse, que se separen. En general, que cada uno viva en la condición que tenía antes de acoger la fe de Cristo. Hace excepción del esclavo: «si el Señor llama a un esclavo, el Señor le da la libertad»[24].

Pablo dice usar su libertad moral, adquirida por su fe en Cristo, para adaptarse a cada comunidad:
Judío con los judíos, sujeto a la ley con los legalistas, libre ante la ley con los liberales, débil con los débiles, «me he hecho todo a todos para ganar, como sea, a algunos»[25].

En esta carta se sigue mostrando de forma expresa la convicción de que el fin de los tiempos es inminente[26]. Pablo espera que Cristo, el primer resucitado, volverá en breve para traer la resurrección a los que son de Cristo. Este ha de reinar un tiempo hasta que queden abatidos todos los enemigos de Dios, el último de los cuales es la muerte. Entonces quedarán rescatados hasta «los últimos» y pondrá todo a los pies de Dios[27].

Pablo dice ser portador de unas tradiciones que él recibió y transmitió a la comunidad[28]. Sobre esta base, presenta sus argumentos frente a tres temas:

Aporta el dato neotestamentario más antiguo de que el rito iniciático del cristianismo era el bautismo, aunque Pablo apenas se dedicaba a esta tarea, mencionando en esta carta haber bautizado en Corinto tan solo «a Crispo y a Gayo», así como «a la familia de Esteban». [33]

Menciona que en las primeras comunidades, al menos en la de Corintio, tenían costumbre de bautizarse de forma vicaria en nombre de los que habían muerto sin haber recibido el bautismo, para que pudieran participar de la resurrección[34].

[escribe] Jesús en la primera carta a los corintios

Algunos datos biográficos sobre Jesús, recordados en esta carta escrita hacia el año 55:

[escribe] Referencias

Artículos relacionados

Bibliografía

Notas

  1. 1Cor 4,17
  2. 1Cor 4,18-19
  3. según refiere en 1Cor 5,9
  4. 1Cor 5,9-13
  5. 1Cor 1,10-13
  6. 1Cor 3,5-6
  7. 1Cor 22-23
  8. 1Cor 9,2
  9. 1Cor 4,9.15
  10. 1Cor 9,1-3
  11. 1Cor 4,9-13
  12. 1Cor 9,5
  13. 1Cor 9,4-18
  14. 1Cor 5,1-2
  15. 1Cor 5,3.6a
  16. 1Cor 5,3-8.13
  17. 1Cor 6,1-8
  18. 1Cor 6,9-11
  19. 1Cor 6,12; 10,23
  20. 1Cor 10,1-13
  21. 1Cor 10,14-21
  22. 1Cor 12 - 14
  23. «Una mujer que ora o predica inspirada»... «que se cubra». 1Cor 11,5.6
  24. 1Cor 7
  25. 1Cor 9,19-23
  26. 1Cor 10,11-12
  27. 1Cor 15,21-28
  28. 1Cor 11,2.23; 15,3.11
  29. 1Cor 11,2-16
  30. 1Cor 11,17-34
  31. 1Cor 15,1-11
  32. 1Cor 15,12
  33. 1Cor 1,14.16
  34. 1Cor 15,29
  35. 1Cor 1,13
  36. 1,23
  37. 2,2
  38. 2,8
  39. 5,7
  40. 8,11
  41. 9,5
  42. 11,23-26
  43. 15,3-7
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