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Pintura románica

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Ábside de la iglesia de Santa María de Taüll.

Características

La pintura románica comparte con la escultura del mismo periodo características comunes como son la función y la iconografía. También tienen en común la supeditación a la arquitectura, que es el arte rector. La función de ambas no es meramente estética, sino que tiene una finalidad más elevada: la pedagógica o didáctica, dado que la gran masa de población medieval es analfabeta y las imágenes sirven para instruirla en los dogmas de la fe. En cuanto a la iconografía hay que decir que comparten los mismo temas iconográficos: el Maiestas Domini o Pantocrátor, la Maiestas Mariae, el Tetramorfos o las escenas bíblicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento (profetas, apóstoles...). También aparecen las vidas de los santos, sobre todo si tienen relación con el camino que los fieles han de recorrer para alcanzar la Salvación.

Nos encontramos con la pintura en las ilustraciones de libros que aparecen para comentar los textos, como el Beato de Liébana. Hay también pintura mural, aunque se conserva mal y poca. Sin embargo, la pintura fue muy importante ya que todos los edificios debieron estar policromados. La pintura se situaba preferentemente en el interior. El ábside principal era el centro.

Predomina el dibujo, con línea gruesa, colores planos y sin volumen. El espacio se crea por la distribución de las figuras en el espacio. La técnica más utilizada es la del fresco, lo que requería una cierta preparación del muro: estucado. Los colores también pueden aplicarse al temple. Dada la amplitud de los muros, la composición de la escena adquirirá una importancia singular. También se pintó sobre tabla, para poner en los altares. La composición seguía las convenciones del relieve.

Entre los temas más representados van a destacar los tomados del último libro de la Biblia: el Apocalipsis. Esto es debido a la mentalidad de la época, muy influenciada por el fin del primer milenio (año 1000, milenarismo), con el que asociaba el fin del mundo y el Juicio Final, con los castigos que llevaba aparejados para los pecadores. Son imágenes hieráticas, sin movimiento y bastantes antinaturalistas, la anatomía está bastante desproporcionada, y no existe la perspectiva. Este antinaturalismo será muy tenido en cuenta por algunas de las vanguardias artísticas del siglo XX como el Expresionismo.

El pictórico (ábside o frontal) está ocupado en su centro por la figura jerárquicamente superior (Pantocrátor, Virgen) y el resto puede estar dividido en registros, donde se colocan otros personajes o escenas.

El Maiestas Domini es un tema muy representado, tomado del Pantocrátor bizantino. Es una imagen de Cristo como rey y juez, que aparece sentado en su trono con los Evangelios en la mano y rodeado de la mandorla o almendra mística. Es una imagen que concuerda perfectamente con la mentalidad feudal de la época y con el tema del Juicio Final. Un dios rey y justiciero que infunde temor, con rasgos y actitudes severos. En pintura suele ocupar la concha del ábside.

Cuando no aparece la Maiestas Domini, lo hace la Maiestas Mariae, representación de la Virgen tomada de la theotokos bizantina. Se trata de la Virgen como trono del Niño. Ambas figuras miran al frente, sin relación entre ellas y con actitudes severas. También está envuelta por la mandorla.

El Tetramorfos representa a los cuatro evangelistas acompañados de sus símbolos, aunque a veces estos símbolos aparecen solos: toro (San Lucas), león (San Marcos), águila (San Juan) y ángel (San Mateo). Este tema iconográfico se seguirá utilizando en el gótico.

También son frecuentes las escenas bíblicas: los 24 ancianos, los doce apóstoles, los profetas, ángeles y escenas de los condenados y los salvados tras el Juicio Final.

En la pintura románica sobresale la miniatura. La miniatura está realizada por gente letrada, pensada para decorar libros para la gente que sabe leer, por lo que no tiene la intención didáctica de las demás obras, y son de una mayor libertad creativa. Frecuentemente se crean modelos que luego aparecen en murales y tablas. Se pintan Biblias, códices, beatos, libros de horas, vidas de santos, libros científicos, etc. En ellos las miniaturas ocupan los márgenes de las hojas, a modo de viñeta, páginas enteras y las iniciales capitales del comienzo del texto.

La pintura románica en Europa

En Europa se pueden distinguir dos escuelas: una de tradición carolingia, predominante en el norte, y otra de tradición bizantina predominante en el resto del continente, pero también hay numerosas escuelas autóctonas.

Destacan las escuelas de Berry, Poitou y Turena, con obras como las pinturas de las iglesias de San Sabino de Gamterpe, Tavant y las catedrales de Puy y Brinay. En Alemania destacan los murales de San Jorge de Oberzell. Y en Italia sobresale el foco de Montecasino, con obras como el mural de San Ángelo, las iglesias de San Clemente y San Urbano, en Roma, y San Silvestre, en Tívoli.

La pintura románica en España

En España se conservan la mayor cantidad de obras pictóricas de gran calidad. Cataluña y León son las regiones en las que encontramos los mejores ejemplos de pintura.

En Cataluña se encuentran las mejores obras, y las mejor conservadas. Tienen una marcada influencia bizantina. Destacan las obras de San Quirze de Pedret (las más antiguas), San Juan de Bohí, la Seo de Urgel, la de Santa María de Tahull y, sobre todas, las de San Clemente de Tahull.

En León, y en Castilla, encontramos un estilo mucho más internacional, influido por la estética islámica. Destacan las pinturas de la ermita de Vera Cruz en Segovia, la iglesia de San Baudilio de Berlanga, el monasterio de San Pedro de Arlanza, la ermita del Cristo de la Luz, en Toledo, y el panteón de los reyes en San Isidoro de León, el mejor conjunto de pintura románica del mundo.

La miniatura española es de gran importancia. Es continuación de la tradición mozárabe. Destacan los beatos, los libros de horas y las Biblias, como el Beato de Fernando I y doña Sancha, el Libro de Horas de doña Sancha, el Beato de Santo Domingo de Silos, las Biblias de San Juan de Peña, León (segunda), Burgos y Ávila, y sobre todos el Beato de Liébana.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información
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