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Pintura gótica

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Características

La pintura es el arte que más radicalmente cambia en el gótico, porque pierde su lugar natural, el muro, donde es sustituido por las vidrieras. Alcanza gran desarrollo en las miniaturas de los libros, donde se perfecciona. Se recrean textos literarios. Pero sobre todo se pinta sobre tabla, el retablo. La técnica más utilizada es la del temple, y más adelante la del óleo, que da un mayor colorido y permite un acabado más minucioso. Los temas son, bien religiosos bien profanos, aunque con carácter alegórico. Destacan las narraciones sobre la vida y la pasión de Cristo y la Virgen. Los temas profanos comenzaron siendo escenas de batallas, motivos heráldicos y las visiones de la vida campesina.

El gran reto del último período de la pintura gótica fue la conquista de la tercera dimensión, la representación naturalista de los objetos y el abandono de los convencionalismos abstractos románicos.

El gótico lineal, o estilo 1200

La primera etapa corresponde a la pintura conocida como gótico lineal, hacia el 1200, también llamado francogótico. París es el centro cultural indiscutible en todas las artes. Los temas que dominan son los religiosos, que tienen una función simbólica. Se caracterizan por tener un fondo dorado, de influencia bizantina, un espacio simbólico. Las figuras tienden a ser planas, los colores vivos y aún tienen muchos convencionalismos románicos. Continúan utilizando la línea negra para separar los espacios de colores. Predomina el naturalismo, y los temas se tratan con sencillez. En Francia destacan las vidrieras de las catedrales, las miniaturas de los libros y los salterios. En Alemania hay restos de pintura mural: San Gerión de Colonia y San Jorge de Oberzell. En Inglaterra destacan el Santo sepulcro de la catedral de Winchester, o el conjunto de la abadía de Westminster. En España destacan las miniaturas de las Cantigas de Alfonso X el Sabio y diversos frontales y retablos para las principales catedrales castellanas y catalanas.

El Trecento

La segunda etapa corresponde a la Italia del Trecento, o pintura italogótica, siglo XIV, en la que también encontramos una fuerte influencia bizantina «manera greca», y de la antigüedad clásica. Este será el germen de la pintura moderna: desaparece la línea negra. Surge el claroscuro, lo que revela su preocupación por el volumen y la profundidad. Esto conduce al estudio de la perspectiva y la plasmación de los estados anímicos y el sentimiento. Existe pintura mural y sobre tabla, mosaicos, y se observan ciertas tendencias que desembocarán en el Renacimiento. Podemos distinguir tres escuelas: la escuela toscana, cuyo máximo representante es Giunta Pisano: Madona de la catedral de Pistoia; la escuela romana, cuyo máximo representante es Pietro Cavallini: Nacimiento y muerte de María, Anunciación, Natividad; y la escuela florentina, cuyo máximo representante es Giotto di Bondone.

Giotto di Bondone es el artista más conocido: frescos de las capillas de los Bardi y Peruzzi, Madona de Uffizi, Virgen con el Niño, Crucifixión, su aventura es la conquista de la técnica, el estudio del espacio, la perspectiva lineal, la coloración objetiva, la luz y la degradación de los colores. Dota a sus composiciones de volumen y corporeidad hasta llegar a los personajes esculturales. Giotto se inspira en la naturaleza, lo que rompe con la tradición bizantina. Centra su prioridad en la figura humana, tratándolas de manera individual. Concibe los espacios de manera arquitectónica, por lo que incluye rocas y elementos arquitectónicos en sus composiciones, no sin cierta ingenuidad.

Otro pintor importante de la escuela florentina es Cimabue: Dante en el Purgatorio. Mantiene ciertos elementos de la tradición bizantina, pero consigue éxitos innegables en el conocimiento de la perspectiva, el volumen y la monumentalidad de sus figuras. La escuela florentina entró en España de la mano de Gerardo Starnina: capilla de San Blas en la catedral de Toledo y Delio Delli: retablo de la catedral de Salamanca.

En Italia también hay una escuela en Siena, que se caracteriza por hacer un arte cortesano, colorista, cromático e irreal, con los fondos dorados de tradición bizantina. Por sus características tienen una entidad aparte. Ofrece una visión idealizada de la realidad. Es el modelo que más se difundió por Europa. Duccio di Buoninsegna es el pintor más conocido, por su refinamiento, sus composiciones sin tensión dramática y su expresión delicada: Madona Rucellai, La maestá. Otro pintor importante es Simone Martini, de marcado espíritu cortesano: San Luis de Toulouse, Anunciación. La escuela de Siena llegará en el siglo XIV a Cataluña. Aquí destacan Jaume Ferrer Bassa: capilla de San Miguel de Pedralbes, Ramón Destorrents: retablo de Iravalls, y los Hermanos Serra; Francisco, Joan, Jaume y Pere: retablo de Pentecostés de la catedral de Manresa.

El gótico internacional: estilo 1400

La última etapa corresponde al gótico internacional, en torno al 1400. Este género tiene unos rasgos comunes en toda Europa. Es un estilo protegido por la nobleza y los reyes. Se caracteriza por su afición al lujo, los colores brillantes, el dibujo curvilíneo, las pocas preocupaciones espaciales y por ser un estilo un tanto decorativo. Presta mucha atención a los detalles, pero continúa utilizando el fondo dorado. Surge de la síntesis del estilo italiano de Siena en la corte de Borgoña. El resultado es un estilo elegante, artificioso y extravagante. Tratará de glorificar a una nobleza feudal que se está extinguiendo.

El gótico internacional se extiende por toda Europa con Jean Fouquet: Díptico de Melum en Francia, Stefan Lochner: retablo de los Reyes Magos en la catedral de Colonia, Conrad Witz: retablo de Basilea y Hans Multscher: altar de Sterzing, en Alemania y Nuño Gonçalves en Portugal.

En España encontramos; en Cataluña Lluis Borrassà: retablo del Salvador en la catedral de Barcelona, y Bernardo Martorell: retablo de san Jorge, retablo de Púbol, en Valencia Lorenzo Zaragoza: San Roque de Jérica, Andreu Marçal de Sax: retablo de Los arqueros del centenar de Ploma, Pedro Nicolau: Virgen de Sarrión, y Juan Rexach: retablo de Cubells; en Aragón Pedro García de Benabarre: Vida de san Juan Bautista, Martín Soria: retablo de Pallaruelo de Monegros y Bartolomé Bermejo: retablo de Daroca, en Andalucía, con una profunda influencia mudéjar Alejo Fernández: Virgen de los navegantes, y en Castilla Nicolás Fiorentino: retablo de la catedral vieja de Salamanca y Nicolás Francés: retablo de la Catedral de Santa María de Regla de León, retablo de San Francisco de La Bañeza.

La escuela flamenca

En esta época destaca, también, la escuela flamenca, protegida por una potente burguesía que es su principal cliente. Los pintores se organizarán en gremios, por lo que habrá una búsqueda colectiva de la perfección técnica y dibujística, lo que la hace muy minuciosa en los detalles. No obstante, todos ellos firmarán sus obras de forma individual. Los pintores flamencos se apartaron de la estética internacional acercándose a la realidad natural y a la armonía de las formas. Se pinta al óleo con fórmulas de taller, lo que permite una gran riqueza cromática. La luz se independizó del color. La perspectiva es una de sus principales preocupaciones, debido a la obsesión por el detalle. Desarrolla toda una iconografía religiosa de carácter simbólico, aunque en un ambiente burgués. Busca un espacio natural continuo, sobre todo en interiores y de la vida cotidiana.

Varios son los artistas importantes en la escuela flamenca: los hermanos Jan y Hubrecht van Eyck: retablo del Cordero místico, hacen una obra muy intelectual, de gran brillantez y con una amplia gama cromática. Se especializan en el retrato de interiores, en los que logra un gran equilibrio, como en el Matrimonio Arnolfini, su obra más representativa. Robert Campin es menos intelectual y más amable: Anunciación, Santa Bárbara, se le considera como el primer pintor flamenco. Petrus Christus: Leyenda de san Eloy, Retrato de un cartujo, es alumno y heredero de Van Eyck. Roger van der Weyden: Descendimiento de la cruz, tríptico de Los siete sacramentos, Adán y Eva, utiliza modelos, que alcanzan gran difusión. Es menos intelectual y más comprensible. Pinta tablas de pequeñas dimensiones. Dierck Bouts: trípticos del Santo sacramento, El martirio de san Erasmo, El entierro de Cristo, de origen holandés, y con colores algo más fríos.

En la segunda generación destacan pintores como Hans Menling: Adoración de los Reyes y Virgen con el Niño, con un lenguaje dulce y tonos claros, Hugo van der Goes: tríptico de Portinari, Tránsito de la Virgen, con sus expresiones inquietantes y Gerard David: Adoración de los Magos, Descanso en la huida a Egipto, holandés, que funde lo italiano y lo flamenco.

Pero el autor más personal de este período es Hieronymus van Aeken, el Bosco, que se sitúa al margen de los tipos flamencos. Utiliza temas alegóricos con los que crea un mundo fantástico. Tiene un profundo carácter religioso, a la vez que burlesco. Son característicos sus monstruos, máquinas infernales y figuras fantásticas mezcladas con seres humanos. Sus obras más importantes son: El juicio final, El carro de heno y el tríptico de El Jardín de las delicias.

Fuera de Flandes fue en España donde este estilo tuvo más éxito. Aquí hay pintores de primera fila como: Jaume Huget: tríptico de San Jorge, Bartolomé Bermejo: Piedad del canónigo Desplá y Lluis Dalmau: Virgen de los consellers, en la Corona de Aragón; y Jorge Inglés: retablo del hospital de Buitrago, Fernando Gallego: retablos de la catedral de Zamora y San Lorenzo de Toro, y Pedro Berruguete: retablo de Santo Tomás de Ávila, en la Corona de Castilla.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información
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