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Pinacoteca de Berlín

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Entrada principal a la Gemäldegalerie.
Sala dedicada al arte sacro medieval. Todas las salas de la Pinacoteca están iluminadas con luz natural.
Exposición de esculturas en la sala central de la Pinacoteca.
La Pinacoteca de Berlín (Berliner Gemäldegalerie) está situada en el Foro de la Cultura (Kulturforum Berlin), pertenece a la Red de Museos Estatales de Berlín, entidad gestionada por la Fundación Patrimonio Cultural Prusiano (Stiftung Preußischer Kulturbesitz o abreviadamente SPK) y posee una importante colección de pinturas representativas del arte europeo entre los siglos XIII y XVIII.

El edificio dispone de 7000 metros cuadrados de exposición repartidos en 53 salas donde se exponen cerca de 1500 pinturas, cerca de 350 de ellas en la galería de estudio añadida al edificio principal tras la reunificación del país y de la colección.

Colección

La colección está constituida por 3500 pinturas, de las cuales alrededor de 2900 son propiedad del museo proviniendo el resto de cesiones temporales de otras entidades públicas alemanas y diversos coleccionistas privados. La exposición está organizada en 10 departamentos.

Pintura alemana (s. XIII-XVI)

Este departamento aloja una de las más importantes colecciones de arte antiguo alemán del mundo y en ella están representados casi en su totalidad las escuelas y estilos de la época. Los hitos de la colección los constituyen el altar de Wurzach, una de las escasas obras pictóricas del escultor Hans Multscher, dos pinturas de Konrad Witz, dos de Meister des Hausbuchs, un Martin Schongauer, dos obras de Hans Holbein el Viejo, ocho de Alberto Durero y otras tantas de Hans Baldung, siete pinturas de Albrecht Altdorfer, veintidós de Lucas Cranach el Viejo y cinco de Hans Holbein el Joven.

Pintura alemana (s. XVII-XVIII)

Aunque esta colección no es tan extensa como la anterior, ya que se solapa con la alojada en la Antigua Galería Nacional, posee un buen número de obras de pintores como Daniel Chodowiecki, Christian Wilhelm Ernst Dietrich, Adam Elsheimer, Anton Graff, Angelika Kauffmann, Christian Bernhardt Rode y Johann Rottenhammer.

Pintura de los Países Bajos (s. XIV-XVI)

Es la colección de esta temática más importante del mundo pudiendo a través de las obras expuestas contemplar la evolución del arte holandés a lo largo del Renacimiento. La colección la presiden tres obras maestras de Jan van Eyck acompañadas de cuatro pinturas de Petrus Christus y tres de Robert Campin así como diversas pinturas de Jacques Daret y la mayor colección de pinturas de Rogier van der Weyden, ambos discípulos de Campin. Además el museo posee una pintura de Aelbert van Ouwater, dos de Dieric Bouts, tres de Hugo van der Goes, cuatro de Hans Memling, seis de Jan Gossaert y dos obras de Pieter Brueghel el Viejo.

Pintura flamenca (s. XVII)

El núcleo de la colección lo constituyen veinte pinturas de Peter Paul Rubens, siete de Antoon van Dyck, tres de Jacob Jordaens y ocho de David Teniers el Joven. En torno a este núcleo se disponen más de doscientas obras ofreciendo un repaso ejemplar a la pintura flamenca de la época.

Pintura holandesa (s. XVII)

Las principales obras de la colección son 17 pinturas de Rembrandt a las que acompañan amplias muestras de Gerard ter Borch, Aelbert Cuyp, Jan van Goyen, Frans Hals, Gerrit van Honthorst, Pieter de Hooch, Willem Kalf, Adriaen van Ostade, Isack van Ostade, Paulus Potter, Jacob van Ruisdael, Jan Steen y Jan Vermeer.

Pintura italiana (s. XIII-XVI)

Este departamento es el que posee mayor número de obras.

El Trecento está representado por las obras de Giotto di Bondone, Maso di Banco, Agnolo Gaddi, Taddeo Gaddi, Lippo Memmi, Bernardo Daddi, Pietro Lorenzetti, Simone Martini, Lorenzo Monaco y Gentile da Fabriano.

Al Quattrocento pertenecen una colección de retablos de Masaccio, una pintura de Piero della Francesca, cinco de Fra Angelico, dos de Domenico Veneziano, una de Antonio del Pollaiuolo y dos de su hermano Piero del Pollaiuolo, cinco de Filippo Lippi, tres de Filippino Lippi, tres de Sandro Botticelli, cuatro de Luca Signorelli, siete de Giovanni Bellini, dos de Domenico Ghirlandaio, tres de Andrea Mantegna y otras de Gentile Bellini, Piero di Cosimo y Antonello da Messina además de un retablo de Andrea del Verrocchio.

Del Cinquecento se exponen obras de Giorgione, Tiziano, Palma el Viejo, Lorenzo Lotto, Sebastiano del Piombo, Agnolo Bronzino, Paris Bordone, Paolo Veronese, Jacopo Tintoretto, Giovanni Battista Moroni, Correggio y Parmigianino.

Pintura italiana (s. XVII-XVIII)

Además de numerosas obras de la familia Carracci se exponen otras de Caravaggio, Guercino, Bernardo Strozzi, Carlo Dolci, Giuseppe Maria Crespi, Luca Giordano, Jacopo Amigoni, Giovanni Battista Tiepolo, Giovanni Domenico Tiépolo, Giovanni Antonio Canal, Antonio Guardi y Francesco Guardi.

Pintura española (s. XV-XVIII)

A pesar de contar con la colección más amplia realmente el museo no posee obras maestras salvo contadas excepciones entre las cuales cabe citar las de Bartolomé Esteban Murillo, Luis de Morales, Diego de Velázquez y Francisco de Zurbarán.

Pintura francesa (s. XV-XVIII)

La colección francesa tampoco destaca aunque se exponen obras de Simon Marmion y Jean Fouquet.

Pintura inglesa (s. XVIII)

Es la colección con menores fondos aunque a pesar de todo es la mayor colección de su tipo de Alemania. La colección la presiden cinco obras de Thomas Gainsborough acompañadas de tres de Joshua Reynolds, dos de John Hoppner y Henry Raeburn y una de Thomas Lawrence.

Historia

Planificación y construcción

Ya en 1797 el arqueólogo Aloys Hirt propuso la creación de un museo berlinés de la historia del arte europeo bajo los principios de la sistemática científica. La idea encontró eco en el arquitecto Karl Friedrich Schinkel y en el intelectual Carl Friedrich von Ruhmor si bien ambos discrepaban con Hirt ya que consideraban que debía primarse el disfrute por el arte frente a la enseñanza. La idea llegó a oídos de Federico Guillermo III de Prusia quien puso a disposición del nuevo museo su colección particular. En una primera selección en 1812 Hirt escogió cerca de 650 pinturas de la colección real, ampliándolas en otras 113 al finalizar las guerras napoleónicas y retornar a Prusia un gran número de pinturas. A pesar de estar constituida la colección real por un número mucho mayor de obras, la selección de Hirt pretendía ofrecer una visión enciclopédica de la evolución de la pintura europea hasta el siglo XVIII, por lo que muchas fueron descartadas.

En 1815 se presentó en París la oportunidad de ampliar la colección inicial al saber Federico Guillermo III que el marchante de arte parisino Férérol Bonnemaison ofrecía 155 pinturas de la colección Giustiniani que finalmente fueron adquiridas junto a otras 16 pinturas por cerca de 615000 francos. En 1816, una vez en Berlín las obras se alojaron en la Academia de Arte enriqueciendo la colección real, aunque pronto se alzaron voces para incorporarlas al proyectado museo.

Karl Friedrich Schinkel.

Como complemento de la colección Giustiniani, en la que predominaban los artistas italianos, se propuso la adquisición de la colección Boisserée de Heidelberg dedicada al arte alemán. A pesar de los esfuerzos realizados por la monarquía, las negociaciones fracasaron por lo que se intentó entonces adquirir la colección del empresario berlinés de origen británico Edward Solly, amigo de Hirt y de Schinkel. La negociación se cerró en 1821 con la compra por parte de Prusia de la colección por medio millón de táleros.

Hacia la misma época comenzaron los planes para la construcción del museo. Aunque inicialmente se sugirió que la colección debía alojarse en el edificio de la Academia de Arte la idea no prosperó y el nuevo museo —hoy Altes Museum (Museo Antiguo), obra de Schinkel— se terminó de construir el 24 de abril de 1823. Simultáneamente se había constituido un comité de expertos para seleccionar las obras que debían exponerse, comité que tuvo que disolverse por las desavenencias irreconciliables entre Hirt y Schinkel. En 1829 se creó una nueva comisión constituida por Schinkel, Gustav Friedrich Waagen, Wilhelm von Humboldt, Christian Daniel Rauch, Richard Dähling, Wilhelm Wach, Jakob Schlesinger y Friedrich Tieck. La presidencia recayó en Humboldt quien se dedicó a diseñar la organización del museo, mientras Gustav Friedrich Waagen componía el catálogo de la pinacoteca de la que en 1830 fue nombrado primer director. Paralelamente a la selección del catálogo se adquirieron 110 obras más.

El 3 de agosto de 1830 el museo abrió sus puertas con un total de 1198 obras en la segunda planta del edificio: 378 procedentes de la colección real, 677 de la colección Solly, 76 de la colección Giustiniani y el resto de otras adquisiciones. La exposición se organizaba en tres departamentos:

  • Escuela italiana. Los académicos.
  • Escuelas alemana y holadensa.
  • Antigüedades e historia del arte.

En el tercer departamento se exponían obras censuradas por motivos estéticos o morales por lo que eran accesibles sólo para visitantes selectos. El resto podían visitarse libremente ya que la entrada al museo era gratuita.

Era Gustav Friedrich Waagen

Tan pronto como se puso en marcha el museo quedó claro que la colección debía ampliarse por lo que Wilhelm von Humboldt solicitó un dotación económica anual para nuevas adquisiciones a exponer en el espacio aún existente, dotación concedida por el rey quien asignó un pago anual de 20000 táleros de los cuales del orden de 1000 se destinarían al pago de los salarios. Esta asignación se siguió recibiendo hasta 1872 con incrementos periódicos o puntuales para la compra de algunos objetos importantes. A pesar de ello, el museo tenía otros gastos no considerados como el Departamento de Antigüedades de la primera planta y otros que contribuyeron al estancamiento de la colección. Una dificultad adicional era que cualquier pago mayor de 1000 táleros debía ser aprobado por el rey (posteriormente por el emperador) por lo que la Pinacoteca se veía en la necesidad de solicitar créditos para las adquisiciones no aprobadas por el rey que luego se debían pagar mediante la asignación anual impidiendo la adquisición de obras con regularidad. El primero de estos créditos le fue concedido en 1832 para la compra de la obra Muchacha llevando un plato con frutas de Tiziano y un retablo de Antonio Badile atribuido en aquél tiempo a Bernardino Licinio. A la escasez de fondos se sumó la tendencia al alza del mercado del arte privando a la Pinacoteca de la posibilidad de pujar en las importantes subastas que se realizaban en Londres y París.

Además de las dificultades económicas Waagen se vió en la necesidad de lidiar con la burocracia y la incompetencia de los responsables de tomar las decisiones. Grandes cantidades de dinero se dedicaron a la fabricación de moldes de esculturas clásicas y se realizaron compras sin verificar el estado o la autoría de la obra como sucediera con La adoración de los Reyes, adquirido en 1833 en Roma —tras conseguir un préstamo de 22705 marcos— como uno de los más importantes trabajos tempranos de Rafael pero atribuido con posterioridad a Giovanni di Pietro (Lo Spagna).

A la vista de la situación, Waagen hubo de reconocer que sería imposible completar los vacíos de la colección adquiriendo las obras necesarias en el mercado. No obstante, lejos de rendirse, en 1841 planeó realizar un viaje a Italia para adquirir las obras directamente a las iglesias y coleccionistas privados, idea que fue bien recibida por el joven rey Federico Guillermo IV de Prusia quien había sucedido en el trono a su padre fallecido el año anterior. Con un total de cien mil táleros a su disposición y algunas dudas sobre el éxito de su misión se desplazó a Italia ése mismo año adquiriendo algunas obras importantes de Fra Bartolomeo, Domenico Veneziano, Lorenzo Lotto, Giovanni Battista Moroni, Palma el Viejo, Raffaello Santi, Jacopo Tintoretto, Tiziano y Paolo Veronese. No obstante a su regreso a Berlín pudo comprobar que su entusiasmo por los resultados del viaje no era compartido y que cada vez con mayor frecuencia su criterio como experto era puesto en entredicho lastrando los esfuerzos que dedicaba a completar la colección. Lo cierto es que el aislamiento de Waagen contribuyó a debilitar la red de contactos que con el tiempo había tejido y tras su muerte en 1868, la colección quedó estancada y el museo en manos de directores que se sucedían año tras año sin poder desarrollar proyectos a largo plazo.

A pesar de todos los contratiempos durante el mandato de Waagen la Pinacoteca adquirió más de 400 pinturas. Además de las mencionadas de pintores italianos, consolidó la colección de pintura antigua de los Países Bajos con diversas obras maestras de Dieric Bouts, Petrus Christus, Joos van Cleve, Jan Gossaert, Hans Memling y Rogier van der Weyden.

De la fundación del Imperio a 1904

En 1871, tras la victoria de Prusia en la Guerra franco-prusiana, se proclamó el Segundo Reich estableciéndose la capital en Berlín, la antigua metrópoli prusiana que se vió en el deber de competir con otras grandes capitales europeas como Londres o París y aún Dresde y Múnich, donde se hayaban las más importantes colecciones de arte del Imperio. No obstante si en tiempos pasados la Pinacoteca tuvo que competir con otros museos, principalmente la Galería Nacional de Londres, el Museo del Louvre de París, el Museo del Hermitage de San Petersburgo y el Museo Städel de Fráncfort del Meno, la competencia por hacerse con las obras de arte más aclamadas tuvo como consecuencia el alza de sus precios y la entrada en escena de una generación de coleccionistas privados con fortunas que superaban muchas veces los presupuestos de los museos. Aunque este período inflacionista puso en dificultades económicas a todos los museos también alentó la puesta en venta de colecciones privadas atraídos sus propietarios por los grandes beneficios económicos que podían obtener de su liquidación.

En este contexto, en 1872, Julius Meyer fue nombrado director de la Pinacoteca y con su ayudante Wilhelm von Bode retomó el viejo empeño de completar la colección pero primando el resultado final del conjunto de la colección sobre la adquisición de un conjunto de obras maestras inconexas como solía ser el caso. Para ello planearon un viaje a Italia con un presupuesto de cien mil táleros, al igual que hiciera Waagen. Realizado entre 1872 y 1873 y aún creyéndose mejor preparados que su predecesor el viaje resultó un gran fiasco. El «saqueo» sistemático del patrimonio italiano había levantado ampollas en la población de modo que las negociaciones que ambos mantenían para la adquisición de numerosos retablos italianos tuvieron que suspenserse por las grandes protestas que se sucedieron. En aquélla época tan sólo era posible adquirir sin problemas obras procedentes de colecciones privadas a través de marchantes de arte, con frecuencia tras largas negociaciones que podían prolongarse años y sin garantía de encontrar obras de la calidad buscada. Por este medio consiguió la Pinacoteca hacerse con un puñado de obras de Luca Signorelli, Giovanni Battista Tiepolo, Jacopo Tintoretto y Verrocchio.

A pesar de que la política venía siendo la compra de obras por separado, en 1874 el museo adquirió la colección del industrial de Aquisgrán Barthold Suermondt, la más importante de Alemania sobre las escuelas del norte de Europa y entre las que se encontraban obras como La Virgen en la Iglesia de Jan van Eyck, La muchacha del collar de perlas de Jan Vermeer y otras de Frans Hals, Hans Holbein el Joven, Peter Paul Rubens y Jan Steen. Entre las pinturas adquiridas había igualmente ejemplares de la pintura española que hasta entonces tenía una pobre representación en los Museos de Berlín por lo que la ampliación de esta colección se consideró prioritaria. Sin embargo, las obras de la colección Suermondt son las que aún configuran la colección de pintura española ya que aunque se llegó a realizar un viaje a España en 1881 tan sólo se adquirieron un puñado de obras.

Estando al servicio de la Pinacoteca, Bode desarrolló una manía coleccionista que le llevó a incrementar no sólo a los fondos de la institución si no además la calidad de las adquisiciones hasta convertir el museo en uno de los líderes de Europa por su colección del Quattrocento italiano, por el número de obras de Rembrandt y por su amplia y representativa colección de pinturas de Rubens. No obstante, la fiebre compradora trajo consigo la imposibilidad de exponer simultáneamente todos los fondos de la colección por fata de espacio y en consecuencia la necesidad de almacenar las obras no expuestas en el sótano del edificio que se llenó también con rapidez. Allí yacían ya más de mil obras de la colección Solly que no habían sido examinadas desde su adquisición. Para obtener el espacio que necesitaban Meyer y Bode enajenaron en 1887 1.062 obras probablemente la mayoría de la colección Solly de autores como Bordone, Guercino, Tiziano y Veronese. En tanto las obras fueron entregadas a la casa de subastas Rudolph Lepke con descripciones escuetas del estilo "Italiana, siglo XIV", siguiendo las costumbres de la época, hoy día es imposible determinar tanto la procedencia de las que se subastaron entonces como el destino que recibieron.

En 1890 Bode fue nombrado director de la Pinacoteca. Su prioridad al acceder al cargo era terminar de resolver la falta de espacio del museo que no se solucionó con la subasta de 1887. Meyer y Bode ya había decidido que la mejor opción era la construcción de un nuevo museo, retomando la idea del diplomático prusiano Guido von Usedom acerca de la construcción de un museo de escultura, del arte medieval y del Renacimiento. La idea fue probablemente desarrollada primero por Meyer y posterior y principalmente por Boden a partir de la década de los 90 ideando un museo del Renacimiento en el que se intregaran todas las manifestaciones del arte: pinturas, esculturas, mobiliario, tapices, paredes, cubiertas, pisos, pórticos, chimeneas, etc. para sumergir al visitante en el Renacimiento. A pesar de las reticencias iniciales logró el apoyo de la Emperatriz Victoria que aprobó el 6 de marzo de 1896 la construcción del museo realizándose la asignación económica el año siguiente. El edificio fue encargado al arquitecto Ernst von Ihne y a la nueva colección contribuyeron los coleccionistas Alfred Thiem y James Simon. El museo abrió sus puertas en 18 de octubre de 1904 con el nombre de Museo Emperador Federico, en honor a Federico III de Alemania, siendo la entrada como lo fuera desde el principio, gratuita. En la actualidad se le conoce como Museo Bode.

La Pinacoteca hasta la Segunda Guerra Mundial

Una vez inaugurado el Museo Emperador Federico, en 1910 tuvo lugar la primera gran reorganización de la exposición de la Pinacoteca de Berlín. Por aquella época Bode comenzó a trazar los planes para la construcción de un edificio en el ala norte de la Pinacoteca para alojar la colección de pintura alemana al modo como se exponía la renacentista italiana en el Museo Emperador Federico. En consecuencia se adquirieron numerosas obras de arte alemanas incrementando los fondos del departamento hasta convertirlo en uno de los más importantes del mundo de su género. Para la financiación de estas adquisiciones se sacrficó la gratuidad de los museos, así por ejemplo, a finales de 1909 la entrada al Museo Emperador Federico requería ya el pago de 50 peniques.

El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó el estancamiento de la colección, y su finalización importantes pérdidas al verse obligado, en virtud del Tratado de Versalles, a devolver a Bélgica importantes obras de arte como el Políptico de Gante de Jan van Eyck así como El profeta Elías en el desierto y La celebración de la Pascua judía de Dirk Bouts. Tras la devolución de las obras se produjo la segunda reestructuración de la exposición. En los años siguientes el estado económico de la Pinacoteca tan sólo permitió realizar adquisiciones ocasionales, ya que las ventas en Alemania se destinaban principalmente a los Estados Unidos de América.

En 1930 abrió sus puertas el Museo Alemán en el ala norte del Museo de Pérgamo, obra de Alfred Messel y Ludwig Hoffmann, donde fueron trasladadas las colecciones de pintura alemana, flamenca primitiva y francesa posterior al barroco del Museo Emperador Federico junto con las esculturas de las mismas escuelas.

En 1936 la galería incrementó de nuevo sus fondos mediante la cesión de la colección del Banco de Dresden, la mitad de cuyas obras fueron vendidas el año siguiente. Deshaciéndose además de la única pintura de Duccio di Buoninsegna que poseía la Pinacoteca pudo adquirir a un coleccionista inglés Hombre con libros de música y laúd de Hans Holbein el Joven.

La Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 el Museo cerró sus puertas al igual que hicieron los demás. Por temor a los ataques aéreos se trasladaron las obras a los sótanos del edifico. El primer bombardeo de la RAF sobre la ciudad se produjo el 7 de junio de 1940 intensificándose las incursiones aliadas en el mes de septiembre. Parte de las obras fueron entonces trasladadas a la torre antiaérea del barrio berlinés de Friedrichshain. En marzo de 1945 la mayoría de las obras fueron de nuevo trasladadas por ferrocarril a las minas de sal de Merkers en el distrinto de Turingia quedando en Berlín 434 obras especialmente de gran formato almacenadas en tres salas. En una inspección realizada por los especialistas tras la caída de Berlín se encontraron las dos primeras intactas forzando la tercera para cerciorarse del buen estado de la obra. Por razones que se desconocen la primera sala ardió en llamas el seis de mayo y en un nuevo incendio que se produjo el 14 de mayo y se prolongó hasta 18 del mismo mes sucumbieron las pinturas de su interior, con excepción de las que pudieron haber sido sustraidas al quedar el edificio sin vigilancia tras la capitulación de Alemania.

Hoy día se dsconocen las causas del incendio así como la magnitud real del desastre. Por ejemplo, en una muestra organizada por el Museo Puschkin de Moscú en 2005 titulada "Arqueología de la Guerra", se expusieron 25 vasos antiguos de la colección berlinesa que en parte fueron almacenados en Friedrichshain por lo que cabe la posibilidad de que algunas pinturas sobrevivieran al desastre.

A las pérdidas se sumaron 118 pinturas cedidas de forma permanente a otras instituciones, algunas pocas que fueron sustraidas y subastadas ilegalmente por los aliados, una veintena destruidas durante la guerra, tres que fueron robadas en 1947 y más de doscientas que permanecían en los sótanos del museo y fueron trasladadas por el ejército rojo a la Unión Soviética, donde aún permanecen.

La división de la colección

Aunque ya en el otoño de 1945 el Senado de Berlín (poder ejecutivo de ciudad-estado) se había pronunciado para que fueran repatriadas las obras de los museos ello no fue posible primero por la ausencia de edificios adecuados en los que acomodar las obras y por las dudas existentes sobre la titularidad de la colección prusiana de arte. En 1947 se produjo la división de Alemania e igualmente la división de la colección de la Pinacoteca entre la Isla de los Museos en Berlín Oriental y la Fundación Patrimonio Cultural Prusiano en Berlín Occidental que las alojó en el complejo de Dahlem.

Museo Bode

Tras finalizar la guerra, los esfuerzos del Museo se dirigieron a conservar la colección ya que al estar gravemente dañados los edificios de la capital los primeros años de posguerra tan sólo pudieron verse algunas obras en pequeñas exposiciones temporales. En 1958 retornaron 230 pinturas que había sido trasladadas a la Unión Soviética, algunas de las cuales sirvieron para organizar una exposición bajo el título Tesoros de la cultura mundial rescatados por la Unión Soviética en la Galería Nacional de Berlín, aún en proceso de reconstrucción. En 1963 la colección comenzó a volver a su antigua residencia, el Museo Emperador Federico, inicialmente 91 pinturas que se exponían en diez salas. Con el paso de los años se fueron abiendo las demás salas e incrementando el número de obras expuestas. En 1987 con motivo de la celebración del 750 aniversario de Berlín [1] el Museo Bode fue restaurado habilitándose un total de 26 salas de exposición con cerca de 350 obras expuestas, además de las miniaturas que desde 1979 se venían exponiendo en su propia sala.

Dahlem

A finales de 1949 estaba claro que las pinturas almacenadas en Wiesbaden en la Alemania Occidental, no retornarían con prontitud a la Isla de los Museos por lo que el Senado de Berlín decidió exponerlas en el Museo de Dahlem construido entre 1912 y 1916 y dedicado al arte asiático. Allí se expuso en 1950 una selección de 149 pinturas. El año siguiente el estado de Hesse reclamó al Museo Emperador Federico la devolución del Hombre del yelmo de oro atribuida en aquél tiempo a Rembrandt.[2] Tras la intervención del Gobierno Federal en la disputa por la obra en 1953 fue devuelta por Alemania Oriental.

Tras la devolución quedó en el aire lo que debía hacerse con las demás obras. El 27 de enero de 1955 concluyeron los trabajos del Parlamento Federal que aprobó la relación de obras que debían transferirse al Berlín Occidental. El año siguiente fueron devueltas y alojadas en el Museo de Dahlem y en 1957 el Parlamento aprobó la ley que creó la Fundación Patrimonio Cultura Prusiano para su administración.

Reunificación

En noviembre de 1989, a raíz de la inminente reunificación del País y de su capital, tuvieron lugar las primeras reuniones para la reunificación de la colección que se produjo finalmente el 1 de enero de 1992. Paralelamente tuvieron lugar airadas discusiones acerca del destino de las pinturas defendiendo los tradicionalistas su traslado al Museo Bode. Sin embargo, ya se venían trazando tiempo atrás planes para la finaciación y construcción de una pinacoteca en el Foro de la Cultura y el Museo Bode disponía de poco sitio para exposición. Aun así la nueva pinacoteca, obra de Heinz Hilmer y Christoph Sattlerse y finalizada en 1998, se había concebido para alojar la colección de Alemania occidental por lo que fue necesario, para exponer una mayor cantidad de obras, añadir una galería de estudio.

En 1995, después de la revisión de la colección la Pinacoteca publicó un catálogo de las pérdidas que se habían producido durante la guerra, mayores de las que previamente se suponían. Las obras se clasificaban en cinco categorías:

  1. Probablemente quemadas en la torre antiaérea.
  2. Antiguos préstamos perdidos.
  3. Trasladas a la Unioón Soviética en 1945 y 46 y no devueltas.
  4. Pérdidas no documentadas anteriores a 1945.
  5. Otras pinturas robadas y destruidas.

De numerosas pinturas se pudieron determinar sus circunstancias. Entre las perdidas en el incendio de Friedrichshain se venía incluyendo el San Francisco de Padua de Francesco Fontebasso que se encontró en una colección privada alemana así como sendas pinturas de Jacopo del Sellaio y Paris Bordone expuestas en el Museo Nacional de Varsovia. De 19 obras, incluyendo de Jan Gossaert y Guercino, se sabe que fueron robadas por soldados soviéticos después de finalizar la guerra sin que fueran devueltas. En abril de 2006 fue posible redescubrir a través del catálogo y devolver a la Pinacoteca un retrato de Leonora de Toledo atribuido a Alessandro Allori. En 1996 la Pinacoteca publicó un completo catálogo de sus fondos.

El edificio del Foro de la Cultura acoge el grueso de la colección aunque un puñado de obras seleccionadas se exponen en las distintas salas de época del Museo Bode en la Isla de los Museos.

En enero de 2006 se adquirió Retrato del actor Anton Huck de Johann Georg Edlinger (c.1785).

Referencias

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Fuentes empleadas y notas

  1. 1237 es la fecha de la más antigua referencia escrita a la ciudad de Cölln, el actual centro de Berlín donde está situada la Isla de los Museos, en cuyo extremo noroeste se encuentra el Museo Bode.
  2. En 1983 los expertos del Museo de Dahlem concluyeron que la obra fue realizada entre 1650 y 1655 por un discípulo de Rembrandt.

Bibliografía

Otras fuentes de información