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Pesebre

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Nacimiento expuesto en la iglesia de las Angustias de Valladolid (España). Escena del pesebre o portalito de Belén.
Un belén o nacimiento, o pesebre es una representación artística que se lleva a cabo con figuritas (personajes, animales, etc.) fabricadas especialmente para esta obra. El tema de la creación artística es la Natividad de Jesús, el nacimiento en la ciudad de Belén de Judea. Este tema va siempre acompañado de otras escenas que representan otros pasajes relacionados y relatados en el Nuevo Testamento o en los Evangelios apócrifos; otras son producto de la imaginación popular de cada lugar e incluso de la imaginación particular de los artistas o de las personas que deciden poner o armar (exhibir) el nacimiento.

Origen

Los cristianos empezaron a celebrar el nacimiento de Jesús a partir de finales del siglo III. En el siglo IV se dieron las primeras representaciones de escenas individuales en relieves de sarcófagos, en pinturas murales y en objetos litúrgicos. Sin embargo la primera representación plástica y directa del tema es mucho más antigua: se trata de una pintura paleocristiana al temple, muy esquemática, del año 150, en el arco de las catacumbas de Santa Priscila de Roma. Representa a la Virgen sedente, con el Niño y las figuras de los tres Reyes Magosofreciendo sus regalos.[1]

En el siglo VII tuvo lugar en Roma una representación de la gruta donde la tradición decía que había nacido Jesús. Estaba en la iglesia de Santa María la Mayor y se conservaba como reliquia, un fragmento de dicha gruta al que más tarde se añadió una cuna de madera.
San Francisco de Asís

En el siglo XIII, en 1223, san Francisco celebró en Asís (Perugia) una nochebuena poco habitual. Hasta el momento la costumbre había sido celebrar la misa y los oficios en la iglesia pero al santo se le ocurrió concentrar a los monjes y a los habitantes del pueblo en el bosque cercano de Greccio, donde había mandado llevar a los animales vivos, el buey y la mula en medio de los cuales interpuso la cuna del Niño Jesús. Fue una escenificación viva, muy especial, considerada como el invento de los futuros belenes o nacimientos.

Pero la representación plástica de lo que se entiende como nacimiento con figuritas movibles acompañadas de paisaje, animales, portalito o gruta, etc. no existió hasta el siglo XVI. Las primeras figuras autónomas eran de tamaño natural y muchas de ellas estaban articuladas. Se colocaban en el interior de las iglesias (generalmente de conventos) y no se guardaban en todo el año. Más tarde fue cambiando el tamaño y la ubicación, apareciendo el belén o nacimiento privado de las familias que sólo lo ponían en Navidad. La Iglesia fomentó y bendijo esta costumbre con la seguridad de que añadiría mayor devoción a este misterio de la natividad de Jesús.

Antecedentes históricos

El dios Mitra dando muerte al toro.
A partir del año 243 los teólogos se venían reuniendo cada cierto tiempo en asambleas para determinar la fecha de la celebración del nacimiento de Jesús, para lo que fue preciso el estudio concienzudo de las distintas celebraciones que venían dándose en el mundo romano. Finalmente decidieron hacer coincidir dicha fecha con el solsticio de invierno que había dado lugar al Natalis Solis Invicti (nacimiento del sol invicto) directamente relacionado con la figura sagrada de Mitra cuya simbología puede hallarse en algunos relieves de iglesias románicas, en tímpanos y en capiteles.[2]

El papa Liberio (352-366) decretó la fecha y quedó anotada en el Cronógrafo Romano (calendario ilustrado, del 354, obra de Furio Dionisio Filocalo.[3] Después mandó construir en el monte Esquilino de Roma y sobre los cimientos de un templo dedicado a la diosa Cibeles, una iglesia que serviría para guardar la reliquia llamada cunabulum que consiste en cinco astillas del pesebre de Belén, supuestamente trasladadas desde Jerusalén por santa Elena. Aquella iglesia tomó el nombre de Santa María del Pesebre.[4] Cada 25 de diciembre se vino celebrando en el templo una misa conmemorativa dando lugar así a la liturgia navideña. Por otra parte, en el año 326 el emperador Constantino I el Grande ordenó levantar una basílica sobre la gruta tradicional del nacimiento, cerca de Belén.

Escenarios y escenas

El grupo principal es el compuesto por san José, la Virgen María, el Niño, el buey y la mula. (Plaza Mayor de Valladolid en el 2003.)
Las figuritas que integran un nacimiento necesitan un escenario. Así, poco a poco van surgiendo belenes más complicados y ricos en paisajes, simulación de pueblos, casas, artefactos, enseres, etc. Según los grupos escénicos y temáticos que se empleen así será el escenario. Existen nacimientos muy completos que constan de casi todo el ciclo de la vida de Jesús, desde la Anunciación hasta la Crucifixión. Otros se ocupan solamente de las escenas más representativas: nacimiento de Jesús, los Magos viajando con pajes y camellos, adoración de los Magos, de los pastores, aparición del ángel a los pastores, Herodes, etc. El grupo principal es el compuesto por san José, la Virgen María, el Niño, el buey y la mula. Este grupo se conoce con el nombre de misterio. A veces se le añade un angelito. En los belenes mexicanos es una tradición que el misterio vaya siempre acompañado de una figurita pintada de rojo que representa al diablo, que se suele colocar retirado del grupo, en alguna esquina, con actitud de acechar.
Escena de pastor y ovejitas.
Tanto el paisaje como las figuritas son a veces fantasiosos y pueden no corresponder a una realidad cronológica y geográfica. No siempre los personajes están vestidos a la moda y tradición de Judea en la época de Jesús sino con ropajes regionales de los distintos pueblos donde se ha fabricado el belén, ropajes que pueden resultar anacrónicos pero que dan al belén un cierto carácter de originalidad y belleza.

Un elemento geográfico que no falta en ningún belén es el río y depende de la categoría para que este río lleve agua de verdad o esté confeccionado con simple papel de plata. Las palmeras tampoco suelen faltar en el paisaje y dentro de las construcciones, el castillo de Herodes es insustituible. Los animales de granja (gallinas, pavos, patos, cerdos, ovejas, vacas) están siempre presentes y las ovejas suelen colocarse junto a los pastores y campando por las posibles montañas hechas de corcho o de papel especial.

Materiales

Los belenes están hechos de todo tipo de materiales pero suele ser el barro, el cartón piedra y la cerámica los más usados. Se fabrican figuritas que van pintadas, otras enteladas y otras vestidas con verdaderos tejidos que a veces son de gran valor y riqueza. Para los paisajes se utilizan materias auténticas como musgo, arena, ramas de árboles. Es tradicional el uso del corcho (sacado de los alcornoques), del musgo y del serrín para indicar los posibles caminos, además del citado papel de plata para los ríos.

Instalación de los belenes

Suelen instalarse en lugares como iglesias, ayuntamientos, sitios oficiales, colegios, etc. Los belenes suelen ser de gran calidad artística y a menudo cuentan con figuras de buen tamaño. Estas instituciones tienen los recursos necesarios para colocar un nacimiento con toda clase de detalles, incluso con la ayuda de tecnología avanzada, y así puede verse una noria que se mueve con el empuje del agua, un río cuyas aguas corren, gallinas que picotean, luces que se apagan y se encienden según sea de noche o de día, etc.

Armando el Belén en una casa particular.
En las casas particulares también se construyen los nacimientos cuyo tamaño oscila a tenor de las posibilidades. Estos belenes particulares han dado lugar a la agrupación de aficionados por el tema, que han creado en distintas localidades las Asociaciones de Belenistas. Estos grupos trabajan durante todo el año en el diseño y fabricación de múltiples belenes, bien por encargo, bien por presentarlos a concurso en las fechas de Navidad. Han conseguido además mantener la tradición que en algunos sitios estaba empezando a decaer.

Colecciones y coleccionistas

Caja de música.
Una colección de nacimientos es tanto la adquisición de diferentes belenes como la adquisición de elementos que van sumándose para integrar un determinado nacimiento. Muchas de estas colecciones (de los dos tipos) han sido donadas en herencia a distintos museos, algunos monográficos y otros simplemente receptivos. Los mejores aficionados y coleccionistas de belenes datan del siglo XVIII, aunque se tiene noticia documentada desde el siglo XVII. El tema es de máximo interés en distintos ámbitos culturales.

La ciudad italiana de Nápoles cobró un protagonismo muy particular, siendo allí donde se encontraban los más bellos pesebres (presepi en italiano) del mundo católico. Según el belenista Antonio Perrone[5] el desarrollo de los presepi o nacimientos llegó al colmo de la perfección y de la difusión en esta ciudad, siendo uno de los coleccionistas napolitanos más afamados el arquitecto Giovan Battista Nauclerio, cuyo pesebre era visitado por personas importantes y de la alta sociedad.[6]

En 1627, Lope de Vega había conseguido una colección de figuritas sueltas que acostumbraba a poner en su oratorio particular durante los días de Navidad para después guardarlas en un arca durante todo el año. El afán de coleccionarlas y adquirir más piezas lo tuvo toda su vida.[7] En 1653, Juan Alfonso de Pimentel y Herrera, conde duque de Benavente, tenía en su casa de Valladolid un nacimiento hecho de papelón y un arca llena de vestidos para las figuras.[8] En 1656, en Murcia, diego de Saavedra tenía coleccionadas 60 figuritas procedentes de Nápoles. Las solía exponer en su capilla particular de la iglesia de san Pedro.[9]

Según consta en los documentos conservados se sabe que el virrey de Nápoles García de Avellaneda y Haro, conde de Castrillo, tenía una colección de más de cien figuritas. También se conoce la colección del rey Felipe V de España que hacía exponer cada año en el palacio del Buen Retiro; las figuritas y los componentes habían sido regalo de un rico burgués llamado Nicola Speruti.[10]

El rey de España Carlos III fue un gran coleccionista, influenciado al parecer por su mujer, María Amalia de Sajonia que era la encargada de los vestidos de las figuritas. Cuando Carlos III fue elegido rey de España llevó a este país un magnífico nacimiento napolitano cuya colección de figuritas había ido ampliando poco a poco con piezas que encargaba a artistas italianos o españoles y a sus propios escultores de cámara. Su hijo Carlos IV mantuvo y amplió la colección que se vio engrandecida con el aporte que hizo María Cristina de Borbón, esposa de Fernando VII, de su propio belén.[11]

A finales del siglo XVIII fue decayendo el afán de coleccionismo. Muchos de los belenes no se pudieron conservar por razones de herencia, familias venidas a menos, repartos, etc. Los belenes se dispersaron en grupos, en figuras sueltas. Esto llegó a ocurrir incluso con los belenes reales. Las colecciones, más o menos divididas pasaron a los anticuarios y de ahí a otro tipo de coleccionistas particulares que fueron apareciendo y que se conformaban con piezas sueltas, escenas y algún que otro belén casi completo. En la mayoría de los casos se perdieron los documentos de compra originales y se perdió todo rastro de su procedencia. Algunas colecciones maltrechas o enteras llegaron a los museos, como ocurrió con las de Antonio Perrone, que se pudo conservar en el museo de San Martino de Nápoles, o la colección de Max Schmederer, que obtuvo su lugar en el Bayerisches Nationalmuseum de Munich.

Los artistas

Existe gran diversidad de artistas y artesanos dedicados al tema de los nacimientos, con las más variadas profesiones: arquitectos, plateros, sastres, escultores, pintores, talladores, ceramistas, etc. Los grandes escultores del siglo XVIII realizaron figuras del belén casi siempre por encargo. Dentro de los artesanos existían además los especialistas que se dedicaban a los animales o los enseres, decorados, alimentos. El acabado final de montaje del nacimiento solía corresponder a un arquitecto. En cada país del mundo cristiano ha destacado en algún tiempo algún genio famoso como belenista. Sus obras han sido por lo general imitadas y difundidas, fabricadas con materiales más económicos que los originales.

Nacimientos en Europa

En el siglo XIX ya se conocían los nacimientos en toda Europa. Los países que gozaban de mayor auge en la confección de belenes eran España e Italia. En este siglo en Francia la afición por los belenes alcanzaba también su máximo esplendor, ampliándolos con figuras populares como el abad, el alcalde y otros cargos. Los mejores artistas franceses fueron los hermanos Tessieres, Jean-Louis Lagnel (Marsella, 1764-1822) y Rabre. Austria se hizo famosa por sus nacimientos con figuritas en movimiento y sus marionetas que se construyen con la ayuda de la industria relojera. En otros países del Este los nacimientos se hicieron de cartón y papel.

En España

Como en el resto de Europa, el belén español estaba ya consolidado en el siglo XVII. Los franciscanos habían instaurado la costumbre de montar un belén y esta costumbre se difundió por los hogares españoles. Y fue precisamente en el siglo XVII cuando surgieron los mejores escultores belenistas: Alonso Cano, Alonso Berruguete, Pedro de Mena, y Francisco Salzillo, el más representativo de todos. En Madrid destacó la escuela belenista del fraile Eugenio Gutiérrez de Torices que creaba figuras de cera a las que pintaba y vestía ricamente con sedas y otros tejidos.

Salzillo se hizo famoso por la fabricación de figuritas de nacimiento. Se conserva su enorme belén en el Museo Salzillo de Murcia; fue un encargo de Jesualdo Riquelme, un rico hacendado de Murcia. El nacimiento está compuesto por 556 figuritas que abarcan diversos temas; pueden verse pastores, mendigos, labradores, un aguador, un borracho, una hilandera…

Cataluña también tuvo grandes aficionados y grandes artistas belenistas como Ramón Amadeu Grau que destacó en la técnica del barro cocido, Damián Campany y Estrany y Domingo Talarn Robot, entre los siglos XVIII y XIX. En la ciudad catalana de Olot se han llegado a fabricar la mayor parte de figuras de nacimiento de toda Cataluña con grandes exportaciones al extranjero.

Región de Múnich

En esta región alemana se cultivó el arte de los nacimientos durante todo el siglo XVII, pero sólo en los conventos y en la corte. Entrado el siglo XVIII se fueron ampliando los nacimientos con escenas y temas de tipo popular y costumbrista, sobre todo en las vestimentas de los pastores que son un reflejo de la moda del lugar. A principios del siglo XIX hubo una orden prohibiendo la puesta en escena de los belenes, sobre todo en las iglesias. La consecuencia fue algo no esperado pues dio lugar a un incremento de nacimientos de buena calidad cuyos propietarios eran gente particular. También se dio como consecuencia el hecho de que se pudieran salvar los belenes de las iglesias que fueron a parar a manos privadas que supieron cuidarlos.

En la primera mitad del siglo XIX se multiplicaron los belenes en la ciudad de Múnich, donde vivían y tenían su taller muchos de los artesanos que contaban con su propia clientela privada. Las figuras talladas eran de gran calidad y en muchos casos siguieron la moda llegada de Roma de mostrar los temas de acuerdo con la época en que habían sucedido. A este tipo de nacimientos se les llamó a la oriental y los artistas introductores fueron llamados nazarenos.[12]

Belén napolitano

Artículo desarrollado → Belén napolitano.

Durante todo el siglo XVII existió en Nápoles la tradición del nacimiento navideño con las mismas características que en las demás ciudades de Italia y países de Europa. Las escenas bíblicas tradicionales se representaban con figuritas en su mayoría hechas de madera o de piedra. Pero estos belenes se transformaron de manera radical en 1734 con la llegada del nuevo rey de Nápoles-Sicilia Carlos VII, que sería más tarde Carlos III de España. Este joven monarca estaba acostumbrado a lo que en la corte de Madrid llegó a ser una tradición: la colocación de un nacimiento en época de Navidad, en el Palacio del Buen Retiro con unas figuras de gran calidad y ejecutadas por artistas de renombre; este belén había sido un regalo que el virrey de Nápoles Carlos VI (Archiduque de Austria) había hecho a su padre el rey Felipe V.

Escena de la posada perteneciente al belén napolitano del museo de escultura de Valladolid.
Llevado por ese recuerdo unido a la propia tradición que ya existía en Nápoles, el rey Carlos VII quiso que en la corte napolitana el belén fuera algo muy especial, para lo que no reparó en gastos. A partir de entonces se empezaron a encargar las figuras a la Real fábrica de porcelanas de Capodimonte[13] cuyos diseñadores eran gente consagrada. La materia prima era barro cocido y pintado con sumo cuidado. Los mejores artistas hacían las cabezas (a las que se incrustaban los ojos de cristal) y las manos. Estas cabezas tomaron el nombre de general de testinas. Otros se encargaban de tallar en madera las piernas hasta las rodillas, y los brazos hasta el antebrazo. Se normalizó el tamaño de las figuritas a 38 cm. A continuación se unían todas estas partes con una armadura de alambre flexible que después se envolvía con estopa[14], dando a la figurita una gran movilidad. Por último se confeccionaba la ropa: María llevaba siempre una túnica rosa y un manto azul, José un manto de tonos marrones. Los reyes iban acompañados de un séquito llamativo, vestidos con túnicas de seda muchas veces bordadas y llenas de abalorios que en algunos casos eran piedras preciosas de verdad. El cortejo lo componían representaciones de distintos países y razas así como representaciones de animales exóticos nunca vistos o poco conocidos en Europa. La escena de la cabalgata de los Reyes Magos se completaba con los magníficos accesorios de arneses (finimenti) y de regalos que transportaban en la caravana. Eran regalos hechos de oro, plata y piedras preciosas.[15]

Otro detalle de riqueza estaba en los múltiples instrumentos de música que todo belén napolitano llevaba. Estos instrumentos se hacían con los mismos materiales con que se fabricaban los de verdad, resultando una réplica en miniatura donde no faltaba ningún pormenor por lujoso que fuera. La magnificencia y calidad de estos belenes procedentes de Capodimonte se debía en gran medida a los artistas de renombre que allí trabajaban, como Giuseppe Sammartino (1720-1793) y Francesco Celebrano (1729-1814) que incluso dejaron su firma en las cabezas que esculpían. Carlos VII de Nápoles fue su patrocinador e impulsor a lo que las familias más influyentes y ricas de Nápoles responderían imitando la costumbre de poseer y coleccionar belenes de alta calidad.

Belenes americanos

Belén argentino.
España importó en el continente americano la costumbre de armar el belén. Los principales portadores fueron los misioneros y los jesuitas. Entre este grupo se encontraba el padre Gaspar Monroy que vivió en Argentina y enseñó a los indios de aquellas tierras a hacer figuritas de arcilla. Los países de más tradición belenística son Argentina, Perú y México.

En Argentina son famosos los belenes hechos con marionetas. Los hermanos Mendoza y Mújica Lainer difundieron el arte belenista de características lugareñas propias como son los colores terrosos y los ropajes nativos.

El demonio rojo característico de los nacimientos mexicanos.
En Perú son típicos los belenes que se presentan en una caja, una especie de armario con dos puertas. Dentro están las figuras hechas generalmente de un tipo de pasta dura. Son fáciles de transportar.

El demonio rojo

Una de las características de los belenes mexicanos es el contar casi siempre con la figurilla del diablo vestido de rojo, que observa desde cerca el portalito. Se emplean diversos materiales siendo típicos los elaborados con paja sobre todo los del imaginero Panduro. En Oaxaca se elaboran con el estilo con que se fabrica la cerámica de esta localidad.

Esta costumbre de añadir el demonio a las escenas de los belenes existía también en los belenes napolitanos en que el misterio se colocaba en el paisaje de una gruta; a veces incluso venía este demonio rodeado de toda una corte infernal. Es un personaje inspirado en los autos sacramentales cuyo simbolismo representaba el mal vencido gracias al nacimiento de Jesús.[16]

Referencias

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Bibliografía

  • GOCKERELL, Nina. Nacimientos. Editorial Taschen. ISBN 3-8228-7390-X
  • URREA, Jesús y FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Rosario. El belén napolitano. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Depósito legal M-50044-2000
  • TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium. En torno al belén napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. Edita Asociación Cultural Domus Pucelae. ISBN 978-84-612-8103-9

Notas

  1. Dictionnaire des antiquités chrétiennes par M. l'abbé Martigny. Librairie de L. Hachette et Cie. Paris 1865
  2. El solsticio de invierno tiene lugar bajo el signo del Zodíaco de Capricornio. En la portada del Cordero de la basílica de San Isidoro de León pueden verse unos relieves románicos que representan los signos del Zodíaco. El escultor que hizo el que representaría a Capricornio lo esculpió con la imagen del dios Mitra cuyo nacimiento se celebraba este mismo día 25 de diciembre.
  3. Travieso Alonso, José Miguel. Presepium, p.13. Las astillas están guardadas desde el siglo XIX en una urna neoclásica de cristal y plata sobre la que reposa la figura del Niño Jesús, obra del platero italiano Giuseppe Valadier (1762-1839). Fue un regalo del embajador de Portugal.
  4. Fue conocida también durante mucho tiempo como Basílica liberiana, y más tarde como Santa María la Mayor. Ibidem, p.14
  5. Antonio Perrone. Cenni storici sul presepe, Nápoles 1896
  6. María Jesús Herrero Sanz. El belén del Príncipe en el Palacio Real de Madrid. Madrid 1998, pp.29-30
  7. Gabriel Llompart. El "nacimiento" de Lope de Vega. Traza y Baza nº 7 (1978), pp.113-116
  8. Esteban García Chico. Documentos para el estudio del Arte en Castilla, tomo III, parte I, Valladolid 1946, p. 394
  9. José Crisando López Jiménez. Escultura mediterránea. Final del siglo XVII y el XVIII. Murcia 1996 p. 71
  10. Pietro degli Onofrj. Francesco Gennaro de Borbón Principe Hereditario... Nápoles 1802
  11. María Jesús Herrero Sanz, op.cit., p.32
  12. GOCKERELL, Nina. Nacimientos, p.18
  13. La fábrica de Capodimonte había sido fundada por este monarca en 1743 junto al palacio real también fundado por él. Travieso Alonso, José Miguel, p.36.
  14. Estopa es la parte basta o gruesa del lino o del cáñamo, que queda en el rastrillo cuando se peina y rastrilla, y la tela gruesa que se teje y fabrica con la misma.
  15. GOCKERELL, Nina. Nacimientos, p.56
  16. Travieso Alonso, p.p. 79 y 63