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Numancia

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Vista del yacimiento.

La ciudad de Numancia se encuentra en la provincia de Soria, en el cerro de Garray, cerca del río Duero. Se la considera como la más famosa de las ciudades arévacas. Las circunstancias bélicas entre numantinos y romanos vienen determinadas por su situación geográfica, que le harán pasar por los mismos sucesos que a la alta cuenca del Duero. En la protohistoria, la región en que se encuentra Numancia está habitada por los celtíberos vacceos y arévacos, instante en que precisamente se forma el potente núcleo urbano. Seguirá, por tanto, todas las vicisitudes del pueblo arévaco y será víctima del ataque de Roma.

El hecho más glorioso de Numancia y por el que su nombre se hizo famoso fue su heroica defensa contra los romanos (defensa numantina) que terminó con la caída y destrucción de la ciudad. Este final fue el resultado de una serie de luchas que duraron años y que se iniciaron en el momento en que los romanos atacaron Celtiberia.

La guerra celtíbera

En el 180 adC fue nombrado para la prefectura de la Hispania Citerior Tiberio Sempronio Graco. Hábil politico, logró tratados con los vacceos, pero la paz conseguida no fue duradera. Los romanos violaron los tratados con el fin de obtener ventajas económicas y estalló una sublevación de celtíberos y lusitanos. La guerra celtíbera acabó con la sumisión total a Roma. La guerra celtíbera se desarrolló en dos periodos; en ambos periodos la intervención de Numancia fue destacada, luchando contra las legiones de F. Nobilior, Marcelo, Metelo, Pompeyo, Popilio, A. Mancino. Lépido, Furio, C. Pisón y finalmente Escipión.

El primer ataque directo a Numancia lo llevó a cabo Nobilior, ayudado con refuerzos de soldados númidas y de elefantes, habiendo sido desastrosamente derrotado ante sus muros.

En el 152 adC, Roma envió a Celtíberia al cónsul Claudio Marcelo. Tras la conquista de algunas ciudades y al no ponerse de acuerdo respecto a las condiciones de paz, Marcelo se dirigió a Numancia sin que llegara a atacarla, porque precisamente un numantíno, en nombre de todo el pueblo celtíbero, le ofreció la sumisión. A los arévacos les fue concedida la autonomía, tras cumplir ciertas condiciones, y Celtiberia disfrutó de paz con Roma durante diez años.

Segundo periodo

Segundo periodo de la guerra celtibérica. Es llamado numantino por ser efectivamente esta ciudad quien la sostuvo las legiones romanas fueron mandadas por el cónsul Metelo (143-142 a. C.) que, si bien no llegó a atacar directamente a Numancia, dirigió sus esfuerzos a evitar que los vecinos les ayudasen con provisiones.

Pompeyo, que sucedió en el mando a Metelo, acampó su ejército ante los muros de la ciudad sobre la colina del Castillejo y la atacó directamente, sin conseguir tomarla, a pesar de que su ejército cuadruplicaba en número a los defensores de Numancia. Después recurrió a un estrecho cerco, sin obtener tampoco resultados positivos.

Popilio Lenate (139-138) fracasó también en sus intentos de asalto. Con Mancino, en el 137 adC, Roma sufrió uno de los mayores desastres de su historia militar. Mancino, derrotado repetidas veces, se retiró hacia el Ebro y, perseguido, fue acorralado y obligado a rendirse con sus 20.000 soldadosLos celtíberos pidieron a los romanos su plena autonomía a cambio de los prisioneros, siendo fiador Tiberio Graco, tratado éste que el Senado romano anuló por considerarlo humillante.

Los sucesores E. Lépido (137 adC.), F. Filón (136 adC.) y C. Pisón (135 adC.) no osaron siquiera un ataque directo a Numancia

Roma encargó la misión celtíbera a Publio Cornelio Escipión Emiliano quien llegó ante los muros de Numancia en el otoño del 134 adC. La primera medida de Escipión fue la moralización del ejército, haciéndole efectuar trabajos de todo tipo, especialmente de atrincheramiento, ya que en los planes de Escipión entraba el utilizar el hambre como arma más eficaz para la rendición de la ciudad.

Escipión puso, por fin, el ejército en marcha hacia la Meseta, pero no en dirección a Numancia, sino al país de los vacceos para evitar ayudas de víveres a los sitiados. Llegando por el Duero, se situó ante Numancia, organizando inmediatamente la circunvalación de la ciudad a base de empalizadas y zanjas que protegiesen una muralla bastante gruesa con torres en número de unas 300. Siete fueron los campamentos que sostenían este enorme cerco

El ejército romano estaba compuesto por unos 60.000 hombres, elefantes, caballos y máquinas de guerra. Mientras, Numancia solo poseia unos 4.000 defensores.

Táctica militar

Escipión no atacó directamente Numancia, ni entre sus planes estuvo nunca este propósito. Su intención era rendirla por hambre ,cortando todo aprovisionamiento. Ante la falta de víveres Numancia se decidió a pedir a los romanos unas condiciones de capitulación dignas y favorables, pero Escipión exigió la entrega de las armas, condición inaceptable y vergonzosa para un celtíbero.

Los extremos a que llegó Numancia en los finales de su cerco de nueve meses fueron horribles. Finalmente, una vez decididos a rendirse, Escipión fijó el día para la entrega de las armas. Parte de los sitiados prefirieron el suicidio a la aceptación de las condiciones.

Su caída fue entre julio y agosto del 133 adC. Escipión mandó arrasarla e incendiarla vendió a los supervivientes como esclavos y prohibió su reconstrucción. Sin embargo, la ciudad fue reconstruida según indican las fuentes y demuestra la arqueología.

Estandartes

En Numancia y en el castro cántabro de la Ulaña han aparecido una especie de estandartes consistentes en dos prótomos de caballo unidos por el tronco, muy semejantes a las fibulas de caballito.

Arqueología

A causa de su fama es probablemente la ciudad ibérica más excavada. Después de las excavaciones pudo apreciarse que la ciudad, de estructura oval, tenía unos ejes de 720 por 310 m. Sus calles estaban trazadas en retícula, la muralla tenía una estructura trapezoidal de 3,40 m. de altura por 2 de grosor. Fueron descubiertas dos puertas en el NO. Las calles estaban pavimentadas con losas, disponiendo de pasaderas para caso de lluvia. Las casas, yuxtapuestas entre sí, tenían los cimientos y zócalos de piedra y la parte superior de barro, las divisiones interiores son de adobes y los techos de ramaje y paja. Es típico en cada casa una especie de bodega consistente en una cueva prismática. El hogar está formado por piedras, ocupando la pieza principal aparte del vestíbulo y de otra habitación secundaria. En las excavaciones fueron localizados unos círculos de piedras considerados como lugares de exposición de los cadáveres para ser presa de las aves de rapiña, según una costumbre referida por las fuentes antiguas. A pesar de los intentos realizados, no se pudo localizar la necrópolis.

González Simancas, que realizó las excavaciones desde 1913 hasta 1923, sacó en consecuencia la existencia de dos ciudades celtibéricas anteriores a la fecha de destrucción (133 adC), de una ciudad romana destruida en la época de Claudio el Gótico, hacia el 270 dC., y de otra ciudad romana superpuesta, correspondiente al Bajo Imperio. González Simancas descubrió, al parecer casualmente, cierto número de urnas de incineración, correspondientes evidentemente a una necrópolis situada en la parte noroeste.


Referencias


Notas