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Movimiento obrero español

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La singularidad histórica de España, la influencia de los distintos países europeos, pero con especial relevancia el oscuro y largo periodo franquista, marcarán un antes y un después en los movimientos obreros y organizaciones empresariales.

El movimiento obrero hasta la Guerra Civil Española

Sobre el año 1868, en la época de la revolución burguesa y en la época de la República Federal de los años 187374, nació el movimiento obrero español, el primer movimiento revolucionario de la clase obrera española. La Primera Internacional (1864) se organizó en España a través de la AIDS (Alianza Internacional de la Democracia Socialista). Así pues, el movimiento obrero español contó con una preponderancia de los sectores anarquistas, frente a la preponderancia socialista de la mayor parte de Europa.

La principal característica de este movimiento sería la defensa de la «ausencia de restricción» y de la libertad total de los grupos locales. Sus planteamientos se resumen en la fórmula «anarquía política, ateísmo religioso, socialismo-colectivismo en economía». En definitiva se definen como partidarios de la «acción revolucionaria directa» y como abiertamente «anti-electorales». Además, muchos anarquistas empezaron a defender el terrorismo individual como «excitante revolucionario».

En 1870 la Federación Regional Española de la Internacional de trabajadores contaba con 30.000 sindicalistas. Influencia en ella, en el Este y en el Sur, de la Alianza de la Democracia Socialista, grupo que consiguió a la larga el dominio de la Federación, imponiéndose en el congreso de Barcelona de ese mismo año el programa anarquista: abstenerse de la actividad política (no crear un partido obrero y no votar) y la defensa de la «acción directa». Mientras, el marxismo defendía la necesidad de una democracia obrera organizada y centralizada, y para llegar a ella defendía la necesidad de un partido político obrero.

La ruptura entre Marx y Bakunin se produjo en 1872, quedando la Federación Española alineada con el segundo, sin haber creado por tanto ningún partido obrero, lo que se suplía con las consignas antielectorales o con el apoyo puntual a los republicanos federales. Mientras tanto, el minoritario grupo marxista trató de llenar ese vacío con la creación del partido obrero PSOE en 1879 y del sindicato de clase obrera UGT en 1888.

Con el nuevo siglo XX, se produjo un desarrollo del movimiento obrero, destacando la industrialización de Asturias, País Vasco, y Cataluña. También se produjeron en ese momento divergencias en el anarquismo español. Existían corrientes "puristas" antisindicales, corrientes partidarias del terrorismo individual y por último existían corrientes anarcosindicalistas, basadas en la teoría del sindicalismo revolucionario coherentemente formulada por teóricos revolucionarios franceses.

En España será donde el anarcosindicalismo logre crear una verdadera fuerza de masas. En 1907 se funda el grupo Solidaridad Obrera en Barcelona, de tendencia anarcosindicalista, y que publica un órgano de expresión de mismo nombre, periódico conocido popularmente como la Soli. Con la recesión económica de 1908/9, frente a los despidos y la reducción salarial, la Soli plantea la posibilidad de la huelga general. Con el llamamiento a filas de reclutas para la guerra colonial en Marruecos, esta huelga estalla. El resultado: la Semana Trágica de Barcelona.

Los anarcosindicalistas, con el control de la Soli, convocan un Congreso Nacional de Trabajadores en Barcelona en 1910. Acuerdan crear la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), que llegaría a convertirse en el principal sindicato de masas de la clase obrera española hasta la guerra civil, superando a la UGT. Compuesta de sindicatos «sin ideología» en principio, tienen poca disciplina organizativa, intentan evitar el fomento de la huelga como arma económica que frenara la acción directa. El carácter anarcosindicalista o sindicalista revolucionario de la CNT quedaba claro.

Esta gran central sindical, si en el conjunto del estado superó a la UGT, en Cataluña se convirtió en casi la única central (especialmente importante porque Cataluña era la mayor región obrera española). La CNT tenía un carácter casi exclusivamente obrero, con muy pocos intelectuales de clase media. Su tono, se podría decir, era «tosco» y de un anti–intelectualismo decididamente proletario. Y, sin embargo, las revistas y bibliotecas que sus agrupaciones fomentaban contribuyeron decisivamente a la culturización de la clase obrera en esos años en que la enseñanza pública brillaba por su ausencia.

Aunque, teóricamente, no se apoyaban las huelgas parciales ni económicas; obviamente los Sindicatos miembros de la CNT se vieron inmersos en ellas. Si el sindicato CNT, en sus bases no hubiera apoyado estas movilizaciones nunca hubiera sido un sindicato de masas. Fue el instinto de clase de los militantes de la base el que se impuso a las teorizaciones de «la dirección». Evidentemente, el carácter asambleario y federalista de la organización permitió que cada federación de la confederación, a nivel sectorial o local, tomara las decisiones que le parecieran pertinentes.

Las huelgas industriales se extendían por el norte, las huelgas campesinas por Andalucía a finales de la década de 1910. Este fue el ambiente en que se recibió el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia. La clase obrera española, como la mundial, quedó muy impresionada con la victoria de la revolución bolchevique soviética. El impacto en el PSOE y la UGT es bastante conocido, llevando a la creación del primer PCE; pero no se insiste tanto en el hecho de que produjo gran simpatía entre los medios confederales, llegándose a afiliar a la Tercera Internacional, por un tiempo, la CNT.

El hecho de que la república soviética fuera en esos tiempos una democracia de trabajadores, que funcionaba a través de las asambleas obreras o «soviets», permitió que los anarcosindicalistas españoles, con mucha razón, vieran en ella la encarnación de sus ideales colectivistas.

El lugar donde la CNT tenía más influencia, Cataluña, tenía la parte más activa de la clase media y la parte más poderosa del movimiento obrero. El catalanismo burgués presionaba fuerte, y temía a la vez la fuerza de los trabajadores.

A finales de los años 1910, los patronos se organizaron en toda España contra el socialismo y el sindicalismo revolucionario. La policía era desbordada por el movimiento obrero. Muchos obreros vieron el terrorismo individual anarquista como una maniobra de provocadores para justificar la persecución y la represión policial. El terrorismo «blanco» de los pistoleros de la patronal empeoró las cosas.

El crecimiento económico de la España neutral en la Primera Guerra Mundial fortaleció a la clase obrera y a la CNT.

En 1917-18 se dio un incremento de la actividad huelguística. El gobierno prohibió la Soli (Solidaridad Obrera, órgano oficial de la confederación), cerró centros obreros y detuvo dirigentes. En 1919 se produjo la huelga de la empresa eléctrica La Canadiense, que se extendió y produjo una huelga general en la industria y el campo catalanes. Victoria parcial de la CNT, tras una dura lucha. Y es que la movilización fue importante: el 24 de marzo de 1919 la CNT volvió a convocar una huelga general para liberar a los presos de la huelga anterior. Hubo 3 semanas de lucha social en Barcelona y otras ciudades.

El gobierno reaccionó con pánico a la lucha, y el 3 de abril el Parlamento aprobó la jornada de 8 horas. El gobierno ordenó formar las comisiones mixtas de negociación. Eran triunfos arrancados por la clase trabajadora con su lucha. Pero la detención de sindicalistas llevó a la dirección de la CNT a anarquistas puros, que respondieron al terrorismo «blanco» con acciones de terrorismo individual. Esto fue criticado por muchos sectores de la misma organización. Antiguos policías de la Brigada político-social se encargaron de dirigir las bandas de pistoleros de la patronal contra los confederales y las organizaciones obreras en general.

A fines de 1919, el gobierno intentó pactar con el sector sindicalista de la CNT, pero la Federación de Patronos planteó el lock-out y se recrudeció la lucha. La patronal formó a obreros desclasados en el Sindicato Libre (ultracatólico y reaccionario) contra los Sindicatos Únicos de la CNT. La lucha pistolera entre ambos grupos produjo una nueva escalada terrorista. La extensión del terrorismo en 1920, junto con los lock-outs y la huelga general convocada para el 24 de enero, produjeron una tensión extrema. El terrorismo y la lucha social se extendieron a toda España. También en 1920, el gobierno pasó de la línea reformista a la línea dura, dejando de negociar y reprimiendo a la CNT, con la policía y el ejército. Se aplicaba la ley de fugas, que permitía el asesinato de los detenidos alegando intento de huida. Hubo una espectacular respuesta anarcosindicalista, finalizada con el asesinato en Madrid del primer ministro Eduardo Dato, a principios de 1921, por tres pistoleros anarquistas.

El ejército reaccionó brutalmente contra la CNT. En 1922 descendió la violencia por la victoria de la represión. La clase obrera resultó quemada por la «acción directa». En conclusión, podemos decir que el terrorismo individual fue contraproducente al conseguir la oposición de las clases medias y provocar la antipatía de la clase obrera. Facilitó el aumento de la represión y el advenimiento de Primo de Rivera en 1923.

Durante el primer bienio de la Segunda República, el movimiento obrero goza de un periodo de bonanza relativa, por cuanto las autoridades eran favorables al mismo, aunque no así las circunstancias económicas. Son precisamente estas circunstancias las que hacen impacientarse a los obreros que no ven llegar todos los beneficios prometidos por los republicanos y se producen desórdenes revolucionarios, como los ocurridos en Arnedo, Castilblanco y Casas Viejas que a la larga habrían de perjudicar al movimiento obrero, por cuanto provocan la salida de los partidos progresistas del gobierno.

Culmina esta situación cuando, tras el triunfo electoral de la CEDA en 1934, comienza el recorte de los avances sociales obtenidos en el bienio anterior, lo que da lugar al movimiento revolucionario de octubre de ese mismo año y a su dura represión por el gobierno, especialmente en Asturias y Cataluña.

La situación en Europa, con los regímenes nazi y fascista en el gobierno en Alemania e Italia y aumentando su influencia en otros países, motiva la decisión de los sindicatos de izquierda a apoyar la coalición electoral del Frente Popular y la vuelta al gobierno de la república de los partidos de izquierda.

Desde la Guerra Civil al retorno constitucional

Indudablemente, el atisbo de revolución española de 1936 es un ejemplo de cómo la clase obrera puede cambiar su suerte acabando con el capitalismo y dirigiendo su propio destino. Si acabó esta lucha derrotada por el fascismo fue por la inoportunidad del momento en que se produjo, distrayendo energías al esfuerzo prioritario de ganar la guerra y a las divisiones internas del bando revolucionario, por las indecisiones, y las traiciones incluso, de muchos dirigentes.

Tras la Guerra Civil Española y durante el periodo franquista, todos los movimientos obreros y partidos políticos se sumergen en el exilio y la clandestinidad.

Durante este periodo la política social del franquismo anuló en primer lugar las disposiciones de la República, sobre todo la reforma agraria, y restituyó así mismo propiedades y fábricas incautadas en la zona republicana durante la guerra a sus antiguos dueños. Los organismos del sindicalismo vertical dieron una clara ventaja en todo momento a los empresarios, y los trabajadores solamente tendrán una posibilidad de defensa de sus intereses en los cargos de elección directa (enlaces sindicales, jurados de empresa desde 1954). El Estado regulaba a través del Ministerio de Trabajo las condiciones a las que se habían de ajustar las relaciones laborales, en las que podían intervenir los patronos adaptando la reglamentación del ramo a las características específicas de la empresa.

Hubo, con todo, algunos conflictos obreros importantes desde la segunda mitad de los años cuarenta, como la huelga general del primero de mayo de 1947 en Vizcaya y Guipúzcoa, alentada por el Gobierno Vasco desde el exilio y secundada tanto por nacionalistas como por izquierdistas, que fueron reprimidos duramente.

A principios de los cincuenta los bajos salarios y el alza de precios provocaron aún varios conflictos laborales: la huelga de los tranvías de Barcelona de 1951, que se extendió a varios sectores; las huelgas generales de abril de ese mismo año en Vizcaya y Guipúzcoa, y algunos conflictos más en Vitoria, Pamplona y Madrid. En 195658 se registraron también huelgas en varios puntos de España. A ello se unieron disturbios en las Universidades, sobre todo en la de Madrid en 1956.

Al calor de los cambios sociales y de estas movilizaciones, junto con el relevo generacional que tiene lugar entonces surgieron nuevos grupos, de activistas obreros, vinculados a movimientos cristianos de base, Hermandades Obreras de Acción Católica, HOAC, fundadas en 1946; la Juventud Obrera Cristiana, JOC, etc.

La conflictividad laboral, se vio favorecida por la nueva estructura de oportunidades políticas que ofrecía la Ley de Convenios Colectivos de 1958. Esta potenciaba los jurados de empresa y el papel de los enlaces sindicales, lo que llevó a que los salarios y condiciones laborales se fijasen en convenios directos entre los representantes de los empresarios y los trabajadores. Con ello, se multiplicaron los conflictos laborales.

La movilización laboral favoreció el crecimiento de una organización sindical clandestina: las Comisiones Obreras (CC.OO.), sobre todo desde 1962. Las CC.OO. habían surgido como comité, para negociar los convenios colectivos al margen del sindicalismo oficial, y fueron dirigidas mayormente por activistas vinculados al PCE. También surgieron al abrigo de la nueva estructura de relaciones laborales otros sindicatos clandestinos, como la Unión Sindical Obrera (USO), formada en 1960 en Asturias y en el País Vasco a partir de núcleos de la JOC; a ella se unió la pervivencia de la UGT en algunas zonas, y la más débil de ELA-STV en el País Vasco. Durante los años setenta harán su aparición algunos sindicatos más, como la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT), el Sindicato Obreiro Galego (SOG) o el andaluz Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

Era Constitucional: Del movimiento obrero a las organizaciones sindicales

El 28 de abril de 1977 se inicia el periodo democrático de las organizaciones sindicales en España. Con ello, se abre una nueva etapa en la realidad sindical española, Enrique de la Mata Gorostizaga, entonces ministro de Relaciones Sindicales, abrió la puerta al pluralismo sindical con el reconocimiento de UGT, Comisiones Obreras, USO, ELA-STV y SOC.

Durante años posteriores se inicia un periodo de confrontación que dura tres o cuatro años, en torno a lo que se llamó modelos sindicales, que reflejaban, sin duda, cuestiones de fondo, pero que asimismo respondían a intereses tácticos tan evidentes como coyunturales. Comisiones Obreras quería prolongar, y sobre todo capitalizar, hábitos e inercias de la clandestinidad, y UGT, estaba interesada en defender las prácticas y estructuras habituales de un sindicalismo en la legalidad, común al resto de Europa.

UGT defendió una lógica sindical, mientras que Comisiones Obreras era de una lógica movimentista. En realidad, los comunistas descubrieron durante la clandestinidad que para ellos era infinitamente más operativa una plataforma, un movimiento, que un sindicato: por ello liquidaron el que tenían, la OSO, y pasaron a formar parte de Comisiones Obreras. Pero ahora, en la legalidad, se les imponía de manera inevitable la necesidad de hacer de las mismas un sindicato. Ello implicaba tiempo, cambio de mentalidad y, sobre todo, tratar de capitalizar la inercia anterior en el nuevo sistema de medir: las elecciones sindicales de 1978.

De ahí que la polémica se centrase en torno a cuestiones como listas abiertas o cerradas, preponderancia de los líderes o de las siglas sindicales, hincapié sobre los comités o las secciones sindicales, asambleísmo o democracia representativa, etcétera. La preponderancia del modelo sindical (es decir, estructuras representativas de carácter sectorial y territorial, centralidad de la negociación colectiva, primacía de los planteamientos generales sobre el espontaneísmo de base, etc., que definen la realidad sindical en la democracia) creando con ello las bases para un nuevo marco de relaciones laborales, que encuentra su expresión legal en el Estatuto de los Trabajadores (aprobado a comienzos de 1980) y en la Ley Orgánica de Libertad Sindical (LOLS), de 1985.

Breve semblanza de las organizaciones sindicales mayoritarias actuales

En la actualidad, los dos sindicatos con mayor representación son Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT).

Las Comisiones Obreras surgieron a raíz de las huelgas mineras asturianas de 1962 y 1963 (siendo su primer antecedente las comisiones de fábrica del País Vasco de 1956 y la comisión obrera de 1958 en Gijón). Respaldadas por el Partido Comunista de España (PCE) lograron una rápida difusión y se caracterizaron por luchar, desde su interior, contra el sindicalismo vertical de la Central Nacional de Sindicatos (CNS). Declaradas ilegales en diciembre de 1966, perdieron parte de su influencia durante el periodo de clandestinidad, aunque volvieron a ser el principal sindicato tras ser declaradas legales en 1977.

En las elecciones sindicales de 1978 tenían una posición superior a la de UGT, predominio que perdieron en las elecciones sindicales de 1986 recuperándose posteriormente. En 1987 Antonio Gutiérrez sustituyó en la presidencia a su líder histórico, Marcelino Camacho. Antonio Gutiérrez dejó paso al actual presidente José María Fidalgo.

La UGT experimentó un crecimiento espectacular durante la Segunda República, a la que defendió en las grandes ciudades tras el alzamiento de 1936. Fue declarada ilegal durante el franquismo, por lo que perdió gran parte de su influencia y todo su patrimonio. Tras la muerte del general Francisco Franco en 1975, recuperó la legalidad y a partir de 1986 afianzó su liderazgo dentro del movimiento sindical español. Creó una plataforma de acción sindical con CCOO en 1988 para protestar, en la opinión de estos sindicatos, por la política social-liberal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convocando una huelga general en toda España el 14 de diciembre de 1988, con una respuesta de apoyo masivo por parte de la población. En 1992 volvieron a convocar otra huelga general, esta vez de media jornada, que tuvo menos repercusión que la anterior. Durante el XXXVI Congreso de la UGT (1994), Nicolás Redondo, quien había sido su secretario general desde 1976, fue sustituido por Cándido Méndez.

Organizaciones empresariales. CEOE

La CEOE, siglas de Confederación Española de Organizaciones Empresariales, es una asociación española fundada en Madrid en 1977 para la defensa de los intereses empresariales y su representación ante el gobierno, los sindicatos y las agrupaciones internacionales. La presidió Carlos Ferrer Salat hasta 1984 y, desde entonces está a su cabeza José María Cuevas. En 1984 integró a la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME). La afiliación de un empresario individual o de una central patronal a la CEOE es voluntaria.

Referencias

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Notas