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Mar Mediterráneo

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Introducción

Mar del Atlántico oriental, comprendido entre Europa meridional, Asia occidental y África del norte; con 2,5 millones de km² aproximadamente, 3.860 km de longitud este-oeste y 800 km de anchura norte-sur, es el mar interior más grande del mundo. Sus aguas, que bañan las tres penínsulas del sur de Europa (Ibérica, Itálica, Balcánica), comunican con el océano Atlántico a través del estrecho de Gibraltar, con el mar Negro por los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos, y con el mar Rojo por el canal de Suez, lo que atenúa el efecto de las mareas y permite una renovación de sus aguas cada 90 años.

Los romanos le llamaron Mare Nostrum.

Sus aguas, con una salinidad media del 38 %, tienen una profundidad media de 1370 m, siendo la máxima de 5.210 m en la fosa de Matapan (Grecia). 69 ríos vierten sus aguas al mar Mediterráneo, entre los que cabe citar el Po, el Ródano, el Nilo, y el Ebro, aportando un caudal estimado de 283 km3 anuales.

Dentro del mar Mediterráneo se encuentran otros mares, como el mar de Liguria, el Tirreno, el Adriático, el de Alborán, el Balear, el Jónico y el Egeo.

La región Mediterránea ha sido cuna, a lo largo de la historia, de importantes civilizaciones e imperios. A lo largo del siglo XX, el importante desarrollo industrial de los países europeos principalmente, ha originado graves problemas medioambientales, debidos a los vertidos de residuos industriales y urbanos realizados en sus costas, así como por el incremento de la presión de la actividad pesquera en sus aguas, que supone aproximadamente el 2% del total mundial a pesar de representar tan sólo el 0,0007% de la superficie de agua del planeta.

Principales Islas.

Sus 46.000 km de litoral bañan los siguientes países.

Subdivisiones

El Mar Mediterráneo está subdividido en pequeños mares, cada uno con su propia designación (de oeste al este):

  • El mar de Alborán entre España y Marruecos
  • El mar Balear entre la costa este de España y las Islas Baleares
  • El mar de Liguria entre Córcega y Liguria (Italia)
  • El mar Tirreno rodeado por Cerdeña, la Península Itálica y Sicilia
  • El mar Adriático entre la Península Itálica y las costas de Croacia, Bosnia y Montenegro.
  • El mar Jónico entre Italia, Grecia y Albania.
  • El mar Egeo entre Grecia y Turquia.
  • El mar de Libia
  • El mar de Mármara entre el Egeo y el Mar Negro
  • El mar de Cilia entre Turquia y Chipre.
  • El mar Menor al sudeste de España perteneciente a Cartagena.

Datos de interés

  • Superficie: 2,51 millones de km².
  • Dimensiones: 4.000 km de este a oeste; 46.000 km de litoral; 800 km de norte a sur
  • Profundidad: media: 1.370 m, máxima: 5.210 m (referencia para estos datos: Fosa de Matapan, Grecia)
  • Renovación del agua: aproximadamente cada 90 años
  • Aporte pesquero: aproximadamente el 2% del total mundial
  • Salinidad media: alrededor del 3,8 %
  • Ríos que desembocan: 69 ríos, que vierten un caudal de aproximadamente 283 km³ de agua y otras materias, por año
  • Ríos más importantes: Po, Ródano, Nilo, Ebro, Orontes

Historia geológica

El mar Mediterráneo se formó a partir del primitivo Mar de Tetis, de mucha más extensión que el Mediterráneo, y fue cerrándose a medida que la placa Africana se aproximaba a la Euroasiática. Las placas aún continúan acercándose, provocando erupciones en volcanes como el Etna, el Vesubio y el Stromboli, todos ellos situados en Italia, y originando frecuentes terremotos que han devastado partes de Italia, Grecia y Turquía.

Hace unos 60 millones de años, a comienzos del Terciario, el nivel del mar seguía estando por encima del actual e inundaba con sus aguas gran parte de los continentes actuales. El amplio y abierto Mar de Tetis anegaba vastas extensiones de Europa y del norte de África. Europa era un archipiélago de islas, en cuyos mares poco profundos se formaron depósitos de rocas calizas y coralinas. Durante el Terciario, en los últimos 60 millones años, el mar de Tetis se fue estrechando por el este hasta quedar separado del océano Índico. Abarcaba en una misma extensión al Mediterráneo, al mar Negro y al mar Caspio. Luego, movimientos alpinos aislaron al mar Negro y al Caspio, que quedaron convertidos en mares interiores. El Mediterráneo siguió conectado por occidente con el océano Atlántico. El intercambio de aguas se realizaba, no por el estrecho de Gibraltar, sino por zonas que hoy están emergidas: el corredor bético en el norte (Andalucía), y el corredor del Rif por el sur (hoy al norte de Marruecos). Pero entre hace unos 6 y 5 millones de años, el Mediterráneo sufrió desecaciones repetidas ya que su conexión con el Atlántico llegó a ser restringida.

El fenómeno pudo estar ayudado, parcialmente, por bajadas y subidas del nivel eustático del mar , relacionadas con cambios que se registraban en el volumen acumulado de hielo en la Antártida y en Groenlandia. También se ha constatado que cambios climáticos debidos a ciclo orbitales, como el de la precesión de los equinoccios, produjeron en esta época en la cuenca mediterránea agudas y duraderas sequías, que influenciaron en los ritmos de desecación y llenado de las pequeñas cuencas en que quedaba dividido, y en donde se depositaban espesos sedimentos salinos.

Durante cientos de miles de años, el paisaje del fondo del Mediterráneo, casi completamente desecado, debió asemejarse a una región semidesértica, con lagunas diseminadas de aguas salobres, hacia las que fluían los ríos a través de profundos cañones. Durante este período las aguas remanentes eran tan saladas que impedían la vida de la fauna marina. Los espesores son difíciles de explicar si no es porque se fuesen acumulando en sucesivas invasiones y evaporaciones de aguas saladas oceánicas.

Al parecer la diferencia de nivel entre el Atlántico y el Mediterráneo provocó la rotura del dique de roca que se había formado en el estrecho de Gibraltar. Lo que había tardado cientos de años en secarse se llenó en 40 años a través de una enorme cascada. Hoy día, la evaporación completa del actual Mediterráneo, si se cerrase Gibraltar, llevaría unos 1.000 años y en su fondo se formaría un sedimento de sales de 70 metros de espesor. Éste es un mar en el que se evapora más agua de la que entra por los ríos, provocando una salinidad más elevada que en el Atlantico, océano éste del que recibe el agua que pierde evaporada.

Entre el Mioceno y el Plioceno, hace unos 5,4 millones de años, otro cataclismo en el extremo occidental del Mediterráneo volvió a abrir la comunicación con el Atlántico, esta vez, por Gibraltar. Y desde entonces el Mediterráneo se encuentra en equilibrio gracias al agua superficial que entra desde el Atlántico, la cual compensa la suma del déficit por evaporación que sufre la cuenca y el caudal de la corriente profunda que se escapa al océano por las profundidades del estrecho.

Dentro de unos 5 millones de años, seguramente, el estrecho de Gibraltar se cerrará y el Mediterráneo quedará reducido a unos pocos lagos hipersalinos.