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Manuel de Falla

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Manuel de Falla
"Por convicción y por temperamento soy opuesto al arte que podríamos llamar egoísta. Hay que trabajar para los demás; simplemente, sin vanas y orgullosas intenciones."
Manuel de Falla

Manuel María de los Dolores de Falla y Matheu


Cádiz, 23 de noviembre de 1876

Alta Gracia, Córdoba (Argentina), 14 de noviembre de 1946

Compositor español


Manuel de Falla fue un compositor que, a partir de la música de salón que imperaba en España en los años en que transcurrió su infancia, llegó a un nacionalismo moderno y, desde él, a un estilo neoclásico fuertemente inspirado en la tradición musical española de los Siglos de Oro. A la vez adoptó los hallazgos que el impresionismo y el "retorno a Bach", movimiento promovido por Igor Stravinsky, habían incorporado a la música europea de la época. A través del llamado Grupo musical del 27 influyó poderosamente en la evolución posterior de la música española.


Índice

Biografía

La infancia y adolescencia en Cádiz (1876-1899)

Falla vive sus primeros años en una Cádiz en la que florecía una burguesía comercial que cultivaba diversas manifestaciones artísticas y musicales. A esta clase pertenecía su familia. En el seno de ella comienza su formación musical con las primeras lecciones de piano, impartidas por su madre, María Jesús Matheu Zabala, buena aficionada, en cuya interpretación oyó por primera vez música del repertorio clásico-romántico.

A partir de los nueve años de edad continúa los estudios de piano en su propia ciudad con Eloísa Galluzzo y más tarde con Alejandro Odero. Tras la muerte de este último, recibe clases de Enrique Broca, quien lo inició en armonía y contrapunto. Su educación se completa con los estudios de bachillerato, que cursó como alumno libre, asistido en su propia casa por profesores particulares.

En este periodo disfruta del ambiente musical que existía en su ciudad. Participaba en las veladas musicales que se celebraban en los salones de la casa de un rico comerciante local, Salvador Viniegra, aficionado a la música y violonchelista, quien animó al joven Falla a dedicarse a la música. Asistía a cuantos conciertos se ofrecían en la ciudad y tocaba el piano a cuatro manos con su madre, con Odero, su maestro, y con otras personas, lo que le permitió conocer a través de reducciones las obras sinfónicas fundamentales del siglo XIX. Existía en Cádiz una sala de conciertos privada, el Salón Quirell, propiedad de Miguel Quirell, comerciante de partituras e instrumentos musicales. Allí interpretó el joven Falla sus primeros recitales de piano. Quirell además le proporcionaba partituras para que las analizase.

Todos a su alrededor confiaban en sus cualidades y lo incitaban a dedicarse a la música, aunque el adolescente Falla parecía en un principio inclinarse más a la literatura. Finalmente, a partir de 1897, comienza a viajar a Madrid para recibir clases del prestigioso pianista José Tragó. Dos años le bastaron para aprobar en el Conservatorio de Madrid los siete cursos de piano y obtener el premio extraordinario del instrumento (1899). En este mismo año estrena en Cádiz sus primeras obras.

En la época de adolescencia y primera juventud del compositor contribuyó en gran medida a la formación de su carácter un curioso personaje, el padre Fedriani, sacerdote gaditano que con su férrea dirección espiritual contribuyó a definir la religiosidad profunda y rigorista que cultivaría Falla durante toda su vida.

Periodo juvenil en Madrid (1900-1907)

Durante sus estancias en Madrid en los últimos años del siglo XIX Falla se alojaba en casa de su tía Emilia Matheu. Allí trató a su prima María Prieto Ledesma, de la que llegó a enamorarse. Gestionó sus sentimientos amorosos teledirigido epistolarmente por el padre Fedriani, su director espiritual. La última carta de Fedriani en que se menciona este asunto es de noviembre de 1905. Es evidente que no fue aceptado por la prima y que Falla no volvió a pensar en el matrimonio durante el resto de su vida.

La crisis del 98 supuso un revés muy importante para el comercio gaditano. La familia Falla quedó afectada gravemente en su economía. Por ello trasladó definitivamente su residencia a Madrid en 1900.

Durante este periodo madrileño ocurren tres hechos que marcaron definitivamente su biografía musical, que se aleja del territorio pianístico, en el que ya había hecho sus primeras armas, y penetra de lleno en la composición.

  • En primer lugar, encuentra por casualidad y estudia una obra publicada en 1854 por Louis Lucas, L'acoustique nouvelle, nada original, pero que pone ante sus ojos soluciones tímbricas y armónicas que sus maestros no le habían dado a conocer. Ante ellas se deslumbra el músico, que las usará para definir sus futuras tendencias de estilo.
  • El segundo hecho fundamental fue su trato con Felipe Pedrell, al que conoció en 1901. Pedrell, catalán, músico y teórico de la música, residía en esos momentos en Madrid y Falla decidió ser su discípulo. El maestro propugnaba la creación de un estilo nacional español que se basara en la música popular y en la tradición histórica. Falla fue aceptado como alumno y obtuvo unas enseñanzas que habrían de marcar definitivamente su producción. Luego, en escritos dedicados al maestro, lo consideraría como quien abrió nuevos caminos a los músicos españoles para llegar a un arte profundamente nacional, caminos que parecían definitivamente cerrados a fines del siglo XIX.
  • El tercer acontecimiento decisivo para su carrera fue la participación en el concurso que convocó en julio de 1904 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para premiar la composición de una ópera española. Falla había leído con interés un poema breve de Carlos Fernández Shaw. Se puso en contacto con el escritor y le rogó que lo convirtiera en libreto. De ahí surgió La vida breve, una ópera en un acto situada en Granada que, aunque tenía poca consistencia dramática, superaba la ramplonería y cortedad de miras de la escena musical española del momento, dominada por zarzuelas y obras de géneros afines que basaban su popularidad en la renuncia a pretensiones artísticas elevadas. En La vida breve el compositor deja ya ver un excelente aprovechamiento de las enseñanzas de Pedrell y magníficas dotes melódicas y de orquestador. En adelante, esta ópera breve servirá a Falla de carta de presentación ante los más avanzados círculos musicales franceses. La vida breve ganó el concurso de la Academia. El mismo autor la consideró su verdadera primera obra. Los promotores del concurso contemplaban la posibilidad de patrocinar el estreno de la obra premiada en un teatro de Madrid, pero les fue imposible convencer a los empresarios, que no estaban dispuestos a asumir el más pequeño riesgo.

Durante este periodo madrileño Falla compone y publica obras para piano y canciones, hace trabajos de acompañamiento y da clases particulares. También, de la mano de Amadeo Vives, trata de internarse en el territorio de la zarzuela, con la intención de garantizar su supervivencia y ayudar a su familia arruinada. En una carta de 1902 el omnipresente padre Fedriani le recomienda de forma imperativa el cultivo del género como medio para ganar dinero al margen de preocupaciones estéticas de mayor calado. Lo incita a tener talento práctico y a hacer solo un caso relativo a Pedrell. En opinión del cura gaditano, para componer zarzuelas que dieran dinero no hacía falta tan profunda formación como la que el músico pretendía alcanzar. Por más que Falla lo intentó, no obtuvo la solución económica deseada.

Da algunos conciertos, oye otros, profundiza su conocimiento de la música del siglo XIX, penetra en los músicos barrocos: Bach, los teclistas franceses y, sobre todo, Domenico Scarlatti, que habría de tener tanta influencia en algunas de sus obras. Conoce a otros buenos músicos del momento, como Conrado del Campo y Turina. Gana en 1903 el premio de interpretación convocado por la fábrica de pianos Ortiz y Cusó, en concurrencia con pianistas ilustres como el propio Frank Marshall, el discípulo predilecto de Enrique Granados.

El fracaso de los intentos de estrenar en Madrid La vida breve y la contrariedad amorosa sufrida con su prima María Prieto Ledesma refuerzan su deseo de trasladarse a París, la meta de sus ilusiones profesionales. A esa ciudad marcha en 1907.

Periodo de París (1907-1914)

Cuando Falla llega a París, ya se encontraba allí Joaquín Turina, que completaba su formación en la Schola Cantorum. Nuestro compositor había pensado en un principio matricularse también en ella, pero Paul Dukas, al conocer La vida breve, se lo desaconsejó, pues consideraba que podía perfeccionarse por sus propios medios. Seguramente el consejo de Dukas fue bueno, ya que permitió a Falla entrar en contacto con la modernidad francesa. La Schola Cantorum representaba, en cambio, la tradición germánica postwagneriana. Fue el propio Dukas quien lo puso en contacto con Isaac Albéniz, otro español, discípulo también de Felipe Pedrell, quien le abrió puertas y le buscó ayuda económica, que Falla necesitaba imperiosamente.

Falla había llegado a París con la promesa de una serie de conciertos que le había hecho cierto empresario francés que había conocido con motivo de unos conciertos en Bilbao. Al fin todo quedó en nada y lo que se ofreció realmente al músico fue una gira como pianista y director de un pequeño grupo instrumental en una compañía que representaba una pantomima de un compositor de segunda fila. Así viajó por varios países europeos, pero no logró sanear su economía para dedicarse exclusivamente a la composición y ayudar a su familia. Tuvo en los años siguientes que dar lecciones particulares y aceptar trabajos de poca monta para mantenerse en una situación siempre precaria. Fue Isaac Albéniz quien le proporcionó un respiro al conseguirle por medio de sus amigos una subvención de 1.000 francos del rey de España. Solo disfrutó de una modesta estabilidad cuando logró que se fueran editando sus obras en Francia.

Dukas y Albéniz pusieron en contacto al joven con los músicos más importantes del momento. Así conoció a Debussy y Ravel, que ya desde antes habían sentido interés por lo español que, junto con lo ruso, estaba de moda en el París de la época. El pianista catalán Ricardo Viñes, magnífico interprete de la obras de la vanguardia, contribuyó también a facilitarle las relaciones con las más importantes personalidades, por las que fue recibido con aprecio y admiración. Falla se integró perfectamente en la punta de lanza de la estética musical. Algunos personajes de los que fue conociendo eran españoles: el violonchelista Pau Casals, Enrique Granados, el director de orquesta Enrique Fernández Arbós y el matrimonio formado por María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra, escritores y libretistas con los que habría de mantener más adelante una fructífera colaboración.

En 1909 están en París los Balléts Rusos de Sergei Diaghilev, quien trataba de llevar a la práctica una síntesis integral de las artes. Con él colaboraron los mejores compositores, pintores y coreógrafos de la época. El conocimiento de esta compañía fue importante para Falla, a quien se le abren nuevas perspectivas, sobre todo, con los estrenos de los grandes balléts de Igor Stravinski: El pájaro de fuego (1910), Petruchka (1911) y La consagración de la primavera (1913), que serían para él objeto de estudio profundo. Se verá cómo más tarde se produce también la colaboración de Falla con el empresario ruso. Comienza una profunda amistad con Stravinski.

Logra el compositor estrenar algunas de sus obras en Paris. En 1909 Ricardo Viñes estrena las Cuatro piezas españolas para piano, dedicadas a Albéniz. Aunque estas piezas fueron acabadas en París, el compositor las tenía ya al menos esbozadas desde sus últimos años de Madrid. En 1910 es la soprano Ada Adiny-Milliet la que, acompañada al piano por el propio Falla, estrena las Trois mélodies sobre textos de Théofile Gautier. Pero la consagración definitiva de Falla fue el estreno en Francia de La vida breve. El compositor se había planteado casi desde su llegada a París el proyecto de lograr el estreno de su ópera, que, como quedó dicho, le había sido negado en su país. Para ello considera condición indispensable la traducción al francés del texto de Carlos Fernández Shaw. Se encargó de traducir el libreto Paul Milliet. La obra quedó reestructurada en dos actos y fue parcialmente revisada la orquestación. Con todo, el estreno no llegó hasta 1913. Fernández Shaw había fallecido ya. Tuvo lugar en el casino de Niza. El estreno parisino se efectuó meses más tarde en la Opéra-Comique. A partir de ese momento empezaron las ofertas para representarla en distintos lugares del mundo: Montreal, Boston, San Petersburgo y Kiev.

Durante todo este periodo de París Falla inicia o idea distintos proyectos para la composición de óperas, pero no culmina ninguno. Comienza la composición de cuatro Nocturnos para piano y orquesta, que no acabará, pero serán el germen de una obra que compondrá a su regreso a España: las Noches en los jardines de España. Acaba las Siete canciones populares españolas. Empieza, en suma, la producción de las obras mayores del artista. Mejora su situación económica, hasta el punto de que le es posible pensar en llevar a su familia con él a Paris. La primera guerra mundial da al traste con su equilibrio: se impone el regreso a España.

De nuevo Madrid (1914-1920)

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