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Literatura española/Ilustración

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LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

Introducción

Durante el siglo XVIII nace un nuevo espíritu que barre los viejos valores del Barroco y que recibe el nombre de «Ilustración». Dicho movimiento se cimenta en el espíritu crítico, en el predominio de la razón y en la experiencia, por lo que la filosofía y la ciencia serán los saberes más valorados. Este período se conoce también como Siglo de las Luces. En definitiva, se persigue la felicidad humana mediante la cultura y el progreso. Los nuevos vientos hicieron que el arte y la literatura se orientaran hacia un nuevo clasicismo, de ahí el termino Neoclásico. Se huyó de la expresión de los sentimientos, se siguieron normas y reglas académicas y se valoró el equilibrio y la armonía. Contra tanta rigidez se reaccionó a finales de siglo, produciéndose una vuelta al mundo de los sentimientos. Este movimiento se conoce como Prerromanticismo.

Prosa

La narrativa es casi inexistente en España durante este período. Prácticamente, se reduce a la Vida de Torres Villarroel, o al relato Fray Gerundio de Campazas del padre Isla. Por el contrario, el ensayo es el género dominante. Esta prosa educativa y doctrinal muestra un deseo de acercarse a los problemas del momento, tiende a la reforma de costumbres y suele hacer uso de la forma epistolar. Una de las figuras de este período fue fray Benito Feijoo, quien con el Teatro Crítico Universal y las Cartas eruditas se adentró en numerosos temas culturales y sociales en los que hizo compatible el racionalismo con la fe cristiana. Por su parte, Juan Pablo Forner manejó la sátira y defendió la cultura española en libros como Exequias de la lengua castellana y Oración apologética por la España y su mérito literario.

José Cadalso y Jovellanos son los mejores exponentes de la prosa ilustrada. Su gran preocupación temática fue España, lo que se reflejó en escritos que muestran un claro afán reformista.

Otra modalidad de gran influencia en esta época fue el periódico. Literarios, científicos o de curiosidades, publicaciones como el Diario de los Literatos de España, El Censor o El Correo de Madrid contribuyeron a difundir en España las teorías y las ideas del momento, asentando los principios de la Ilustración.

Teatro

Adopta las nuevas modas que llegaban de Francia. En el teatro neoclásico también se impuso la razón ya armonía como norma. Se acató la llama “regla de las tres unidades”, que exigía una única acción, un solo escenario y un tiempo cronológico coherente en el desarrollo de la acción dramática. Se estableció la separación de lo cómico y lo trágico. Se impuso la contención imaginativa, eliminando todo aquello que se consideraba exagerado o de “mal gusto”. Se adoptó una finalidad educativa y moralizante, que sirviera para difundir los valores universales de la cultura y el progreso.

Aunque menos racionalista que otros géneros, la tragedia cultivó temas históricos, como es el caso de la más conocida, Raquel, de Vicente García de la Huerta. Pero sin lugar a dudas el teatro más representativo del momento fue el de Leandro Fernández de Moratín, creador de lo que se ha dado en llamar “comedia moratiniana”. Frente al género trágico, el más común entonces, y que practicaba su padre, Nicolás, y frente al sainete costumbrista y amable de Ramón de la Cruz, Moratín hijo ridiculizó los vicios y costumbres de su época, en un claro intento de convertir el teatro en un vehículo para moralizar las costumbres.

Poesía

En 1737 Ignacio Luzán recogía las ideas estéticas del Neoclasicismo en su Poética. Este estilo triunfó en España, imponiendo unos criterios de utilidad y servicio a la humanidad, junto a los deseos de placer estético. Dominaron los ideales artísticos importados de Francia, el «buen gusto» y el comedimiento, y se reprimían sentimientos y pasiones. La sujeción a las normas fue general, huyéndose de la espontaneidad y de la imaginación, que fueron sustituidas por el afán didáctico.

La poesía neoclásica trató temas históricos, costumbristas, satíricos. En la variante denominada Rococó, más lujosa y recargada, dominaron los temas pastoriles que exaltaban el placer y el amor galante. Formas habituales fueron odas, epístolas, elegías y romances.

Nombres importantes de la poesía española son los de Juan Meléndez Valdés, el máximo representante español del Rococó, Nicolás Femández de Moratín y los fabulistas Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego.

En el último período del siglo, un grupo de precursores, los denominados “prerrománticos”, anticiparon algunas características del Romanticismo. Entre éstos destacan los nombres de José Cadalso, Nicasio Álvarez Cienfuegos y Manuel José Quintana.