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Lengua romance

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Página en proceso de traducción del francés.


Las lenguas romances o lenguas románicas son lenguas que proceden del latín vulgar (en el sentido etimológico de popular, hablado por el pueblo, que se opone al latín clásico y literario); por tanto se trata de lenguas indoeuropeas.

Estas lenguas se hablaban o se siguen hablando en un territorio que recibe el nombre de Romania, y que cubre en su mayor parte el sur europeo del antiguo imperio romano; romano/a y Romania proceden efectivamente del adjetivo latino romanus: se consideraba que sus hablantes empleaban una lengua tomada de la de los romanos, por oposición a otras lenguas presentes en los territorios del antiguo Imperio, como el fráncico en Francia, lengua de los francos perteneciente a la familia de las lenguas germánicas. El primer escrito en que se encuentra el término romano, de una forma u otra, se remonta al sínodo de Tours, en el año 813. Es a partir de ese sínodo en que se considera que la primera lengua vulgar se separa del latín, y se designa en efecto como una lengua aparte. Se trata de una forma de proto-francés, que recibe el nombre de romana lingua o roman. Con ello, el francés es la primera lengua romance que se separa del latín.

Se fecha grosso modo la evolución del latín vulgar hacia las lenguas romances como sigue:

  1. entre -200 y 400 aproximadamente: diferentes formas de latín vulgar.
  2. entre 500 y 600: estas formas comienzan a distinguirse.
  3. a partir de 800: se reconoce la existencia de lenguas romances.


Lista de lenguas romances

Las lenguas romances se clasifican en nueve grupos, y cada uno puede a su vez comprender varios dialectos. Cabe notar que la elección de uno de estos dialectos como lengua oficial suele obedecer a razones políticas. Sea como sea, las lenguas romances forman un continuum de numerosas lenguas cuyas diferencias mutuas son en ocasiones mínimas, pero la lista siguiente se limitará a mostrar las lenguas más conocidas (entre paréntesis, el nombre en la propia lengua y año de su primera atestiguación conocida):

  • Lenguas ibero-romanas:
    • Castellano (s. X : Glosas emilianenses y Glosas silenses): una de las lenguas oficiales de España, conocida también como español a pesar de que España tiene varias lenguas oficiales. Tiene poca variedad dialectal y se muestra como una lengua muy conservadora.
    • Portugués (português, s. XII): lengua oficial de Portugal, posee menos dialectos diferenciados y es más conservador que el castellano.
      • Gallego (galego, s. XII: dialecto portugués hablado en España posiblemente desde el origen del portugués; el portugués y el gallego son una misma lengua durante la Edad Media.
  • Italiano (italiano ; s. IX) : con una gran cantidad de dialectos (más de doscientos). El toscano florentino, promovido por Dante en el siglo XIII constituye la base de la lengua oficial italiana.
  • Lengua dalmática, lengua muerta que se hablaba en algunas ciudades costeras de la antigua Yugoslavia. Tiene dos dialectos conocidos:
    • Vegliota (veklisu), en el norte, se extinguió en 1898.
    • Ragusano, en el sur, desaparecido en el siglo XV.
  • Lenguas galo-romanas:
    • [idioma francés|[Francés]] (français, s. IX, Juramento de Estrasburgo): lengua con gran variedad dialectal perteneciente al grupo de las lenguas de oïl y lengua oficial de Francia y cooficial en Bélgica, Suiza y otros países. Es una evolución de varios dialectos hablados alrededor de París.
    • Valón (walon, hacia los ss. XII y XIII): hablado principalmente en Bélgica, donde es considerada lengua regional.
    • Picardo (cht'i, hacia los ss. XII y XIII): hablado en Norte-Paso de Calais y en Picardía (Francia), así como en el oeste de Valonia (Bélgica). En Valonia se considera lengua regional.
  • Lenguas occitano-romanas:
    • Catalán (català, finales del s. XII), lengua cooficial en Cataluña (España) junto con el castellano, se habla en dicha Comunidad Autónoma, en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares, así como en Andorra (donde es la única lengua oficial), Rosellón (Francia) y Alguer (Cerdeña). Tiene varios dialectos.
    • Occitano (occità o lengua de oc, finales del s. X), término que abarca un conjunto de dialectos llamados lenguas de oc —principalmente el nord-occitano (limousin, auvergnat), el medio-occitano (languedocien, provenzal) y el gascón— y conocidos en Francia con el nombre despectivo de patois, el catalán y el occitano constituían una única lengua en la Edad Media, que sólo se separó en dos lenguas claramente diferenciadas entre finales del siglo XIII y principios del XIV.
  • Lenguas reto-romanas:
    • Dialectos romanches (rumantsch): sursilvano, sutsilvano, surmirano, puter y vallader forman los cinco dialectos escritos, se hablan en Suiza (en los Grisones).
      • Interromanche (rumantsch grischun): especie de lingua franca romanche empleada en Suiza para unificar la veintena de dialectos romanches, y que se apoya sobre todo en el sursilvano, el vallader y el surmirano. El interromanche es una lengua oficial en el cantón suizo de los Grisones.
    • Dialectos ladinos (ladin): empleados en los Dolomitas (Italia), se consideran una lengua regional.
    • Friulano (furlan): hablado en la provincia italiana de Udine, tiene el status de lengua regional.
  • Sardo (sardu o limba sarda, s. XI), hablado en Cerdeña (Italia). Es una de las lenguas romances más conservadoras, lo que se puede explicar dado su aislamiento geográfico. Ha conocido numerosos substratos, entre los cuales el catalán y el castellano son los más relevantes. Se distinguen varios dialectos:
    • Campidaniano
    • Logudoriano, que constituye la lengua considerada clásica.
    • Nuorés [nuorais].
Los dos últimos dialectos mencionados son más arcaizantes que el primero.


          • Ítalo-Dálmata
            • Galo-Ibérico
              • Galo-Romance
                • Galo-Italiano
                • Galo-Rético
                  • Oïl
                    • Grupo francés
                    • Grupo sureste
                  • Rético
              • Ibero-Romance
                • Ibero-oriental
                • Oc
                • Ibero-ocidental
            • Pirenaico-Mozárabe
              • Pirenaico
              • Mozárabe
          • Corso
          • Sardo

Del latín clásico al latín vulgar

Algunos tipos de modificaciones fonéticas propios del latín vulgar

A propósito del latín vulgar, cabe reseñar que los romanos vivían en situación de diglosia: la lengua de cada día no era el latín clásico, el latín de los textos literarios o sermo urbanus (« lengua de la ciudad », es decir, « refinada ») estancado por la gramática como ya lo estuvo el sánscrito, sino una forma distinta aunque cercana, en un proceso de desarrollo más libre, el sermo plebeius (« lengua vulgar »). Parece ser que el latín clásico no se limitaba a un empleo libresco, sino que lo hablaban las clases sociales elevadas, mientras que el sermo plebeius era la lengua de los soldados, comerciantes y del pueblo llano. Sin posibilidad de acceder al status de lengua literaria, el latín vulgar nos es conocido sobre todo por la fonética histórica, citas y críticas pronunciadas por los hablantes de un latín literario, así como por numerosas inscripciones, registros, cuentas y otros textos corrientes. Por otra parte, el Satyricon de Petronio, una especie de « novela » escrita probablemente en el primer siglo de nuestra era y que fue pasando por los entornos marginales de la sociedad romana, es un testimonio importante de esta diglosia: según su categoría social, los personajes se expresan en una lengua más o menos próxima al arquetipo clásico.

Entre los textos que han censurado las formas juzgadas decadentes y erróneas, hay que destacar el Appendix Probi, una especie de compilación de « errores » frecuentes recopilados por un tal Probus que data del siglo III de nuestra era. Son estas formas, y no sus equivalentes en latín clásico, las que se encuentran en el origen de las palabras utilizadas en las lenguas romances. He aquí algunos ejemplos de « faltas » citadas por Probus (según el modelo A non B, « [diga] A, no B »), clasificadas aquí según el tipo de evolución fonética y acompañadas de comentarios que permiten señalar las principales diferencias entre el latín clásico y el latín vulgar. No es posible ser exhaustivo en la materia e incluir referencias a todas las diferencias entre el latín clásico y el vulgar, pero el Appendix Probi puede constituir una introducción pertinente sobre el asunto:


A partir de aquí, el texto en francés. Iré traduciéndolo poco a poco...


1. calida non calda, masculus non masclus, tabula non tabla, oculus non oclus, etc.
Estos ejemplos muestran el amuïssement de las vocales postónicas (y también pretónicas) breves; les mots latins sont en effet accentués cálida, másculus, tábula et óculus, la voyelle suivante étant brève. Cet amuïssement prouve aussi que l'accent de hauteur du latin classique est devenu un accent d'intensité en latin vulgaire (en effet, un accent de hauteur n'a pas d'influence sur les voyelles atones environnantes). L'on reconnaît dans cette liste les ancêtres de chaude (ancien français chalt), mâle (ancien français masle), table et œil ; ce processus a donné naissance à des transformations importantes des consonnes entrées en contact après la chute de la voyelle les séparant : ainsi, un /l/ devant consonne est passé à /l/ vélaire (soit /ɫ/) puis à /u/ en français (vocalisation), d'où chaud ; de même, /kl/ a pu donner un /l/ palatalisé (voir au point 2) ;
2. vinea non vinia, solea non solia, lancea non lancia, etc.
L'on voit là le passage en latin vulgaire de /e/ bref devant voyelle à /j/ (son initial de yacht ; le phénomène est nommé consonification) qui, après consonne, la palatalise ; ces consonnes palatalisées (qui peuvent provenir d'autres sources), sont importantes dans l'évolution des langues romanes. Cette transformation explique pourquoi l'on obtient, par exemple, vigne (avec /nj/ devenant /ɲ/, noté dans les langues romanes par le digramme gn en français, ñ en castillan, ny en catalan, nh en portugais et occitan, etc.), seuil (avec anciennement un /l/ palatal, soit /ʎ/, noté par ill / il en français, devenu ensuite un simple /j/, conservé en castillan, où il est noté ll, double l [sauf quand il provient de /lj/, où il passe à /x/, phonème dit jota], comme en catalan, en portugais et occitan, écrit lh, etc.), et lance (avec le son /s/ issu de /ts/, forme palatalisée de /k/, que notait bien la lettre c latine ; de même en castillan lanza /lanθa/, anciennement lança /lantsa/, ou en roumain lance /lanʧe/, etc.) ;
3. auris non oricla.
Probus note dans cet exemple plusieurs phénomènes : premièrement la réduction des anciennes diphtongues (ici /au/ devenant /ɔ/, soit /o/ ouvert ; l'on a aussi en latin vulgaire /ae/ donnant /ɛ/, /e/ ouvert, ainsi que /oe/ passant à /e/, /e/ fermé), puis l'utilisation d'une forme de diminutif au lieu de la forme simple (auris : « oreille », auricula : « petite oreille »). L'utilisation des diminutifs en latin vulgaire est fréquente : ainsi soleil vient de solic(u)lu(m) et non de sol, ou encore genou de genuc(u)lu(m) et non de genu. Enfin, on note l'amuïssement du /u/ bref devant voyelle accentuée : on attendrait oricula. Comme on l'a dit en 1, la rencontre de c et l, /kl/, causée par la chute de la voyelle les séparant, donne naissance à une nouvelle consonne, ici un /l/ palatal, devenu /j/ en français mais /x/ en castillan, dans oreja /ɔrexa/) ;
4. auctor non autor.
On remarque aussi des réductions de groupes de consonnes ; ainsi, /kt/ passe à /t/, donnant en français auteur, ou autor en castillan et catalan ; de même, /pt/ passe à /t/ (dans dom(i)tare devenu domtar puis domptar et enfin dontar [l'insertion d'un /p/ entre /m/ et une occlusive est normale ; on parle d'une épenthèse, donnant en français dompter que l'on prononçait /dõte/ avant que l'orthographe n'influence la prononciation, devenant parfois /dõpte/. On peut aussi penser à comp(u)tare devenu comptare, en français compter et conter, en castillan contar), etc.
5. rivus non rius, sibilus non sifilus.
Le son /w/ du latin, noté par la lettre u (ou v dans les éditions modernes) a évolué de manières diverses, soit en s'amuïssant entre voyelles (ri(v)us donnant rio en castillan, pa(v)or donnant peur, italien paura), en devenant une spirante bilabiale sonore (/β̞/, en castillan et catalan) puis se renforçant en /v/ (dans la majorité des langues romanes) ; /p/ et /b/ entre voyelles connaissent le même sort, ce qui explique que sibilus donne sifilus, sachant que /f/ n'est que la variante sourde de /v/ ; ainsi explique-t-on siffler (de sibilare, devenant sifilare puis siflare) ou savoir (de sapere, puis sabere, savere ; le castillan saber montre, par son orthographe, qu'il en est resté au stade /β̞/), etc.
6. pridem non pride.
Dernier exemple (la liste n'est bien sûr pas exhaustive, loin de là) montrant que le /m/ en fin de mots n'est plus prononcé (ce qui est déjà le cas en latin classique : la scansion du vers latin le prouve facilement). Cet amuïssement est, entre autres, à l'origine de la disparition du mécanisme des flexions : les langues romanes, en effet, n'utilisent plus la déclinaison.

Cette liste n'est bien sûr pas exhaustive ; il faudrait aussi aborder la question de la diphtongaison « pan-romane » (que toutes les langues romanes ont connue) et signaler que nombre de voyelles ont subi par la suite des diphtongaisons secondaires.

Transformations en profondeur du système morpho-syntaxique

Sistema nominal

La chute du /m/ final, consonne que l'on rencontre souvent dans la flexion, crée donc une ambiguïté : Romam se prononçant comme Roma, l'on ne peut savoir si le mot est au nominatif, à l'accusatif ou à l'ablatif. Ainsi, les langues romanes ont dû utiliser des prépositions pour lever l'ambiguïté. Plutôt que dire Roma sum pour « je suis à Rome » ou Roma(m) eo pour je vais à Rome, il a fallu exprimer ces deux phrases par sum in Roma et eo ad Roma. À cet égard, il convient de rappeler que si en latin classique déjà, dès l'époque impériale, le /m/ en fin de mots s'amuïssait, Roma sum et Roma(m) eo ne pouvaient être confondus : à l'ablatif (Roma sum), le /a/ final est long ; il est cependant bref à l'accusatif : ainsi l'on prononçait /rōmā/ pour le premier, /rōmă/ pour le second. Le latin vulgaire, toutefois, n'utilise plus le système de quantité vocalique : les deux formes sont d'autant plus ambiguës.

Dans un même mouvement, les adverbes et les prépositions simples sont parfois renforcées : ante, « avant », ne suffit plus ; il faut remonter à ab + ante en vulgaire pour expliquer le français avant, le castilan antes et l'occitant avans, ou bien in ante pour le roumain înainte, etc. ; de même avec provient de apud + hoc, dans de de intus, etc. Le cas limite semble être atteint avec le français aujourd'hui, notion qui se disait simplement hodie en latin classique. Le terme français s'analyse en à + le + jour + de + hui, où hui vient de hodie (que l'on retrouve en castillan, hoy, en romanche, hoz ou en wallon, oûy). Le composé agglutiné résultant est donc redondant, puisqu'il signifie mot à mot : « au jour d'aujourd'hui ». Certaines langues conservatrices ont cependant gardé des adverbes et prépositions simples : le castillan con, « avec », et le roumain cu viennent bien de cum, de même que en castillan ou în roumain sont hérités de in. L'on voit aussi ce phénomène avec les mots simples hérités de hodie.

De langue flexionnelle à la syntaxe souple (l'ordre des mots ne comptant pas énormément pour le sens mais principalement pour le style et l'emphase), le latin vulgaire est devenu un ensemble de langues utilisant nombre de prépositions, dans lesquelles l'ordre des mots est fixe : s'il est possible de dire en latin Petrus Paulum amat ou amat Petrus Paulum ou Paulum Petrus amat ou encore amat Paulum Petrus pour signifier que « Pierre aime Paul », ce n'est plus possible dans les langues romanes, qui ont plus ou moins rapidement abandonné les déclinaisons ; ainsi, en castilan Pedro ama a Pablo et Pablo ama a Pedro ont un sens opposé, seul l'ordre des mots indiquant qui est sujet et qui est objet. Lorsque les langues romanes ont gardé un système de déclinaisons, celui-ci est simplifié et se limite à quelques cas (à l'exception du roumain) : c'est ce qui arrive en ancien français, qui n'en possède que deux, le cas sujet (hérité du nominatif) et le cas régime (venant de l'accusatif), pour tout ce qui n'est pas sujet. En français, toujours, le cas sujet a disparu ; les noms actuels hérités de l'ancien français sont donc tous d'anciens cas régime et, partant, d'anciens accusatifs ; on peut le constater avec un exemple simple :

Latin classique Ancien français Français
singulier pluriel singulier pluriel singulier pluriel
nominatif murus muri cas sujet murs mur
accusatif murum muros cas régime mur murs mur murs

Le roumain, toutefois, conserve un système flexionnel fonctionnant avec trois cas syncrétiques : cas direct (nominatif + accusatif), cas oblique (génitif + datif) et vocatif. Ces cas se distinguent principalement si le nom est marqué par l'article défini. Dans le cas contraire, ils ont tendance à être confondus.

D'autres points méritent d'être signalés : tout d'abord, encore à l'exlusion du roumain, les trois genres, masculin, féminin et neutre, sont réduits à deux par l'élimination du neutre ; ainsi, le mot latin folia, nominatif / accusatif neutre pluriel de folium, « feuille », est réinterprété comme un féminin : c'est le cas, par exemple, en français, où il devient feuille, mais aussi en castillan, sous la forme hoja, en italien foglia, romanche föglia, wallon fouye, portugais folha, catalan fulla, etc., tous mots féminins. De plus, les langues romanes ont développé un système d'articles définis, inconnus du latin classique. Ainsi, en français, le et la proviennent respectivement des pronoms / adjectifs démonstratifs ille et illa ; de même en castillan pour el et la (plus un neutre lo < illud), en italien pour il et la (ainsi que lo, neutre, < illud), etc. Le roumain se distingue en étant la seule langue romane dans laquelle l'article est enclitique : om, « un homme », om-ul, « l'homme ». Les articles indéfinis, pour leur part, proviennent simplement du numéral unus, una (et unum au neutre), qui, en latin, auraient pu servir à cet usage.

Enfin, le système de l'adjectif est revu : alors que les degrés d'intensité étaient marqués par des suffixes, les langues romanes ne se servent plus que d'un adverbe devant l'adjectif simple, soit magis (devenant más en castillan, mai en occitan et en roumain, mais en portugais, més en catalan, etc.) soit plus (più en italien, plus en français, pus en wallon, plu en romanche, etc.) : ainsi, pour dire plus grand (comparatif de supériorité) en latin classique, grandior suffisait ; il faut en castillan más grande, en italien più grande, etc. De même, le superlatif le plus grand se disait grandissimus en classique, mais el más grande et il più grande dans ces mêmes deux langues.

Système verbal

En outre, les conjugaisons sont profondément modifiées, notamment par la création de temps composés : ainsi notre j'ai chanté, castillan he cantado ou encore catalan he cantat, viennent d'un habeo cantatu(m) vulgaire, qui n'existe pas en classique. L'utilisation de verbes auxiliaires, être et avoir, est notable : le latin utilisait déjà, d'une manière différente, être dans sa conjugaison, mais pas d'une manière aussi systématique que dans les langues romanes, qui ont généralisé leur emploi afin de créer un jeu complet de formes composées répondant aux formes simples. Généralement, les formes composées marquent l'aspect accompli

Un mode nouveau apparaît, le conditionnel (attesté pour la première fois dans une langue romane dans la Séquence de sainte Eulalie), construit à partir de l'infinitif (parfois modifié) suivi des désinences d'imparfait : vivr(e) + -ais donne vivrais en français, et, mutatis mutandis , viviría en castillan, viuria en catalan. Certaines modifications du radical sont à noter : devoir + ais > devrais et non *devoirais, ou bien haber + ía > habría et non *habería. De la même manière, le futur classique est abandonné au profit d'une formation comparable à celle du conditionnel, c'est-à-dire l'infinitif suivi du verbe avoir (ou précédé en sarde) : ainsi cantare habeo (« j'ai à chanter ») donne chanterai, castillan cantaré, catalan cantaré, etc.

Le passif est évacué au profit du système composé qui préexistait en latin (cantatur, « il est chanté », classique devient le vulgaire est cantatus, qui, en classique signifiait « il a été chanté »). Enfin, certaines conjugaisons irrégulières (comme celle de volle, « vouloir ») sont rectifiées (mais restent souvent irrégulières dans les langues romanes) et les verbes déponents cessent d'être utilisés.

Le lexique du latin vulgaire

Le latin vulgaire et le latin classique ne diffèrent pas seulement par des aspects phonologiques et phonétiques, mais aussi par le lexique ; les langues romanes, en effet, n'utilisent que dans des proportions variables le vocabulaire classique. Souvent, des termes populaires ont été retenus, évinçant ceux propres à la langue plus soutenue.

Certains termes latin ont entièrement disparu et ont été remplacés par leur équivalement populaire ; c'est le cas de celui pour « cheval », equus en classique mais caballus (« canasson » ; le mot est peut-être d'origine gauloise) en vulgaire, que l'on retrouve dans toutes les langues romanes : caballo en castillan, cavall en catalan, cheval en français, cal en roumain, cavallo en italien, dj'vå en wallon, chavagl en romanche, etc.

D'autre part, si certains termes classiques ont disparu, ils n'ont pas forcément été remplacés par le même mot vulgaire : le terme soutenu pour « parler » est loqui en classique, remplacé par :

  • parabolare (terme emprunté à la liturgie chrétienne et d'origine grecque ; proprement : « parler par parabole ») : français parler, italien parlare, catalan et occitan parlar, etc. ;
  • fabulare (proprement : « affabuler ») : castillan hablar, portugais falar, sarde faedhàre, etc.

Enfin, certaines langues romanes continuent d'utiliser la forme classique, tandis que d'autres, que l'on dit moins « conservatrices », se servent d'une forme vulgaire ; l'exemple que l'on donne traditionnellement est celui du verbe « manger »

  • latin classique edere : se retrouve (sous une forme composée ; cette forme est cependant sentie moins « noble » que le classique puriste edere) en castillan et portugais comer (de comedere) ;
  • latin vulgaire manducare (proprement « mâcher ») : en français, manger, italien mangiare, catalan manjar, ou encore roumain mâncar, par exemple.

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Las razones de la diversidad de las lenguas romances

La evolución fonética natural de las lenguas, a la cual el propio latín tampoco escapó, explica la gran parte de las diferencias importantes entre algunas lenguas romances. A este proceso se le unió la falta de unicidad léxica de lo que se denominaba latin vulgar: la gran extensión del Imperio Romano y la ausencia de una norma literaria y gramatical impidió a esta lengua vernicular permanecer inmutable. Ainsi, chaque zone de la Romania a utilisé une saveur particulière du latin vulgaire (il vaudrait même mieux dire « des latins vulgaires »), comme on l'a vu plus haut, telle langue préférant tel terme pour signifier « maison » (latin casa en castillan, catalan, italien, portugais, roumain), telle autre un terme différent (mansio pour le même sens en français), par exemple.

S'est greffée à ces deux données la présence de substrats: langues parlées initialement dans une zone et recouvertes par une autre, ne laissant que des traces éparses, tant lexicales ou grammaticales que phonologiques, dans la langue d'arrivée. Ainsi, le substrat gaulois en français lui laisse quelque cent quatre-vingts mots comme braies, char ou bec, et serait à l'origine du passage du /u/ (de loup) latin à /y/ (de lune). Bien entendu, l'influence du gaulois ne s'est pas limitée à la France : le portugais ou les dialectes de l'Italie du Nord, par exemple, en possèdent quelques termes. De même le basque pour les langues ibérico-romanes (où le mot pour gauche, soit sinistra en latin classique, est remplacé par izquierda, du basque ezker,en castillan et esquerdo en portugais), ou encore l'étrusque pour le dialecte italien de Toscane, qui lui devrait sa gorgia toscana, c'est-à-dire la prononciation des /k/ comme des /h/ (anglais home) ou des /χ/ (allemand Bach). Il faut noter que cette influence de l'étrusque sur le toscan est de nos jours considérée comme un mythe sans fondements réels.

Enfin, les superstrats ont aussi joué un rôlé prépondérant dans la différenciation des langues romanes : ce sont les langues de peuples s'étant installés dans un territoire sans réussir à imposer leur langue. Celle-ci a cependant laissé des traces importantes. Le superstrat francique (donc germanique) en France est important ; le vocabulaire médiéval en est émaillé, surtout dans le domaine de la guerre et de la vie rurale (ainsi heaume, adouber, flèche, hache, etc., mais aussi framboise, blé, saule, etc., ou encore garder et, plus surprenant, trop), et le français actuel compte plusieurs centaines de mots ainsi hérités du francique. C'est un superstrat arabe que l'on remarque le plus en castillan : plus de quatre mille termes, parmi lesquels des toponymes et des composés, viennent de cette langue. Le trait le plus remarquable est le maintien quasi systématique de l'article arabe dans le mot, alors que les autres langues romanes ayant aussi emprunté le même terme s'en sont souvent débarrassées : ainsi algodón (contre français coton), de l'arabe al quṭun, algarroba (français caroube), de al harūbah ou encore aduana (français douane), de ad dīwān (qui donne aussi divan). Enfin, dernier superstrat remarquable, le slave, dont l'influence en roumain est notable. Le roumain devrait aux langues slaves alentour son vocatif, quelques termes du lexique ainsi que des processus de palatalisation différents de ceux des autres langues romanes.

L'on peut donner ici les résultats d'une étude menée par M. Pei en 1949, qui a comparé le degré d'évolution de diverses langues par rapport à leur langue-mère ; pour les langues romanes les plus importantes, si l'on ne considère que les voyelles toniques, l'on obtient, par rapport au latin, les coefficients d'évolution suivants :

  • sarde : 8 % ;
  • italien : 12 % ;
  • castillan : 20 % ;
  • roumain : 23,5 % ;
  • occitan (provençal) : 25 % ;
  • portugais : 31 % ;
  • français : 44 %.

L'on voit ainsi facilement le degré variable de conservatisme des langues romanes, la plus proche du latin phonétiquement (en ne considérant que les voyelles toniques) étant le sarde, la plus éloignée le français.



Referencias


Notas