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Lengua estándar

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Una lengua estándar (también dialecto estándar o dialecto estandarizado) es un dialecto particular de una lengua que ha recibido un estatus legal o cuasilegal en alguna jurisdicción, donde es considerada la lengua "más correcta".

Una lengua estándar se define por la selección de ciertos marcadores de clase y regionales (muchas veces basados en la lengua de una ciudad capital) y el rechazo de otros. Es la versión cuyas normas ortográficas y gramaticales siguen la mayoría de los textos escritos en esa lengua, y la que se enseña a quienes la aprenden como lengua extranjera.

Algunas características que sirven para identificar a una lengua estándar son:

  • Un diccionario o grupo de diccionarios estándar, que corporizan un vocabulario y una ortografía estandarizados.
  • Una gramática reconocida que registra las formas, reglas y estructuras del lenguaje y que recomienda ciertas formas y castiga otras.
  • Un sistema de pronunciación estándar, que es considerado como "educado" o "adecuado" por los hablantes y que se considera libre de marcadores regionales.
  • Una institución que promueve el uso de la lengua y que posee cierta autoridad, formal o informal, en la definición de sus normas de uso, como la Real Academia Española.
  • Un estatuto o constitución que le da un estado oficial en el sistema legal de un país.
  • El uso de la lengua en la vida pública, por ejemplo en el poder judicial y el poder legislativo.
  • Un canon literario.
  • La traducción a la lengua de textos sagrados, como la Biblia.
  • La enseñanza escolar de la ortografía y gramática estandarizadas
  • La selección de este dialecto particular como especialmente apropiado para el aprendizaje del idioma como una segunda lengua.

La creación de una lengua estándar representa el triunfo de una cierta variedad de prescripción lingüística; su selección hace que los dialectos que difieren del estándar pierdan prestigio social. Por consiguiente, en algunos países la selección de una lengua estándar puede generar un conflicto social y político, al ser entendida como una actitud nacionalista. En noruego, por ejemplo, existen dos estándares paralelos, el Bokmål, basado parcialmente en la pronunciación local del danés en la época en que Dinamarca dominó a Noruega y el Nynorsk, basado en una mezcla de dialectos del oeste de Noruega. Por su parte, el italiano incluye dialectos cuya variación es mayor de la que exhiben las dos versiones del noruego.

El italiano estándar deriva de la lengua de Florencia y no del dialecto romano. En España, se considera estándar el castellano de Valladolid y no el de Madrid. El alemán estándar no se basa en una ciudad o región específicas sino que ha sido desarrollado en un proceso que duró varios cientos de años, durante el cual los escritores intentaron expresarse de forma tal de ser comprendidos en un área lo más extensa posible. Hasta principios del siglo XIX el alemán estándar era un idioma exclusivamente escrito, aprendido casi como un idioma extranjero por los habitantes del norte del país, cuyos dialectos eran muy diferentes. El resultado fue que estos hablantes intentaron pronunciar el alemán estándar siguiendo cuidadosamente la ortografía; esta forma del habla se extendió más tarde hacia el sur.

Otras lenguas estándar presentan menos complicaciones. La preeminencia del francés parisino no ha sido puesta en duda a lo largo de la historia moderna de la literatura francesa. En el inglés británico, la pronunciación estándar (Received Pronunciation) se basa en el sociolecto de los internados privados. En Estados Unidos, el estándar se basa en el dialecto del norte del Medio Oeste. Si bien en EE.UU. no hay una lengua oficial, tanto el español como el hawaiano tienen reconocimiento oficial; el segundo en Hawaii y el primero en los territorios que EE.UU arrebató a México, ya que en el Tratado de Guadalupe Hidalgo se garantizó el tratamiento igualitario del español a fines legales.

Véase también

Fuentes