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Legionario romano
El legionario (en latín legionarius) era el integrante de una unidad militar del ejército romano. Esta se conformaba generalmente por ciudadanos romanos mayores de 45 años. La duración del servicio militar de un legionario era de 25 años, y en sus inicios era sólo por la duración de la campaña militar. Recibía un paga por sus servicios y, al finalizar su enrolamiento, tierras y la ciudadanía romana en el caso de los extranjeros.
El legionario estaba generalmente armado con dos jabalinas (una pesada, la pila (plural: pilum) y otra liviana) una espada (gladius) y un puñal (pugio). Para su protección portaba un casco (galae), una armadura de placas (lorica segmentata o lorica hamata) y un escudo rectangular (scutum) que lleva una protección metálica o bloca para la posición de la mano. Completaban su equipamiento (impedimenta) un par de sandalias (caligae) y una mochila o morral (sarcina).
Uno de sus principales atributos, ya que muchas veces se enfrentaban con ejércitos mayores y mejor equipados, era el de formar parte de un cuerpo sumamente disciplinado y en constante entrenamiento, tanto para poder efectuar maniobras militares en forma precisa y exacta, como la famosa tortuga (testudo) como para trabajar en obras de ingeniería militar (construcción de campamentos, murallas y fortalezas) y obras públicas (caminos, puentes y acueductos).
Posteriormente se denomina legionario a un miembro de diferentes cuerpos militares de la historia. Por ejemplo la Legión extranjera francesa, la Legión española y la Legión polaca
Compromiso del legionario
El legionario se comprometía a lo siguiente:
- No desertar sus banderas y a obedecer a sus superiores
- A sacrificar su vida en defensa del Emperador y del Imperio
- El que abandonaba el águila de oro que era la insignia de las legiones se le consideraba tan enemigo de los dioses como de la patria
- El valor de las legiones imperiales recibió un grado de firmeza con la severísima disciplina y de docilidad obedeciendo cualquier orden, a que nunca pudieron llegar las aguerridas tribus barbaras e incluso las banderas o insignias eran verdaderamente sagradas para los romanos y ante ellas se prestaba el solemne juramento y su perdida en combate era de mayor importancia que en Términos Modernos y su restitución se perseguía a viva fuerza o se negociaba en los Tratados su devolución como ocurrió con las insignias de Craso o Marco Antonio arrebatadas por los partos.
Referencias
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Notas
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