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Juana la Beltraneja
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[escribe] Biografía
Princesa castellana, hija de Enrique IV el Impotente, rey de Castilla y León, y de su segunda esposa la infanta doña Juana de Portugal. Fue sostenida en la pila bautismal por su tía, la infanta doña Isabel, medio hermana del rey Enrique IV.
Luego de su nacimiento, la Liga nobiliaria encabezada por el marqués de Villena y por el arzobispo Carrillo, cuestionaron la paternidad de Enrique IV sobre la princesita, atribuyéndosela a don Beltrán de la Cueva, favorito de la pareja real. Por este motivo, Juana de Castilla fue apodada "la Beltraneja". Tras esta declaración de la poderosa Liga, el rey de Castilla se vio obligado a desheredar a Juana en favor de su medio hermano, hijo del segundo matrimonio del rey don Juan II con Isabel de Portugal, el infante don Alfonso (1465). Pero en 1468 falleció el infante, con lo que la hermana de este último, la mencionada Isabel, pasó a ocupar el lugar de heredera de la corona castellana.
Enrique IV suscribió con Isabel, apoyada por Villena y Carrillo, el acuerdo conocido como Concordia de los Toros de Guisando, en virtud del cual se despojaba a la Beltraneja de sus derechos sucesorios, reconociendo el monarca la ilegitimidad de su nacimiento, en beneficio de doña Isabel; quien, asimismo, no debería contraer matrimonio sin el acuerdo real. Isabel incumplió el pacto, casando en secreto con el príncipe Fernando de Aragón en 1469, por lo que Enrique reconoció a Juana como hija legítima y, por lo tanto, heredera del trono.
Tras la muerte de Enrique IV (11 de diciembre de 1474), Isabel fue reconocida como reina de Castilla y León por algunas provincias (Ávila y Sevilla); mientras que la Liga nobiliaria, viendo la fortaleza de carácter que manifestara la joven princesa, se pasó de bando optando por el de la Beltraneja que, a instancias de su madre, fue dada en matrimonio al rey portugués Alfonso V el Africano (1475), quien de esta manera apoyaría su causa.
Todas estas circunstancias dieron origen a una guerra civil por la sucesión de Castilla y León, que enfrentaría a los bandos de la Beltraneja, apoyado por Portugal, y al de Isabel (la futura Reina Católica), apoyada por la Corona de Aragón, con cuyo heredero estaba casada.
Los futuros Reyes Católicos, Isabel y Fernando, salieron finalmente triunfantes en la contienda: suscribieron, entonces, el Tratado de Alcaçovas por el cual Alfonso V de Portugal reconocía como reina de Castilla y León a doña Isabel, y aceptaba divorciarse de la Beltraneja. Esta última entró en un convento en Coimbra, donde falleció el año de 1530.