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Juana Inés de la Cruz

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Juana Inés de la Cruz.
El viento sosegado, el can dormido,
éste yace, aquél quedo
los átomos no mueve,
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco, sacrílego ruido,
violador del silencio sosegado

Primero sueño, Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz


San Miguel Nepantla (Amecameca) el 12 de noviembre de1651

Ciudad de México el 17 de abril de 1695

Escritora mexicana


Índice

[escribe] Biografía

Su nombre era Juana Inés Ramírez de Asbaje. Fue dama de compañía en la corte del virrey de Nueva España e ingresó en el convento de San Jerónimo donde estudió teología, literatura e historia. En 1691, en respuesta a un superior, escribió una carta titulada Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, carta que es -según Octavio Paz- la historia de su vocación intelectual, la defensa de su amor al saber, la narración de sus trabajos y sus triunfos, la crítica de su poesía y de sus críticos. Todo lo quiere comprender. Allí donde un espíritu religioso hallaría pruebas de la existencia de Dios, ella encuentra ocasión de hipótesis y de preguntas.

Murió a consecuencia de la epidemia de peste que asoló Ciudad de Mexico en 1695

[escribe] Crítica

La obra poética de Sor Juana -siempre según Paz- es numerosa, variada y desigual. Su obra más ambiciosa es Primero sueño escrita a imitación de las Soledades de Góngora. En sus mejores momentos, su poesía es algo más que confesión sentimental o ejercicio afortunado de la retórica barroca. La sensualidad y el amor al cuerpo animan las alusiones eruditas y los juegos de palabras, que se convierten en un laberinto de cristal y fuego.

[escribe] Obra

Sor Juana por Miguel Cabrera, s. xviii

[escribe] Poesía

[escribe] Autos Sacramentales

[escribe] Comedias

[escribe] Recopilación póstuma

[escribe] Redondillas

Redondillas


Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;


Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?


Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.


Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.


Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.


¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?


Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.


Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.


Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.


¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?


Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.


Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.


¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?


¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?


¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.


Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.


Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Redondillas de Juana Inés de la Cruz.

[escribe] Referencias


Notas

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