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José Manuel Balmaceda
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Biografía
Hijo del senador Manuel José de Balmaceda y de Encarnación Fernández. Estudió en el Seminario Conciliar, lugar donde desarrolló una temprana vocación mística, la cual abandono tiempo después pero sin volverse antirreligioso.
En 1865 fue designado secretario de Manuel Montt Torres, durante el trabajo de éste en el Congreso Americano de Lima. El ex-presidente marco fuertemente a Balmaceda, especialmente su fuerza moral, su capacidad organizadora y la energía creadora.
Cofundador del diario La Libertad y orador del Club de la Reforma, entre 1870 y 1882 fue elegido en cuatro ocasiones consecutivas diputado por Carelmapu.
En 1878 el presidente Aníbal Pinto lo nombró ministro plenipotenciario ante el gobierno argentino, logrando que las autoridades trasandinas se comprometieran a respetar la neutralidad durante la Guerra del Pacífico.
Esta gestión le valió el aprecio de Domingo Santa María, quien lo designaría Canciller en su primer gabinete (1881), para convertirse después en su ministro del interior.
Santa Maria lo tomo por su sucesor, por lo que fue designado en una convención liberal-nacional como candidato a la presidencia de la republica. Su posible contendor, José Francisco Vergara, se retiro de la carrera presidencial y Balmaceda fue electo presidente de la Republica por 324 electores de 330.
Programa político
Los principales postulados de Balmaceda al iniciar su gobierno eran:
- Desarrollo económico del país, mediante un grandioso plan de obras publicas, que incluyen ferrocarriles, escuelas, alcantarillados, caminos, hospitales, cárceles, etc.
- Terminar con el monopolio del salitre, convirtiendo esta riqueza pasajera en riqueza estable (según su plan, dotando al país de obras y educándolo).
- Armonía entre la iglesia y el gobierno, terminando con as luchas teológicas.
- Y la principal, y tal vez mas desgraciada (para Balmaceda), de sus ambiciones era unir al liberalismo en una sola gran familia (hasta el momento divididos en liberales de gobierno, disidentes o luminarias y radicales).
Veremos como estos ideales estaban mas planteados en sus sueños que en la realidad, y que su intento por realizarlas lo conducirá a la catástrofe.
Primeros ministerios
Juraron junto a Balmaceda el 18 de septiembre de 1886 sus primeros ministros, que serán:
- Interior: Eusebio Lillo (liberal)
- Hacienda: Agustín Edwads Ross (nacional)
- Relaciones: Joaquín Godoy (liberal)
- Justicia, Culto e Instrucción Publica: Pedro Montt Montt (nacional)
- Guerra y Marina: Evaristo Sánchez (liberal)
El primer paso del presidente y su gabinete fue concluir con la lucha teológica, terminando con un problema que databa de la administración Pinto. Sucedía que estaba vacante el arzobispado de Santiago desde la muerte de Rafael Valdivieso, pues el gobierno intento usar el derecho de patronato para dejar en el cargo a don Francisco Paula Taforo, rechazado por los eclesiásticos ultramontanos que boicotearon su elección en Roma.
Este conflicto llego a ribetes mas graves durante la administración Santa Maria, pues este presidente rompió las relaciones con el Vaticano.
Ahora Balmaceda, aunque liberal y colaborador de Santa Maria, deseaba reconciliar al gobierno y la iglesia y buscó un candidato de consenso, Mariano Casanova.
El 3 de diciembre León XII firmaba la preconización de Casanova, poniendo fin a una lucha de la que todo Chille estaba hastiado. El ministerio Lillo repitió los comicios municipales de Santiago, por encontrarse los anteriores viciados. El triunfo lo obtuvo la oposición, mostrando el gobierno una corrección no vista con anterioridad.
Sin embargo este ministerio, que poseía los aplausos de todo un país, tuvo que enfrentar la oposición de los liberales disidentes, que pretendían derribar este ministerios y sustituir ello a los nacionales en el gobierno.
Lillo presto su renuncia al no contar con el apoyo de estos liberales, quienes realizaban obstrucción parlamentaria valiéndose de la falta de clausura del debate.
El nuevo ministerio estaba encabezado por Carlos Antúnez. Este se dedico a plantear un nuevo reglamento para la cámara de diputados, para evitar acciones como las que derribaron al ministerio Lillo, pero fue tanta la oposición que solo se logro aprobar la clausura del debate en las leyes de contribuciones, presupuesto y residencia del ejercito. También se elevaron los ministerios de cinco a seis, creándose el de Obras Publicas.
En su discurso presidencial del 1 de junio de 1887, el presidente Balmaceda planteo derechamente la unidad de los liberales, por lo que se creo un nuevo ministerio con liberales disidentes, quienes reclamaban dos ministerios, a pesar de s pobre representación parlamentaria. Así el ministerio quedo formado por dos liberales, dos libérales disidentes y dos nacionales.
En 1888 se realizaron los comicios parlamentarios, mas correctos que los anteriores pero o faltos de intervención, en el que la oposición avanzo algunos escaños.
Los disidentes convencieron a Balmaceda para formar un gabinete únicamente liberal, expulsando a los nacionales. El mandatario acepto la propuesta y los nacionales pasaron a la oposición. Doble error, expulsar a los nacionales les quito los mejores hombres de la administración y los disidentes ingresados al gobierno serian un caballo de troya que destruria las bases de su gobierno.
El conflicto con el congreso
Gabinetes vienen y van, la crisis política protagonizada por la ruptura con los nacionales deja al gobierno con una mayoría cada vez mas débil en la cámara de diputados, mientras que algunos liberales de gobierno se escapan del redil para sumarse a los disidentes o a los nacionales (liberales mocetones).es entonces cuando Balmaceda llama a los radicales para formar parte del gobierno. Su sueño de la unificación de los liberales parece cumplida... pero seria una ilusión frágil que se rompería al primer soplido.
Y este soplido llego cuando los nacionales, radicales, disidentes y mocetones , cansados de la “versatilidad del presidente”, formaron un grupo político que Balmaceda llamo despectivamente el “cuadrilátero“. Esta nueva fuerza tenia un poder casi equiparable al cada vez mas débil partido liberal de gobierno, por lo que Balmaceda tuvo que ceder y formar un ministerio con el “cuadrilátero” , cuyo paso seria muy breve, por la lucha entre el “cuadrilátero” y el candidato de Balmaceda para su sucesión, Enrique Sanfuentes.
El programa del “cuadrilátero” se resume en: Libertad electoral, independencia de los partidos respecto al ejecutivo y la implementación de un sistema parlamentario de gobierno.
Balmaceda comprendió finalmente que su sueño de la unificación liberal era un fracaso, y se armo para la batalla contra la oposición, que deseaba despojar al presidente de sus facultades. Sondeo apoyo en el partido conservador, pero no logro el apoyo suficiente. Prescindió de Sanfuentes como candidato, ungiendo a Claudio Vicuña como su candidato, mientras la oposición hace y deshace ministerios presentadores votos de censura, ¡inclusive antes que estos hubiesen siquiera presentado ante el congreso!.
El quiebre
Balmaceda organizo un nuevo ministerio con Claudio Vicuña en interior y Domingo Godoy en relaciones exteriores. Al llevar a este ultimo al gobierno se creyó chiflado al presidente, pus a Godoy se le acusaba de malvado y siniestro, autor de crímenes odiosos. Pronto se le vería entrar en acción.
Como el presidente te negaba a terminar con este ministerio por las vías comunes, el parlamento uso su arma mas peligrosa, las leyes de presupuestos. Estas ley solo se puede aprobarse por el parlamento y debe ser renovada cada año, si llega el 1 de enero y no hay ley de contribuciones el gobierno, legalmente, no puede realizar ningún gasto.
El congreso se negó a promulgar la ley de presupuestos si no se remplazaba el ministerio actual por uno que el parlamento considerase adecuado. Pero eso era ceder las atribuciones presidenciales al parlamento y terminar con el régimen portaliano, por lo que Balmaceda se nego y el 1 de enero de 1891 no hubo ley de presupuestos.
Los parlamentarios se plantearon esta posibilidad, y como no se puede gobernar un pais sin presupuesto Balmaceda tendría que traspasar la constitución, transformándose en dictador. Para enfrentarlo se busco apoyo en el ejercito para encabezar una revolución, pero no encontraron eco, a diferencia de lo ocurrido en la marina, donde encontraron el apoyo que buscaban, especialmente en el capitán de navío Jorge Montt Álvarez.
Finalmente Balmaceda hizo publico el siguiente decreto:
- “Teniendo presente:
- Que el congreso no ha despachado oportunamente la ley de presupuestos para le presente año;
- Que no es posible, que mientras se promulga dicha ley, suspender lo servicios públicos y la seguridad exterior de la republica, decreto:
- Mientras se dicta la ley de presupuestos para el presente año de 1891, regirán los que fueron aprobados para el año 1890 por la ley del 31 de diciembre de 1889”
Balmaceda se salía de la constitución al traspasar sus facultades. Paralelamente los congresistas rebeldes lanzan un manifestó que dice:
- “1º Que el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda, está absolutamente imposibilitado para continuar en el ejercicio de su cargo, y, en consecuencia, que cesa en él desde este día;
- 2º Que están igualmente imposibilitados para reemplazarlo en ese cargo sus Ministros del Despacho y los consejeros de Estado que han sido sus cómplices en los atentados contra el orden constitucional.
- Y, en consecuencia, designamos a don Jorge Montt para que coadyuve a la acción del Congreso, a fin de restablecer el imperio de la Constitución.”
- Santiago, a 1º de Enero de 1891.
Pero las proclamas ya nada harían, era la hora de la guerra.
La guerra civil de 1891
El 6 de enero se sublevó la escuadra, que trasportaba a los principales lideres de la revolución, mas no se les plegó el ejército, por lo que el conflicto Presidente-Congreso devino en guerra civil.
Ésta, en sus inicios, ni siquiera parecía existir; la escuadra no desembarcaba en ningún sitio y se la llamó «la revolución ambulante». Pronto cambiarían las cosas, pues la escuadra se dirigió al norte, donde difícilmente podrían ser atacados por el ejercito regular y manejarían las riquezas del salitre.
Por los triunfos en los combates de la aduana de Iquique y Pozo Almonte, los revolucionarios dominaron el norte, instaurándo una junta de gobierno, presidida por Jorge Montt, e integrada por Waldo Silva y Ramón Barros Luco.
El gobierno envió al norte a las torpederas «Linch» y «Condell», que hundieron el «Blanco Encalada» .
Mientras tanto, en Santiago funcionaba el «Comité Revolucionario», liderado por Carlos Walker, quien tenia por objetivo coordinar acciones contra el gobierno de Balmaceda en la Capital. Este comité tendía que hacer frente a la amenaza que representaba el ministro Domingo Godoy.
Efectivamente, Balmaceda prácticamente delegó todas sus facultades en él, quien las utilizó cual dictador, procediendo a saqueos, torturas y fusilamientos, todo a sabiendas de Balmaceda, quien pretendía desconocer esa realidad. Tanto llegaba la crueldad de Godoy que hacia firmar a los torturados un libro de boletas, para registrar que fueron azotados.
Los enemigos de Godoy dentro del gobierno (que eran muchos) lograron su destitución, al mismo tiempo que se convocaban elecciones parlamentarias y presidenciales, donde solamente fueron electos cercanos al mandatario. Como presidente electo se eligió a Claudio Vicuña.
Ya caído Godoy, se desarrollo uno de los mayores excesos de la guerra civil. Un grupo de jóvenes aristócratas opositores a Balmaceda se reunieron en el fundo de Walker, esperando instrucciones del comité, cuando fueron rodeados por el ejército. Después de un simulacro de juicio, fueron todos ejecutados previa tortura, llegando algunos a no poder caminar hasta el patíbulo. Este crimen puso a toda la aristocracia en contra de Balmaceda y fue, quizás, aun más influyente que las batallas de Concón y Placilla.
Los revolucionarios preparaban su ejército improvisado con marineros y trabajadores del salitre, entrenados por el alemán Emilio Koerner, quien los adiestraba según las nuevas técnicas prusianas.
Los rebeldes desembarcaron en las cercanías de Valparaíso, dirigiéndose a Concón, donde presentaron batalla ante el ejercito gobernista, derrotándolo. Esta victoria se ratificó con el combate de Placilla, que marcó el final de las esperanzas de Balmaceda y el triunfo de la revolución.
El sacrificio
Balmaceda delegó el mando en el General Manuel Baquedano, para que mantenga el orden en Santiago por las posibles reacciones a la victoria revolucionaria. Envió a su familia a la embajada de los Estados Unidos, mientras él se refugiaba en la delegación argentina.
Baquedano no supo o no pudo sobreponerse a los incidentes del día después; los vencedores saqueaban e incendiaban las casas de los derrotados y muchos de los balmacedistas tuvieron que esconderse y exiliarse. Después de tres días de mandato, el general confirió el poder al comité revolucionario y se retiró a su domicilio.
Mientras tanto, Balmaceda, en la delegación argentina, no deseaba informarse de los acontecimientos, sólo días después empezó a leer los primeros diarios, que lanzaban feroces ataques en su contra. Pensó en entregarse a la junta, pero considero que lo someterían a indecibles vejaciones para después fusilarlo.
Decidió pues, tomar el único camino que le permitía salvarse de indignidades que como hombre no puede aceptar: el suicidio.
Así, además, cargaría con su sacrificio las culpas de sus familiares y amigos (pensaba), y su lucha seria amplificada por el efecto de su acto.
Se suicidaría al concluir su periodo constitucional, que terminaba el 18 de septiembre de 1891. Ese día escribe cartas a sus familiares y amigos. Su letra es tranquila, solo se rompe en la carta dirigida a su madre. Deja sobre la mesa también su llamado testamento político, del que extraemos los principales párrafos:
- Mi vida pública ha concluido. Debo, por lo mismo, a mis amigos y a mis conciudadanos la palabra íntima de mi experiencia y de mi convencimiento político.
- Mientras subsista en Chile el gobierno parlamentario en el modo y forma en que se ha querido y tal como lo sostiene la revolución triunfante, no habrá libertad electoral ni organización seria y constante en los partidos, ni paz entre los círculos del Congreso.
- El triunfo y el sometimiento de los caídos producirán una quietud momentánea; pero antes de mucho renacerán las viejas divisiones, las amarguras y los quebrantos morales para el Jefe del Estado.
- Sólo en la organización del Gobierno popular representativo con poderes independientes y responsables y medios fáciles y expeditos para hacer efectiva la responsabilidad, habrá partidos con carácter nacional y derivados de la voluntad de los pueblos, y armonía y respeto entre los poderes fundamentales del Estado.
- El régimen parlamentario ha triunfado en los campos de batalla; pero esta victoria no prevalecerá. O el estudio, el convencimiento y el patriotismo abren camino razonable y tranquilo a la reforma y a la organización del gobierno representativo, o nuevos disturbios y dolorosas perturbaciones habrán de producirse entre los mismos que han hecho la revolución unidos y que mantienen la unión para el afianzamiento del triunfo, pero que al fin concluirán por dividirse y por chocarse. Estas eventualidades están más que en la índole y en el espíritu de los hombres, en la naturaleza de los principios que hoy triunfan y en la fuerza de las cosas.
- Este es el destino de Chile y ojalá que las crueles experiencias del pasado y los sacrificios del presente induzcan la adopción de las reformas que me hagan fructuosa la organización del nuevo Gobierno, seria y estable la constitución de los partidos políticos, libre e independiente la vida y el funcionamiento de los poderes públicos y sosegada y activa la elaboración común del progreso de la República.
- No hay que desesperar de la causa que hemos sostenido ni del porvenir.
- Si nuestra bandera, encarnación del gobierno del pueblo verdaderamente republicano, ha caído plegada y ensangrentada en los campos de batalla, será levantada de nuevo en tiempo no lejano, y con defensores numerosos y más afortunados que nosotros, flameará un día para honra de las instituciones chilenas y para dicha de mi patria, a la cual he amado sobre todas las cosas de la vida.
- Cuando ustedes y los amigos me recuerden, crean que mi espíritu, con todos sus más delicados afectos, estará en medio de ustedes.
Sus palabras se cumplirían casi como profecía.
Habiendo terminado de escribir todas las cartas, al amanecer del 19 de septiembre, se recostó en la cama, apoyando la cabeza en el lado izquierdo. Con la mano derecha se apuntó con un revolver en la sien, y apretó el gatillo.
Eran las ocho de la mañana cuando murió el presidente José Manuel Balmaceda. Con él murió también el régimen portaliano y el autoritarismo presidencial, la última palabra en el poder la tendria ahora la triunfante aristocracia, que seria, desde ahora, una oligarquía.
| Precedido por: Domingo Santa María González 1881-1886 |
Presidente de Chile 1886-1891 |
Sucedido por: Jorge Montt Álvarez 1891-1896 |