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Jorge Denegre Vaught Peña

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"DENEGRE-VAUGHT PEÑA, JORGE[1], nació en Mamantel, Campeche, en 1916. Estudió primaria en Mérida, Yucatán. Allí mismo colaboró en el periódico El Modelista. En 1934 y 1935 dirigió en Ciudad del Carmen las revistas El Estudiante Carmelita, Iris y Pro Patria. Cursó la preparatoria (1943-1944) y la carrera de Derecho (1945-1949) en la UNAM. Para sostener sus estudios, se dedicó a la compraventa de libros, terminando por especializarse en Historia de México y otros aspectos de la cultura nacional. En 1955 fundó la Editorial Academia Literaria ; en la Colección de Grandes Crónicas Mexicanas ha publicado Historia de la Fundación y Discurso de la Provincia de Santiago de México de la Orden de Predicadores de Fray Agustín Dávila Padilla, Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España de Francisco de Florencia, Historia de Yucatán de Fray Diego López de Cogolludo (con un tomo de Notas y acotaciones de Jorge Ignacio Rubio Mañé) y la Crónica de la Santa Provincia de San Diego de México de Baltashar de Medina ; en la Colección Reforma e Imperio han aparecido Don Juan Álvarez, Lafragua político y romántico e Historia de la intervención y del Imperio de Maximiliano de Manuel Rivera Cambas ; en la Colección de Joyas Bibliográficas Mexicanas, Rasgo breve de la grandeza guanajuateña ; en la Colección de Guerras de México con Estados Unidos, Exposición al Público sobre los asuntos de Texas de Esteban F. Austin y Las Siete Guerras por Texas de Pablo Herrera Carrillo ; y en Testimonios Documentales de México, Ricardo Flores Magón y su actitud en la Baja California de Jesús González Monroy. En 1962 publicó la Bibliografía de Manuel Rivera Cambas, de la que es autor, habiendo recibido críticas muy favorables de Europa, Estados Unidos y de historiadores nacionales tan ilustres como Francisco González de Cossío, por su erudición notable desplegada en este trabajo monumental. Pero, sus trabajos más importantes se hallaban en proceso en 1998 y corresponden a las Bibliografías de la Reforma y el Imperio, la Independencia, el Arte en México, las Guerras de México con Estados Unidos y, principalmente, las Bibliografías de los Estados de Campeche, Aguascalientes, Hidalgo, Tlaxcala, Guanajuato y Yucatán. Se trata de repertorios críticos, razonados y antológicos. Tenía también en proceso el Catálogo Bibliográfico de su gran colección de obras de la Literatura Mexicana, que está terminando, actualmente, su hijo Lívingston; e inéditos los siguientes trabajos: Historia de las Piraterías en Nueva España,</ref 2> <que publicará el Gobierno de Campeche>, Notas a “Viajes de Orden Suprema” de Guillermo Prieto, que ya ha llevado a cabo el mismo Lívingston, la cual publicará también ACADEMIA LITERARIA este año; y una Biografía de Antonio López de Santa Anna.


En el artículo

EDITORIAL ACADEMIA LITERARIA

EDITORIAL ACADEMIA LITERARIA, SE DESCRIBEN METICULOSAMENTE LAS OBRAS PUBLICADAS, DE EXTRAORDINARIO VALOR PARA LOS ESTUDIOSOS DE LA HISTORIA DE MÉXICO.

JDVP colaboró en México en la Cultura y en la Enciclopedia de México. Defensor del tesoro bibliográfico nacional, siempre procuró que impresos raros y valiosos fueran adquiridos por las instituciones culturales de la República y proporcionó documentos para ser copiados a varias bibliotecas, entre ellas las del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Se le consideró como uno de los mejores conocedores de los libros mexicanos antiguos."

EL autor del ARTÍCULO,es el Lic. José Rogelio Álvarez, quien fuese Director de la Enciclopedia de México,en sus tres primeras ediciones y fue reproducido en la portada del libro electrónico titulado: "JORGE DENEGRE VAUGHT PEÑA, campechano epónimo", con autorización de su autor y, por ende, aquí se respeta escrupulosamente el derecho de autor.pues ha sido previamente licenciada su inserción.

En efecto, tales DATOS BIOGRÁFICOS del LIC. JORGE DENEGRE-VAUGHT PÉÑA, aparecieron en la Enciclopedia de México, tomo IV, en las pp. 2208-09, y es la semblanza de un POLÍGRAFO: historiador, bibliógrafo, bibliófilo, editor y poeta campechano, quien falleció en la Ciudad de México, el 27 de febrero de 1998, pero quien no nació en Mamantel, Campeche, sino en la Habana, Cuba. En el acta de nacimiento de su primogénito, aparece tal lugar como el de su natalicio. Asimismo, existe un documento fehaciente en la biblioteca de su hijo Lívingston que acredita que también fue bautizado en la Habana, a los pocos días de su nacimiento, el 29 de septiembre de 1916. Y dado que su padre, el Dr. Thomas Livingstone Bayne Vaught, casado con la campechana Elena Peña Barrera, oriunda de Mamantel, era de nacionalidad norteamericana-- tal como aparece en las actas de nacimiento de su único hijo y de su nieto-- y trabajaba al lado del Dr. Flemming en su clínica de la Habana,(2) JORGE DENEGRE VAUGHT PEÑA nació en Cuba pero de nacionalidad estadounidense y de padres de la misma nacionalidad, de acuerdo con la ley civil de los Estados Unidos. Estos datos se respaldan con los documentos señalados.Y se precisa que se aportan para resguardar y respetar escrupulosamente la verdad histórica.


2.- Investigaba Alexander Fleming la causa y la cura de la fiebre amarilla.


HOMENAJE NACIONAL A JORGE DENEGRE VAUGHT

HOMENAJE A JORGE DENEGRE

El CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES y el CENTRO CULTURAL DE LA SECRETARÍA DE HACIENDA,rindieron un homenaje a este biografiado, en uno de los actos conmemorativos del 450 Aniversario de la introducción de la imprenta en nuestro país—por ende del nacimiento del libro de manos del editor Juan Pablos— y en ese acto se expuso claramente que la Primera Imprenta de AMÉRICA se ubicó en el predio marcado con el número 6 de la calle de Argentina,(entonces, "Seminario"), en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Y, así mismo, se expuso que la primera librería de viejos de JORGE DENEGRE VAUGHT PEÑA, estuvo situada en ese mismo predio de la calle de Argentina, por una rara casualidad.

En esa ceremonia, don Jorge dijo que desde niño amó el libro.

Contó cómo consultó sus primeros libros, como si Scherezada comenzara a contarle milyunanochescos fascinantes cuentos. Estaba en la biblioteca del inmortal historiador Eligio Ancona.</ref 6> Su hija le cobró cariño y él tuvo el privilegio de leer la narración interesante de las exploraciones del médico escocés que tuvo la sagrada misión de cristianizar África, su propio ancestro, David Livingstone.

Hubiera querido quedarse allí para siempre. No fue posible. Ingresó a la Escuela Modelo que dirigía don José Guadalupe Novelo. Regresó adolescente al terruño y se inscribió en el Liceo Carmelita donde publicó el órgano de la sociedad de alumnos.

De esa época es esta poesía que revela su gran amor por el terruño, aparecida en la PÁGINA LITERARIA del periódico "Iris", que luego dirigió, en Ciudad del Carmen:

A Campeche

Baña el mar tu playa nacarina,

besa tus palmas brisa perfumada,

te cobija una comba azul divina;

eres ciudad sutil, pero embrujada.


Eres ciudad de grande bizarría,

riman en ti lo actual y lo pasado

vives alegre y con melancolía,

eres un cielo azul, pero nublado.


En tus noches clarísimas de plata

vibra un recuerdo de homérica alegría.

Cuando tu playa se tiñó escarlata.


Al rechazar con terrible valentía

a una turba vandálica y pirata

los hijos de tu púgil hidalguía.

  • *

Jorge Denegre Vaught



En el evento referido, Denegre Vaught evocó esa párte juvenil de su vida:


“Colaboré intensamente con el hombre más bueno que estuvo en la Presidencia Municipal, Andrés Giulian Romero(2) hombre lleno de ideas y magníficos propósitos del cual puede decirse que entró al puesto rico y salió pobre”.


“Defender su labor y atacar a varios tiranuelos locales en mis periódicos me ocasionaron persecuciones políticas y la ruina económica. Tuve que trabajar en el Ferrocarril del Sureste, entonces en construcción, en la región conocida hoy como Escárcega, cerca de mi pueblo, hoy desaparecido, Mamantel. Con los recursos obtenidos y los que produjo la venta de la casa de mi madre pude pagar mis deudas y al fin embarcarme para Veracruz con mi esposa Julia Maria y mi pequeño hijo Lívingston. Debo confesar que ese sacrificio de mi madre me causó un trauma que sólo pude finiquitar cuando le compré una casa en esta ciudad, donde actualmente alojo parte de mi biblioteca que corresponde a literatura, filosofía, arte y diversos”.

Por su parte, su primogénito, Lívingston, dijo:

"De 1970 a 1978, por casi una década, acompañé a mi padre a RECORRER todo el Estado de Campeche en una perenne investigación in situ. Subimos a las más altas pirámides, bajamos a los más hondos cenotes y a ciegas y con linternas exploramos las cavernas laberínticas. Navegamos por todos los ríos, lagos y lagunas; buceamos las profundidades marinas; en barco: fuimos de puerto en puerto, navegando por los litorales yucatecos y campechanos. Estuvimos en archivos empolvados y bibliotecas particulares y oficiales de todos los municipios; llegamos implorantes a inaccesibles Iglesias, conventos y monasterios en búsqueda de documentos, retratos y libros rarísimos. En fin, lo dice mejor don José Rogelio Álvarez, Académico de la Lengua y de la Historia":


</ref3>JRA"Wigberto Jiménez Moreno, Luis González y González y el padre Rafael Montejano y Aguinaga, tan preocupados por estimular la investigación regional, añadieran sus luces a las noticias que yo tenía sobre quienes trabajaban en Campeche. Mencionaron los nombres de los investigadores que han acumulado el mayor saber sobre sus respectivas provincias. Ninguno de aquellos distinguidos asesores dudó en señalar a don Jorge Denegre-Vaught como el máximo conocedor de la historia y de la actualidad de Campeche. Fue por ello que me aproximé a él y solicité y obtuve su colaboración entusiasta. La profundidad con que maneja esta área de la realidad nacional ha quedado expuesto en los brillantes artículos que se publicaron en las dos ediciones de la Enciclopedia. Estos textos tratan del Estado, de la ciudad capital, los municipios, los personajes y las peculiaridades correspondientes, de modo que en conjunto constituyen lo que podría denominarse una Suma Campechana. De sus otras aportaciones a la cultura nacional, todas meritísimas, se da cuenta en la nota onomástica dedicada a él en la propia obra".

Me permito incluir, íntegras, las palabras leídas por el Lic. José Rogelio Álvarez, el miércoles 28 de mayo de 1989 en el auditorio de la Secretaría de Hacienda, durante el homenaje que la Dirección Cultural de la Secretaría de Hacienda y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes rindió a Don Jorge Denegre Vaught en ocasión del CUATROCIENTOS CINCUENTA 450 ANIVERSARIO de la implantación de la imprenta en México.


En esa ocasión, hablaron los licenciados Guillermo Tovar y de Teresa, Francisco Liguori, el Dr. Antonio Pompa y Pompa, la Licenciada Yolanda Mercader Martínez, y el arquitecto Francisco de Antuñano, acerca de los méritos del abogado, bibliógrafo, historiador, librero-editor.

Cada uno de los oradores se refirió a distintos aspectos de su obra como abogado, estudioso de la Teoría del Derecho, librero anticuario, editor de libros de historia de México, bibliógrafo de un sin fin de materias históricas vinculada con el país, principalmente en los periodos que comprenden Reforma e Imperio, la revolución de Independencia, la Revolución Mexicana, y la época colonial: En ese orden jerárquico, relacionado con su producción.

Quizás, el trabajo más importante en bibliografía sea su estudio sobre el periódico EL COMBATE que dirigió y publicó Manuel Rivera Cambas. Y su más reciente producción es Piraterías en Acapulco que le publicó el gobierno del Estado de Guerrero en una edición preciosísima que fue motivo de orgullo; en el stand de la reciente Feria del Libro, por parte de los historiadores guerrerenses. El gobernador Ruiz Massieu; presentó la obra.

Su trabajo sobre Piraterías, permaneció inédito hasta , y que fue preparado para hacer la síntesis para la ENCICLOPEDIA DE MÉXICO ES VERDADERAMENTE ABRUMADOR, tanto por su erudición extrema como por los datos que aporta para el estudio de esta época no sólo para los investigadores en México sino en toda América, España, Inglaterra, Portugal, Holanda y aún otros países.

José Emilio Pacheco escribió una crónica en que ensalzó el trabajo magnifico desplegado en la ficha de piraterías, en la ENCICLOPEDIA DE MÉXICO, tomo XI.

De estos temas no se hablaron en su homenaje. En cambio se abundó en la descripción de sus tareas como coleccionista, bibliófilo, bibliógrafo y bibliómano y, sobre todo, librero profesional.

He preferido presentar el magnífico discurso del enciclopedista de México, por que se refiere a ese aspecto importante en su vida como historiador, que es el estudio de la historia de nuestra tierra, principal tema, alrededor del cual gira esta Página Web. Pero, además, por la donosura fina y agudo sentido de observación, así como acendrado afecto por mi padre, que evidencia aquí el distinguido académico de la lengua, y que mucho nos honra:


PALABRAS DE JOSÉ ROGELIO ÁLVAREZ EN HONOR DE JORGE DENEGRE-VAUGHT PEÑA, EN SU HOMENAJE EN EL PALACIO NACIONAL


JRAEn el curso de 1970, cuando acometí la tarea de formar la Enciclopedia de México, juzgué indispensable contar con la colaboración de un elenco de especialistas en materias concernientes a los estados de la República. Convoqué entonces a don Wigberto Jiménez Moreno, a don Luis González y González y al padre Rafael Montejano y Aguinaga para que ellos, tan preocupados por estimular la investigación regional, añadieran sus luces a las noticias que yo tenía sobre quienes trabajaban en ese campo. A lo largo de varias charlas fueron mencionados los nombres de los investigadores que habían acumulado el mayor saber sobre sus respectivas provincias. Ninguno de aquellos distinguidos asesores dudó en señalar a don Jorge Denegre-Vaught como el máximo conocedor de la historia y de la actualidad de Campeche. Fue por ello que me aproximé a él y solicité y obtuve su colaboración entusiasta. La profundidad con que maneja esta área de la realidad nacional ha quedado expuesto en los brillantes artículos que se publicaron en las dos ediciones de la Enciclopedia. Estos textos tratan del Estado, de la ciudad capital, los municipios, los personajes y las peculiaridades correspondientes, de modo que en conjunto constituyen lo que podría denominarse una Suma Campechana. De sus otras aportaciones a la cultura nacional, todas meritísimas, se da cuenta en la nota onomástica dedicada a él en la propia obra.


Hombre de letras leídas y escritas con asiduidad, explorador de archivos, descubridor de documentos y aún entrevistador, don Jorge practica todos los métodos para hacer historia. Pero a diferencia de la mayoría de los investigadores, adscritos por lo común a instituciones, universidades, bibliotecas o archivos, o sostenidos por becas o favorecidos ocasionalmente por las autoridades, don Jorge es un hombre independiente, cuya actividad económica, centrada en el comercio de bienes culturales, le ha permitido solventar el ejercicio de su vocación. Se distingue de un comerciante común en que aplica el beneficio de sus operaciones a enriquecer su acervo bibliográfico, a subsidiar sus preferencias académicas y a editar textos raros o agotados. No es tampoco un librero convencional, pues a la par que presta el servicio de conseguir títulos fuera del mercado, ofrece amplia información adicional, orienta al estudioso y lo introduce al erudito mundo de los pormenores editoriales. Es ciertamente un apasionado coleccionista de libros valiosos, pero en contraste con el afán de adquirir y poseer riquezas para la satisfacción personal y el envanecimiento, es generoso y magnánimo. A menudo llega al extremo de prestar libros, riesgo que él asume sólo cuando está persuadido de la integridad del favorecido. Aún así, no son pocas las veces en que alguno de sus ejemplares ha cambiado de domicilio, aprovechándose quien abusa de la proclividad de don Jorge a tolerar, bondadoso como es, el apetito libresco de otro.

Mi admiración por don Jorge se funda en su condición de hombre independiente, empresario con espíritu cultural, escritor, editor, librero alerta a resolver toda emergencia bibliográfica, practicante de un desinteresado magisterio informal y, por añadidura, compañero ideal de copa y mesa. Una cualidad, o destreza, o habilidad más, mezcla de memoria y de intuición, acción y efecto de un misterioso sexto sentido sólo comparable a la línea lateral de los peces o a las varas con que los gambusinos detectan los tesoros ocultos, es la que guía a don Jorge para moverse con fluidez en medio de ese mar de papel impreso que ha inundado su casa de las calles de Oklahoma. En las gradas de acceso que parten del vestíbulo, atestadas de libros, apenas hay sitio para poner el pie; una de las hojas de la puerta está cancelada por que la obstruye los volúmenes apilados de piso a techo; se camina por trincheras abiertas entre rimeros de tomos; se asciende por una escalera colmada de paquetes y folletería, y luego se va penetrando a estancias donde brillan las obras más insignes, en ediciones príncipe, colocadas unas sobre otras, o en estanterías repletas. En los recodos de esta singular biblioteca, donde coexisten en aparente desorden todas las materias y todos los autores, aparecen de pronto, como islas secretas, apenas emergentes, los varios escritores en que don Jorge amontona expedientes, papeles sueltos, infolios, mapas, tarjetas, notas, unas máquinas de escribir, ceniceros rebosantes y algún teléfono, o sea, el herramental de su empeñoso trabajo. De qué manera se orienta en esa selva de especies culturales, cómo colecta siempre el ejemplar qué desea y de que artes se vale para no desviarse ni distraerse en ese laberinto poblado de voces tentadoras, son preguntas para mí sin respuesta, a menos que sean los espíritus de los escritores, o las musas, quienes lo llevan de la mano hasta las páginas donde vibra su presencia.


Nada más merecido que este homenaje a don Jorge, de quien todos los aquí reunidos somos amigos, admiradores y ciertamente discípulos, en la medida que hemos recibido de él, aparte afecto, distinciones y favores, enseñanzas constantes.


CHURUBUSCO


26 DE JUNIO DE 1989.</ref 4> Documento mecanografiado y firmado por su autor, en posesión de Dr. Lívingston D. Vaught (mawldva).


Alocución ditirámbica del Cronista de la Ciudad de México, Guillermo Tovar y de Teresa:</ref 5> Documento word, firmado por su autor, en posesión de Dr. Lívingston D. Vaught (mawldva).


ALOCUCIÓN DE GUILLERMO TOVAR Y DE TERESA, CRONISTA DE LA CIUDAD DE MÉXICO, EN HONOR DEL LIC. JORGE DENEGRE-VAUGHT PEÑA


México, D.F., 28 de junio de 1989.


0 == A Don Jorge Denegre Vaught. ==


Por Guillermo Tovar y de Teresa.


Conocí a Don Jorge Denegre Vaught en 1971.

Yo tenía quince años de edad y muy poco tiempo de haber iniciado la búsqueda de los libros que demandaba mi voracidad lectora y que luego utilizaba como instrumentos de trabajo. Varias personas que me habían hablado de Don Jorge y una de ellas, Don Gustavo Navalón, quien tenía su despacho en la calle de Donceles, me dio el consejo de buscarlo si quería conseguir dos libros que no se veían casi nunca en las librerías de viejo. Mi interés por ambos en ese momento era enorme. Uno de los dos era la Crónica dominica de Fray Hernando de Ojea, de principios del siglo XVII aunque publicada de manera póstuma a principios del actual por la imprenta del Museo Nacional, gracias a los empeños del director de su biblioteca, Don José María de Agreda y Sánchez, insigne bibliófilo erudito del XIX mexicano. Ojea en su crónica describe a la ciudad de México y a la iglesia de Santo Domingo tal como la vio en 1607, con su cielo lleno de estrellas, su purpúreo amanecer, su primavera de fuentes plantas y flores, sus calles anchas y sus edificios majestuosos y entre ellos la referida iglesia, entonces llena de retablos renacentistas, artesonado mudéjar y una sacristía decorada con temas bíblicos por Simón Pereyns, Andrés de Concha y Francisco de Zumaya. El otro era el de los Conventos suprimidos de México de Manuel Ramírez de Aparicio. Una anciana tía mía me lo había regalado en la edición de Agüeros, pero yo deseaba tenerlo en la edición primera de 1861 pues contenía litografías magníficas que permitían imaginar los conventos desaparecidos: San Francisco, cuyo aspecto imaginaba gracias a los recuerdos de García Cubas, que lo visitó de niño, o el de la Piedad, cuya iglesia llegó hasta los años del presente para ser demolida y ocupada por la Octava Delegación.


Yo tenía escasos recursos por mi edad y mi condición de estudiante de primero de preparatoria. Sin embargo, disponía ya de unos pocos libros para canje: cuatro tomos de la historia de Lucas Alamán, en su primera edición, del Pensador Mexicano, folletos en su mayoría.


Serían como las siete de la noche cuando salí de la escuela y me dirigí a casa de Don Jorge Denegre. Toda la tarde, en mi pupitre, me imaginaba los libros y empecé a preguntarme si no tendría otros que también buscaba. Llegando toqué el timbre y unos perros comenzaron a ladrar con tanta furia que me asusté; salió una muchacha y me preguntó si algo se me ofrecía y le expliqué mis motivos y le di mi nombre. Unos minutos después salió un hombre de pelo blanco vestido de traje con chaleco que me miraba extrañado. Comenzó por examinarme e interrogarme. Y así, tras la puerta, desde la calle le respondía sus múltiples preguntas. Le solicité el libro de Los Conventos y la Crónica de Ojea. Le dije que mi interés era obtener informaciones sobre el arte colonial y estuvimos hablando sobre retablos, conventos, iglesias y pintores. Así pasó hora y media. Me dijo que volviera otro día, pues tenía que buscar esos libros. Me fui feliz, no solamente por haber encontrado esas rarezas sino por haber conocido a una persona tan sorprendente, pues de libros sabía todo.


Volví una semana después. Ahora, sí me invitó a pasar a su casa-biblioteca. Me sentí suspendido, encantado, impresionado con el espectáculo que ofrecían las habitaciones repletas de libros inconseguibles. Recuerdo la estancia principal con su Virgen de Guadalupe <de Cabrera> que fuera algún día propiedad del padre Castillo y Piña, como luego me lo dijo, con sus anaqueles llenos de obras de historia regional y bibliografías de las que Don Genaro Estrada editara desde la Secretaría de Relaciones en los años veinte, colección que entonces me empeñaba en tener completa. Recuerdo el cuarto de arte e historia y el de obras mexicanas, donde, en esos años, el escritorio todavía servía para escribir. Las estancias de arriba estaban cerradas, lo cual picó mi curiosidad. Admirado, sorprendido, le enseñé los libros que iba a ofrecerle en canje y Don Jorge me mostraba a su vez los ejemplares del Ojea y de Los Conventos. El Alamán estaba en buen estado pero carecía del tomo V y los folletos y El Periquillo del “Pensador” le parecieron en mal estado. Cierto, tenían picaduras de polilla. Su ejemplar de Ojea estaba lavado y encuadernado de guinda por Castilleja y Los Conventos se hallaba completado con fotocopias, pero tenía completas sus litografías originales. Era tal mi ansia por tener y leer a mi antojo esos libros que no reparé en sus defectos. Sus ejemplares no eran perfectos y los míos tampoco, pero contenían lo que ambos siempre hemos considerado esencial en un libro: el texto completo, que en última instancia es lo que importa. Mi Alamán trunco lo había leído y lo había conseguido en quinientos pesos, cifra considerable para mí en esos días. Los folletos los había comprado en "Robredo" en una cantidad próxima a los mil pesos y esperaba obtener por ellos algún beneficio. El Lic. Denegre fue implacable y me dijo que si le daba mis libros y dos mil pesos me entregaría los libros que yo soñaba tener. Cerramos el trato y le pagué después, ya que me dio la facilidad de darle el dinero en una semana. Una persona me lo prestó y pude pagarle. Así empezó una relación que en muy poco tiempo se volvió amistosa y hoy día muy entrañable.


Don Jorge Denegre es un personaje único. Por su memoria, sus conocimientos en materia bibliográfica e histórica, su cultura general muy sólida, su amor a México, a los libros y al estudio, por su celo en la conservación del patrimonio bibliográfico nacional y sobre todo por su nobleza, su buen carácter y su raro sentido de la amistad fundado en la lealtad y la generosidad.


A Don Jorge le debo varios libros. Sin su ayuda jamás los hubiera escrito. Me refiero, más que nada, a la Bibliografía Novohispana de Arte y La ciudad y la Utopía en el Siglo XVI. Para el primero me dio todas las facilidades imaginables, desde consejos y fotocopias hasta originales maravillosos. En el segundo caso, me proporcionó el ejemplar del tratado del Alberti anotado de puño y letra del Virrey Mendoza, un libro impreso en París en 1512, pero leído en México en 1539 por Don Antonio, el primer Virrey de Nueva España. Esta joya increíble estuvo en mi poder todo el tiempo que ocupé en mi investigación hasta que luego lo doné a la Biblioteca Central de Antropología e Historia.


Los ratos que he pasado con Don Jorge hablando de libros y de las cosas de la vida han sido muy formativos y las anécdotas que hemos vivido juntos para mí serán inolvidables. Don Jorge ha sido uno de mis mejores maestros pues me enseñó a aprender, a sentir pasión por la bibliografía y los libros y a reírme de muchas cosas. Aunque jamás se ha tomado en serio, pues es muy inteligente y tiene mucho sentido del humor, Don Jorge es uno de los más serios bibliógrafos de México; su trabajo sobre Rivera Cambas así lo demuestra. Su colección de Grandes Crónicas Mexicanas es un esfuerzo admirable, así como sus ediciones que ostentan el rubro de Academia Literaria. Sus artículos históricos publicados en la Enciclopedia de México son prueba de su solidez en temas tan interesantes como el de la Piratería en el Golfo de Campeche.


Su obra escrita, sus esfuerzos por enriquecer las bibliotecas de México, su celo para denunciar saqueos, su honradez a toda prueba, la semilla que ha depositado en todos sus amigos y seguidores, sus conocimientos ya mencionados, que abarcan diversas materias, y su bondad, lo hacen acreedor a este homenaje y al reconocimiento de todos los que encontramos en él, a un hombre bueno, amigo y valioso como pocos. Vayan con estas palabras mis sentimientos de gratitud y admiración por este mexicano extraordinario.


LA BIBLIOTECA DENEGRE-VAUGHT

Don Jorge fue poseedor de varias extraordinarias colecciones. La más importante quizá sea la de obras de historia mexicana del siglo XIX. Respecto al período de Independencia posee bastantes primeras ediciones como son las obras de Alamán, Mora, Bocanegra, Zavala, Hernández Dávalos, Genaro García, Robinson, Ortiz, Mendívil, Zerecero, José María Tornel, Poinsett, Liceaga, Ward, Bullock y la rarísima obra, joya sinigual de nuestra biblioteca, Verdadero Origen, Carácter, Causas, Resortes, Fines y Progresos de la Revolución de Nueva España, a las que debe agregarse una buena cantidad de folletos y hojas de importancia como el Citatorio de Hidalgo para comparecer ante la Santa Inquisición. Perdió misteriosamente la primera edición de Fray Servando Teresa de Mier titulada Historia de la Revolución de Nueva España. Otra colección es la de la época del México Independiente incluyendo la Guerra con Francia, la cuestión de Texas y la Guerra de México con Estados Unidos. Posee muy buena parte de las fuentes principales de ese período. Su colección de libros y folletos de la Reforma, Imperio de Maximiliano y la Restauración de la República es indudablemente la más exhaustiva. La Revolución y el Porfirismo y la correspondiente a Derecho e Ideas Políticas en México son de gran importancia (tiene todas las primeras constituciones de la República y la primera edición de todas las de los Estados de la República).

Y entre todos estima la Representación Político Legal que hace a Nuestro Señor Soberano, Don Phelipe Quinto, (Que Dios Guarde) Rey Poderoso de las Españas, y Emperador siempre augusto de las Indias, para que se sirva de declarar: No tienen los españoles indianos óbice para obtener los empleos políticos, y militares de la América, y que deben ser preferidos en todos, así ecleseásticos, como seculares, obra de Juan Ahumada. Este capital documento fue destruido por las clases hegemónicas hispanas. Ni José Toribio Medina conoció este impreso, que vio la luz en Madrid, en 1725. [1]
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