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Jesús Ferrero

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Jesús Ferrero.
(cita famosa)
(origen de la cita)

Jesús Ferrero


Zamora, 30 de diciembre de 1952


Escritor español


[escribe] Biografía

Pasó su juventud en Barcelona, Ginebra (Suiza), Madrid y París. Realizó su instrucción militar (1978) en el C.I.R. nº 9 de San Clemente Sasebas, de donde fue destinado al Regimiento de Artillería de Campaña nº 21 (Lérida). En la Escuela de Altos Estudios de la capital francesa se graduó en Historia Antigua referida al mundo griego, a la vez que ejercía de portero de noche en el Hotel Marigni, donde escribió su primera novela, Bélver Yin (1981), con la que obtendría el Premio Ciudad de Barcelona de 1982.

[escribe] Obra

Ha publicado las novelas:

Ha publicado, además, del libro de diálogos Lucrecia Temple: Encuentro en Berlín (1987).

La pequeña Editorial Pamiela de Pamplona editó sus tres libros de poemas: Río Amarillo (1986), Negro sol (1987) y Ah mira la gente solitaria (1988). Siruela publicó su cuarto y hasta ahora más reciente libro de poesía, Las noches rojas (2003), por el cual recibió el premio Barcarola de poesía.

También ha publicado una obra de teatro: Las siete ciudades del Cíbola (Huerga y Fierro 1999).

En el año 1989, la Revista de Occidente dedicó un número doble (98-99) a la “Narrativa española actual”. En él, Jesús Ferrero publicó un capítulo de La era de la niebla, que iba encabezado por el siguiente texto:

Mi poética podría resumirse en seis aforismos:

  1. La fusión de patetismo e inteligencia ha dado a menudo obras maestras; en cambio, el patetismo a solas es la peor escuela poética.
  2. Es casi seguro que sólo sobrevive lo que no es nuestro, lo que nos excede, lo que, al leerlo, nos parece ajeno.
  3. Al arte no han de exigírsele ni justificaciones previas ni moralejas: aditivos imperdonables (y que, no obstante, son muy valorados por los críticos) que matan la obra, instrumentalizándola.
  4. La imaginación sólo debiera servir para suplir las deficiencias de la visión.
  5. El arte empieza donde comienza la paradoja, que es la ambigüedad multiplicada. Frases ambiguas lo son muchas, pero no ocurre lo mismo con las frases paradójicas. Para que la paradoja aflore es necesario que a una ambigüedad le suceda otra como respuesta, y que al cruzarse con ella genere en su cópula nuevas paradojas que se encadenen a las anteriores.
  6. Si un día un autor me dijera: "Aspiro a conquistar un lenguaje escrupulosamente antiliterario, y, al mismo tiempo, profundamente estético", yo le diría: "Creo que estoy contigo, aunque no sé si te entiendo."


[escribe] Referencias


Otras fuentes de información

Notas


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