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Isla de Izaro

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Isla del mar Cantábrico situada en la costa de Vizcaya (España) frente a las localidades de Bermeo y Mundaka a una distancia de 3 kilómetros de la primera y 2,2 km de la segunda en las coordenadas geográficas 43º 25' 29" de latitud Norte y 2º 40' 56" de longitud Oeste. La isla, de forma trapezoidal vista desde Bermeo y Mundaka, tiene una longitud de 675 metros y una anchura máxima de 185 metros. En la explanada superior que alcanza en su punto elevado los 40 metros de altura sobre el nivel del mar, se erigió un convento franciscano que perduró hasta mediados del siglo XVIII; abandonado el convento, del que apenas quedan vestigios, la isla acostumbraba recibir visitas de jóvenes de acampada, hasta que el patronato de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, de la que forma parte, prohibió tal actividad. Actualmente la isla está habitada por infinidad de gaviotas. Sus costas y alrededores son zonas de buceo y pesca viéndose en verano gran cantidad de pequeñas embarcaciones de pesca deportiva con puerto en Mundaka, Pedernales y Bermeo.

Éizaro
I
Entre Mundaca y Bermeo,
dos pueblos de noble historia,
una islita solitaria
parece que en el mar flota.
Éizaro tiene por nombre,
y aunque apenas de la costa
dista tres millas marinas,
rara vez naves la abordan.
De verde césped y flores
la cubre perenne alfombra
pero ni un mísero arbusto
en su superficie brota
y cuando el golfo Cantábrico
se agita y ruge de cólera,
mezclan las aves marinas
allí su voz quejumbrosa
a los bramidos del monstruo
que los espacios asordan.
Allí hay un montón de ruinas
que un campanario corona,
campanario sin campanas,
que es lira de cuerdas rotas;
y aquellas ruinas informes
despiertan santas memorias
en mi alma de cristiano
y mi alma de patriota.
II
Valle arriba, valle arriba,
alza su secular copa
el santo árbol que sombrea
las libertades vasconas,
combatidas y triunfantes
desde la edad más remota
para que ni aun del martirio
les falte la palma hermosa.
Valle abajo, valle abajo,
la mar, el poder y gloria
de Dios con acento ronco
de santa emoción, pregona,
y donde la mar comienza
dice a la mar una roca:
«¡Desde el principio del mundo
soy objeto de tu cólera
y no has podido vencerme
porque Dios es quien me apoya!»
-¡Dios es quien me apoya! el eco
repite en la verde Albóniga,
y esta voz la tierra libre
repite como voz propia,
y el árbol foral, sus ramas,
«que no han dado nunca sombra
a rendidos ni traidores»
hacia el santo templo encorva.
III
Sí; aquellas ruinas informes
despiertan santas memorias
en mi alma de cristiano
y mi alma de patriota.
Allí donde hay sólo escombros
y a la voz de la mar ronca
sólo responde el quejido
de las blancas gaviotas,
se alzó un día un monasterio
cuyas campanas sonoras
la gloria de Dios cantaban
al són del viento y las olas
y de los hosannas santos
que el anacoreta entona;
y allí reyes y señores
en romería devota
iban, después que juraban
por Dios y su alma y su honra
respetar perpetuamente
las libertades vasconas,
bajo el frondoso ramaje
del árbol que aún les da sombra,
y tornaban de allí ungidos
con la bendición hermosa
de Dios y el pueblo, la única
que hace santas las coronas.
IV
Deja que el poeta evoque,
augusta reina y señora
de estas leales montañas,
tu amada y dulce memoria.
Era una tarde apacible,
y mansamente las olas
impelían, impelían
tu nave hacia nuestras costas
para que fueses en ellas
bendita de boca en boca.
Ya casi «los anchos muros
del solar de Ercilla» sombra
daban a la regia nave,
cuando hizo virar su proa
una isla que el sol doraba
como moribunda antorcha;
y entonces los dulces ojos
con emoción misteriosa
fijaste en aquella isla,
como si una amada sombra
te llamase, te llamase
desde sus desiertas rocas,
y el cantor de las montañas
osó con voz temblorosa
las santas memorias de Éizaro
evocar a tu memoria;
y cuando nombró a tu abuela
Doña Isabel la Católica,
vio lágrimas en tus ojos
y bendijo tu alma hermosa.


El libro de las montañas.
Arte de hacer versos al alcance
de todo el que sepa leer

Antonio de Trueba (1867).
Biblioteca Virtual Cervantes.

La isla vista desde Mundaka.

Las gentes del lugar han solido especular sobre el origen de la isla; vista desde la playa de Laga, en el extremo nororiental de la reserva, presenta una forma similar al cabo de Ogoño, lo que ha motivado la creencia de que en tiempos remotos se desgajó de aquella roca hundiéndose en el mar. Sobre su titularidad es célebre la disputa mantenida entre la villa de Bermeo y la anteiglesia de Mundaka. Ambas localidades han mantenido a lo largo de la historia varios enfrentamientos acerca de sus límites territoriales con el transfrondo de su distinto rango, así defendía la anteiglesia de Mundaka sus derechos sobre la tierra llana sobre la que Bermeo tenía pretensiones. Estas disputas llegaron incluso a Juntas Generales que consideró necesario nombrar una comisión para el establecimiento de los límites, pero ni así se arreglaron completamente las disputas. De aquellos problemas quedan pruebas en la pertenencia de Diminibus a Bermeo y la adscripción de su iglesia a la parroquia de Mundaka.

Quizá de todas aquellas disputas surgiera la leyenda de la regata de Izaro, de la que aún mantienen algunos autores reservas sobre su verdadera realización. Cuenta ésta que para dilucidar la propiedad de la isla, decidieron mundaqueses y bermeanos disputar una regata bajo el arbitraje de Elantxobe, si bien ésta última tambien reclamaba la isla, al parecer cedió finalmente a sus pretensiones. La regata debía dar comienzo al amanecer, y una vez celebrada los remeros de la trainera de Bermeo salieron victoriosos a pesar de perder a uno de sus hombres ahogado; la tradición mundaquesa cuenta, sin embargo, que los bermeanos encendieron hogueras para que el gallo cantara antes lo que les dió la ventaja necesaria para ganar la regata.

La regata se conmemora actualmente el 22 de julio, con una fiesta de hermanamiento entre Mundaka, Bermeo y Elantxobe. En el acto principal de la fiesta, el alcalde de Bermeo que lo será ese día también de Elantxobe y Mundaka, en presencia de los alcaldes de Mundaka y Elantxobe, lanza una teja al mar junto a la costa de Izaro diciendo Horraino heltzen dira Bermeoko Itxuginak (hasta aquí llegan las goteras de Bermeo), fórmula mediante la cual se renueva anualmente la posesión bermeana de la isla, y se asciende a ella para colocar una ikurriña, siendo casi el único día del año que la isla recibe visita.