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Industria lítica

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Industria lítica es una expresión que, en Prehistoria, se refiere al conjunto de herramientas transformados intencionalmente por medio de técnicas y métodos diversos, teniendo como soporte una roca o un mineral. Sin embargo, no todos los objetos elaborados en piedra deben incluirse en esta definición, ya que deben ser excluidos aquéllos que entraría dentro de la definición de obras de arte; por ejemplo ciertas venus paleolíticas, idolillos, plaquetas grabadas, cantos pintados, etc. Así, pues, esta expresión suele reservarse a piezas de utilidad cotidiana (armas de caza, herramientas terminadas, etc.) y a los desechos resultantes de su elaboración (núcleos, preformas, lascas, fragmentos informes…).

Índice

[escribe] Valoración de la industria lítica en los estudios prehistóricos

La industria lítica es uno de los elementos más accesibles de la cultura material en Arqueología, pues, dada su naturaleza, puede preservarse durante miles, cientos de miles e incluso millones de años; siendo, por ello, la huella más abundante del ser humano prehistórico y de su cultura. Esto hace que la industria lítica sea, a menudo, un objetivo invariable de la investigación en Prehistoria, constituyendo la base para diversas especialidades (la tecnología lítica, la trazalogía, etc.), las cuales pueden integrarse en el concepto más holístico de cadena operativa.

Las industrias líticas han servido, tradicionalmente, a partir de la presencia de determinados tipos o técnicas, y de sus proporciones, para determinar la personalidad de periodos sucesivos de la Prehistoria y segregar las llamadas culturas. Ya desde los pioneros se utilizó la división entre Paleolítico y Neolítico, inspirada en las diferentes maneras de fabricar y utilizar herramientas de piedra. La expresión Industria lítica, u otras parecidas (tecnocomplejo, por ejemplo) se emplean, a menudo, como sinónimos menos problemáticos de la palabra cultura (por ejemplo, citar una industria lítica Achelense, es menos problemático que hablar de una cultura Achelense).[1]

Aunque, en efecto, la Industria lítica manifiesta factores culturales y económicos de determinados grupos humanos, los objetos de piedra, vistos desde un marco global, son extremadamente diversos; tanto, que su amplitud es inabarcable por el momento: hay piezas que parecen astilladas accidentalmente y otras tan finamente talladas que provocan el asombro de los más experimentados investigadores; algunas pueden llegar a pesar varios kilos y, otras, apenas superan el tamaño de un clip. A menudo, la variabilidad es enorme y, en ciertas ocasiones, las coincidencias entre culturas sin relación posible son inexplicables. De hecho, la industria lítica, por sí misma, no sirve para determinar la personalidad de una cultura prehistórica, y mucho menos su cronología; sólo combinada con el estudio de su contexto arqueológico puede llevar a resultados aceptables.[2]

Esto se debe a que las industrias líticas no son más que una porción dentro del gran sistema material de la cultura de los seres humanos. Sólo entendiéndolo así puede verse su vínculo con otros subsistemas: Las industrias líticas satisfacen una serie de necesidades ligadas a actividades específicas (cortar, despiezar, raer…), las cuales, a su vez, interactúan con otros subsistemas culturales.[3] Si el investigador no se centra solamente en las herramientas líticas y es capaz de asociar sus conclusiones a las de otras especialidades, se aumenta la fiabilidad de sus interpretaciones, mejorando la aproximación al estudio del comportamiento humano y sobrepasando la barrera de lo material, para apreciar, como diría André Leroi-Gourhan, al hombre detrás del guijarro («retrouver l’Homme derrière le caillou»).[4]

De todos modos, gracias a su capacidad de fosilización frente a objetos elaborados en materiales perecederos (bióticos, es decir, orgánicos), las industrias líticas son esenciales para estudiar el comportamiento humano. Aunque, forzosamente haya que contemplar la posibilidad de la existencia de herramientas de madera, hueso, fibras vegetales o cuero. En concreto, durante el Paleolítico Inferior, salvo alguna excepción, al margen de los restos paleontológicos, sólo tenemos oportunidad de estudiar piezas líticas. En el Paleolítico Medio, ya hay algunos objetos de hueso, incluso, madera (pero siguen siendo escasos). Para periodos más recientes, el protagonismo de la piedra va siendo paulatinamente ensombrecido por otros soportes, como el hueso, la cerámica o los metales:

Sólo con la condición de admitir que este utillaje (lítico) no representa más que una mínima parte del equipamiento de los hombres fósiles puede reconocerse el auténtico valor de su testimonio; pero si eliminásemos los materiales imperecederos como el sílex, no nos quedaría prácticamente nada.[4]

[escribe] Evolución de la tecnología lítica

Dos aspectos marcarán la evolución de la industria lítica a lo largo de toda la Prehistoria, el primero es la capacidad de aprovechar la materia prima hasta sus últimas consecuencias por medio de técnicas y métodos cada vez más sofisticados y que permitan evitar los riesgos y gastos inútiles. El segundo es la aparición, estandarización y diversificación de tipos de útiles (no sólo de piedra), hasta alcanzar una multiplicidad incalculable.

Los estudios más conocidos acerca de la eficacia en el aprovechamiento de la materia prima y el perfeccionamiento tecnológico de la talla (en sentido amplio) se deben a André Leroi-Gourhan, aunque en este sentido su labor es más divulgativa que especializada, ya que existen en la actualidad numerosos estudiosos que experimentan aspectos más avanzados y específicos. No obstante, Leroi-Gourhan ofrece un marco de comprensión más abierto y diacrónico, por lo que es útil traerlo a colación.[4]

Evolución de la Tecnología lítica según la propuesta de Leroi-Gourhan

[escribe] Paleolítico Inferior

Hasta el momento, ninguna investigación ha sido capaz de establecer umbrales objetivos para distinguir las primeras herramientas humanas de los ingenios que puedan usar ciertos animales, más o menos inteligentes. Lo dicho vale, sobre todo, a la hora de establecer cuándo fue fabricada el primer instrumento por un homínido (sea prehumano o no).

Las culturas del Paleolítico Inferior son las más longevas, por lo que no es de extrañar que incluyan desde las piezas apenas esbozadas sobre guijarros, hasta los espectaculares bifaces micoquienses, de una cuidadísima hechura.

[escribe] El complejo de los cantos tallados

Canto tallado olduvayense

Las primeras herramientas conocidas son, básicamente, cantos tallados y lascas, por eso a las culturas humanas más antiguas se las suele dar esta denominación, aunque también es común referirse a ellas como Olduvayense o como Modo 1. Su cronología se inicia hace algo más de 2 600 000 años en África oriental,[5] asociada a las primeras especies humanas, como Homo habilis y H. Rudolfensis (aunque hay más especies candidatas, algunas de las cuales podrían ser prehumanas).

Los cantos tallados mono o bifacialmente tallados tienen una finalidad dudosa (podrían ser núcleos, útiles o ambas cosas), y las lascas que resultan de su elaboración se usaron tales cuales o después de retocarlas. En general, estas primeras industrias humanas carecen de estandarización formal, por lo que, a menudo, es difícil un gesto humano intencional, de una fractura natural accidental, a no ser que aparezcan en un contexto arqueológico claro o, lo que es más raro, que conserven huellas de uso.

Avanzada esta fase cultural, comienza la estandarización, tanto de los gestos técnicos, como de las morfología de los objetos, surgiendo la extracción centrípeta de lascas y la hechura poliédrica, apareciendo los primeros bifaces, picos triédricos y hendidores junto con algunos tipos concretos sobre lasca: raederas, muescas y denticulados.[6]

[escribe] El complejo Achelense

Bifaz achelense

El Achelense, que se extiende, prácticamente, por todo el Viejo Mundo, es tal vez una cultura o, más probablemente, varias. Para soslayar este problema, se le denomina, en ciertas ocasiones, Tecnocomplejo con bifaces o, incluso, Modo 2. Parecer surgir en África oriental hace 1 600 000 años, aproximadamente, aunque parece haberse extendido hacia Eurasia, como mucho, hace un millón de años.[7] En el Achelense se detectan algunas novedades técnicas respecto a la etapa anterior, aunque, a decir, verdad, el cambio no es radical. No obstante, sí se aprecia una mayor maestría, una gestión más inteligente de la energía y de la materia prima, y una tendencia a controlar mejor la respuesta de la fractura concoidea de la roca por medio de métodos de talla conceptualmente más sofisticados. Se desarrolla la extracción de lascas de forma y tamaño preconcebido (método Levallois y sus variantes), comienzan a usarse percutores elásticos o blandos (de cuerna o de madera) que permiten una hechura más cuidada y la configuración morfológica de las piezas se estandariza. El tipo lítico más característico, como se da a entender más arriba, es el bifaz. [8]

Las novedades introducidas durante el Achelense poseen todo el potencial que luego se desarrollará durante el Paleolítico Medio y, más en concreto, durante el Musteriense europeo. Aunque el Achelense adolece de cierta falta de especialización, en realidad no hay una ruptura clara entre ambas culturas, sino, más bien, una transición gradual.

[escribe] Paleolítico Medio

En esta etapa se consolida la diversidad tecnológica humana en el Viejo Mundo, de modo que las divisiones globales se vuelven completamente arbitrarias, pues no hay un paralelismo claro entre las culturas que se desarrollan en Asia, África o Europa. No obstante, en todas ellas se percibe una base común que, a menudo, ha sido denomina musteroide, aparentemente surgido en Occidente, pero que acaba extendiéndose hacia el Oriente, donde, a pesar de todo, parece sobrevivir la tradición de los cantos tallados y las grandes lascas.

En el caso concreto de Europa y la cuenca mediterránea, el complejo Musteriense (o Modo 3) se da desde hace algo más de 200 000 años estrechamente ligado al Hombre de Neandertal; que perduraría, en la península Ibérica —su último reducto—, hasta hace algo menos de 30 000 años.[9]

Su desarrollo a partir del Achelense por evolución autóctona y paulatina es muy probable, máxime si se tiene en cuenta que la especie asociada, los Neandertales, también aparecen evolucionando a partir de H. Heidelbergensis, sin que sea posible establecer un umbral concreto de separación.[10] Asimismo, su desaparición aún es tema de debate, pues, ciertas culturas incluidas en el Paleolítico Superior europeo podrían ser epígonos del Musteriense (siendo el caso más notorio el Châtelperroniense).[11]

En el Paleolítico Medio el cambio es más cultural que tecnológico, ya que no hay grandes novedades técnicas; sin embargo es innegable que pasamos de industrias basadas en útiles nucleares, donde las lascas eran algo secundario (o, incluso despojos) a culturas que basan su equipamiento en las lascas estandarizadas y retocadas, pasando los objetos nucleares a ser el desecho. Así, pues, el complejo musteroide se caracteriza por ese giro cultural: se centra en la producción de útiles sobre lasca, perfeccionando las técnicas y métodos de extracción de los soportes de una amplia variedad de objetos, terminados por medio del retoque. De ahí la diversificación de tipos líticos, algunos de los cuales son claramente especializados, aunque haya otros más genéricos.[3]

Asimismo, en este periodo es cuando se desarrolla más intensamente el método Levallois y sus variantes. Apareciendo al principio en África y, desde allí parece haberse expandido por Europa y Asia. Los productos más comunes fueron las raederas y los denticulados, aunque también son típicas las puntas musterienses, los buriles, los raspadores, etc.

Paralelamente, en África, aparecen los primeros humanos físicamente modernos, o, más propiamente, primitivos modernos, que superan la fase musteroide creando una cultura con un soporte más cuidado: las hojas.

[escribe] Paleolítico Superior

Hoja de sílex paleolítica

Tomando el concepto de Paleolítico Superior, o Modo 4, en sentido amplio, es decir, que abarque todos los continentes y la gran variedad de culturas que se dan desde la aparición de los primeros humanos modernos (que en esta fase ya ocupan todo el globo), hasta el fin de la última glaciación (hace unos 10 000 años).[12] En efecto, la expansión humana tiene como consecuencia una explosión cultural de tal magnitud que resulta poco menos que imposible dar cuenta de todas las variantes culturales que se desarrollan tanto en África, Asia y Europa, como en América, Australia y el resto de Oceanía.

[escribe] Epipaleolítico y Mesolítico

Punta de flecha

Las diferencias entre el final del Paleolítico Superior y el Epipaleolítico son escasas, ciertos autores lo interpretan como una adaptación a las nuevas condiciones climáticas.[14] En el Viejo Mundo, el mayor cambio se da con la invención del arco y las flechas, mucho más efectivos que un propulsor en un ambiente de bosque templado. Mientras que el propulsor es adecuado para enfrentarse a grandes manadas en campos abiertos (esteparios) o para pescar, ya que necesita que el lanzador coja impulso y se mueva en un espacio despejado. El arco se puede adaptar a la caza al acecho en medio de la maleza, sin movimientos bruscos que le delaten.

Pico para marisqueo

En las zonas costeras de todo el mundo proliferan grupos especializados en el marisqueo, con utensilios específicos para arrancar lapas, percebes u otros animales de litoral. Los yacimientos suelen ser enormes acumulaciones de caparazones de crustáceos, moluscos, espinas de pescado y herramientas (Concheros). Uno de los tipos de herramienta más común es el pico, como el que aparece en la cultura Asturiense del cantábrico español y en la zona galaico-portuguesa.[15]

Éste también es un periodo en el que se desarrolla la recolección especializada de vegetales (forrajeo), sobre todo de gramíneas, con lo que tenemos que añadir herramientas para este régimen de vida: hoces, azadones y morteros, principalmente. Con el tiempo, el forrajeo especializado convertirá en una auténtica agricultura.

Como esta transición ocurrió en varias partes de mundo en diferentes fechas, se creó el concepto de Mesolítico, etapa a la que hay que despojar de contenido cronológico y entenderla como una fase intermedia entre la economía cazadora recolectora y la ganadera-agricultora del Neolítico. El verdadero mesolítico es propio de etapas dinámicas, en las que se percibe el cambio, en el resto ha de hablarse de Epipaleolitico.[16]

En cualquier caso, tanto las primeras flechas como los dientes de hoz estaban hechos de microlitos que, al menos en principio, cobran una importancia considerable.

[escribe] El Neolítico y los primeros metales

A pesar de que, a menudo, el Neolítico es definido como el periodo en el que aparece el pulimento de la piedra, este factor es secundario, no sólo para la industria lítica, sino para la comprensión del Neolítico en general. De hecho, el pulimento ya había sido usado en el Paleolítico para ciertas estatuillas de piedra y, por supuesto, para numerosos objetos de hueso. Adicionalmente, la talla sigue siendo el principal procedimiento con el que se trabajaba el instrumental de piedra.

Dientes de hoz y hoz neolítica reconstruida hipotéticamente

Obviamente, las mayores novedades del Neolítico no implican cambios espectaculares, sino el desarrollo del equipamiento necesario para la agricultura. Así, asistimos al perfeccionamiento de aperos genéricamente llamados hachas, pero que pueden ser, también, azadas, azuelas o herminettes. Muy importantes son, asimismo, los molinos de vaivén (compuestos de una piedra base plana o cóncava sobre la que se arrastra una molendera o mortero, majando el grano con golpes o por fricción). Tanto éstos como aquéllas serían lo que se denomina macroindustria, por ser piezas de gran tamaño. La técnica de fabricación en ambos casos es similar: la preforma se consigue por medio de la percusión, a base de lascados o de piqueteado, mientras que el acabado es el pulimento.

Este pulimento no es imprescindible; de hecho, no ha podido demostrarse que una azada pulimentada sea más eficaz que una herminette que solamente ha sido tallada. Incluso, muchas de las hachas pulidas, cuando pierden el filo, son reavivadas por medio de la talla.

Hoja
Hacha pulimentada
Molino de vaivén

Un aspecto digno de mención en la tecnología lítica del Neolítico y las primeras fases del metal es el descubrimiento de maneras complejas de extraer larguísimas hojas, generalmente de sílex particular, obsidiana u otros materiales de sobrada calidad. Los núcleos de la región de Grand-Pressigny (en Francia), la utilización de compresores de palanca aztecas, los itzcolotli;[17] así como otros métodos, si no iguales, al menos equiparables, en el Egipto predinástico, la antigua Mesopotamia, en el Indo y en el Extremo Oriente; son algunos ejemplos que demuestran la que la extracción de grandes hojas se profesionaliza. Sin embargo, al mismo tiempo, muchas de las piezas se pueden fabricar a partir de simples lascas, por ejemplo, las puntas de flecha o los dientes de hoz. [3]

Alabarda de sílex elaborada con retoque cubriente

El tipo de retoque dominante es el cubriente, invasor y paralelo, obtenido por presión. El mismo sistema que, en esencia, sirve para la extracción de hojas u hojitas, es el que da forma a las puntas de flecha, alabardas, cuchillos, etc.[18]

Lo que sí resulta radicalmente novedoso es el desarrollo de la minería para extraer materias primas como el sílex, la calcedonia y, especialmente, la obsidiana. Esta labor no solo implica la aparición de picos de minero, sino que redunda en el desarrollo del comercio de rocas de calidad. La explotación minera es señal de un trabajo organizado y jerarquizado, propio de sociedades avanzadas. En Europa hay ejemplos de minas como la de Sélédin (Francia) cuya roca, la dolerita, se usaba para la manufactura de hachas pulimentadas. O caso muy conocido es el de Grimes Graves, en Inglaterra, donde se extraía sílex de pozos de más de diez metros de profundidad. Más organizados, incluso, parecen los productores de obsidiana, cuyas minas se reparten por todo el Próximo Oriente o por Mesoamérica, abasteciendo a vastas regiones circundantes de bloques de roca desbastados y preparados para su explotación inmediata.[19]

Si dejamos al margen la cuestión de la arquitectura, el desarrollo del bronce y del hierro desbanca la piedra (esto no ocurre en América, obviamente), salvo excepciones: no es raro encontrar piezas medievales talladas, como los discos tabulares, cuya función se desconoce, o los tradicionales trillos. Actualmente siguen demandándose bisturíes quirúrgicos con filo de obsidiana, mucho más eficaces que los metálicos.[20]

[escribe] Referencias

Artículos relacionados

Bibliografía

Otras fuentes de información

Notas

  1. Renfrew, Collin y Bahn, Paul. Arqueología, teoría, métodos y prácticas, Editorial Akal, Madrid, 1993. ISBN 84-460-0234-5. 
  2. Benito del Rey, Luis y Benito Álvarez, José-Manuel. Métodos y materias instrumentales en Prehistoria y Arqueología (la edad de la piedra tallada más antigua). Tomo II.-Tecnología y tipología, Gráficas Cervantes, Salamanca, 1998. ISBN 84-95195-05-4. 
  3. a b c Inizan, Marie-Louise; Roche, Hélène y Tixier, Jacques. Technology of kapped stone, Meudon, 1992. CREP, CNRS. 
  4. a b c Leroi-Gourhan, André. Le geste et la parole, Albin Michel, Paris, 1964. 
  5. Roche, Hélène, "Hadar et les industries préacheuléennes d'Afrique orientale", Bulletin de la Société Préhistorique Française , Tomo 79 , número 6, 1982. ISSN 0249-7638.
  6. Jean y Nicole Chavaillon hablan de cierta diversificación tecno-tipológica a partir del Olduvayense evolucionado, en Melka Kunturé, Etiopía, en un estrato correlativo con el Lecho II de la Garganta de Olduvai. Estos investigadores sospechan, incluso, de la existencia de instrumental óseo, aunque no se atreven a afirmarlo rotundamente(Chavaillon, Jean y Chavaillón, Nicole, "Le Paléolithique ancien en Éthiopie. caractères techniques de l'Oldowayen de Gomboré I à Melka-Kunturé", Colloque V de Niza , Tomo IX: Les plus anciens industries d'Afrique, Union international des Sciences préhistoriques et protohistoriques, 1976. Páginas 43-68. )
  7. Carbonell, Eudald, "Una nueva sociedad", Sapiens: el largo camino de los homínidos hacia la inteligencia , Capítulo 4, La infancia de la tecnología, Editorial Península, Barcelona, 2000. ISBN 84-8307-288-2.
  8. Bordes, François, "Leçons sur le Paléolitique", Cahiers du Quaternaire , Tome III: Le Paléolitihique hors d'Europe., Número 7, 1984. CNRS, París.
  9. Tradicionalmente se viene defendiendo, para los Neandertales europeos, una cronología entre 100 000 y 35 000 años de antigüedad; sin embargo estos cálculos son conservadores, pudiendo ofrecerse otros más actualizados que indicarían que los Neandertales aparecieron, cuando menos, hace unos 200 000 años (Stringer, Christopher y Gamble, Clive. En busca de los neandertales. La solución al rompecabezas de los orígenes humanos, Crítica. Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1996. ISBN 84-7423-703-3. ) y desaparecieron hace poco más de 20 ó 25 000 años: Fernández, Santiago; Fuentes, Noemí; Carrión, José S.; González-Sampériz, Penélope; Montoya, Encarna; Gil, Graciela; Vega-Toscano, Gerardo y Riquelme, José A., "The Holocene and Upper Pleistocene pollen sequence of Carihuela Cave, southern Spain", Geobios , Volumen 4, Issue 1, 2007. DOI:10.1016/j.geobios.2006.01.004.
  10. Bordes, François, "Essai de classification des industries “moustériennes”", Bulletin de la Société Préhistorique Française , Tome 50, páginas 457-466, 1953. ISSN 0249-7638.
    Arsuaga, Juan Luis, coordinador, "La Sima de los Huesos. Un yacimiento excepcional para el conocimiento de la evolución humana en Europa", Atapuerca. Nuestros antecesores , Junta de Castilla y León, páginas 127-186, 1999. ISBN 84-7846-871-4.
  11. Leveque, F y Vandermeersh, B, "Découverte de restes humains dans un niveau Castelperronien à Saint-Césaire (Charente-Maritime)", C. R. Acad. Sc. , Tome 291, numero 2, 1980. Paris, páginas 187-189.
  12. Sonneville-Bordes, Denise, "Le Paléolithique supérieur", Les ancêtres de l’homme , Hors-série, numero 129, 1979. Páginas 126-143.
  13. Laplace, George, "Recherches sur l’origine et l’évolution des complexes leptolithiques", Mélanges d’Acheologie et Histoire , 4º Suplemento, Êcole Française de Rome, 1966. París.
  14. a b Bordes, François, "Leçons sur le Paléolitique", Cahiers du Quaternaire , Tome II: Le Paléolitihique en Europe., Número 7, 1984. CNRS, París.
  15. Cano Pan, Juan Antonio, "Algunas consideraciones sobre los picos galaico-portugueses", Studia Zamorensia , Volumen IX, Estudios generales: Geografía, Historia e Historia del Arte, 1988. ISSN 0211-1837.
  16. Rindos, D.. Los orígenes de la agricultura. Una perspectiva evolucionista, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 1990. ISBN 84-7290-059-2. 
  17. Sahagún, Bernardino. 1999, "Colección sepan cuantos...". Editorial Porrúa. México, Historia General de las cosas de la Nueva España. ISBN 968-432-265-8. 
  18. Bernabeu, Joan; Aura Tortosa, Emili y Badal, Ernestina, "El sistema neolítico en la Europa mediterránea. Aspectos tecnológicos", Al oeste del Edén , Las primeras sociedades agrícolas en la Europa mediterránea, páginas 261-264, 1999. ISBN 84-7738-182-8.
  19. Wernick, Robert. Los constructores de megalitos, Salvat Editores, S.A.-Time-Life International, 1975. Brepols Fabrieken N. V. (Bélgica).  Páginas 84-87.
  20. Disa, J.; Vossoughi, J.; Goldberg, N. H., "A comparison of obsidian and surgical steel scalpel wound healing in rats", PubMed , Vol. 93, No. 5, 1993. PMID: 8415970.
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