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Imperio Romano de Occidente

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Se denomina Imperio Romano de Occidente a la parte occidental del Imperio Romano, durante su periodo de división.

Siendo ya notoria la decadencia en el Imperio Romano (395), el emperador Teodosio decidió dividir el imperio entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio, para facilitar el manejo de tan vastas tierras.

Los bárbaros penetraron el territorio del imperio romano después de su disolución.


Extensión del Imperio Romano de Occidente hacia el 395 d.JC..

Decadencia Occidental, Prosperidad Oriental.

División del Imperio Romano y principales pueblos vecinos.

La mitad Occidental con las penínsulas península Itálica y la península ibérica, las Galias, la isla de Gran Bretaña, el Magreb y las costas de Libia correspondió a su hijo Honorio, mientras que la parte oriental los Balcanes, Anatolia, Oriente Próximo y Egipto pasó a su hijo Arcadio, convirtiéndose con el tiempo en el Imperio Bizantino nombre tomado de Bizancio, denominación griega de su capital, Constantinopla.

Honorio situó su capital en Milán. Ya desde hacía tiempo, la mitad occidental del Imperio Romano había estado sumida en continuas guerras civiles por el poder, con generales que se rebelaban cada pocos meses y se autocoronaban emperadores alternativos, especialmente en Britania y las Galias. A este complicado cuadro que hacía tremendamente difícil mantener el gobierno sobre el Imperio de Occidente se unían las continuas injerencias de los pueblos bárbaros, que se ponían alternativamente a las órdenes de unos u otros contendientes o rompían con todos entregándose al saqueo según les convenía. Por todo ello, Occidente sufrió de forma mucho más contundente las consecuencias de la crisis del siglo III, mientras que Oriente lograba recuperarse poco a poco, a pesar de enfrentarse de forma continua a los godos y los persas, gracias a los ingresos que los ricos campos de Anatolia y sobre todo Egipto le proporcionaban, su mayor cohesión interna y su población más abundante y menos golpeada por las guerras civiles, la corrupción y las pestes como ocurría en Occidente.

Invasiones Bárbaras.

Los Germanos

La crisis se apoderó de forma irreversible de Occidente cuando los visigodos bajo el mando de Alarico I se dirigieron hacia Italia en el año 402. En un primer momento, el general romano de origen vándalo Estilicón, una de las últimas grandes figuras militares de Occidente, logró pararle los pies en la Batalla de Pollentia. Para desgracia de los romanos, las tropas ya no abundaban tanto como antes y Estilicón sólo pudo reunir hombres suficientes retirando buena parte de los que vigilaban la frontera del río Rin. A resultas de ello, en las navidades del 406 los vándalos, suevos, francos y en menor medida los gépidos, alanos, sármatas y hérulos, cruzaron de forma masiva el río helado y se extendieron como una plaga por toda la Galia y luego por Hispania, saqueando todas las ciudades a su paso. Poco después Alarico volvió a amenazar a Roma exigiendo el pago de importantes tributos, mientras en Britania un nuevo usurpador se coronaba a sí mismo como Constancio III. Estilicón se había mostrado incapaz de atajar la crisis y fue ejecutado en 408.

Las tropas romanas abandonaron Britania mientras era invadida por nuevos contingentes bárbaros con el fin de apaciguar la situación en la Galia (aunque se mantuvo romana, varios años después, gracias a la unificación de los pueblos y etnias de allí, por el general romano-celta Arturius (del salió la leyenda del rey Arturo y la Tabla (mesa) Redonda), coronado como su rey y que hizo frente a las invasiones bárbaras, gracias a él, la romanización y el cristianismo, llegaron más hayá del Muro de Antonino: a Caledonia, el actual norte de Escocia), pero poco pudieron hacer. En todo el Imperio la autoridad romana se desmoronaba, y sólo las sucesivas capitales de Milán y Rávena contaban con fuerzas suficientes. Con este cuadro, a Alarico le fue fácil chantajear a la abandonada ciudad de Roma asediándola sucesivamente en 408 y 409, retirándose cuando obtenía el oro convenido con el Senado. Pero el último año no se le pudieron entregar las 4000 piezas exigidas y ordenó saquear la ciudad en 410. Tal hecho fue visto por los propios romanos como el fin de una Era y un ultraje inimaginable, pues la ciudad que había conquistado el mundo caía ahora presa de los bárbaros. Alarico se dirigió luego a Nápoles con intención de embarcar y saquear África, pero murió por el camino. Sorprendentemente, Gala Placidia, hermana del emperador Honorio (refugiado en Rávena) que había sido capturada en Roma, consiguió convencer a los visigodos para que firmasen la paz y se aliaran con los romanos. Selló esta alianza casándose con el nuevo rey visigodo, Ataúlfo, al cual se le cedió la Aquitania en 412 con el fin de que restableciera la autoridad romana sobre la Galia, y lo consiguió tras largas guerras con otros pueblos bárbaros. Posteriormente, los godos recibirían también el encargo de restablecer el orden sobre Hispania, lo que consiguieron con una pequeña consecuencia: al expulsar a los vándalos de Hispania en 429, éstos se dirigieron a África y la arrasaron, tomando Cartago. Allí se apoderaron de lo que quedaba de la flota romana y aprendieron el arte de navegar, extendiendo su nuevo imperio marítimo sin problemas por Córcega, Cerdeña, parte de Sicilia y las Baleares. Saquearon también muchas ciudades, incluida de nuevo Roma en 455. Los romanos perdían el dominio de los mares y su principal reserva de cereales, la del Norte de África.

Los Hunos

Atila dirigiendo a sus hordas, durante la invasión de Italia.

Reducido a la Galia, Italia y parte de Hispania, el decadente Imperio vivió una nueva amenaza, peor todavía que las de los pueblos germánicos. Con la llegada de los hunos de Atila en 451, los romanos conocieron la destrucción total, los saqueos sistemáticos y el genocidio de poblaciones enteras. El ejército huno sólo pudo ser expulsado de la Galia gracias al genio militar del último gran general romano, Aecio, que aliado con los visigodos de Teodorico, los francos y los alanos, logró derrotar en la Batalla de los Campos Cataláunicos a los hunos y sus vasallos ostrogodos. Sin embargo, Atila se recuperó e invadió Italia en 452, deteniéndose sólo ante las puertas de Roma cuando el papa San León I Magno se entrevistó con él. Dos años más tarde, la envidia y los celos movieron al emperador Valentiniano III a deshacerse de su mejor general, Aecio, condenando al Imperio para siempre.

Pero no fue el final del pueblo huno, Orestes, un general de Atila, estaba emparentado con los llamados bárbaros, su propio hijo: Rómulo Augustus era de sangre grecorromana-huna (Orestes, se hizo con el control del Imperio, pero no se coronó emperador, debido a tener sangre bárbara, por lo que no le aceptarían de buen grado, y aunque le sucediese lo mismo a su hijo, el al haber nacido en Italia, si se le aceptaría).

El Final

Situación política de Europa en el año 476 d.JC..

A Valentiniano le sucedieron emperadores cada vez más débiles y ficticios, hasta que en 476, Rómulo Augústulo (su verdadero nombre era Rómulo Augusto), llamado despectivamente "Augústulo" por ser sólo un niño, fue depuesto por Odoacro, jefe de los hérulos (tribu ostrogoda-huna). No obstante, Odoacro quiso ganarse el favor del Imperio de Oriente enviando las insignias imperiales a Constantinopla, coronándose sólo como rey de Italia y por tanto asumiendo el gobierno de forma simbólica en nombre del Emperador de Bizancio. Por ello se considera a 476 como el fin del Imperio Romano y la Edad Antigua, y a Rómulo Augústulo como el último emperador, a pesar de que la autoridad de Occidente hacía tiempo que era historia y que Oriente, en cambio, sobrevivió 1000 años más bajo el gobierno de los bizantinos.

La Galia quedó dividida entre los nuevos reinos franco, burgundio y visigodo. Éste último asumió también el mando en Hispania y posteriormente trasplantaría su base a esta región, fundando en ella el Reino visigodo de Toledo, también llamado Gothia.


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Referencias

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Bibliografía


Notas