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Imperio contra el papado

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[escribe] La restauración del Imperio

Tras la caída del Imperio carolingio, en el 843, este se divide entre los tres nietos de Carlomagno: Lotario, Luis y Carlos, en el Tratado de Verdún. Lotario retuvo el título imperial. A la desintegración del Imperio le sobrevinieron las invasiones de escandinavos, magiares y sarracenos. En el 911 muere Luis el Niño, el último descendiente de la dinastía carolingia. Los nobles alemanes se reúnen en Forcheim para elegir un nuevo emperador. Estos nobles serán los electores; al emperador se le votará. Designaron a Conrado de Franconia, pero no llegó a consolidarse como emperador. Será la casa de Sajonia la que afiance un nuevo emperador. En el 919 Enrique I de Sajonia se hace con un trono que terminará siendo el del Imperio. Enrique I lucha contra los bárbaros infieles, construye castillos, renueva la caballería y se alía con la Iglesia. El suyo es un reino en expansión. En el 936 Otón I sube al trono, para continuar la labor de su padre. Fortalece su autoridad personal comenzando un proceso de sumisión de la nobleza alemana. En el 962 el papa Juan XII corona a Otón I como emperador. Pero el papado se convertirá en uno más de los obispados imperiales cuando el papa preste vasallaje al emperador. Sin embargo, aún no está claro qué es el imperio. El emperador influirá en los asuntos del papado. En el 963 es elegido papa León VIII; en el 964 Benedicto V, pero Otón I no está de acuerdo y restaura a León VIII.

En el 983 Otón III es coronado emperador por el papa Silvestre II. La concepción del imperio como una monarquía universal se formula bajo Otón III: un imperio con pueblos y reyes independientes que rendirán vasallaje al emperador, entre ellos el papa. El emperador es el auténtico sucesor de Pedro y el defensor de la Fe. El papa se convierte en un administrador de los bienes del Imperio, y en el lugarteniente del emperador. El Imperio, en sentido estricto, se limita a tres conjuntos políticos: el reino de Germania, el reino de Italia, y las regiones lotaringias, pero tiene muchos pequeños reinos que le prestan vasallaje.

[escribe] La querella de las investiduras y la reforma gregoriana

Europa era el centro de la cristiandad frente a los infieles. Existen dos grandes poderes que se disputan la autoridad suprema en Europa: el poder temporal del imperio y el poder espiritual del papado. Las relaciones entre ambos son tensas.

En el siglo XI, durante el tiempo de los Otones, el imperio nombraba cargos laicos en el papado. Esto se ve como una intromisión, pero los papas, frecuentemente, deben su cargo y su poder al emperador. Gregorio VI emprende una reforma de la Iglesia para recuperar su prestigio social y su poder de influencia y decisión en el Imperio. La cristiandad se debate entre la libertad de la Iglesia y la tendencia teocrática.

Los emperadores no tienen una sucesión hereditaria asegurada, ya que su cargo es electo, y tampoco poseen un patrimonio territorial seguro. El primer enfrentamiento abierto entre el papado y el imperio fue la querella de las investiduras (1024-1122). El emperador se denominará augusto, rey de los romanos, utilizará todos los apelativos que suenen a descendiente de los emperadores romanos, y adquirirá un carácter sagrado, proclamándose Hijo adoptivo de Dios de quien recibe directamente el poder. Pero ha de ser coronado por el papa. El emperador se considera el legítimo sucesor de Pedro. Es lo que se conoce como cesaropapismo. El cesaropapismo alcanza su cima con Enrique III (1039-1056). Enrique III obligó al papa Gregorio VI a convocar el Concilio de Pavía y el Sínodo de Sutri, en el 1046. Para iniciar la reforma de las costumbres de la Iglesia, en donde que se condena la simonía y el matrimonio sacerdotal.

Tras la muerte de Enrique III surge en Roma un movimiento tendente a liberar al papado del sometimiento al imperio. Reivindican la libertad de la Iglesia, en todo el mundo cristiano, para nombrar sus funcionarios. Tratarán de dignificar la vida moral de los clérigos, condenando la simonía, el nicolaísmo e imponiendo el celibato. Se pretenderá fortalecer la autoridad papal. Para ello se unificará la liturgia y los ritos de la Iglesia, con lo que todas las iglesias nacionales quedan sometidas a la autoridad del papa. Se suprime la investidura laica, la Iglesia nombrará a sus obispos, tendrá inmunidad jurídica e inviolabilidad para sus bienes y personas. El papa será independiente ante el emperador. El papa es quien nombra reyes y emperadores, y una condena o una destitución del emperador, por parte del papa, implicará que todos los nobles con opciones al trono imperial se pongan en contra del emperador. El poder civil debe procurar la salvación de todos los hombres, con lo que la Iglesia se convierte en la suprema autoridad moral, que debe controlar al poder temporal.

Esta reforma irrita al emperador, que depone al papa y nombra a Nicolás II. Nicolás II seguirá adelante con la reforma, instituyendo el Colegio Cardenalicio, como único responsable de la elección del papa. Pero el gran papa reformado será Gregorio VII.

La pugna entre el regnum y el sacerdocium surge entre Gregorio VII y Enrique IV. Durante la minoría de edad del emperador su poder se había debilitado, y había ganado posiciones el papa. Pero al llegar a la mayoría de edad, Enrique IV intenta recuperar su autoridad. El sometimiento de la nobleza alemana supone una intervención en los territorios papales. Además, había perdido su capacidad de nombrar a los obispos alemanes. En el 1076 se reúne el Sínodo de Worms, y el emperador y los príncipes alemanes deponen a Gregorio VII. Por su parte, Gregorio VII excomulga a Enrique IV. Los príncipes alemanes se reúnen en la Dieta de Tibur y deponen al rey de Alemania. El emperador se encuentra con una rebelión nobiliaria, al verse libres de su vasallaje por haber sido excomulgado el emperador. Enrique IV es derrotado y absuelto, por Gregorio VII, en Canosa en el 1077. Sin embargo, esto no detiene a los nobles alemanes, que deponen a Enrique IV y eligen un nuevo emperador, Rodolfo de Suabia, en el 1080. Gregorio VII reconoce al nuevo emperador. Enrique IV depone al papa, y Gregorio VII vuelve a excomulgar al emperador. Rodolfo muere en la guerra, en el 1080. El emperador nombra papa a Clemente III. En el 1083 Enrique IV conquista Roma, pero no hace prisionero al papa, que se refugia en el castillo de Sant Ángelo, de donde será liberado por los normandos de Roberto Guiscardo en el 1084.

En el 1085 muere Gregorio VII, pero el conflicto continuará con los distintos papas. En el 1088 es nombrado papa Urbano II, que intentará buscar una solución de compromiso al conflicto. En el 1095 Urbano II proclama la primera cruzada. La intransigencia de los contendientes dificulta el entendimiento. En 1106 muere Enrique IV y sube al trono Enrique V. Enrique V intenta someter al papa y envía una expedición a Italia. El papa le excomulga. El emperador tiene que enfrentarse a las ambiciones de los príncipes alemanes. Los papas que elige la Iglesia y los que nombra el emperador se suceden. En 1119 Calixto II se impone como papa en Roma y renueva la excomunión de Enrique V. Pero en 1122 se alcanza un equilibrio y firman el Concordato de Worms que pone fin a la querella de las investiduras.

[escribe] El Imperio y el «dominium mundi»

Cuando Enrique V muere, en 1125, no deja descendientes. La falta de heredero suscita las luchas por la sucesión en el trono del Imperio. El trono pasaría a manos de Lotario, duque de Sajonia, por decisión del papado y apoyados por la casa de Baviera, los güelfos; y se inició una lucha contra los nobles que apoyaban Federico de Suabia, el designado por Enrique V, de la casa de Hohenstaufen, los gibelinos. Se inicia un periodo de anarquía que no terminará hasta que suba al trono imperial Federico I Barbarroja, en 1152. Federico I Barbarroja era Hohenstaufen, legítimo heredero del trono, eclipsado durante la guerra civil entre güelfos y gibelinos. En 1152 toma el poder y restaura la autoridad real en Alemania. Sube al trono gracias a las concesiones que hace al papado y a las ciudades del norte, cada vez más independientes. En 1153 firma con el papa el Tratado de Constanza y es coronado emperador en Roma. Pero Federico I Barbarroja tratará de ser, también, rey de Italia, lo que le pondrá en contra del papa, y de los normandos, que dominaban Italia. Barbarroja seguía nombrando obispos y papas como en tiempo de los Otones. En 1159 se produjo el cisma entre el papa elegido por la Iglesia, Alejandro III, y el impuesto por el emperador, Víctor IV. La guerra se libró en el norte de Italia. Finalmente, Federico I Barbarroja fue derrotado, en 1176, en Legnano y reconoce como papa a Alejandro III, cerrando el cisma.

El fracaso militar de Federico I Barbarroja hizo olvidar su concepto del imperio, que va más lejos que el de Carlomagno. Se fundamenta en el Derecho romano, que está resurgiendo en esta época, de la mano de Otto de Freising y los juristas de la Escuela de Bolonia. Estos juristas partieron del pensamiento agustiniano. Según ellos, el imperio restaurado por Carlomagno es el legítimo heredero del Imperio romano. Su concepto del dominium mundi no es una simple adaptación de las ideas cesaropapistas de Enrique IV, sino que es una nueva concepción del imperio. Por un lado, el imperio se reduce al ámbito germánico, y al emperador lo eligen los príncipes alemanes; pero, por otro, el imperio tenía dominio sobre todo el antiguo Imperio romano, por lo que todos los reinos cristianos, y la Iglesia, estaban subordinados al emperador. Los reyes cristianos debían vasallaje al emperador, ya que eran reyes de las provincias del Imperio. Su actitud favoreció la recepción del Derecho romano en Occidente.

[escribe] El último intento del Imperio

Durante el siglo XIII todas las monarquías del mundo cristiano intentan recuperar el poder perdido por la concesión de feudos. Se está terminando la época de las conquistas y la expansión territorial de los reinos. Las monarquías tienden a ser más autoritarias y plenamente feudales, exigiendo vasallaje a los grandes nobles. La última batalla por el Imperio, entre Inocencio III y Federico II, va a debilitar y a desprestigiar tanto al imperio como al papado, y se van a fortalecer a las monarquías feudales periféricas.

En 1190 sube al trono imperial Enrique VI, hijo de Federico I Barbarroja, y se encuentra unas condiciones favorables para reclamar el dominium mundi: una monarquía universal de tipo feudal sobre todos los reyes cristianos, y sobre todo el antiguo Imperio romano. Los almohades y Bizancio le pagaban parias. Pero Enrique VI se encontró también con la oposición del papado. Enrique VI trató de convertir el título imperial en hereditario, lo que le llevó al fracaso político.

Tras la muerte de Enrique VI, en 1197, se desencadena una guerra por la sucesión del trono imperial que no terminará hasta que en 1212 Federico II sea coronado emperador, coincidiendo con la llegada al papado de Inocencio III. Inocencio III es un firme partidario de la teocracia pontificia, y de la superioridad del sacerdocium sobre el regnum. El poder real no es más que un ejecutor de las órdenes emanadas del único poder legitimado por Dios, el de la Iglesia. Inocencio III amplió sus dominios territoriales, y manipuló a su favor las luchas dinásticas dentro del Imperio, y en las monarquías periféricas. Su política iba encaminada a construir una monarquía como la que pretendía Enrique VI, pero pontificia.

Frente a Inocencio III se encontraba el último gran emperador germánico, Federico II. Tras Federico II, el Sacro Imperio pierde influencia política y surgen las monarquías nacionales. Federico II entendía el imperio al estilo cesaropapista, y lo definía como romano, universal y absoluto. Interviene en Italia, e intenta restablecer la capitalidad del imperio. En 1229, tras su conquista, se proclama rey de Jerusalén.

Federico II, en 1231, promulga en Sicilia las Constituciones de Melfi, que convierten a Sicilia en un Estado centralizado, al establecer una legislación común para todo el territorio basada en el Derecho romano. Una vez consolidado en Sicilia intentará conquistar los Estados Pontificios y las ciudades lombardas. En 1237 el papa Gregorio IX excomulga a Federico II, que ya había conquistado Lombardía, y apoya la independencia de los estados italianos. La idea de monarquía universal del emperador se desmorona. Tras su muerte, en 1250, Italia y Alemania se separan. Sicilia se mantuvo en manos de los Staufen, hasta que en 1266 los pontífices ofrecen la corona a Carlos de Anjou.

En Alemania se disputan el trono Conrado IV y Guillermo de Holanda. Pero en la guerra mueren ambos emperadores y se abre el gran interregno. En 1257 los príncipes electores eligen a dos emperadores no germánicos: Alfonso X el Sabio, de Castilla, y Ricardo de Cornualles. El interregno terminó con la muerte de Ricardo en 1272 y la abdicación de Alfonso X el Sabio en 1275. Los electores eligen, en 1279, a un príncipe germánico de segunda fila, Rodolfo I de Habsburgo, que reconocerá la superioridad del papado sobre el Imperio, y en la práctica la corona se hace hereditaria.

[escribe] Referencias

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