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Iglesias gótico-mudéjares de Sevilla
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Introducción
La ciudad de Sevilla llegó a tener una importancia excepcional durante la Edad Media, y una gran población, pues no en vano fue elegida en 1172 en Al-Andalus como sede para la capitalidad del Imperio de los Almohades, una poderosa tribu del norte de África que toma el relevo en el mando sobre el territorio conquistado en la península Ibérica durante los siglos XII y XIII.
El perímetro urbano de Sevilla era ya muy extenso en 1248, año en el que se produce su reconquista por las tropas cristianas al mando de Fernando III El Santo, quien a su entrada encontraría una gran ciudad con un notable número de mezquitas que se distribuían por todo su interior. Estas mezquitas en un primer momento y como medida de urgencia fueron consagradas de inmediato al culto cristiano para el uso de la población resultante tras el Repartimiento, el nuevo marco social y político surgido a partir de la toma de la ciudad.
Con el tiempo las mezquitas se irían reemplazando paulatinamente por nuevas iglesias cristianas, en un momento todavía poco apropiado para acometer costosas empresas constructivas, por lo que se aprovecharía parte de las construcciones anteriores, así como de la abundante mano de obra existente en su población mudéjar -la población de origen musulmán que decide convertirse al cristianismo para no ser expulsada de la ciudad-.
Aparece así un nuevo tipo de iglesias, las gótico-mudéjares, un valioso mestizaje que combina la tradición islámica local con el arte gótico que aportan los vencedores venidos principalmente de Castilla.
Son iglesias pequeñas y modestas que se levantan desde la segunda mitad del siglo XIII y hasta el siglo XV, y de las que afortunadamente quedan muchos buenos ejemplos, anque algunos muy modificados por distintas transformaciones realizadas a lo largo de los siglos y hasta nuestros días.
Emparentadas con otro grupo similar, el de las Iglesias Fernandinas surgido en Córdoba en condiciones similares, las iglesias gótico-mudéjares de Sevilla cuentan con unas características propias que las hacen fácilmente reconocibles.
Estructura:
Realizadas casi en su totalidad en ladrillo visto y sin revestimiento alguno, son iglesias de tamaño no muy grande, inicialmente de planta rectangular, que constan de tres naves longitudinales, la central más ancha y alta que las laterales, separadas por dos hiladas de arcos apuntados -característicos del gótico-, que descansan sobre pilares rectangulares de caras lisas de ladrillo. Sin crucero ni transepto, la nave central desemboca a través de un arco triunfal en un profundo ábside de planta poligonal.
La cubierta es de tipo mixta en todos los casos.
El grueso del cuerpo de la iglesia -correspondiente a las tres naves- se resuelve con armadura de madera mudéjar: a dos aguas y con cerchas o tirantes horizontales para la central, y sencilla e inclinada a un solo agua en las laterales. Aunque se trata de un sistema modesto, hecho con pocos medios económicos, en ocasiones puede verse una rica decoración de lacería como muestra la imagen.
De otro lado, a la Capilla Mayor, alojada en el interior del ábside, se le dota de mayor dignidad y representatividad para el culto, por lo que se cubre con una bóveda de crucería con espinazo central en piedra, al más puro estilo gótico.
Exteriormente, toda la cubierta se reviste de tejas.
Fachadas:
Realizadas en ladrillo y de muy sencilla composición, las fachadas son especialmente sobrias, sin elementos decorativos en general, y en ellas sólo rompen su monotonía unas simples ventanas sobre la nave central y las portadas, generalmente dos, una a los pies y otra en un lateral.
Realizadas en piedra, de pequeñas dimensiones y con arquivoltas de arcos apuntados donde se incluye alguno con la habitual decoración de diente de sierra o punta de diamante, se presenta sobre un pequeño bloque rectangular adelantado sobre el paramento, a modo de alfiz y con tejaroz.
En ocasiones la portada principal, generalmente a los pies, muestra una decoración mudéjar especialmente interesante, que combina elementos decorativos de ladrillo a base de arcos ciegos entrelazados (sebka), con otros de piedra en los canes superiores, labrados con forma de cabeza de león, y figuras de santos sobre peana y con doselete superior en el frente. Los ejemplos más completos de este tipo pueden verse en las iglesias de San Marcos y San Esteban.
Su aspecto exterior refleja visiblemente la estructura interior de las tres naves interiores de la iglesia, tanto en las alturas como en las pendientes, y suele presentar uno o tres pequeños rosetones góticos para la iluminación interior del templo.
Ábside
Situado en la cabecera de la nave central y con planta poligonal, sobresale visiblemente del resto del cuerpo de la iglesia. Presenta robustos contrafuertes en sus ángulos y esbeltos ventanales ojivales en el centro de cada uno de sus paños; y como elemento característico, suelen estar almenadas, presentando así un cierto aspecto defensivo y militar.
Torre
Situada generalmente a los pies de la fachada principal, las torres de estas iglesias suelen aprovechar los viejos alminares de las anteriores mezquitas que allí existían, para colocar sobre ellas el cuerpo de campanas, al igual que se hizo luego en la gran Mezquita Mayor de la ciudad con la Giralda.
No siempre las torres fueron objeto de esta reforma o ampliación posterior, como ocurre en las Iglesias de Santa Marina o de Santa Catalina, con lo que sus imágenes actuales serán probablemente muy similar a la que tendrían todas ellas en su época originariamente.
Realizadas totalmente en ladrillo, presentan planta cuadrada y notable esbeltez, y muestran en sus sobrios paramentos las clásicas ventanas mudéjares con arcos de herradura enmarcadas en alfiz.
En los casos más interesantes es de admirar la delicada labor decorativa de menudos paños de sebbka que aparecen en algunos de sus paramentos, como puede apreciarse en las torres de las Iglesias de San Marcos y de Omnium Sanctorum.
Capillas
En estas iglesias, junto con las capillas añadidas en épocas posteriores, o las originales que más tarde fueron reformadas, especialmente durante la época barroca, todavía pueden verse algunas capillas con su estructura original.
Suelen ser pequeños recintos adosados a las naves laterales, de planta cuadrada y realizados íntegramente con ladrillo. Su cubierta suele estar resuelta por medio de una cúpula que se apoya sobre pequeñas trompas; y suelen tener su superficie vista totalmente recubierta con decoraciones de lacería. Pueden verse en iglesias como la de Santa Catalina, San Isidoro, o San Pedro, por citar sólo algunas.
Catalogación
La importancia arquitectónica de estas iglesias queda patente en la catalogación de Bien de Interés Cultural con que están protegidas la mayoría de ellas; algunas desde fechas muy tempranas, del año 1931.
Iglesias
Ábside y torre de San Pedro.- Iglesia de Santa Marina, una de las más representativas por aparecer como menos modificada. Destaca su espectacular torre almenada.
- Iglesia de San Marcos, excelente ejemplar gótico-mudéjar. Su esbelta torre y su portada, ambas decoradas con sebka, son de las más completas.
- Iglesia de Omnium Sanctorum, de las más antiguas de la ciudad (siglo XIII), con dos interesantes portadas, ábside almenado y torre mudéjar.
- Iglesia de San Esteban, recientemente rehabilitada, tiene la que posiblemente sea la mejor portada gótico-mudéjar de Sevilla.
- Iglesia de Santa Catalina, conserva un tramo de muro curvo de ladrillo con decoración de arquillos polilobulados y una espléndida torre.
- Iglesia de San Pedro. Con modificaciones, presenta una gran torre, la segunda en altura de Sevilla, de elegantes ventanas mudéjares.
- Iglesia de San Andrés, Modificada, posee una sencilla portada gótica a los pies y una interesante bóveda nervada en el ábside.
- Iglesia de San Isidoro. Muy reformada, con capilla mudéjar, bello artesonado y torre-fachada gótico-mudéjar a los pies con interesante gablete.
- Iglesia de San Juan de la Palma. Modificada, conserva una interesante portada a los pies con arcos interior y exterior labrados en punta de diamante.
- Iglesia de San Lorenzo, de finales del siglo XIII, reformada y ampliada. Con torre-fachada e interesantes artesonados.
- Iglesia de San Vicente, ampliada con intervenciones de siglos posteriores, conserva su portada gótica a los pies.
- Iglesia de San Román, del siglo XIII, una de las más antiguas de la ciudad. Interesante portada a los pies y revestidos de azulejos en su interior.
- Iglesia de San Gil, con su estructura interna original.
- Iglesia de San Julián, muy modificada por las reformas.
- Iglesia de Santiago, muy transformada por numerosas reformas.
- Iglesia de San Sebastián, situada a extramuros.
Referencias
Bibliografía
- Una arquitectura para el culto. Teodoro Falcón Márquez. En: Sevilla penitente. Editorial Gever, S.A. 1995.
Otras fuentes de información
Notas