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Ideas y políticas demográficas

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Desde el comienzo de los estudios sobre población se diferencian dos posturas opuestas al respecto: las que afirman que el crecimiento económico y el aumento de la productividad permitirán un crecimiento demográfico continuo, lo cual redunda en el crecimiento económico; y los que creen que el crecimiento económico tiene un límite, y que el crecimiento demográfico terminará por ser superior al económico, provocando una crisis.

Malthus es el abanderado de esta segunda hipótesis. En su Ensayo sobre el principio de población, publicado en 1798, expone sus ideas clave. Según Malthus, la progresión del crecimiento de la población es, o puede ser, geométrica, mientras que el crecimiento de los recursos agrícolas no puede ser más que aritmético, debido a la ley de los rendimientos decrecientes. Este desfase en el ritmo de crecimiento de la población y la economía provocará, a la larga, problemas de subsistencia. La única manera de evitar esto es tomando medidas para reducir el crecimiento demográfico, y que no sea tan acusado que no permita mantener el óptimo de población. Sin embargo, la realidad ha demostrado que: ni el crecimiento demográfico es geométrico, ni el crecimiento económico es aritmético. En esto ha influido el propio desarrollo económico, la ciencia y la técnica, que a través de la revolución verde ha conseguido aumentar espectacularmente la productividad de la tierra. Hoy en día, Malthus es más valorado como el primer formulador de la ley de los rendimientos decrecientes.

Los socialistas y marxistas mantienen la primera hipótesis: que el crecimiento económico y el aumento de la productividad permitirán un crecimiento demográfico continuo, lo cual redundará en el crecimiento económico. Consideran que no es posible solucionar los problemas de subsistencia y pobreza de la clase proletaria mientras la burguesía acumula un capital regateado al trabajo del proletariado. Este es un problema de distribución y de justicia social. No se puede pensar en reducir la natalidad del proletariado mientras la riqueza esté mal distribuida. Pero la realidad también ha desmentido a estos.

La historia ha demostrado que el crecimiento económico implica una reducción voluntaria en la tasa de natalidad, y que el crecimiento económico no necesariamente supone que vaya a haber crecimiento demográfico sin desequilibrios como el paro. Paro habrá independientemente del desarrollo económico y del tamaño de la población ya que el volumen del mercado de trabajo está acotado, y tiende a mantenerse en el límite, para reducir el precio de la fuerza de trabajo.

Políticas demográficas

Estas teorías han generado dos tipos de políticas con respecto a la población: las natalistas y la antinatalistas o maltusianas, que han sido asumidas indistintamente por todas las ideologías según sus intereses coyunturales. Incluso la misma ideología ha promovido una u otra política en distintos lugares y momentos.

Los nacionalismos han tendido a afirmar que la riqueza de un pueblo está en sus hombres, por lo que era necesario fomentar el crecimiento de la población. Además, esto les permitía tener fuerza de trabajo disponible.

Las posturas antinatalistas las encontramos, frecuentemente, en los países del Tercer Mundo, con problemas graves de desarrollo y superpoblación. Los escasos recursos no permiten mantener grandes contingentes de población y las autoridades tratan de proporcionar los métodos anticonceptivos más eficaces. Sin embargo, estos métodos o son caros para ellos, o chocan con trabas y tabúes sociales. La aplicación de la medicina occidental a los países del Tercer Mundo ha precipitado la transición demográfica, y la ha hecho más intensa, provocando desequilibrios y choques con la mentalidad de la gente, en lugar de ser un proceso secular como lo fue en Europa. No obstante, algunos países del Tercer Mundo son abiertamente natalistas por motivos religiosos, como ocurre en los países islámicos.

Las políticas natalistas las encontramos en la actualidad en los países desarrollados con bajas tasas de fecundidad, problemas de envejecimiento y que no desean recurrir a la inmigración. Sin embargo, en estos países las medidas maltusianas son una tendencia secular que están por encima de las políticas natalistas. Es posible que, en algún momento, los gobiernos consigan elevar la tasa de fecundidad, como en la España de los años 60, o en Europa y EE UU después de la segunda guerra mundial, pero sólo de manera coyuntural. Estas últimas generaciones son las más afectadas por el envejecimiento.

Las políticas natalistas también las hemos encontrados en los antiguos países socialistas, de la órbita de la Unión Soviética. Para ellos el triunfo del socialismo dependía del número de socialistas, que podrían extender la Revolución. Sin embargo, durante las crisis económicas estos mismos países adoptaron políticas antinatalistas. El caso paradigmático de país con política antinatalista es China, un Estado socialista pero con la mayor población del mundo, y con muchos problemas para mantener el nivel de desarrollo. En China se recurre a medidas drásticas para reducir la natalidad. Por ley el matrimonio es tardío, 30 años, y no se permite tener más de un hijo por mujer, se penalizan los demás. Lamentablemente el Gobierno no pone la misma energía en proporcionar métodos anticonceptivos. No es infrecuente que se recurra al aborto, la exposición y al infanticidio, sobre todo de niñas.

Las políticas natalistas y antinatalistas suelen responder a momentos coyunturales de la economía, pero lo cierto es que influyen poco en la tendencia secular de la transición demográfica. Se trata de buscar el óptimo de población, el equilibrio entre los recursos y las rentas necesarias para mantener una familia en la economía capitalista.

Referencias

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Fuentes empleadas y notas


Otras fuentes de información