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Historieta de México

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Introducción

En México, a las historietas se las llamaba monitos. Y como explicaba Adriana Malvido en su ensayo titulado La industria de la historieta mexicana o el floreciente negocio de las emociones, México era hacia 1989 "el mayor productor y consumidor -por habitante de historietas en todo el mundo. Repartidas por todo el país, desde los kioskos citadinos hasta los pueblos más escondidos, circulan alrededor de 40 millones de ejemplares de historietas nuevas cada mes, incluídos títulos que rebasan el millón de ejemplares semanales.

Pero el alto tiraje de las historietas en nuestro país no lo dice todo. La penetración es mayor afán si tomamos en cuenta que cada ejemplar es leído, en promedio, por cinco personas (como mínimo), es decir que cada 30 días ese gran volumen de publicaciones tendrá aproximadamente 200 millones de lecturas debido a un importante mercado paralelo, a las "rentas" e Intercambios que se dan entre lectores habituales, al reciclaje de historietas a través de peluquerías, centros de trabajo y lugares de reunión.

El papel de la historieta en la vida cotidiana, la economía y los hábitos culturales de nuestro país requiere, desde hace mucho tiempo, de mayor atención y análisis porque si bien la televisión ha ganado gran terreno entre el público, la historieta sigue siendo, para muchos, el único alimento cultural y de esparcimiento al que tienen acceso. Esto lo prueba el hecho de que representa el 80 por ciento de publicaciones periódicas que se editan en el país y que mantienen la capacidad de lectura de un 61 por ciento de la población que cubren los analfabetos funcionales.

En cuanto a su importancia económica, la Asociación de Editores, Distribuidores e Impresores de Publicaciones Periódicas proporciona un dato importante: "El supervit de estas revistas hace posible el equilibrio de nuestro balance editorial en México que en libros es deficitario."


Historia

Como sigue diciendo Adriana Malvido, "...todas las versiones del inicio de nuestra historieta coinciden en que ésta empieza a germinarse cuando la cigarrera "El Buen Tono" decide incertar en cada cajetilla desde 1880 "Historia de una mujer", serie de 102 litografías ejecutadas por un pintor catalán de nombre Eusebio Planas. Cuando ya la caricatura política tiene una historia por detrás, "Historia de una mujer" aparece como lo más cercano al lenguaje de la historieta y al igual que las tiras españolas y francesas de la época, se trata de una serie de viñetas ilustradas en las que, dado que aún no aparecía el "globo", el texto queda insertado en la parte inferior del encuadre. Otra similitud con la historieta es que el lector recibe cada capítulo como una novela por entregas.

La tabacalera se dio cuenta del éxito comercial que tenían sus cigarros gracias a la inserción de una narración ilustrada y 22 años después publica de igual forma otro título cuyo protagonista es "Ranilla", un fumador que pronto se convierte en el primer personaje de la historieta mexicana y cuyas aventuras llegan al lector con la compra de una cajetilla de cigarros. Un dibujante mexicano, Juan Bautista Urrutia, es el encargado de la realización. El "Buen Tono" se asocia con la Cervecería Moctezuma de Orizaba y así los personajes de Urrutia, que siempre se meten en problemas, los resuelven fumándose un cigarro, -por supuesto de "El Buen Tono"- o bebiendo una cerveza Moctezuma.

Para principios de siglo ya hay varios semanarios en México que publican historietas y posteriormente, con la renovación tecnológica de la prensa y la introducción de la rotativa que impulsa el periodismo industrial, los diarios empiezan a comprar los derechos para reproducir tiras cómicas extranjeras en sus planas en las que pronto intervendrán también autores mexicanos que en no pocas ocasiones se basan en series estadounidenses, como por ejemplo "Mamerto y sus Conocencias (1925), parodia de la tira norteamericana Educando a Papá".

En 1928, aparece en "El Universal Gráfico", “Adelaido El Conquistador”, de Juan Arthenack.

En 1936, se lanza "Chamaco Grande", primera revista semanal mexicana con material nacional. La competencia no se hace esperar y el mismo año surge la revista Pepín, que durará hasta 1955. Para Adriana Malvido, "la década de los treintas es importante porque aparecen las historietas desprendidas de los diarios y dentro de revistas autónomas como Pepin y Chamaco, los géneros se diversifican y de su origen cómico empiezan a surgir los héroes, el terror, a ciencia ficción y un género que perdurar hasta la fecha y cuyo éxito no sólo se desbordar en la historieta sino también en la televisión mexicana años después: el melodrama. Pero además encontramos en esta época el inicio de argumentistas que más tarde se convertirían en grandes industriales del comic. El más claro ejemplo puede serlo Yolanda Vargas Dulch.

Pero la etapa de oro de la historieta mexicana toca a la década de los cuarentas: Los superlocos de Gabriel Vargas y Los Supersabios de German Butz, entre otros ejemplos, dan testimonio de ello. En estos títulos es importante destacar una constante: un solo autor. Es decir, cada número esta concebido, escrito y dibujado por la misma persona, constante que ir desapareciendo en tanto se industrializa la historieta". Para la revista Pepín, creará Gabriel Vargas en 1947 La familia Burrón, un clásico de la historieta mexicana.

El guionista errabundo Alejandro Jodorowsky también se pasa por México, donde en 1966 crea la serie Aníbal 5, con el dibujante nacional Manuel Moro Cid.

Lista de historietistas

Referencias

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Bibliografía

Notas